¿Qué debo hacer cuando he pecado después de ser salvo?

20 de septiembre del 2015

Cuando nos arrepentimos ante Dios por primera vez y recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador, fuimos perdonados de todos nuestros pecados. ¡Cuanta paz inundó nuestros corazones! Y la Palabra de Dios nos asegura que nuestra salvación es para toda la eternidad y nunca puede ser anulada.

Aunque que fuimos salvos, por experiencia sabemos que no estamos exentos del pecado, a pesar de nuestras mejores intenciones y esfuerzos por evitar el fracaso de todas maneras pecamos. ¿Qué debemos hacer? La Palabra de Dios nos dice que debemos confesar al Señor nuestros pecados.

Confesar a Dios los pecados que cometemos después de ser salvos es absolutamente crítico para nuestra vida como creyentes. En esta entrada, cubriremos la razón por la cual es necesario que confesemos nuestros pecados, qué significa confesar, cómo debemos confesar y cuales son los resultados de confesar.

La razón por la cuál confesamos: el pecado interrumpe nuestra comunión con el Señor Nuestro Dios es un Dios amoroso, pero Él también es santo y justo. Dios no puede tolerar el pecado, de modo que los pecados que cometemos crean una barrera entre Él y nosotros e interrumpen nuestra comunión con Él.

Incluso en nuestras relaciones humanas, podemos darnos cuenta de cómo esto puede suceder. Supongamos que ofendió a su amigo al decir cosas que lo hieren y nunca le pide disculpas. Ambos sienten que ha habido un distanciamiento entre los dos, no obstante no pueden estar a gusto cuando se ven sino hasta que se aclaren las cosas por medio de disculparse.

Esto llega a ser aún más real en nuestra relación con el Señor. Cuando cometemos un pecado, nuestra conciencia nos hace saber que hemos ofendido al Señor. Nuestra relación amena y dulce es interrumpida. Nos hemos rebelado con el Señor, y ese pecado es ahora una barrera entre Dios y nosotros, perturbando nuestra comunión con el Señor.
De modo que la razón por la cual es necesario que confesemos al Señor nuestros pecados es que aunque nuestra salvación es inmutable, nuestros pecados interrumpen la comunión con el Señor.

El significado de confesar: admitir o reconocer nuestro pecado

Antes que nada, ¿de qué manera nos damos cuenta que hemos pecado? 1 Juan 1:5 nos dice que “Dios es luz”. De modo que cuando Dios nos alumbra, Él expone nuestros pecados y faltas, y comenzamos a estar consciente de ello. El sentido de culpa que resulta en nuestra conciencia es intransigente y no puede ser reprimido por cualquier tipo de razonamiento o excusa de nuestra parte. En lugar de querer explicar nuestro pecado o tratar de cubrirlo, debemos reconocer lo que Dios considera pecado y pedirle que nos perdone.

Salmos 32:5 es un buen ejemplo de esto. El salmista dijo: “Mi pecado reconocí ante Ti, y no cubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré a Jehová mis transgresiones. Y Tú perdonaste la iniquidad de mi pecado”.

Así que podemos ver que confesar a Dios nuestros pecados significa reconocer nuestros pecados y no intentar cubrirlos. Significa admitir nuestros pecados y faltas al Señor. Nuestra actitud y oración es estar de acuerdo con el juicio de Dios para nuestro pecado y decir: “Sí Señor, esto es pecado”.

La manera de confesar al Señor cuando sabemos que hemos pecado

Tan pronto nos damos cuenta de que hemos pecado y ofendido al Señor, es preciso que confesemos. Pero ¿Cómo?

Confesamos nuestros pecados cuando oramos a Dios mismo. No importa si es una transgresión pequeña o un pecado serio, es necesario que admitamos nuestro pecado inmediatamente al Señor en oración y le pidamos que nos perdone.

No es necesario ir a cierto lugar y decirle a una persona en específico o esperar el momento adecuado para confesar nuestros pecados. Dondequiera que estemos podemos orarle al Señor y tan pronto como estemos conscientes de nuestro pecado, podemos confesarlo directamente a Él. Debido a que el Señor está con nosotros en nuestro espíritu, podemos orar en cualquier momento para confesar nuestros pecados.

Un ejemplo: confesar en nuestra vida diaria

Digamos que en el lugar donde trabaja hay una reserva de libretas y bolígrafos. Ya que son el tipo de libreta y bolígrafos que le gustan, se lleva algunas para usarlas en su casa. En la mañana, mientras vuelve su corazón al Señor para pasar tiempo con Él, Él lo alumbra y condena su conciencia de haber tomado algo que no le pertenece. Durante este momento, es probable que razone con ese sentimiento y se diga a sí mismo: “la oficina tiene mucho de estas cosas y no les hacen falta”. O puede seguir el sentir de condena y culpa en su conciencia y admitir ante el Señor que lo que hizo estuvo mal.

Cuando usted decide hacer caso al sentir que el Señor le está dando, inmediatamente puede orar y decirle: “ Si Señor, tienes razón. Confieso haber tomado estas cosas de Ti. Lo siento y te pido que me perdones Señor. Gracias Señor por haber derramado Tu sangre preciosa para quitar mi pecado”.

Debemos notar que esta oración tan sencilla no promete que hemos de mejorar; eso no es parte de nuestra confesión. Lo que se requiere es que reconozcamos nuestro pecado y declarar nuestra fe en la obra del Señor en la cruz.

Porsupuesto, en este ejemplo, después de haber confesado al Señor, es necesario regresar los artículos al lugar de trabajo y no quedarse con ellos. El pecado en este ejemplo quizás sea pequeño, incluso insignificante, no obstante, en principio, todo pecado, ya sea grande o pequeño, debe ser confesado, ya que cada pecado interrumpe nuestra comunión con Dios.

Los resultados de confesar: el perdón y el limpiar

En 1 Juan 1:9 un versículo escrito para los creyentes, vemos los resultados de confesar nuestros pecados:

> “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.

Si confesamos, el resultado es que somos perdonados y limpiados.

La nota 2 de este versículo explica lo que significa que Dios sea fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados:

“Dios es fiel a Su palabra (v. 10) y justo con relación a la sangre de Jesús Su Hijo (v. 7). Su palabra es la palabra de la verdad de Su evangelio (Ef. 1:13), la cual nos dice que Él nos perdonará los pecados por causa de Cristo (Hch. 10:43); y la sangre de Cristo ha satisfecho Sus requisitos justos para que Él pueda perdonar nuestros pecados (Mt. 26:28). Si confesamos nuestros pecados, Dios, conforme a Su palabra y con base en la redención efectuada mediante la sangre de Jesús, nos perdona porque Él tiene que ser fiel a Su palabra y justo con relación a la sangre de Jesús; de otro modo, Él sería infiel e injusto. Debemos confesar los pecados para que Él nos pueda perdonar. Tal perdón, cuyo fin es restaurar nuestra comunión con Dios, es condicional, pues depende de nuestra confesión”.

Al confesar nuestros pecados recibimos perdón, un perdón que se basa firmemente en la justicia de Dios.

Además, la nota 3 del mismo versículo explica lo que significa “limpiarnos de toda injusticia”:

“Perdonarnos es liberarnos de la culpa de nuestros pecados, mientras que limpiarnos es lavarnos de la mancha de nuestra injusticia”.

Cuando confesamos nuestros pecados, somos perdonados, limpiados y nuestra comunión con el Señor es plenamente recobrada debido a que el obstáculo de nuestro pecado es eliminado. ¡Alabado sea el Señor!

Usted puede leer más sobre el tema de cómo enfrentarse al pecado en Mensajes para creyentes nuevos: Si alguno peca, por Watchman Nee.


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