Cinco ejercicios espirituales que puede practicar al orar

20 de febrero del 2017

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La oración es un componente esencial para los creyentes de Cristo. Nuestra vida cristiana comienza cuando oramos para recibir al Señor Jesús como nuestro Salvador. También crecemos en nuestra vida cristiana por medio de la oración. Orar al Señor a quien amamos y quien nos ama es la bendición máxima para nosotros los creyentes.

Sin lugar a dudas, la oración en la Biblia es un gran asunto. Pero, ¿podrían nuestros conceptos acerca de qué es la oración y por qué asuntos orar restringir nuestra vida de oración? En nuestra entrada del blog para hoy, examinaremos sólo cinco versículos acerca de Ia oración que nos ayudarán a ampliar nuestra visión y enriquecer nuestra experiencia de ella.

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.—1 Juan 1:9

Ser perdonados y limpiados al confesar nuestros pecados es algo que podemos y debemos experimentar a través de nuestra vida cristiana. Es por medio de la oración que confesamos nuestros pecados a Dios.

Cuando el Señor redarguye nuestras conciencia acerca de algo que hemos hecho, dicho, o aun pensado, simplemente podemos confesar nuestra ofensa al Señor.

“Oh Señor, tienes razón. Confieso que he pecado. Señor, perdóname por lo que acabo de hacer. Por favor perdóname y lávame con Tu sangre preciosa”.

Mientras más rápido confesemos nuestros pecados en oración, más rápido podremos ser perdonados, limpiados con la sangre de Jesús, y una vez más disfrutaremos la dulce comunión con el Señor. Podemos confesar directamente al Señor en cualquier lugar y en cualquier momento.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar gracias para el oportuno socorro”.—Hebreos 4:16

A todos nos gustaría recibir más de la misericordia y gracia de Dios, en especial cuando estamos en situaciones difíciles. ¿Pero cómo podemos recibirlas? La Palabra nos dice que podemos acercarnos al trono de la gracia.

¿Dónde está este trono? Indudablemente, Cristo en el trono está en los cielos, pero la nota 1 de pie de página en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos muestra que Cristo también está en nuestros espíritu. Nos acercamos el trono de la gracia en nuestros espíritu por medio de la oración. Cuando nos volvemos a nuestro espíritu apartándonos de todo lo demás al orar al Señor interiormente, experimentamos la misericordia y la gracia, incluso experimentamos la gracia en la situación particular en la que nos encontremos.

Podemos acercarnos al trono confiadamente, no por nuestros propios méritos, sino por medio de Cristo, nuestro Redentor. Durante el día podemos orar así:

“Señor Jesús, me vuelvo de todo lo demás a Ti. Gracias que estás en mi espíritu. Vengo a Ti, a Tu trono de gracia en este instante. En medio de mi situación, me acerco para recibir Tu misericordia y hallar Tu gracia”.

“Exhorto ante todo, a que se hagan peticiones, oraciones, intercesiones y acciones de gracias, por todos los hombres”.—1 Timoteo 2:1

La nota 2 acerca de la palabra intercesiones en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos explica que, “la palabra griega denota acercarse a Dios de una manera confiada y personal, es decir, intervenir, o meterse delante de Dios en los asuntos de otros para el beneficio de ellos”.

Cuando nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo tienen dificultades, podemos orar a Dios por ellos. Quizás no podamos resolver sus problemas, pero podemos interceder por ellos.

Los versículos 3 y 4 del mismo capítulo nos dicen que orar por las personas es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, ya que Él desea que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad. En especial, podemos orar por las personas que sabemos que aún no son salvas. Por ejemplo,

“Señor Jesús, te pido que salves a mi primo. Señor, oro que crea en Ti. Obra en su vida y en su corazón para que pueda abrirse a Ti”.

“Por nada estéis afanosos, sino en toda ocasión sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios por medio de oración y súplica, con acción de gracias”.—Filipenses 4:6

Mientras más pensamos en nuestros problemas, ya sean grandes o pequeños, más ansiosos nos sentimos. Pero podemos trascender nuestros sentimientos al orar, aun con acción de gracias. En medio de nuestras circunstancias alarmantes, al orar, podemos contactar al Señor Jesús quien nos llena de la paz de Dios y nos libera de nuestra ansiedad.

“Oh Señor, gracias que puedo traerlo todo a Ti. Y gracias por ser mi verdadera paz. No necesito estar ansioso porque sé que Tú tomas cuidado de mí. Gracias Señor”.

“Y recibid el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”.—Efesios 6:17-18

Según estos versículos, el Espíritu es la Palabra de Dios, y recibimos la Palabra orando en nuestro espíritu. Ejercitar nuestro espíritu al orar utilizando la Palabra de Dios es una manera maravillosa de orar. Si no sabemos qué orar, simplemente podemos leer un versículo y orar al Señor con las palabras de ese versículo. Por ejemplo, usemos la frase “Yo soy el pan de vida” de Juan 6:48:

“Oh Señor, Tú eres el pan de vida. Señor, Tú eres el pan que sacia mi hambre. Gracias, Señor, por ser el pan de vida. Gracias por darme vida eterna”.

La oración es nuestra respiración espiritual

La oración es tan esencial en nuestra vida cristiana tanto como lo es la respiración para nuestra vida física. Es nuestra respiración espiritual. Al igual que la respiración, podemos practicar orar en cualquier momento y en cualquier lugar para recibir perdón, misericordia, hallar gracia, interceder por otros, ser salvos de la ansiedad, y recibir la Palabra de Dios. ¡Gracias al Señor que podemos experimentar tanto al orar!


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