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Es casi imposible ignorar los muchos problemas angustiantes a los que nos enfrentamos hoy en día. Aunque las crisis de salud, la violencia, la guerra, los desastres medioambientales y la inestabilidad económica siempre han existido, debido a la tecnología moderna, estamos siendo inundados por una corriente constante de noticias que nos provocan ansiedad. En medio de este bombardeo interminable, tener algo parecido a la paz parece imposible, incluso para los cristianos.
Pero la Biblia nos dice que los creyentes podemos experimentar la paz genuina, incluso ante las circunstancias extenuantes del mundo. Hoy descubriremos la fuente de esa paz viendo algunos versículos claves en el Nuevo Testamento Versión Recobro. También veremos cómo podemos experimentar esta paz en todo momento.
La única fuente de la paz
El asunto crucial que necesitamos comprender es que la paz verdadera sólo se puede encontrar en el Señor Jesús. Dos versículos en el Evangelio de Juan revelan que Jesús es la única fuente de la paz.
1. Juan 14:27
En Juan 14:27, Jesús dijo a Sus discípulos:
“La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.
En este versículo reconfortante, el Señor Jesús dijo a Sus discípulos que no se turbaran ni tuvieran miedo, porque la paz que Él nos da es Su paz.
Jesús hace aquí un contraste entre la paz del mundo y Su paz. Es obvio que la paz que ofrece el mundo es, como mucho, temporal. Incluso los esfuerzos más bienintencionados de establecer una paz duradera entre personas y naciones fracasan completamente, lo que lleva a más problemas irresolubles.
Pero la paz que nos da el Señor Jesús es real y duradera. Él dijo: “Mi paz os doy”. Sólo la paz del Señor es verdadera paz, y Él nos la ha otorgado. Por lo tanto, no deberíamos permitir que nuestros corazones se turben ni tengan miedo. En cambio, deberíamos aferrarnos a esta promesa preciosa y experimentar y disfrutar de Su paz.
2. Juan 16:33
En Juan 16:33, Jesús dijo:
“Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero tened valor, Yo he vencido al mundo”.
En este versículo, vemos otro contraste. En el mundo tenemos aflicción, pero en Jesús tenemos paz. Aunque hemos sido salvos y regenerados, seguimos viviendo en este mundo, el cual está lleno de agitación y sufrimiento. Pero Jesús nos asegura que en Él tenemos paz.
¿Dónde se encuentra la paz? Está en Jesús. Buscar la paz duradera en cualquier otra cosa o persona es inútil. Debemos acudir a Jesús para tener la paz verdadera.
Disfrutar de la paz verdadera diariamente
Fácilmente podemos sentirnos abrumados por las muchas cosas angustiantes que suceden a nuestro alrededor. Pero una manera práctica de ayudarnos a experimentar la paz del Señor es, primero, ser conscientes de aquello con lo que nos estamos llenando. El Señor nos dijo francamente que en el mundo tenemos aflicción. Esto significa que cuando nos llenamos del mundo y de las cosas del mundo, nuestros corazones se turbarán e incluso tendrán miedo.
Todos nos hemos sentido así después de pasar tiempo en nuestros celulares poniéndonos al día con las últimas noticias, desplazándonos sin cesar por las redes sociales y leyendo las opiniones de la gente sobre todo tipo de cosas. Estar informado sobre los acontecimientos actuales es una cosa, pero estar completamente absorto en ella es otra. Cada vez más, lo que vemos en línea está diseñado para captar nuestra atención y despertar emociones fuertes, por lo general negativas.
Cuando nos sentimos inquietos, perturbados y temerosos, deberíamos comprender que hemos estado centrándonos en el mundo y llenándonos de las cosas del mundo. En ese momento, necesitamos volvernos al Señor en nuestro espíritu y contactarlo a Él, la fuente de la paz.
El mundo está lleno de aflicción, pero Jesús también dijo que Él ha vencido al mundo. En lugar de pasar tanto tiempo en nuestros celulares ocupados con los problemas insuperables del mundo, podemos centrarnos en Jesús y ser llenos de Aquel que ha vencido al mundo. Podemos hacer esto al invocar Su nombre, cantarle, hablar con Él en oración o leer Su Palabra. Así es como podemos experimentarlo y disfrutarlo como nuestra verdadera paz.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para ayudarle a experimentar la paz genuina en el Señor Jesús.

¿Sabía usted que en griego, el idioma original del Nuevo Testamento, dos palabras diferentes se usan para referirse al hablar de Dios? Éstas son lógos y réma. Comprender el significado de estas palabras nos puede ayudar a conocer y experimentar a Dios de una manera más profunda.
Hoy leeremos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver la importancia tanto de lógos como de réma en nuestra vida cristiana.
La palabra griega lógos
En griego, lógos se usa para referirse a la palabra constante y objetiva. Generalmente se refiere a la palabra de Dios registrada en la Biblia. Es realmente asombroso que el hablar de Dios fue escrito y preservado, y debido a esto, podemos leerlo hoy.
La Palabra de Dios revela quién Dios es para nosotros. Revela Sus actos, Sus caminos, lo que Él desea, lo que ama y lo que odia. Al leer la Biblia, podemos aprender acerca del camino de salvación provisto por Dios y Su plan para la humanidad.
Sin el lógos, la humanidad estaría en oscuridad total, sin poder saber lo que Dios quiere y cuál es el significado de la vida humana. Así que, si queremos conocer a Dios, debemos leer la Biblia, el lógos.
La palabra griega réma
Réma es la otra palabra griega que se usa en el Nuevo Testamento para referirse a la palabra de Dios. Réma se refiere al hablar directo y para el momento de Dios a nosotros. El hablar personal de Dios a nosotros es precioso. Es por medio de este hablar que podemos conocerlo, no sólo objetivamente, sino subjetivamente.
Todos queremos que Dios nos hable personalmente. Pero ¿cómo sucede eso? ¿Acaso Dios sólo habla a un grupo particular de cristianos? ¡No! Dios quiere tener una relación personal con cada uno de nosotros, y gran parte de esa relación depende de que Él nos hable.
Ahora veamos más de cerca cómo podemos experimentar la palabra de Dios como réma.
Necesitamos lógos para experimentar réma
Entonces, ¿cómo nos habla Dios personalmente? ¿Cómo podemos estar seguros de que estamos escuchando el hablar genuino de Dios? Sería fácil para cualquiera decir: “Oh, Dios me dijo que hiciera esto o aquello”. Pero ¿realmente lo hizo?
No queremos ser engañados. Es de vital importancia que comprendamos que Dios usa el lógos para hablarnos réma. La palabra específica de Dios para el momento siempre corresponde a Su Palabra escrita y nunca la contradice.
Por ejemplo, la Palabra de Dios dice claramente que mentir y robar son pecados. Por lo tanto, cualquier hablar genuino de Dios nunca nos diría que le mintamos a alguien o que le robemos.
Por lo tanto, si queremos el hablar de Dios para el momento, necesitamos leer la Palabra escrita. Cuanto más leamos la Palabra escrita, incluso almacenándola en nuestro interior al orar con ella, contemplarla y memorizarla, más podrá Dios hablarnos Su palabra réma en nuestra vida diaria.
El réma, el hablar de Dios para el momento, hace muchas cosas en nosotros. Veamos tres de ellas: nos guía, nos imparte vida y nos lava interiormente.
Réma nos guía en situaciones específicas
Ahora que hemos visto cómo podemos recibir el hablar de Dios para el momento, veamos una ilustración de cómo ese hablar nos puede guiar en una situación particular. Supongamos que usted está en el trabajo o en la escuela y sucede algo que le molesta mucho. Cuanto más piensa en ello, más molesto está. Mientras sus pensamientos dan vueltas en su mente, usted empieza a sentirte espiritualmente amortecido.
Entonces le viene a la mente Romanos 8:6, un versículo que había leído anteriormente: “La mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”. Inmediatamente comprende por qué se siente tan muerto y no tiene paz: ha estado poniendo su mente en la carne.
Así que se vuelve al Señor y ora: “Señor Jesús, no quiero poner mi mente en la carne. Pongo mi mente en el espíritu ahora mismo. ¡Gracias, Señor, cuando mi mente está puesta en mi espíritu, tengo vida y paz!”.
Al poner su mente en el espíritu, es salvo de ser consumido por sus pensamientos negativos y es introducido a disfrutar de la vida y la paz de Dios. El Señor usó la palabra constante (lógos) que usted había leído previamente en Romanos 8 para hablar una palabra personal y para el momento (réma) a su situación particular. El hablar del Señor para el momento lo fortaleció a usted para que se volviera a Él y usted experimentó vida y paz.
Réma nos imparte vida
Además de guiarnos en situaciones particulares, la palabra réma de Dios también nos imparte vida. En Juan 6:63, el Señor Jesús dice:
“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.
La nota 3 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“La palabra griega que aquí y en el v. 68 se traduce palabras, es réma, la cual denota la palabra hablada para el momento. Difiere de lógos (traducida Palabra en 1:1), que se refiere a la palabra constante. Aquí las palabras van después del Espíritu. El Espíritu es viviente y verdadero, no obstante es misterioso e intangible, y como tal, difícil de ser captado por la gente; pero las palabras son tangibles, concretas. Primero, el Señor indica que para poder darnos vida, Él llegaría a ser el Espíritu. Luego, Él dice que las palabras que Él habla son espíritu y vida. Esto muestra que las palabras que Él habla son la corporificación del Espíritu de vida. Él ahora es el Espíritu vivificante en resurrección, y el Espíritu se halla corporificado en Sus palabras. Cuando recibimos Sus palabras al ejercitar nuestro espíritu, obtenemos el Espíritu, quien es vida”.
El Señor dijo en este versículo que las mismas palabras réma que Él había hablado son espíritu y vida. Entonces, ¿cómo podemos experimentar esto? Necesitamos ejercitar nuestro espíritu, nuestra parte más profunda, cuando leemos la Palabra de Dios.
Aparentemente, las palabras escritas en la Biblia son sólo letras en una página. Pero en realidad, cuando las recibimos al ejercitar o usar nuestro espíritu, contactamos y obtenemos el Espíritu, quien es vida.
La mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es mediante la oración. Al orar con la Palabra, las palabras en la página llegan a ser réma, impartiéndonos espíritu y vida.
Réma nos lava interiormente
La palabra griega réma también se menciona en Efesios 5:26, que dice:
“Para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra”.
Este versículo no habla del lavamiento del pecado por la sangre de Jesús. Dice: “el lavamiento del agua en la palabra”, y aquí, “palabra” es réma. La nota 4 sobre palabra en la Versión Recobro explica:
“La palabra griega denota una palabra específica para el momento. El Cristo que mora en nosotros como Espíritu vivificante siempre nos habla una palabra específica, actual y viviente para quitar metabólicamente lo viejo y reemplazarlo con lo nuevo, realizando una transformación interna. La purificación por el lavamiento del agua de vida está en la palabra de Cristo. Esto indica que en la palabra de Cristo se encuentra el agua de vida”.
El réma específico, actual y viviente nos lava, limpiando las cosas viejas de nuestra vida natural y reemplazándolas por las nuevas. Esta limpieza se lleva a cabo mediante el agua en el réma, que es el agua de vida. Al recibir la palabra de Cristo y experimentar esta limpieza, somos cambiados, o transformados, interiormente.
Necesitamos recibir la Palabra de Dios diariamente
Dedicar tiempo a leer la Palabra de Dios es esencial en nuestra vida cristiana. Podemos conocer a Dios y Su propósito leyendo Su Palabra. Y al orar y leer Su Palabra escrita, le damos al Señor una manera de hablarnos directa e instantáneamente en nuestra vida diaria. Su réma puede guiarnos, impartir vida en nosotros, y lavarnos para que Su propósito maravilloso pueda ser cumplido. Dediquemos tiempo cada día para leer la preciosa Palabra escrita de Dios.
Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí y descubrir más sobre lógos y réma.

En el arreglo que Dios hizo del universo, el paso del tiempo está marcado por días, meses, estaciones y años. Experimentamos cada intervalo de veinticuatro horas al día, alrededor de treinta días al mes y varios meses por estación, sin interrupción.
Pero cuando el año está por terminar, a menudo nos sentimos sorprendidos de lo rápido qué ha pasado el tiempo y nos preguntamos a dónde se fueron los últimos 365 días.
En el ajetreo de nuestras vidas, sería fácil dejar que el año termine sin darle tanta importancia. Pero el fin de año es una oportunidad única para apartar un tiempo especial de oración personal y comunión con el Señor sobre el año que acabamos de vivir. Al abrirle nuestro corazón a Él, podemos concluir el año de una manera significativa y prepararnos para el nuevo año que se avecina.
Permitir que el Señor resplandezca sobre nosotros
Al comenzar nuestro tiempo dedicado con el Señor y abrirle nuestro corazón, Él tiene la oportunidad de resplandecer sobre nosotros y hacernos conscientes de cualquier pecado que aún no hayamos tratado.
Dado que los pecados que cometemos interrumpen nuestra comunión con el Señor, no podemos ignorarlos. Necesitamos confesar nuestros pecados a Él.
En 1 Juan 1:9 se nos dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.
Cuando confesamos nuestros pecados, experimentamos el perdón y la limpieza de Dios. Es bueno mantener cuentas cortas con el Señor y no permitir que se acumulen los pecados no confesados. No queremos cargar con nada que afecte negativamente nuestro andar con el Señor en el nuevo año. Al tratar con cualquier pecado sin resolver, podemos comenzar el nuevo año de manera positiva.
Apreciar el cuidado del Señor para con nosotros
En nuestro tiempo con el Señor, podemos reflexionar sobre cómo Él nos ha cuidado, tanto material como espiritualmente, durante este último año. Esto inspira en nosotros un sentimiento de gratitud al recordar cómo el Señor ha sido nuestro Pastor, cuidándonos sin falta tanto en nuestras circunstancias difíciles como en ocasiones alegres.
Mientras recordamos ejemplos de la fidelidad de Dios, podemos dar testimonio como lo hizo el profeta Jeremías en Lamentaciones 3:22-23:
“Por la benevolencia amorosa de Jehová no hemos sido consumidos, pues no fallan Sus compasiones. Nuevas son cada mañana; grande es Tu fidelidad”.
Cada mañana durante este último año, sin importar la condición en la que estuvimos, fuimos recibidos con las tiernas compasiones de Dios. Reflexionar sobre los detalles de nuestro año nos hace ver Su gran fidelidad hacia nosotros, en los asuntos grandes y pequeños. Sin duda, nuestros corazones se llenarán de agradecimeinto y alabanzas hacia Él.
Ser refrescados en el amor del Señor
Si dedicamos tiempo a reflexionar sobre la benevolencia amorosa, las compasiones y la fidelidad del Señor, sin duda nos daremos cuenta de cuán grande es Su amor para con nosotros. Su amor incluso lo llevó a morir por nosotros para que pudiéramos ser perdonados y lavados de nuestros pecados y disfrutar de la comunión con Él.
A través de todos los altibajos de nuestro año, ya sea que nos diéramos cuenta o no, Dios nunca dejó de amarnos. Como nos dice Romanos 8:38-39:
“Por lo cual estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Podemos estar tranquilos sabiendo que Dios siempre nos amará y que nada podrá separarnos de Su amor. Al considerar el gran amor de Dios para con nosotros, nuestros corazones se llenan de amor por Él. Podemos agradecerle por amarnos y decirle una y otra vez que lo amamos.
Ofrecer una consagración fresca al Señor
Durante este tiempo de comunión con el Señor, también podemos ofrecerle una consagración fresca. Esto simplemente significa que le entregamos a Él cada aspecto de nosotros mismos y de nuestras vidas. Consagrarnos al Señor nos mantiene andando en Su camino y le da el espacio para crecer y obrar en nosotros. Nuestra consagración también nos introduce en un disfrute fresco de todo lo que Dios es.
Romanos 12:1 dice:
“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
En la víspera de un nuevo año, podemos recordar las compasiones de Dios y consagrarnos al Señor. Podemos orar algo sencillo como esto:
“Señor Jesús, gracias por Tu fidelidad, Tu amor y Tus compasiones. Señor, te amo. Me ofrezco a Ti nuevamente. Te doy este nuevo año. Señor, te concedo la libertad para obrar en mí”.
Aprender a contar nuestros días
En el Salmo 90, Moisés habló de la brevedad de la vida humana. En el versículo 12, le pidió a Dios:
“Enséñanos, pues, a contar nuestros días para que adquiramos un corazón de sabiduría”.
Es saludable considerar cuánto tiempo podríamos vivir en esta tierra y cuán fugaz es realmente la vida humana. El versículo 10 de este Salmo dice: “Los días de nuestros años son setenta años, o, si hay vigor, ochenta años”. Deberíamos pedirle al Señor que nos conceda misericordia para que cada uno de nuestros días cuente en Sus ojos.
Nuestra comunión con el Señor sobre este asunto debería hacernos comprender la preciosidad de cada día. Cada día del nuevo año que tenemos ante nosotros está lleno de oportunidades nuevas para que lo conozcamos, crezcamos en Su vida, lo disfrutemos en su Palabra y lo experimentemos como Aquel que vive en nosotros. Al pasar este tiempo en comunión con Él, podemos recordar de nuevo que vivimos en esta tierra para el propósito de Dios.
Oramos que cada uno de nosotros tenga una buena conclusión a este año al apartar un tiempo especial con el Señor, y que todos podamos comenzar el nuevo año con una consagración fresca a Él.
Una excelente manera de comenzar el año nuevo es empezar a leer la Biblia consistentemente. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.



