Seis maneras de beber a Cristo como el agua viva

10 de agosto del 2014

A través de la Biblia varios versículos nos muestran el deseo de Dios de que lo recibamos, que bebamos de Él como el agua viva. Por ejemplo, en Juan 7:37-38 vemos que el deseo de Dios de que bebamos de Él es tan grande que Jesús hasta se puso de pie y alzó la voz durante la fiesta, haciendo un llamado a las personas a que vinieran y bebieran de Él:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.

Así que, ¿cómo acudimos a Él y bebemos? Solamente el Señor Jesús puede saciar nuestra sed interior; solamente Él es el agua viva. Él quiere que le bebamos para que nuestra sed sea saciada y hasta que los ríos de agua viva fluyan de nuestro interior a otros. Sin embargo, a menudo en vez de sentirnos satisfechos y regados, nos sentimos secos y hasta muertos. Es probable que queramos beber del agua viva, ¡pero no sabemos cómo!

Cómo beber del agua viva

 En Isaías 12:3-6 podemos ver seis maneras en las que podemos beber a Cristo como el agua viva, las cuales aparecen resaltadas en negrita:

“Por tanto con regocijo sacaréis aguas
de los manantiales de salvación,
y diréis en aquel día:
Dad gracias a Jehová; invocad Su nombre.
Dad a conocer entre los pueblos Sus obras;
haced recordar que Su nombre es exaltado.
¡Cantad salmos a Jehová
, porque ha hecho algo majestuoso!
¡Sea sabido esto por toda la tierra!
Clama y da grito resonante, oh habitante de Sión,
porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

Hablemos ahora de cómo podemos practicar estas seis maneras de beber el agua viva.

1. Dar gracias a Jehová

Podemos beber el agua viva al dar gracias al Señor. Esto es algo que fácilmente podemos hacer por la mañana, antes de ingerir alimentos y durante todo el día.

Es muy sano para nosotros los cristianos estar agradecidos y practicar dar las gracias al Señor todo el tiempo. El Señor Jesús ha hecho mucho por nosotros por medio de Su muerte y resurrección y Él suple todas nuestras necesidades. Todos tenemos tanto por qué agradecerle y ¡Él es digno de recibir las gracias!

Lo opuesto de ser agradecido es ser ingrato. En 2 Timoteo 3 se menciona al ingrato junto con los amadores de sí mismos, amadores del dinero, vanagloriosos, soberbios, injuriadores, desobedientes, impíos, sin afecto natural y muchas otras cosas negativas. Ciertamente no deseamos que ninguna de estas características negativas apliquen a nosotros.

Nuestra propia experiencia nos dice que entre más ingratos seamos o nos quejemos de las cosas, más secos estaremos. Nuestra situación no mejora y nos sentimos cada vez peor. Sin embargo, cuando le agradecemos al Señor, somos salvos de ser ingratos y tomamos un trago del agua viva. Esta agua nos suministra y refresca cualquiera sea nuestra situación externa.

Ser agradecidos es algo que podemos practicar. Lo primero que podemos hacer en las mañanas es decir: “Señor Jesús, gracias por un nuevo día. Gracias por morir por mí, por derramar Tu sangre por mí y por darme otro día para experimentar Tu gracia”. Podemos seguir agradeciéndole al Señor por nuestra salud, los miembros de nuestra familia, nuestro trabajo y cualquier otra cosa que el Señor nos toque para agradecerle.

Le podemos agradecer específicamente por todo lo que Él es y por todo lo que ha hecho. Podemos orar así: “Señor, gracias por ser la luz del mundo. Gracias, Señor, por venir a nosotros y amarnos. Gracias, Señor Jesús, por ser mi luz y mi camino. Gracias por Tu vida en mí”.

Podemos seguir agradeciéndole durante todo el día por cualquier cosa y por todo lo que Él nos recuerde que le agradezcamos. Aun un simple “Gracias, Señor Jesús” durante el día nos regará. Cada vez que pronunciamos las gracias al Señor, bebemos de Cristo com el agua viva. Es como si bebiéramos de un manantial refrescante. En vez de estar secos, somos regados y reavivados.

2. Invocar Su nombre

La siguiente manera de beber revelada en Isaías 12 es invocar el nombre del Señor. Después de ser instruidos a agradecer a Jehová, el versículo 4 nos lleva a invocar el nombre del Señor.

Es probable que esto sea algo nuevo para algunos de nosotros, pero invocar el nombre del Señor es una práctica que se encuentra por toda la Biblia, comenzando en los tiempos del Antiguo Testamento. El primer registro de esto se encuentra en Génesis 4:26 donde dice que en los tiempos de Enós, los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

Esta práctica de invocar el nombre del Señor continúa en el Nuevo Testamento. Hechos 7:59 relata cómo Esteban invocó el nombre del Señor mientras era apedreado. Hechos 2:21, nota 1, en el Nuevo Testamento Versión Recobro es una nota muy completa y maravillosa que traza esta práctica por todo el Antiguo Testamento y el Nuevo, y vale la pena leerla.

Hoy podemos invocar el nombre del Señor durante todo el día al decir: “Oh Señor Jesús” o “Señor Jesús, te amo”. Cada vez que invocamos Su nombre en voz alta, bebemos del agua viva.

3. Dar a conocer entre los pueblos Sus obras

También podemos beber al dar a conocer entre los pueblos Sus obras. ¡Él ha hecho tantas cosas de las cuales podemos hablar a otros! Él vino a esta tierra y vivió una vida perfecta; Él murió por los pecados de toda la humanidad; resucitó y ascendió; vino a ser el Espíritu vivificante para darnos vida eterna y produjo a la iglesia como Su Cuerpo mediante Su muerte y resurrección.

¡Cuán maravilloso es todo esto! Y además, ¡Él sigue haciendo tantas cosas en nuestra vida! Hay tantas cosas maravillosas de las cuales podemos hablar respecto a Cristo. No debemos permanecer callados. Debemos decirles a otros acerca de las obras del Señor.

Podemos hablar con nuestros vecinos, compañeros de clase, nuestra familia y las personas que conocemos durante el día. Mientras les hablamos, les ministramos a Cristo y al mismo tiempo tomamos un trago de agua que nos vivifica. Nuestro hablar al dar a conocer Sus obras a otros es una manera maravillosa y eficaz de beber del agua viva.

Quizás nos sintamos secos porque ya hace mucho tiempo que no le hablamos a nadie acerca de Cristo. No obstante, cuando abrimos nuestra boca para decirle a alguien acerca de Él. nosotros mismos bebemos y somos regados y refrescados por el agua viva.

4. Hacer recordar que Su nombre es exaltado

Además de dar a conocer entre los pueblos Sus obras maravillosas, podemos recordarles a otros que el nombre de Cristo es exaltado. Filipenses 2:9 nos dice que el nombre de Cristo es sobre todo nombre. Esto es algo de lo cual podemos hablar a las personas que están a nuestro alrededor.

Podemos preguntarle a las personas: “¿Sabe usted que el nombre de Jesús es exaltado?”. Podemos también declarar este hecho, diciéndoles que Jesús es el Señor y que Su nombre es el nombre más elevado en el cielo y en la tierra. Aún cuando nosotros mismos exaltamos el nombre de Jesús, cuando otros son nuestros testigos, les recordaremos que Su nombre es el nombre más elevado. Cuando les decimos a otros que el nombre de Jesús es exaltado y que Jesús es el Señor, bebemos del agua viva de los manantiales de salvación.

5. Cantar salmos a Jehová

¿Sabía usted que cantar es una manera de beber? Abrir nuestra boca y cantar himnos al Señor es una de las mejores maneras de beber de los ríos de agua viva. Mientras cantamos, estos ríos comienzan a brotar en nosotros, hasta rebosar. ¡Cantar es una manera muy disfrutable de beber!

Así que, ¿qué debemos hacer? Podemos cantar himnos mientras comenzamos nuestro día por la mañana, podemos cantar himnos mientras conducimos hacia el trabajo y podemos cantar más himnos cuando estamos con otros creyentes. Efesios 5:19 nos instruye a hablar unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, y también a cantar y salmodiar al Señor en nuestros corazones. ¡Entre más cantemos al Señor con nuestros corazones durante nuestro día, más regados y refrescados seremos!

6. Clamar y dar grito resonante

Podemos beber del agua de vida al clamar y dar un grito resonante.

¿Alguna vez ha hecho esto? Muchas veces le oramos al Señor en silencio, pero ¿alguna vez ha clamado al Señor y dado un grito resonante? Si todavía no lo ha hecho, ¡inténtelo!

Muchas veces nos parece difícil orar. Esto puede ser debido a que nuestra mente esta llena de pensamientos y ansiedades. No crea que Dios no nos escucha cuando oramos en silencio. El problema recae sobre nosotros. A fin de superar la actividad de la mente, a veces es necesario que gritemos en voz alta. Podemos sobrepasar el desierto de nuestra mente al clamar y dar un grito resonante.

Un buen lugar para practicar esto es cuando uno está solo en su casa o en el carro. Usted puede clamar con desesperación: “Oh Señor, ¡te necesito! ¡Te necesito ahora mismo! Estoy tan seco, y hasta muerto. Señor Jesús sé Tú mi vida. Sin Ti, no puedo salir adelante. Señor, vengo a Ti para beber. ¡Oh Señor, sacia mi sed!”

También puede clamar para alabar y dar gracias al Señor y dar un grito resonante al decir en voz alta: “¡Alabado sea el Señor! ¡Jesús, eres tan bueno! ¡Te amo, Señor Jesús!”

Cuando clamamos de esta manera al Señor, somos salvos de nuestros pensamientos en nuestra mente y bebemos profundamente del Espíritu vivificante como el agua de vida.

La práctica diaria

Usted puede practicar estas seis maneras de beber todos los días. Cuando se sienta seco o deprimido, usted puede dar las gracias al Señor, invocar Su nombre, hablarle a alguien de Cristo, decirle a alguien que Jesús es Señor y que Su nombre es el nombre más elevado, cantar al Señor con su corazón o clamar y dar un grito resonante.

Usted beberá a Cristo como el agua viva y será refrescado y reavivado en su vida cristiana y hasta rebosará con ríos de agua viva hasta alcanzar otros.

¡Alabado sea el Señor, le podemos beber como el agua viva todos los días!


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