Conocer a Jesús versus saber acerca de Él

28 de septiembre del 2014

Saber acerca de algo de forma objetiva es muy distinto a conocer algo de forma subjetiva. Lo mismo aplica cuando deseamos conocer a Jesús. Saber acerca de Jesús de forma objetiva significa que poseemos algún tipo de conocimiento sobre Él. Sin embargo, conocer a Jesús de forma subjetiva significa que hemos tenido una experiencia directa de Él. Este es el tipo de conocimiento que Cristo desea que tengamos.

En esta entrada usaremos dos ejemplos importantes para demostrar la diferencia que hay entre saber acerca de Jesús y verdaderamente conocerlo.

Saber versus conocer al experimentar: el ejemplo de la fotografía

Podemos usar una fotografía para demostrar la diferencia entre los dos tipos de conocimiento. Cuando vemos la fotografía de una persona, obtenemos más información acerca de la persona de forma objetiva, es decir, su altura, color de cabello, color de ojos y su apariencia en general. Nos damos cuenta de la forma en que sonríe y también nos damos cuenta de la manera en que viste. No obstante por más que observemos la fotografía minuciosamente e intentemos obtener información al verla, lo único que podemos obtener es mero conocimiento externo y objetivo. Solamente podemos decir que sabemos algo acerca de esa persona, pero no podemos decir que en realidad la conocemos.

Ahora, digamos que conocemos a la persona de la fotografía cara a cara. Sabemos su manera de hablar y su manera de actuar. Conforme pasamos tiempo con ella, comenzamos a conocerla personalmente. Empezamos a conocer sus pensamientos, sentimientos, sueños, lo que le gusta y lo que no le gusta y toda su personalidad. Esto es muy diferente de meramente saber acerca de la persona al observar su fotografía. Este tipo de conocimiento es personal, subjetivo y directo.

¿De qué manera podemos conocer a Jesús personalmente?

El Señor Jesús es la Persona más maravillosa y amorosa que hay en el universo y Él desea que lo conozcamos de forma personal y afectuosa. Sin embargo, ¿es posible que hoy podamos tener una relación personal con Jesús? Los discípulos tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús hace dos mil años, pero después de Su resurrección, ¿acaso no ascendió a los cielos dejándonos aquí en la tierra?

Ciertamente el Señor Jesús ascendió a los cielos, pero aún así, hoy podemos conocerlo personalmente y subjetivamente debido a que también Él es el Espíritu que vive en nuestro ser. En 2 Corintios 3:17 dice: “Y el Señor es el Espíritu”. Físicamente Cristo ascendió al cielo y está lejos de nosotros. Sin embargo hoy como el Espíritu, Él está presente con nosotros ahora mismo.

En un himno sobre experimentar a Cristo, Watchman Nee escribió:

“Por Tu Espíritu en mí,
¡Qué real te haces, oh Señor!
Jamás te vi o conocí,
Más yo te amo con fervor”.

Debido a que Su Espíritu mora en nosotros, podemos conocer a Cristo de forma subjetiva y personal. ¡Cuán maravilloso es que hoy el Señor, quien es el Espíritu, es real para nosotros!

El Espíritu en nuestro espíritu

Cuando recibimos a Cristo Él nos salvó del juicio de Dios, pero también vino a vivir en nosotros. Él, quien es el Espíritu, entró en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser, regenerándola con Su vida divina. Es por eso que 2 Timoteo 4:22 dice: “El Señor esté con tu espíritu” ¡Hoy Cristo está con nosotros en nuestro espíritu!

Podemos conocer a Cristo—lo que le agrada y lo que le desagrada, Su personalidad, Sus caminos—al tener comunión con Él en nuestro espíritu. Nadie puede estar tan cerca o más disponible a nosotros como el Señor en nuestro espíritu. Podemos conversar con Él, amarlo y disfrutar Su presencia en nuestro espíritu. Al apartar un tiempo para estar con Él en oración, podemos conocerlo de forma subjetiva y podemos experimentarlo. Lo experimentaremos como nuestra vida, paz, esperanza y cualquier cosa que necesitemos. Como el Espíritu en nosotros, Él nos guía a la realidad de quién es Él y de lo que Él es para nosotros.

Saber versus conocer al experimentar: el ejemplo de la comida

Podemos usar a la comida como ejemplo para demostrar la diferencia entre saber acerca de algo y conocer algo al experimentarlo. Digamos que tenemos hambre, así que vamos a un restaurante y leemos sobre un platillo en particular que hay en el menú. Puesto que creemos que es un buen platillo, comenzamos a estudiar todo lo relacionado al platillo: sus compuestos químicos, cómo se prepara, cuánto tiempo toma en cocinarse, su historia, dónde se cultivó o se crío, los beneficios que tiene para nuestra salud y así sucesivamente. No obstante, al final de todo lo que estudiamos, aún tenemos un conocimiento objetivo del platillo. ¡Y todavía tenemos hambre! Es probable que digamos: “Ya sé todo sobre esta comida”, pero ¿de qué nos sirve todo nuestro buen conocimiento si todavía tenemos hambre?

A fin de satisfacer nuestra hambre, es necesario que comamos la comida. Entonces realmente la conoceremos al experimentarla personalmente. Conoceremos su sabor, su aroma y cómo nos hace sentir. Nos fortalece y nos satisface internamente. Este tipo de conocimiento es profundo y más subjetivo.

¿Para qué sirve un menú? No existe para que lo memoricemos o estudiemos. Es una guía, un mapa para ver las diferentes comidas que pueden satisfacer nuestra hambre. Cuando comemos la comida de la cual hemos leído, nuestra hambre es satisfecha y el menú ha cumplido su propósito.

Conocer a Jesús al comerle

En Juan 6:35 el Señor Jesús reveló que Él es el pan de vida. El pan es comida, un suministro de vida, algo que comemos para satisfacer el hambre. Esto apunta al deseo del Señor de que le conozcamos subjetivamente de la misma manera que conocemos el pan: ¡comiendo! Este pensamiento parece ser sorprendente, pero está en la Palabra de Dios. En el versículo 57 el Señor Jesús continúa diciendo: “El que me come, él también vivirá por causa de Mí”.

¿A qué se refería Jesús cuando dijo “me come”? Por supuesto que no hablaba de comerlo físicamente. En el versículo 63 Él explica: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Este versículo nos muestra que comemos al Señor Jesús, lo ingerimos, al tomar Su palabra en nosotros como espíritu y vida. Al comerlo, conocemos a Jesús como nuestra verdadera comida, nuestra satisfacción y suministro de vida.

Estudiar sobre el Señor Jesús en la Palabra tiene algo de mérito, pero meramente estudiar la Palabra se puede comparar a estudiar el platillo que esta en el menú. Probablemente obtengamos mucho conocimiento apropiado, pero todavía tenemos hambre e interiormente estamos insatisfechos. No debemos conformarnos con tener un conocimiento objetivo, pero permanecer espiritualmente hambrientos. Podemos y debemos conocer al Señor Jesús subjetivamente como el pan de vida que satisface al comerle, al ingerir Su Palabra como espíritu y vida.

Recibir la Palabra por medio de la oración

Efesios 6:17-18 nos dice que recibamos “La espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”. Estos versículos junto con los que mencionamos anteriormente de Juan 6, nos muestran que la manera de recibir la Palabra como espíritu y vida es por la oración. Si acudimos a la Palabra solamente para estudiarla, en el mejor de los casos, conoceremos algo acerca del Señor Jesús. Sin embargo, cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar las palabras en la Biblia, tocamos y recibimos el Espíritu que da vida. Comemos al Señor Jesús, tal y como nos instruyó, al orar Su Palabra. Es por medio de comer de esta manera que conocemos a Cristo subjetivamente como la vida para nosotros. (Puede leer más acerca de cómo ingerir la Palabra con la oración en nuestras entradas pasadas: “Lo que realmente es la Biblia” parte 1 y 2).

Conocer a Jesús cada día más

Tenemos al Señor quien es el Espíritu morando en nuestro ser, y cada día es una oportunidad nueva para que lo conozcamos subjetivamente. Cuando pasamos tiempo con Él para tener comunión y contactarlo en nuestro espíritu cada día, conocemos más que una “fotografía” de Jesús. Conocemos a una Persona real y viviente de forma personal y subjetiva. Además, mientras nos ejercitamos para orar cada día con la Palabra de Dios, Sus palabras llegan a ser para nosotros espíritu y vida. Conforme comemos al Señor Jesús de esta manera, Él llega a ser nuestro propio suministro de vida y llegamos a conocer a Cristo de manera profunda e interna.


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