Librados del temor de la muerte

11 de noviembre del 2014

A la mayoría no nos gusta pensar en la muerte, mucho menos hablar de ella. Es un tema aterrador, pero, de una forma u otra, la muerte nos ha tocado cuando sufrimos la pérdida de un pariente, amigo, vecino o algún otro conocido.

Aunque intentamos prolongar la vida, nadie puede escaparse de la muerte. Cuando el llamado final de la muerte llega a nosotros, todos, seamos ricos o pobres, fuertes o débiles, famosos o desconocidos, debemos rendirnos.

La muerte no sólo es aterradora por ser inevitable y poderosa, sino también por ser misteriosa. ¿Qué sucede cuando la vida que conocemos llega a su fin? ¿Qué nos espera en el gran desconocido más alla de la muerte? La Biblia apropiadamente dice que durante toda nuestra vida hemos estado sujetos a esclavitud por el temor de la muerte.

Sin embargo, nuestro Creador amoroso, el Dios viviente, no tenía la intención de que muriéramos. Desde el principio, Él deseaba compartir Su vida eterna con nosotros.

Entonces, ¿de dónde proviene la muerte? La muerte es el resultado del pecado que fue inyectado en la humanidad por el enemigo de Dios, Satanás. Cuando Dios creó al hombre, Su intención era que recibiera Su vida. Sin embargo, antes de que el hombre pudiera recibirla, el diablo, Satanás, lo engañó y lo envenenó con su propia naturaleza pecaminosa. Como resultado, nuestro espíritu humano, creado para contactar a Dios, se amorteció; nuestra alma, en particular nuestra mente, se convirtió en enemiga de Dios; y nuestro cuerpo humano, hecho por Dios como un vaso puro, se contaminó con el pecado, quedando así condenado a la muerte física.

No obstante, la muerte física no es el final. La Biblia nos dice que está reservado a los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. ¿De qué seremos juzgados por Dios? Primordialmente, seremos juzgados con base a si hemos creído o no en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y venció la muerte para liberarnos eternamente de su poder. Si no creemos en Él, nos tendremos que enfrentar con la segunda muerte, la cual es el lago de fuego, pereciendo en el tormento eterno.

¿Quien es Jesucristo? Él es Dios mismo quien se hizo un hombre de carne y sangre y vivió una vida sin pecado. Luego, Él murió en la cruz por nosotros los pecadores. Pero tres días después de ser crucificado, resucitó de entre los muertos. ¡Él derrotó el poder de la muerte! Al morir por nosotros, Él resolvió el problema de nuestros pecados. Al resucitar de entre los muertos, Él quebrantó el poder que la muerte tenía sobre nosotros.

Cristo vive hoy y para siempre. En resurrección Él fue hecho el Espíritu vivificante, que ahora está disponible para todos. Como el Espíritu Él puede entrar en nosotros con Su vida victoriosa que vence la muerte. Cuando recibimos al Cristo resucitado al creer en Él, Él vivifica nuestro espíritu con Su vida eterna hoy y nos libera de la segunda muerte, la muerte eterna, en el futuro.

Cristo habló esta promesa: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá”.
El Señor Jesús desea liberarle del temor de la muerte y darle la esperanza de la vida eterna. Abra su corazón y ore

“Señor Jesús, creo que moriste por mis pecados en la cruz. Creo que resucitaste de entre los muertos. Gracias por venir y darme vida eterna. Te recibo como mi Salvador y mi vida. ¡Señor, entra en mí! Amén”.

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