Orar la Palabra de Dios: una experiencia inesperada

9 de enero del 2017

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Un miembro del personal de BfA nos habla sobre su experiencia de orar utilizando la Palabra de Dios.

En Efesios 6, el apóstol Pablo nos dice que recibamos la Palabra de Dios “con toda oración” (vs. 17-18).

Sin lugar a dudas, existen diferentes formas de entender y practicar este encargo, y posiblemente todas ellas son provechosas. Si el contenido de nuestra oración refleja el contenido de lo que Dios nos habla en Su Palabra, lo más seguro andamos en el camino correcto.

Una vez leí una ilustración en un libro que comparaba las palabras de la Biblia con un árbol cuyas ramas están llenas de fruto, y como, por medio de la oración, podemos sacudir una rama hasta que el fruto cae y podemos comerlo. Leo la Biblia regularmente, capítulo por capítulo, pero decidí experimentar y añadir un poco de “orar-leer” a mi lectura bíblica diaria.

De modo que, de vez en cuando, comencé a escoger uno o dos versículos del capítulo que estaba leyendo ese día y simplemente oraba utilizando las frases y palabras de los versículos repitiendolas y enfatizándolas en voz alta.

Algunos días, sentí un aprecio general, se podría decir sin “fuegos artificiales”. Sin embargo, otros días realmente sentí que la Palabra se volvía vida para mí mientras oraba. Ese tipo de oración específica, enfocada, hizo que el versículo fuese vivificante, iluminador para mí y como dice en Hebreos 4:12, vivo “y eficaz”.

Recuerdo claramente una ocasión en específico. Estaba en la parada de autobús un día esperando a que un amigo me recogiera allí y por casualidad leía Efesios 4. El capítulo termina con lo que pensaba era un versículo bastante ordinario acerca de ser bondadosos los unos con los otros y de perdonarnos los unos a los otros.

Pero me detuve y comencé a orar ese último versículo. De manera muy inesperada, comencé a estar plenamente consciente de algunos comentarios justos pero duros que les había hecho a algunos de mis compañeros de trabajo. A medida que repetía las palabras una y otra vez: “Sed bondadosos. Sed bondadosos. Sed bondadosos, perdonándoos unos a otros…” más luz recibía de estas palabras. Me di cuenta de cuán frío y estricto era con algunos de mis compañeros de trabajo. Me sentí abrumado al ver cuán tirano podía a veces ser. No esperaba que iba a tener ese tipo de entendimiento, pero por medio de orar utilizando esas palabras, ¡casi me caigo de la impresión que tuve!

Al ser iluminado por la luz del Señor en Su Palabra, simplemente confesé al Señor y dejé que las palabras de ese versículo lavarán todo el descontento que sentía hacia los demás. A medida en que “comí” las palabras de Efesios al orarlas, sentí que Aquel que es bondadoso y perdonador se extendía a nuevas áreas de mi corazón. Incluso, derrame varías lágrimas.

Cuando mi amigo llegó a recogerme y miró mi rostro, me pregunto: “¿Qué te sucedió?” ¿Cómo responde uno a esa clase de pregunta? Por medio de la oración, un versículo impreso en blanco y negro en una página llegó a ser una luz personal en mi ser y facilitó que Cristo se expandiera más en mi ser.

¡Qué gran milagro que tengamos en nuestras manos un libro tan enriquecedor como la Biblia, y mucho más, que tengamos la oración como un medio para darnos cuenta de lo que se encuentra impreso en cada página! Esta experiencia al igual que muchas otras parecidas me han enseñado a siempre dedicar un tiempo para orar uno o dos versículos. Sencillamente, no quiero perderme ninguna experiencia que el Señor tenga para mí en Su Palabra.


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