Proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo

12 de diciembre del 2016

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En Marcos 16:15 el Señor Jesús encargó lo siguiente:

“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.

¿A quién se le dio este encargo? En esta entrada discutiremos quiénes son los que deben proclamar y por qué deben proclamar el evangelio.

¿Quiénes son los que proclaman el evangelio?

Es probable que al principio sólo veamos este versículo y consideremos que el encargo del Señor aquí solamente se aplica a un grupo de creyentes en particular, como a los once apóstoles que estuvieron con el Señor. Pero, ¿quiénes eran los apóstoles? Los apóstoles eran personas que vieron y recibieron al Cristo crucificado y resucitado como su Salvador.

¿Qué significa esto? Si hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, entonces estamos calificados para proclamar el evangelio. Asistir a una escuela especial o completar un programa para predicar el evangelio no es un requisito para proclamar el evangelio. Lo que nos califica para proclamar el evangelio es haber sido redimidos por Cristo y regenerados con Su vida.

Un buen ejemplo es la historia de la mujer samaritana mencionada en Juan 4. Tan pronto como ella creyó en el Señor Jesús y lo recibió como el agua viva, dejó su cántaro, fue a la ciudad, y le dijo a la gente: “Venid, ved a un hombre, que me ha dicho todo cuanto he hecho ¿No será éste el Cristo?” No esperó hasta ir a una escuela para aprender a predicar el evangelio. Sencillamente le dijo a la gente sobre el Jesús maravilloso que había conocido. Al igual que ella, también nosotros podemos decirle a alguien acerca de este Cristo precioso a quien hemos aceptado como nuestro Salvador.

Así que en realidad, el encargo de nuestro Señor y Cristo crucificado y resucitado incluye a todos los creyentes. Él desea que cada uno de Sus creyentes le diga a las personas las buenas nuevas de Su salvación.

¿Por qué debemos proclamar el evangelio?

Ahora que hemos visto que todos los creyentes son los que deben proclamar, veamos la razón por la cual debemos proclamar el evangelio.

Primero, proclamamos el evangelio de Jesús porque nuestro Señor nos encargó hacerlo. Somos bendecidos cuando no nos resistimos o tenemos discrepancias acerca del encargo que nos hizo el Señor sino que respondemos en fe: “Sí, Señor, deseo tomar este encargo seriamente y obedecerte. Hazme uno que proclama Tu evangelio a las personas”.

Ahora veamos otras dos razones importantes por las cuales debemos proclamar el evangelio de Jesucristo.

1. Las personas necesitan oír el evangelio

Romanos 10:14 nos muestra la manera en que las personas pueden ser salvas:

“¿Cómo, pues invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”

Proclamamos el evangelio para que las personas lo escuchen y crean en el Salvador quien murió por ellos y resucitó para ser su vida.

Ninguno de nosotros es creyente por nacimiento. Cada uno de nosotros es un creyente en Cristo y disfruta la salvación Dios debido a que alguien nos proclamó a Dios. Nosotros tenemos una deuda con nuestros amigos, parientes y con otras personas que Dios ha puesto en nuestras vidas de decirles acerca del Salvador.

El apóstol Pablo expresó este sentir en Romanos 1:14-15:

Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”.

Todos conocemos a alguien que necesita salvación. Quizás sea alguien con quien usted trabaja, nuestro vecino o un amigo. Las personas se sienten heridas por dentro; se sienten perdidas y vacías. Ellos anhelan saber el propósito de su existencia. Les debemos el evangelio. Ellos necesitan escuchar acerca del Salvador que nos ama a fin de que puedan creer en Él. Esta es la razón por la cual debemos obedecer el encargo solemne del Señor de proclamarles el evangelio.

2. Necesitamos fluir a otros

Para estar espiritualmente saludables es necesario que pasemos tiempo diariamente con el Señor Jesús en las mañanas para alimentarnos de Su Palabra. Pero es igual de necesario compartir a Cristo con otros. Cuando no lo hacemos, sentimos como que nos falta algo. Esto se debe a que el Señor quien vive en nosotros no sólo desea que nosotros lo recibamos y disfrutemos sino que también lo fluyamos a otros.

Podemos usar como ejemplo una manguera. La llave llena la manguera de agua y cuando ésta funciona correctamente, el agua fluye hasta el otro lado. Pero, si la manguera tiene un tapón en la salida tendríamos un gran problema: nada pudiera fluir hacia afuera, lo cual también implica que nada puede entrar en ella.

Ciertamente necesitamos estar en “la llave” de Cristo para recibir más de Él por medio de la oración y la Palabra de Dios, para que de esa manera crezcamos en Él. Esto es lo que ingerimos. Pero como la manguera, nosotros también necesitamos una salida; compartir al Señor Jesús con otros es esa salida. El Señor quien vive en nuestro espíritu quiere fluir. Él ama a las personas y desea que sean salvas. Cuando no le hablamos a otros acerca de Él, nuestro fluir es obstruido, lo cual hace que otros no tengan la oportunidad de escuchar el evangelio, lo cual afecta también nuestro disfrute de Cristo.

Entre más recibimos y disfrutamos al Señor, espontáneamente más desearemos hablarle a las personas y decirles acerca del Cristo que apreciamos y disfrutamos. Por otro lado, mientras les decimos a las personas acerca de Cristo, experimentamos ser llenos de Él como el agua viva de nuevo.

Confiar en la oración y el evangelio

Por supuesto, la oración debe acompañar nuestro proclamar; debemos orar por la salvación de personas específicas que el Señor ha puesto en nuestros corazones. Por medio de la oración también podemos ser limpiados de nuestros pecados a fin de ser un canal transparente para que el Señor fluya a los demás por medio nuestro.

La palabra del evangelio es poderosa. Pablo dijo en Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”.

¿Cuál es el poder de Dios?” La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro lo explica:

“Esto significa una fuerza potente que puede abrirse paso a través de cualquier obstáculo. Este poder es el mismo Cristo resucitado, quien es el Espíritu vivificante, y resulta en salvación para todo aquel que cree”.

¡El evangelio de Dios puede llevar a un pecador a la salvación! Y qué salvación abundante tenemos! Así nos lo muestra la nota 2:

“Salvar a los creyentes no sólo de ser condenados por Dios y de la perdición eterna, sino también de su vida natural y de su yo, para que sean santificados, transformados, y también edificados con otros en un solo Cuerpo de Cristo, a fin de que sean Su plenitud y expresión (Ef. 1:23)”.

Proclamar a fin de rescatar al perdido

Si meditamos en la situación actual del mundo, nos daremos cuenta de cuán urgente tanto nuestra oración como predicar el evangelio es.

Fanny J. Crosby, autor de muchos himnos muy queridos, escribió el siguiente himno. En él expresa con elocuencia la necesidad que tiene la humanidad del Salvador, al igual que nuestra responsabilidad de compartir las buenas nuevas de Jesucristo. Que el Señor hable a nuestros corazones acerca de amar a las personas y de proclamarles el evangelio. Y que podamos responder a Él por medio de orar por la personas y hacerles saber de Su gran amor y salvación para con ellos.

Rescata con piedad
Los que perecen,
Para salvarlos de muerte eternal;
Llora por todo aquel
Que está perdido,
Dile de Cristo el fuerte en salvar.

Guía al perdido,
Alza al caído.
Con compasión Jesús
Los salvará.

En ellos hay desdén,
Más Cristo espera,
Al penitente Él quiere atender;
Insiste con fervor
Y con ternura,
Perdonará a los que crean en Él.

La gracia sanará
Los sentimientos
Tan aplastados por el tentador;
De nuevo vibrarán
Las cuerdas rotas,
Al ser tocadas por tan grande amor.

A todos rescatad,
Es el encargo,
Para la obra da fuerza el Señor;
Tráelos a la verdad
Con fe y paciencia,
Dile al errante que Cristo murió.

(Aquí puede escuchar la tonada de este himno.)


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