La palabra de la cruz

12 de abril del 2015

“Porque la palabra de la cruz es necedad para los que perecen; mas los que se salvan, esto es, para nosotros, es poder de Dios”. (1 Corintios 1:18)

Escritas hace casi 2,000 años, estas palabras en la Biblia apuntan al comportamiento de algunas personas en Corinto de origen griego, quienes se enorgullecían en su filosofía. En un esfuerzo por entender el universo y la humanidad, iban en pos de la sabiduría con vehemencia. No obstante, aunque su filosofía todavía no respondía a las preguntas en relación a la naturaleza humana o el significado de la existencia de la humanidad, estos buscadores de la sabiduría, rechazaron la palabra acerca de Jesucristo y Su crucifixión, descartándola por necedad.

La Biblia nos revela que Dios creó al hombre con un propósito. Él deseaba entrar en el hombre para ser su vida, disfrute y su todo. Como resultado, el hombre debía ser la expresión de Dios. Dios y el hombre no serían dos entidades separadas: una alejada, adorada por la otra, sino que ambas estarían unidas en una relación amorosa.

Antes de que esto sucediera, el enemigo de Dios, Satanás, entró en el hombre y lo contaminó interiormente. El hombre se volvió pecaminoso, sombrío tanto en acciones como en pensamientos  y a partir de ese momento luchó para vencer la maldad interna  y sus consecuencias. Él no entendía el deseo de Dios, o el por qué de su existir.

Pero Dios en Su sabiduría abrió el camino a la salvación: Jesucristo y Su muerte en la cruz.

Según las apariencias externas, Jesucristo sencillamente era un buen hombre, quien tuvo una muerte indigna siendo crucificado a manos del gobierno romano. Pero Jesús representaba más que un buen hombre. Él era el Dios todopoderoso que se humilló a Sí mismo a fin de llegar a ser un hombre humilde. Él no tenía pecado; no obstante, voluntariamente llevó los pecados de la humanidad en Su propio cuerpo en la cruz. Su muerte redentora nos salva del pecado y de llevar una existencia sin sentido.

El Señor Jesús no solamente murió por nosotros en la cruz, sino también resucitó de entre los muertos. Él llegó a ser el Espíritu vivificante, quien está disponible en cualquier lugar, a cualquier hora y para cualquier persona.

El resultado de esta palabra puede ser necedad para nosotros o el poder de Dios para salvarnos. ¿Con cuál de las dos se identificará usted?  ¿Tendrá esta palabra por necedad, aunque lucha con el problema de sus pecados, o el vacío interior de no conocer el significado de su existencia? ¿O podrá reconocer la cruz de Cristo como sabiduría de Dios y poder de Dios para salvarlo?

El Señor Jesús y todo lo que Él logró en la cruz puede ser suyo si sencillamente le recibe.  Él está aquí ahora, esperando a que lo reciba como su salvación y el significado de su vida humana. Usted puede aceptar el camino a la salvación que Dios le brinda con tan sólo abrir su corazón y orar:

“Señor Jesús, Gracias por la palabra de la cruz. Yo acepto esta palabra. Confieso que soy un pecador. Gracias por morir por mis pecados en la cruz. Verdaderamente Tú eres el camino a la salvación que Dios me brinda. Señor Jesús te abro mi corazón para que entres en mí. Te recibo como mi Salvador y mi vida. Amén”.

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