¿Qué significa amar a Dios con todo tu corazón?

14 de septiembre del 2014

Recientemente, uno de los lectores del blog nos preguntó: “¿Qué significa amar a Dios con todo tu corazón?” Debido a que esta es una pregunta excelente e importante y tal vez una de las preguntas que muchos de nosotros nos hacemos, la responderemos con una entrada completa.

Marcos 12:30 dice:

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

En pocas palabras, este versículo significa que Dios quiere que le amemos con todo nuestro ser.

Así que, ¿a qué nos referimos cuando decimos todo nuestro ser?

En una entrada anterior del blog, ¿En qué son diferentes el alma del espíritu?, señalamos que 1 Tesalonicenses 5:23 nos muestra las tres partes de nuestro ser: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Nuestro espíritu es la parte más profunda de nuestro ser, la parte que usamos para recibir a Dios y contactarlo. Cuando recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador, éste fue el lugar donde Él vino a vivir. En nuestro espíritu podemos tener comunión con el Señor y pasar tiempo en Su presencia.

Nuestra alma se compone de nuestra mente, emoción y voluntad. Es nuestra persona, nuestra parte psicológica.

Nuestro cuerpo, naturalmente, es nuestra parte física, con la cual contactamos las cosas físicas por medio de nuestros cinco sentidos y expresamos nuestras partes internas.

El Señor Jesús dijo que debemos amar a Dios con estas tres partes, es decir, con todo nuestro ser. Este es un mandamiento fuerte y a la vez misterioso. En 1 Pedro 1:8 dice: “A quien amáis sin haberle visto, *en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y colmado de gloria”. ¿Cómo es posible amar a alguien que no hemos visto? ¿Y cómo podemos amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas? ¿Acaso tenemos la capacidad de hacerlo?

Veamos cómo podemos amar a Dios plena y absolutamente con cada una de las partes de nuestro ser.

Todo comienza con el corazón

Es probable que creamos que nuestro corazón es simplemente la sede de nuestras emociones. Sin embargo, en la Biblia nuestro corazón es mucho más que eso. Es cierto que el corazón esta compuesto de nuestras emociones, pero también de nuestra mente, voluntad y conciencia. Nuestro corazón es la fuente de nuestros sentimientos, pensamientos, intenciones y nuestro sentido de condenación o culpabilidad cuando hacemos algo que no está bien.

Dios nos creó con un corazón a fin de que lo amaramos plena y absolutamente. Hoy en día, sin embargo, nuestros corazones aman muchas otras cosas aparte de Dios. Se nos hace difícil orar con el salmista: “¿A quién tengo en los cielos sino a Ti? Y fuera de Ti nada deseo en la tierra” (Sal. 73:25). Debemos admitir que aunque amamos a Dios hasta cierto punto, Muchas veces, Él no es nuestro único o primer amor. Las cosas del mundo capturan nuestro corazón. Así que, ¿cómo podemos obedecer el mandamiento del Señor de amar “al Señor tu Dios con todo tu corazón”?

En 1 Juan 4:19 dice: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”. La nota en este versículo del Nuevo Testamento Versión Recobro dice: “Dios nos amó primero porque Él nos infundió Su amor y generó en nosotros el amor con el cual lo amamos a Él y a los hermanos (vs. 20-21)”.

Dios nos ordenó a que le amaremos absolutamente, pero Su intención nunca fue que produjéramos este amor hacia Él con nuestro propio esfuerzo. De hecho, Él está muy consciente que en nosotros mismos, somos incapaces de tal amor. Es necesario que nos demos cuenta que cuando Dios demanda algo, Su intención es que Él mismo ha de cumplir esa demanda por nosotros. Nuestro amor por Dios de hecho, tiene su origen en Dios mismo. Proviene de Su amor en nuestro ser, el cual es más elevado que cualquier otra cosa que seamos capaces de producir.

Dios es amor y Él se hizo un hombre llamado Jesucristo. Cuando recibimos al Señor Jesús, recibimos todo lo que Él es en nuestro espíritu. Las buenas nuevas para nosotros los cristianos es que podemos volver nuestro corazón a Él donde Él habita: en nuestro espíritu. En 2 Corintios 3:16 dice: “Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”. Luego el versículo 18 dice: “Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”. Estos versículos igualan a los seres humanos con espejos que reflejan lo que miran. Cuando nuestro corazón se desvía del Señor por cosas como el pecado, preocupaciones y el amor a las cosas del mundo, nuestro corazón está cubierto por un velo y no podemos mirar o reflejar al Señor. Sin embargo, cuando volvemos el corazón al Señor, el velo en nosotros es quitado y podemos ver al Cristo glorioso. Vemos Su belleza, Sus virtudes y cuán maravilloso Él es, y Él imparte en nuestro ser lo que Él es, incluyendo Su amor y nuestro amor por Él crece.

Podemos volver nuestro corazón al Señor Jesús al orar, invocar Su nombre, confesarle y aplicar Su sangre preciosa y al pasar tiempo con Él en Su Palabra. Estas prácticas sencillas pueden quitar los velos de nuestro corazón, restaurar nuestra comunión con el Señor y reavivar nuestro amor por Él. No es necesario permanecer fríos o indiferentes hacia el Señor. Podemos volver nuestro corazón a Él en cualquier momento. Él nos reavivará y nos traerá de nuevo a Él como nuestro primer amor.

Nuestra alma

Nuestra alma—mente, emoción y voluntad—es una gran parte de nuestro corazón. Dios creó nuestra alma para que le expresáramos, pero debido a la caída, solemos expresarnos a nosotros mismos. Tenemos nuestras propias opiniones, sentimientos y decisiones aparte de Dios.

No obstante, cuando volvemos nuestro corazón al Señor, nuestro amor por Él crece. Lo amamos con nuestro corazón y específicamente, comenzamos a amarlo con nuestra alma. Sus pensamientos llegan a ser nuestros pensamientos, Sus sentimientos llegan a ser nuestros sentimientos y Sus decisiones llegan a ser nuestras decisiones. A medida que Él realiza Su obra transformadora en nosotros, espontáneamente expresamos a Dios y le glorificamos. Otros ven a Cristo expresado en nosotros en nuestro amor hacia Él con toda nuestra alma.

Nuestra mente

Nuestra mente es la parte principal de nuestra alma, la cual dirige el resto de nuestro ser. Ponemos nuestra mente en muchas cosas, pero Dios quiere que la pongamos en el espíritu, donde está Cristo. Romanos 8:6 dice: “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”. Cuando ponemos nuestra mente en la carne o las cosas de la carne, nos sentimos sin vida e inquietos porque nos apartamos de Cristo en nuestro espíritu. No obstante, cuando ponemos nuestra mente en el espíritu, estamos en paz y llenos de vida. Al poner nuestra mente en nuestro espíritu todo nuestro ser está enfocado en Dios.

Una de las maneras de poner la mente en el espíritu es por medio de leer la Biblia con un corazón abierto. Mientras leemos, nuestra mente es alumbrada y renovada, y somos lavados en el agua de la Palabra. Leer la Palabra de Dios a diario beneficia enormemente nuestra mente y nuestra alma.

Nuestras fuerzas

Nuestras fuerzas aluden a nuestras fuerzas físicas. Cuando volvemos nuestro corazón al Señor, le expresamos en nuestra alma y ponemos nuestra mente en Él, nuestro cuerpo le seguirá. Anteriormente, usábamos nuestras fuerzas para servirnos a nosotros mismos o al mundo, pero conforme el amor por el Señor se extiende a todas nuestras partes internas, nuestras acciones externas comenzarán a cambiar. Las cosas que antes ocupaban nuestro tiempo y energía cederán debido a que lo que amamos ha cambiado. Tenemos un nuevo objetivo, una nueva meta y un nuevo reto. Nuestras fuerzas físicas ahora son para Su propósito.

Comience hoy mismo

Amar a Dios con todo nuestro ser es un ejercicio. No siempre nos levantamos en la mañana con un corazón amoroso hacia el Señor. No obstante, podemos comenzar el día volviendo nuestro corazón a nuestro querido Señor Jesús. Podemos decir: “Señor Jesús, vuelvo mi corazón a Ti esta mañana. ¡Te amo!” Podemos practicar decirle al Señor que lo amamos todos los días. También podemos orar: “Señor Jesús, haz que te ame más el día de hoy de lo que te ame ayer”. Conforme oramos al Señor Su propio deseo de amarlo absolutamente, ¡Él tendrá la manera de forjarse en nosotros a fin de que lo amemos con todo nuestro ser!

Todos los versículos y las notas de pie de página citadas en esta entrada son de la Santa Biblia Versión Recobro, publicada por Living Stream Ministry. Bibles for America reparte gratuitamente ejemplares del Nuevo Testamento Versión Recobro. Aquí puede solicitar su ejemplar.


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