
¿Sabía usted que en griego, el idioma original del Nuevo Testamento, dos palabras diferentes se usan para referirse al hablar de Dios? Éstas son lógos y réma. Comprender el significado de estas palabras nos puede ayudar a conocer y experimentar a Dios de una manera más profunda.
Hoy leeremos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver la importancia tanto de lógos como de réma en nuestra vida cristiana.
La palabra griega lógos
En griego, lógos se usa para referirse a la palabra constante y objetiva. Generalmente se refiere a la palabra de Dios registrada en la Biblia. Es realmente asombroso que el hablar de Dios fue escrito y preservado, y debido a esto, podemos leerlo hoy.
La Palabra de Dios revela quién Dios es para nosotros. Revela Sus actos, Sus caminos, lo que Él desea, lo que ama y lo que odia. Al leer la Biblia, podemos aprender acerca del camino de salvación provisto por Dios y Su plan para la humanidad.
Sin el lógos, la humanidad estaría en oscuridad total, sin poder saber lo que Dios quiere y cuál es el significado de la vida humana. Así que, si queremos conocer a Dios, debemos leer la Biblia, el lógos.
La palabra griega réma
Réma es la otra palabra griega que se usa en el Nuevo Testamento para referirse a la palabra de Dios. Réma se refiere al hablar directo y para el momento de Dios a nosotros. El hablar personal de Dios a nosotros es precioso. Es por medio de este hablar que podemos conocerlo, no sólo objetivamente, sino subjetivamente.
Todos queremos que Dios nos hable personalmente. Pero ¿cómo sucede eso? ¿Acaso Dios sólo habla a un grupo particular de cristianos? ¡No! Dios quiere tener una relación personal con cada uno de nosotros, y gran parte de esa relación depende de que Él nos hable.
Ahora veamos más de cerca cómo podemos experimentar la palabra de Dios como réma.
Necesitamos lógos para experimentar réma
Entonces, ¿cómo nos habla Dios personalmente? ¿Cómo podemos estar seguros de que estamos escuchando el hablar genuino de Dios? Sería fácil para cualquiera decir: “Oh, Dios me dijo que hiciera esto o aquello”. Pero ¿realmente lo hizo?
No queremos ser engañados. Es de vital importancia que comprendamos que Dios usa el lógos para hablarnos réma. La palabra específica de Dios para el momento siempre corresponde a Su Palabra escrita y nunca la contradice.
Por ejemplo, la Palabra de Dios dice claramente que mentir y robar son pecados. Por lo tanto, cualquier hablar genuino de Dios nunca nos diría que le mintamos a alguien o que le robemos.
Por lo tanto, si queremos el hablar de Dios para el momento, necesitamos leer la Palabra escrita. Cuanto más leamos la Palabra escrita, incluso almacenándola en nuestro interior al orar con ella, contemplarla y memorizarla, más podrá Dios hablarnos Su palabra réma en nuestra vida diaria.
El réma, el hablar de Dios para el momento, hace muchas cosas en nosotros. Veamos tres de ellas: nos guía, nos imparte vida y nos lava interiormente.
Réma nos guía en situaciones específicas
Ahora que hemos visto cómo podemos recibir el hablar de Dios para el momento, veamos una ilustración de cómo ese hablar nos puede guiar en una situación particular. Supongamos que usted está en el trabajo o en la escuela y sucede algo que le molesta mucho. Cuanto más piensa en ello, más molesto está. Mientras sus pensamientos dan vueltas en su mente, usted empieza a sentirte espiritualmente amortecido.
Entonces le viene a la mente Romanos 8:6, un versículo que había leído anteriormente: “La mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”. Inmediatamente comprende por qué se siente tan muerto y no tiene paz: ha estado poniendo su mente en la carne.
Así que se vuelve al Señor y ora: “Señor Jesús, no quiero poner mi mente en la carne. Pongo mi mente en el espíritu ahora mismo. ¡Gracias, Señor, cuando mi mente está puesta en mi espíritu, tengo vida y paz!”.
Al poner su mente en el espíritu, es salvo de ser consumido por sus pensamientos negativos y es introducido a disfrutar de la vida y la paz de Dios. El Señor usó la palabra constante (lógos) que usted había leído previamente en Romanos 8 para hablar una palabra personal y para el momento (réma) a su situación particular. El hablar del Señor para el momento lo fortaleció a usted para que se volviera a Él y usted experimentó vida y paz.
Réma nos imparte vida
Además de guiarnos en situaciones particulares, la palabra réma de Dios también nos imparte vida. En Juan 6:63, el Señor Jesús dice:
“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.
La nota 3 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“La palabra griega que aquí y en el v. 68 se traduce palabras, es réma, la cual denota la palabra hablada para el momento. Difiere de lógos (traducida Palabra en 1:1), que se refiere a la palabra constante. Aquí las palabras van después del Espíritu. El Espíritu es viviente y verdadero, no obstante es misterioso e intangible, y como tal, difícil de ser captado por la gente; pero las palabras son tangibles, concretas. Primero, el Señor indica que para poder darnos vida, Él llegaría a ser el Espíritu. Luego, Él dice que las palabras que Él habla son espíritu y vida. Esto muestra que las palabras que Él habla son la corporificación del Espíritu de vida. Él ahora es el Espíritu vivificante en resurrección, y el Espíritu se halla corporificado en Sus palabras. Cuando recibimos Sus palabras al ejercitar nuestro espíritu, obtenemos el Espíritu, quien es vida”.
El Señor dijo en este versículo que las mismas palabras réma que Él había hablado son espíritu y vida. Entonces, ¿cómo podemos experimentar esto? Necesitamos ejercitar nuestro espíritu, nuestra parte más profunda, cuando leemos la Palabra de Dios.
Aparentemente, las palabras escritas en la Biblia son sólo letras en una página. Pero en realidad, cuando las recibimos al ejercitar o usar nuestro espíritu, contactamos y obtenemos el Espíritu, quien es vida.
La mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es mediante la oración. Al orar con la Palabra, las palabras en la página llegan a ser réma, impartiéndonos espíritu y vida.
Réma nos lava interiormente
La palabra griega réma también se menciona en Efesios 5:26, que dice:
“Para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra”.
Este versículo no habla del lavamiento del pecado por la sangre de Jesús. Dice: “el lavamiento del agua en la palabra”, y aquí, “palabra” es réma. La nota 4 sobre palabra en la Versión Recobro explica:
“La palabra griega denota una palabra específica para el momento. El Cristo que mora en nosotros como Espíritu vivificante siempre nos habla una palabra específica, actual y viviente para quitar metabólicamente lo viejo y reemplazarlo con lo nuevo, realizando una transformación interna. La purificación por el lavamiento del agua de vida está en la palabra de Cristo. Esto indica que en la palabra de Cristo se encuentra el agua de vida”.
El réma específico, actual y viviente nos lava, limpiando las cosas viejas de nuestra vida natural y reemplazándolas por las nuevas. Esta limpieza se lleva a cabo mediante el agua en el réma, que es el agua de vida. Al recibir la palabra de Cristo y experimentar esta limpieza, somos cambiados, o transformados, interiormente.
Necesitamos recibir la Palabra de Dios diariamente
Dedicar tiempo a leer la Palabra de Dios es esencial en nuestra vida cristiana. Podemos conocer a Dios y Su propósito leyendo Su Palabra. Y al orar y leer Su Palabra escrita, le damos al Señor una manera de hablarnos directa e instantáneamente en nuestra vida diaria. Su réma puede guiarnos, impartir vida en nosotros, y lavarnos para que Su propósito maravilloso pueda ser cumplido. Dediquemos tiempo cada día para leer la preciosa Palabra escrita de Dios.
Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí y descubrir más sobre lógos y réma.

En el arreglo que Dios hizo del universo, el paso del tiempo está marcado por días, meses, estaciones y años. Experimentamos cada intervalo de veinticuatro horas al día, alrededor de treinta días al mes y varios meses por estación, sin interrupción.
Pero cuando el año está por terminar, a menudo nos sentimos sorprendidos de lo rápido qué ha pasado el tiempo y nos preguntamos a dónde se fueron los últimos 365 días.
En el ajetreo de nuestras vidas, sería fácil dejar que el año termine sin darle tanta importancia. Pero el fin de año es una oportunidad única para apartar un tiempo especial de oración personal y comunión con el Señor sobre el año que acabamos de vivir. Al abrirle nuestro corazón a Él, podemos concluir el año de una manera significativa y prepararnos para el nuevo año que se avecina.
Permitir que el Señor resplandezca sobre nosotros
Al comenzar nuestro tiempo dedicado con el Señor y abrirle nuestro corazón, Él tiene la oportunidad de resplandecer sobre nosotros y hacernos conscientes de cualquier pecado que aún no hayamos tratado.
Dado que los pecados que cometemos interrumpen nuestra comunión con el Señor, no podemos ignorarlos. Necesitamos confesar nuestros pecados a Él.
En 1 Juan 1:9 se nos dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.
Cuando confesamos nuestros pecados, experimentamos el perdón y la limpieza de Dios. Es bueno mantener cuentas cortas con el Señor y no permitir que se acumulen los pecados no confesados. No queremos cargar con nada que afecte negativamente nuestro andar con el Señor en el nuevo año. Al tratar con cualquier pecado sin resolver, podemos comenzar el nuevo año de manera positiva.
Apreciar el cuidado del Señor para con nosotros
En nuestro tiempo con el Señor, podemos reflexionar sobre cómo Él nos ha cuidado, tanto material como espiritualmente, durante este último año. Esto inspira en nosotros un sentimiento de gratitud al recordar cómo el Señor ha sido nuestro Pastor, cuidándonos sin falta tanto en nuestras circunstancias difíciles como en ocasiones alegres.
Mientras recordamos ejemplos de la fidelidad de Dios, podemos dar testimonio como lo hizo el profeta Jeremías en Lamentaciones 3:22-23:
“Por la benevolencia amorosa de Jehová no hemos sido consumidos, pues no fallan Sus compasiones. Nuevas son cada mañana; grande es Tu fidelidad”.
Cada mañana durante este último año, sin importar la condición en la que estuvimos, fuimos recibidos con las tiernas compasiones de Dios. Reflexionar sobre los detalles de nuestro año nos hace ver Su gran fidelidad hacia nosotros, en los asuntos grandes y pequeños. Sin duda, nuestros corazones se llenarán de agradecimeinto y alabanzas hacia Él.
Ser refrescados en el amor del Señor
Si dedicamos tiempo a reflexionar sobre la benevolencia amorosa, las compasiones y la fidelidad del Señor, sin duda nos daremos cuenta de cuán grande es Su amor para con nosotros. Su amor incluso lo llevó a morir por nosotros para que pudiéramos ser perdonados y lavados de nuestros pecados y disfrutar de la comunión con Él.
A través de todos los altibajos de nuestro año, ya sea que nos diéramos cuenta o no, Dios nunca dejó de amarnos. Como nos dice Romanos 8:38-39:
“Por lo cual estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Podemos estar tranquilos sabiendo que Dios siempre nos amará y que nada podrá separarnos de Su amor. Al considerar el gran amor de Dios para con nosotros, nuestros corazones se llenan de amor por Él. Podemos agradecerle por amarnos y decirle una y otra vez que lo amamos.
Ofrecer una consagración fresca al Señor
Durante este tiempo de comunión con el Señor, también podemos ofrecerle una consagración fresca. Esto simplemente significa que le entregamos a Él cada aspecto de nosotros mismos y de nuestras vidas. Consagrarnos al Señor nos mantiene andando en Su camino y le da el espacio para crecer y obrar en nosotros. Nuestra consagración también nos introduce en un disfrute fresco de todo lo que Dios es.
Romanos 12:1 dice:
“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
En la víspera de un nuevo año, podemos recordar las compasiones de Dios y consagrarnos al Señor. Podemos orar algo sencillo como esto:
“Señor Jesús, gracias por Tu fidelidad, Tu amor y Tus compasiones. Señor, te amo. Me ofrezco a Ti nuevamente. Te doy este nuevo año. Señor, te concedo la libertad para obrar en mí”.
Aprender a contar nuestros días
En el Salmo 90, Moisés habló de la brevedad de la vida humana. En el versículo 12, le pidió a Dios:
“Enséñanos, pues, a contar nuestros días para que adquiramos un corazón de sabiduría”.
Es saludable considerar cuánto tiempo podríamos vivir en esta tierra y cuán fugaz es realmente la vida humana. El versículo 10 de este Salmo dice: “Los días de nuestros años son setenta años, o, si hay vigor, ochenta años”. Deberíamos pedirle al Señor que nos conceda misericordia para que cada uno de nuestros días cuente en Sus ojos.
Nuestra comunión con el Señor sobre este asunto debería hacernos comprender la preciosidad de cada día. Cada día del nuevo año que tenemos ante nosotros está lleno de oportunidades nuevas para que lo conozcamos, crezcamos en Su vida, lo disfrutemos en su Palabra y lo experimentemos como Aquel que vive en nosotros. Al pasar este tiempo en comunión con Él, podemos recordar de nuevo que vivimos en esta tierra para el propósito de Dios.
Oramos que cada uno de nosotros tenga una buena conclusión a este año al apartar un tiempo especial con el Señor, y que todos podamos comenzar el nuevo año con una consagración fresca a Él.
Una excelente manera de comenzar el año nuevo es empezar a leer la Biblia consistentemente. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

En nuestra vida con el Señor, la fe es absolutamente esencial.
Pero ¿qué es la fe? Algunos piensan que es solamente pensar positivamente, o decidir creer en algo, o la confianza que se deposita en alguien o algo.
Pero ¿qué dice la Biblia sobre la fe? ¿De dónde proviene la fe? ¿Y cómo podemos obtenerla?
La fe es un tema importante en la Biblia, pero en esta entrada, nos centraremos en versículos y notas en Hebreos en el Nuevo Testamento Versión Recobro para responder a estas preguntas.
¿Qué es la fe?
Primero, veamos cómo define la Biblia la fe. Hebreos 11:1 dice:
“Ahora bien, la fe es lo que da sustantividad a lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.
La nota 1 sobre fe en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos da una explicación más detallada:
“La fe es lo que da sustantividad a lo que se espera. Por lo tanto, es la seguridad, la confianza, la confirmación, la realidad, la esencia, la base de sustentación, de lo que se espera, es decir, el fundamento que sustenta lo que se espera. La fe también es la convicción de lo que no se ve. Esta fe nos convence de lo que no vemos. Por lo tanto, es la evidencia, la prueba, de lo que no se ve”.
¡La fe es realmente maravillosa! Le da sustantividad a todas las cosas maravillosas de Dios que esperamos y nos asegura de ellas. La fe también nos convence y es la prueba de cosas qué no podemos ver.
Por ejemplo, cuando fuimos salvos, Cristo vino a vivir en nosotros. Esto no es algo que alguno de nuestros cinco sentidos físicos pueda verificar, pero la fe le da sustantividad a esta realidad que no se ve y nos da la convicción de ella. Debido a que la fe opera en nosotros de esta manera, simplemente no podemos negar que Cristo vive en nosotros.
¿De dónde proviene la fe?
¿Cuál es la fuente de nuestra fe? ¿Alguna vez ha batallado para creer en el Señor, especialmente mientras enfrentaba dificultades? Muchos de nosotros hemos experimentado algo así en algún momento u otro. Por esta razón necesitamos ver de dónde proviene la fe.
Leamos ahora Hebreos 12:2:
“Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.
La primera parte de la nota 3 sobre Autor explica el significado de esta palabra en griego, el idioma original del Nuevo Testamento:
“U, Originador, Inaugurador, Líder, Pionero, Precursor. La misma palabra griega es usada en [Hebreos] 2:10. Los santos vencedores del Antiguo Testamento solamente son testigos de la fe, mientras que Jesús es el Autor de la fe. Él es el Originador, el Inaugurador, el origen y la causa de la fe”.
Que Jesús sea el Autor y Perfeccionador de nuestra fe significa que Él es la única fuente de la fe; nuestra fe se origina únicamente en Jesús. Aunque creemos, la fe no proviene de nosotros.
¿Y qué de nosotros? La nota 3 continúa:
“En nuestro hombre natural no tenemos la capacidad de creer. No tenemos fe por nosotros mismos. La fe por medio de la cual somos salvos es la fe preciosa que hemos recibido del Señor (2 P. 1:1)”.
Recibimos fe directamente del Señor. Por nosotros mismos no tenemos la capacidad de creer. Para ilustrar, podríamos decir que intentar producir fe por nosotros mismos es como agitar furiosamente los brazos en un esfuerzo por volar. Pero no logramos volar porque simplemente no tenemos la capacidad de hacerlo. De la misma manera, por más fervorosamente que lo intentemos, simplemente no tenemos la capacidad de creer.
Si nos percatamos de que la fe no proviene de nosotros, no quedaremos atrapados en el ciclo de intentar generar fe por nosotros mismos y luego estar desanimados cuando fracasamos. Veremos que la fe está completamente entrelazada con la persona viva de Jesús y que necesitamos a Jesús para poder tener algo de fe.
¿Cómo podemos obtener fe?
Jesús es la fuente de la fe, y nosotros no tenemos fe en nosotros mismos. Entonces, ¿cómo podemos obtener fe? ¿Cómo podemos experimentar la fe en nuestra vida cristiana?
Centrémonos ahora en las primeras cinco palabras de Hebreos 12:2: “Puestos los ojos en Jesús”.
¿Por qué se nos dice que pongamos los ojos en Jesús, y de qué apartamos la mirada?
Tome en cuenta su día. La familia, el trabajo, los estudios, las relaciones y muchas otras cosas exigen nuestra atención. Durante todo el día recibimos mensajes, correos electrónicos y llamadas telefónicas. Además de eso, una multitud de cosas nos distrae, como notificaciones sobre la última tendencia o alertas minuto a minuto sobre eventos de noticias que tienen lugar al otro lado del mundo.
Todas estas cosas, tanto grandes como pequeñas, nos abruman y nos ocupan. Se ciernen sobre nosotros y nuestra fe se debilita.
Dios ciertamente no quiere que existamos en tal estado. Él quiere que vivamos y andemos por fe. Para tener fe, ¡necesitamos apartar la mirada! Necesitamos apartar la mirada de las cosas que distraen y agotan la fe y poner los ojos en Jesús.
Y Hebreos 12:2 nos exhorta no sólo a apartar la mirada, sino también poner los ojos en Jesús.
Al mirarlo a Él, descubrimos de nuevo cuán presente está Jesús y lo real que Él es en nosotros. Él mora en nuestro espíritu, y lo vemos allí, el más bello y real en el universo. Todo lo demás se desvanece.
Pero ¿qué tiene que ver que pongamos los ojos en Jesús con cómo obtenemos y experimentamos la fe? Cuando tenemos puestos los ojos en Jesús, algo maravilloso sucede dentro de nosotros.
Volvamos a la nota 3 sobre Autor para leer la siguiente parte:
“Cuando ponemos los ojos en Jesús, Él como Espíritu vivificante (1 Co. 15:45) se infunde en nosotros, nos infunde Su elemento que hace creer. Luego, espontáneamente, cierta clase de fe surge en nuestro ser, y así tenemos la fe para creer en Él. Esta fe no proviene de nosotros, sino de Aquel que se imparte en nosotros como el elemento que cree, a fin de que Él crea por nosotros. Por consiguiente, Él mismo es nuestra fe. Vivimos por Él como nuestra fe; es decir, vivimos por Su fe (Gá. 2:20), y no por la nuestra”.
Jesús se infunde en nosotros como nuestra fe. Ni siquiera tenemos que pedir fe. Espontáneamente, la fe surge dentro de nosotros porque el Señor Jesús, quien es impartido en nosotros, es Aquel que cree por nosotros. Muchos de nosotros podemos dar testimonio de que hemos experimentado precisamente esto. Un minuto podemos ser muy débiles en la fe, pero cuando nos volvemos a Jesús y lo miramos, sentimos que una fe viva surge dentro de nosotros y toda nuestra perspectiva cambia.
La nota 3 concluye:
“Jesús, como el Autor y el origen de la fe, también es el Líder, el Pionero y el Precursor de la fe. Él abrió el camino de la fe y, como Precursor, tomó la delantera para ser el pionero. Por lo tanto, mediante Sus pisadas puede conducirnos por el camino de la fe. Cuando ponemos los ojos en Él como Aquel que es el Originador de la fe en Su vida y camino sobre la tierra, y los ponemos en Él como Aquel que es el Perfeccionador de la fe en Su gloria y trono en los cielos, entonces Él nos imparte y nos infunde la fe a la que dio origen y perfeccionó”.
El Señor simplemente quiere que nos volvamos a Él en nuestro espíritu y lo miremos. Entonces Él podrá infundirnos consigo mismo. Así es como obtenemos y experimentamos diariamente la fe que Él originó y perfeccionó para que nosotros podamos continuar en el camino de la fe.
Maneras prácticas para poner los ojos en Jesús
Consideremos algunas maneras prácticas en las que podemos poner nuestros ojos en Jesús y ser infundidos de Él todos los días.
1. Volver nuestro corazón: Nuestro corazón se distrae fácilmente del Señor, pero 2 Corintios 3:16 nos asegura: “Cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”. Luego, el versículo 18 dice: “Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor”. Cuando volvemos nuestro corazón al Señor, podemos mirar interiormente Su gloria.
2. Tratar con los pecados que hemos cometido: Cualquier pecado que cometamos se convierte en un obstáculo para nuestra comunión con el Señor, así que debemos tratar con ellos confesándolos al Señor. Así es como podemos ser perdonados y limpiados para disfrutar mirar al Señor en comunión nuevamente.
3. Invocar Su nombre: Invocar el nombre del Señor es la forma más fácil de apartar la mirada de todo lo demás y poner los ojos en Él. Podemos clamar: “¡Señor Jesús! ¡Oh, Señor Jesús! ¡Señor Jesús, te necesito!”. Invocar Su nombre nos ayuda a poner los ojos en Jesús en cualquier momento y en cualquier lugar. Cuanto más invocamos, más sentimos que todo lo demás se desvanece a medida que Él se vuelve más cercano y querido para nosotros en nuestra situación actual.
4. Orar: Podemos llevar todo asunto a Dios en oración y contarle los problemas que enfrentamos, grandes y pequeños. Podemos orar oraciones cortas a lo largo del día, como: “Señor Jesús, no sé qué hacer. Pero Señor, ahora mismo pongo mis ojos en Ti. Quiero contemplar Tu belleza. Señor, Tú eres el más hermoso”. ¡Podemos contactar a Jesús mediante la oración en nuestro espíritu incluso cuando no tengamos problemas!
5. Leer Su Palabra: Podemos mirar al Señor Jesús en Su Palabra. Por ejemplo, al leer los Evangelios, vemos los detalles de la maravillosa vida de Jesús en la tierra. La Palabra de Dios nos revela cómo vivió Jesús, cómo trató a las personas, Sus palabras de gracia, Su fidelidad a Dios, Su muerte y resurrección, lo que hizo para salvarnos, y mucho más. Al leer la Biblia y mirar a Jesús allí, somos llenos de amor y aprecio por Él. También podemos orar usando las Palabras de la Biblia, para permitirle que nos infunda de Sí mismo aún más profundamente.
6. Pasar tiempo regularmente en Su presencia: Una de las principales razones de nuestra falta de fe podría ser que últimamente no hemos pasado mucho tiempo de calidad con el Señor. En cambio, hemos dedicado nuestro tiempo a mirar las redes sociales, buscar entretenimiento o fijarnos en muchas otras cosas. Necesitamos dedicar tiempo regularmente a poner nuestros ojos en Jesús; el mejor momento para hacerlo es por la mañana. En lugar de despertarnos y mirar inmediatamente nuestros teléfonos, podemos primero poner los ojos en el maravilloso Jesús que vive en nosotros, pasando tiempo en oración y en la Palabra. Es bueno ser infundidos con Él y absorberlo antes de hacer cualquier otra cosa.
Podemos conectarnos a la fuente de la fe todos los días al poner nuestros ojos en Jesús y mirarlo a Él, el Autor y Perfeccionador de la fe. ¡Él mora en nosotros! Está tan cerca; en cualquier momento podemos volvernos a Él en nuestro espíritu y permitirle que nos infunda de Sí mismo. Él será nuestra capacidad de creer y la fe por la que vivimos.
Si vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todas las notas sobre los versículos citados en esta entrada con sus referencias paralelas.

Cada año, en el undécimo día del undécimo mes, Estados Unidos hace una pausa para rendir honor a los veteranos de nuestra nación. La fecha del Día de los Veteranos es deliberada; marca el armisticio firmado en 1918 que puso fin a las hostilidades de la Primera Guerra Mundial. Es un día para rendir honor a los veteranos de todas las guerras, pero especialmente a los que aún viven.
Tristemente, la “guerra para poner fin a todas las guerras”, como se le conoció a la Primera Guerra Mundial, no logró cumplir esa meta. Desde entonces, nuestra nación ha seguido requiriendo el servicio militar de hombres y mujeres en cada generación.
Hoy en día, vivimos en un mundo atormentado por la tensión y el conflicto, una época llena de inestabilidad política y guerras en todo el mundo. Y sin embargo, aquí en este país, somos libres. Por ello, les debemos nuestra gratitud a aquellos en cada generación que se han ofrecido, que han hecho un juramento y que han arriesgado sus vidas a lo largo de la historia de nuestra nación.
La generación actual de hombres y mujeres en el servicio militar ha soportado años de guerra en el Medio Oriente, además de ser desplegados alrededor del mundo. Ellos han respondido al llamado de nuestra nación una y otra vez, en casa y en el extranjero, gira tras gira.
En Bibles for America valoramos profundamente su sacrificio para proteger nuestra libertad de adorar a Dios, leer la Biblia y difundir Su Palabra por toda la nación. No damos por sentada esta libertad.
Por lo tanto, queremos aprovechar esta oportunidad para agradecer a nuestros veteranos y sus familias. Oramos por aquellos que sufren las heridas de la guerra y que enfrentan otro tipo de batalla en casa, esta vez para encontrar trabajo, atención médica adecuada y sentido a la vida civil. Los apreciamos. No los hemos olvidado.
Esperamos que nuestra Biblia de estudio gratuita y los libros cristianos electrónicos gratuitos sean una fuente de consuelo, sanación y alimento espirituales para ustedes. Les alentamos a compartir esta entrada con cualquier veterano que conozca.
Que Dios bendiga a nuestros veteranos y sus familias con Su salvación y el pleno conocimiento de la verdad. De parte de todos nosotros en Bibles for America, gracias por su servicio.

¿Alguna vez ha abierto su Biblia, leído algunos versículos y luego se ha sentido frustrado porque no entendió lo que acababa de leer? Tal vez pensó que era porque necesitaba más educación, o que simplemente no tenía las “neuronas suficientes” para ello, o que la Biblia simplemente no era para alguien como usted.
Usted no está solo en esta lucha. Esto explica por qué, para muchos, sus Biblias terminan en el estante, sin ser leídas.
Pero esto no tiene por qué ser así.
Dios quiere que todos lean y entiendan la Biblia, ya que revela quién Él es, Su plan para el hombre, Su salvación y Su propósito eterno.
Esperamos que esta entrada lo anime. Le mostraremos cómo el Nuevo Testamento Versión Recobro, con sus increíbles notas de comentario, puede ayudarle a entender la preciosa Palabra de Dios y cómo se aplica a su vida.
Necesitamos al menos dos cosas para entender la Biblia
1. Necesitamos orar
Efesios 1:17 dice:
“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el pleno conocimiento de Él”.
Aquí el apóstol Pablo no oró para que los creyentes tuvieran un doctorado o una mente inteligente. Él oró para que ellos tuvieran un espíritu de sabiduría y de revelación. Todos podemos orar por esto: “Señor, concédeme un espíritu de sabiduría y de revelación para que pueda verte y conocerte plenamente en Tu Palabra. Abro mi corazón a Ti para que puedas revelarte a mí”. El Señor estaría feliz de responder a tal oración.
2. Necesitamos dirección y ayuda
Además de la oración, necesitamos dirección. Podemos recibir mucha ayuda de otros que han visto más de lo que nosotros hemos visto en la Palabra de Dios.
Una historia en el libro de los Hechos muestra vívidamente la necesidad de ser guiados para entender la Palabra de Dios. Hechos 8 describe la interacción entre Felipe el evangelista y un hombre etíope. Leamos esa historia aquí, en los versículos 26–31:
“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, alto funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me guía? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él”.
Este hombre en una posición de poder bajo la reina de los etíopes era ciertamente educado y capaz. Pero aun así, no podía entender lo que estaba leyendo. Le dijo a Felipe que necesitaba que alguien lo guiara para saber lo que significaba.
La historia continúa. Hechos 8:32–35 dice:
“El pasaje de la Escritura que leía era éste: ‘Como oveja al matadero fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió Su boca. En Su humillación se le negó justicia; mas Su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra Su vida’. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció como evangelio a Jesús”.
El hombre etíope estaba leyendo Isaías 53, uno de los pasajes más impresionantes del Antiguo Testamento, que profetizaba en detalle la vida, muerte y resurrección del Salvador venidero. Felipe le explicó que en este pasaje Isaías estaba hablando de Jesús.
Usando las Escrituras, Felipe le anunció a Jesús como el evangelio, y los versículos 36–39 dicen lo que sucedió:
“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, serás salvo. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino”.
Nunca deberíamos sentirnos avergonzados por necesitar ayuda para entender la Biblia. Si el hombre etíope hubiera estado demasiado avergonzado para decir que él, un hombre educado en una posición de poder, necesitaba dirección, se habría perdido de ver a Jesucristo el Salvador en el libro de Isaías. Debido a que él recibió la dirección de Felipe, fue salvo, bautizado y siguió lleno de regocijo su camino.
Las notas explicativas en la Versión Recobro pueden ayudarnos
Al igual que el hombre etíope, es posible que no entendamos lo que leemos en la Biblia, incluso después de haberla leído una y otra vez. O podríamos leer cierta sección rápidamente o incluso omitirla por completo porque pensamos que no es importante.
Un buen ejemplo es la primera página del Nuevo Testamento, donde muchos comienzan a leer la Biblia. Esta primera página comienza con la genealogía de Jesucristo en Mateo 1:1-17. Es fácil saltarse la lista larga de quién engendró a quién, y comenzar a leer en el versículo 18.
Pero comencemos leyendo ese primer versículo, Mateo 1:1:
“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”.
¿Por qué el Nuevo Testamento comienza así?
Veamos cómo las notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro pueden ayudarnos.
Nota 1 sobre Jesucristo en Mateo 1:1 explica:
“El primer nombre que se menciona en el Nuevo Testamento y también el último (Ap. 22:21) es Jesús, lo cual demuestra que el tema y el contenido del Nuevo Testamento es Jesucristo.
La Biblia es un libro de vida, y esta vida es una persona viviente, el Cristo maravilloso y todo-inclusivo. El Antiguo Testamento presenta un cuadro en tipos y en profecías de esta maravillosa persona como Aquel que había de venir. Ahora, en el Nuevo Testamento, esta maravillosa persona ha venido. La primera página del Nuevo Testamento, al recomendarnos a esta maravillosa persona, nos da Su genealogía. Esta genealogía puede considerarse como un resumen del Antiguo Testamento, el cual en sí es una versión detallada de la genealogía de Cristo. Para entender la genealogía que se encuentra en Mateo, es necesario remontarse al origen y a la historia de cada incidente”.
Esta primera nota en el primer versículo del Nuevo Testamento nos ayuda a ver que Jesucristo es el tema y el contenido de todo el Nuevo Testamento. Por lo tanto, al leer cualquier libro del Nuevo Testamento, nuestro enfoque principal debe estar simplemente en la persona de Jesucristo. Y en Su genealogía hay una rica revelación de esta Persona viviente, maravillosa y todo-inclusiva.
Ahora pasemos a la genealogía. La Versión Recobro provee notas sobre muchas de las personas incluidas en la genealogía de Cristo, tales como Isaac, Jacob, Rahab, Rut, David, Salomón y otros. Estas notas hacen más que cubrir hechos históricos. Arrojan luz espiritual sobre la historia de cada persona. Nos iluminan para conocer y apreciar al Señor Jesús.
Por ejemplo, leamos sobre Rahab, una de sólo cinco mujeres mencionadas en la genealogía. Mateo 1:5 dice: “Y Salmón engendró de Rahab a Booz”. ¿Quién era Rahab, y por qué se menciona específicamente aquí en la genealogía de Cristo?
La nota 1 de este versículo en la Versión Recobro explica:
“Rahab era una prostituta de Jericó (Jos. 2:1), un lugar que Dios había maldecido a perpetuidad (Jos. 6:26). Después que ella se volvió a Dios y al pueblo de Dios (Jos. 6:22-23, 25; He. 11:31) y se casó con Salmón, un príncipe de Judá, la tribu principal (1 Cr. 2:10-11), dio a luz a Booz, un varón piadoso, del cual procedió Cristo. No importa cuáles sean nuestros antecedentes, si nos volvemos a Dios y a Su pueblo y nos unimos a la persona apropiada en el pueblo de Dios, llevaremos el fruto apropiado y participaremos en el disfrute de la primogenitura de Cristo”.
¡Esta es una palabra reconfortante y alentadora para todos nosotros! No importa cuál sea nuestro antecedente, nosotros los pecadores tenemos la oportunidad de unirnos al pueblo de Dios y participar en el disfrute de Cristo.
Con la ayuda de las otras notas en Mateo 1:1-17, la genealogía de Cristo no es solamente una lista seca de nombres, sino una revelación preciosa de quién Cristo es, aumentando nuestro amor y aprecio por nuestro Señor.
La ayuda en la Versión Recobro
Hoy podemos ser los bendecidos beneficiarios de los creyentes fieles que nos precedieron. A lo largo de los siglos, Dios abrió el significado de la Biblia a muchos creyentes que lo buscaron diligentemente en Su Palabra. Ellos, a su vez, transmitieron ese significado a otros. Con el tiempo, lo que cada uno vio se agregó al entendimiento colectivo de la Biblia.
El Nuevo Testamento Versión Recobro se apoya en los hombros de quienes la precedieron. Con sus características especiales, como las notas iluminadoras, las referencias paralelas y los bosquejos, puede considerarse una destilación, o cristalización, de este entendimiento y revelación colectivos.
Estas características ciertamente no reemplazan el texto mismo de las Escrituras. Pero sí sirven para ampliar nuestro entendimiento de la Palabra de Dios. Aquí en Bibles for America, podemos testificar que la Versión Recobro nos ha ayudado a conocer y experimentar a Cristo, y a entender la Biblia como nunca antes. Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita hoy.
Por supuesto, definitivamente deberíamos leer la Biblia constantemente para que podamos familiarizarnos completamente con su lenguaje y términos. También deberíamos dedicar tiempo diariamente a orar con la Palabra de Dios para nuestro alimento espiritual. Y cada vez que sintamos que hay algo que no entendemos, deberíamos obtener ayuda para ser traídos a un entendimiento más profundo de la Palabra de Dios.
Para ver entradas útiles sobre cómo leer la Biblia diariamente y recibir vida de la Palabra de Dios, recomendamos las siguientes:
7 consejos para desarrollar el hábito de leer la Biblia diariamente
Siete razones convincentes para leer la Biblia

Usted probablemente conoce la historia encontrada en Mateo 2 sobre los magos, o sabios, que vinieron del oriente para adorar a Jesús después de que Él nació en Belén.
Pero ¿alguna vez ha pensado cómo esta historia podría aplicarse a nuestra vida cristiana? En esta entrada, leeremos Mateo 2:1-11 con notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para descubrir cuán relevante es para nosotros hoy en día.
Los magos vieron Su estrella
Mateo 2:1-2 dice:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, he aquí llegaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el que ha nacido como Rey de los judíos? Porque vimos Su estrella cuando apareció, y hemos venido a adorarle”.
La palabra magos es una traducción de la palabra griega magoi, que significa “un hombre sabio de origen extranjero”. Estos magos no eran judíos de Israel. Eran hombres paganos del oriente, donde se les había aparecido una estrella brillante. Se dieron cuenta de que la estrella que vieron era “Su estrella”, la estrella de Cristo, quien nació Rey de los judíos. Guiados por esa estrella, ellos dejaron su tierra y viajaron para encontrarlo y adorarlo. Con el tiempo, llegaron a Jerusalén.
¿Por qué los magos partieron de su país y viajaron a la tierra de Israel? La primera parte de la nota 2 sobre estrella en el versículo 2 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“Los judíos tenían las Escrituras acerca de Cristo, pero los magos del oriente vieron la estrella de Cristo (Nm. 24:17). Los judíos tenían un conocimiento mental de Cristo, escrito en letra muerta, mientras que los magos recibieron una visión viva con respecto a Él”.
Estos magos paganos no conocían las Escrituras, pero recibieron una visión viva, representada por la estrella, acerca de Cristo. Esa visión los llevó a viajar una gran distancia para encontrarlo y verlo con sus propios ojos.
Los sacerdotes y escribas tenían conocimiento mental en letra muerta
La historia continúa en los versículos 3-6:
“Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, inquiría de ellos dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; pues así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre los príncipes de Judá, porque de ti saldrá un gobernante, que apacentará a Mi pueblo Israel’”.
A diferencia de los magos, los principales sacerdotes y escribas judíos que estaban en Jerusalén sí poseían las Escrituras del Antiguo Testamento. Conocían todas las profecías acerca del nacimiento de Cristo, incluso la ciudad exacta en la que nacería.
Sin embargo, después de que los sacerdotes y escribas le dieron al rey Herodes la información precisa sobre el nacimiento de Cristo en Belén, permanecieron en Jerusalén. No viajaron la corta distancia hasta Belén para ver al Gobernante recién nacido, y mucho menos para adorarlo. ¿Por qué no?
La nota 1 sobre sacerdotes y escribas en el versículo 4 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“Los sacerdotes enseñaban la ley a la gente (Mal. 2:7), y los escribas conocían las Escrituras (Esd. 7:6). Tanto los sacerdotes como los escribas tenían el conocimiento acerca del nacimiento de Cristo (vs. 5-6), pero ellos, a diferencia de los magos del oriente, no tuvieron la visión, ni interés alguno en buscar a Cristo”.
El conocimiento que los sacerdotes y los escribas tenían acerca de Cristo era preciso, pero para ellos sólo era un conocimiento mental en letra muerta. Debido a que sólo poseían este conocimiento mental, no fueron conmovidos ni se sintieron motivados a ir a ver a Aquel que había sido profetizado en las Escrituras. No tenían interés alguno en buscar a Cristo. En cambio, los magos habían recibido una visión viva de Cristo y tenían interés en buscarlo. Esto es lo que marcó la diferencia.
Necesitamos un conocimiento adecuado de las Escrituras y una visión viva
Pero tener una visión por sí sola no basta. Dado que las Escrituras son la base sólida de nuestra vida cristiana, necesitamos leer y conocer la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nos da testimonio acerca del Señor Jesucristo, así que no podemos tener el conocimiento adecuado de Él sin leer y conocer la Biblia.
De hecho, como los magos desconocían las Escrituras acerca de Cristo, fueron a Jerusalén, asumiendo erróneamente que el Rey de los judíos nacería en la capital. Pero una vez que fueron corregidos por las Escrituras, continuaron su camino de Jerusalén a Belén. Mateo 2:9-11 nos relata lo que sucedió después:
“Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto aparecer les guiaba hasta que llegó y se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron sobremanera con gran gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con María Su madre, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, olíbano y mirra”.
La nota 1 sobre estrella en el versículo 9 dice:
“Cuando los magos fueron corregidos por las Escrituras y reencauzados, la estrella se les apareció de nuevo. La visión viva siempre va a la par de las Escrituras”.
Al tener el conocimiento adecuado de las Escrituras más la visión viva, los magos fueron guiados al lugar exacto donde estaba el Señor. Allí lo vieron con sus propios ojos, lo adoraron como Dios y le ofrecieron regalos preciosos.
Tener un corazón que busca al Señor
¿Cómo podemos aplicar los puntos importantes de esta historia a nuestra vida cristiana hoy?
La Biblia revela la persona maravillosa de Cristo en muchos aspectos. Es asombroso tener acceso a las Escrituras y poder aprender acerca de Él a través de Su Palabra. Pero no deberíamos estar satisfechos con sólo saber acerca de Él.
De hecho, Jesús mismo dijo a los judíos en Juan 5:39-40:
“Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí. Pero no queréis venir a Mí para que tengáis vida”.
La nota 1 del versículo 39 sobre la frase Escudriñáis las Escrituras dice:
“Es posible escudriñar las Escrituras y no venir al Señor (v. 40). Los religiosos judíos escudriñaban las Escrituras pero no estaban dispuestos a venir al Señor. Estas dos cosas deben ir juntas. Puesto que las Escrituras dan testimonio del Señor, no deben estar separadas de Él. Es posible tener contacto con las Escrituras sin tener contacto con el Señor. Sólo el Señor puede dar vida”.
Definitivamente es posible acudir a la Biblia y recibir conocimiento acerca del Señor. Pero no queremos que lo que aprendamos acerca de Cristo nos sea sólo conocimiento mental en letra muerta. Cuando venimos a la Biblia también deberíamos venir a Él con un corazón que busca, un corazón amoroso que desee conocerlo personalmente.
Con esto en mente, podemos hacer oraciones sencillas como ésta:
“Señor Jesús, quiero ver más de quien Tú eres en la Palabra. Pero no quiero estar satisfecho con sólo saber acerca de Ti. Quiero venir a Ti y conocerte en mi experiencia. Por eso, Señor, dame un corazón que siempre vaya en pos de Ti”.
Somos bendecidos de que podemos leer las Escrituras, las cuales nos revelan al Cristo maravilloso. Que también podamos recibir una visión viva de Cristo y tengamos un corazón que lo busque, venga a Él y lo experimente.
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En una entrada anterior, hablamos de la importancia de pasar tiempo con Jesús cada mañana y de cómo desarrollar este hábito fundamental.
Pero ¿cómo pasamos tiempo con Jesús?
La meta de nuestro tiempo con Jesús por la mañana
No deberíamos pensar que pasar tiempo con el Señor Jesús cada mañana es un deber religioso y aburrido que debemos cumplir. Si lo tratamos como una tarea más en nuestra lista de pendientes, no será muy placentero.
En realidad, cada mañana es una oportunidad preciosa para pasar tiempo a solas sin interrupciones con nuestro querido Salvador, a quien amamos y quien nos ama. Aunque Él vive en nosotros y siempre está con nosotros, necesitamos dedicarle tiempo a fin de profundizar en nuestra relación personal con Él.
El Señor Jesús no quiere que solamente creamos en Él; quiere que lo amemos. Después de todo, Él demostró Su amor al morir en la cruz por nosotros. Ahora desea tener una relación íntima y amorosa con nosotros. En 1 Timoteo 1:14 leemos:
“Y la gracia de nuestro Señor sobreabundó con la fe y el amor que están en Cristo Jesús”.
En el Nuevo Testamento Versión Recobro, la nota 2 sobre la fe y el amor explica:
“Por medio de la fe recibimos al Señor (Jn. 1:12), y por medio del amor disfrutamos al Señor a quien hemos recibido (Jn. 14:21, 23; 21:15-17)”.
Así que estar con el Señor Jesús por la mañana es estar con Aquel a quien amamos; es un tiempo para disfrutar de Él. Podemos saludarlo cada mañana diciéndole: “Señor Jesús, Te amo”. Cuando hacemos esto, sentimos una dulzura en nuestro interior. Y cuanto más le decimos que lo amamos, más crece nuestro amor por Él y más disfrutamos de Él.
Así como pasar tiempo con alguien que amamos no siempre sigue una fórmula determinada, estar con Jesús es lo mismo. La meta es simplemente tener un toque viviente con Él en nuestro espíritu.
¿Entonces, cómo pasamos tiempo con Jesús por la mañana? ¿Qué hacemos durante este tiempo? Veamos algunas maneras en que podemos tener este tipo de toque viviente con Él.
Podemos invocar el nombre del Señor
Aunque no sepamos cómo o qué orar, siempre podemos invocar el nombre del Señor: “¡Oh, Señor Jesús!”. Esta práctica sencilla nos ayuda a abrir nuestro corazón a Él y a ejercitar nuestro espíritu para contactarlo.
Romanos 10:12 dice:
“Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos y es rico para con todos los que le invocan”.
En lugar de preocuparnos por otras cosas, podemos simplemente invocar a Jesús. Cuando lo invocamos, recibimos Su Persona misma. Así es como experimentamos todo lo que Él es para nosotros y todo lo que ha logrado por nosotros. ¡Él es tan rico para con nosotros cuando lo invocamos!
Podemos confesar nuestros pecados
A menudo, cuando comenzamos a abrirnos al Señor invocando Su nombre, Él nos habla a través de nuestra conciencia con respecto a un pecado que hemos cometido. A fin de mantener nuestra comunión con el Señor, es muy importante tener una conciencia purificada. Necesitamos confesar nuestros pecados al Señor Jesús a medida que Él nos hace conscientes de ellos.
Todos hemos experimentado la incomodidad de estar con alguien después de haberlo ofendido. Aunque todavía sentimos afecto el uno por el otro, una barrera nos separa, lo que nos dificulta el pasar un tiempo agradable o incluso hablarnos.
Nuestra relación con el Señor Jesús es aún más delicada. Él vive en nosotros y sabe todas las cosas. Aunque Él quiere tener comunión con nosotros, no puede tolerar el pecado. Así que cuando pecamos o le desobedecemos, inmediatamente se forma una barrera que nos separa de Él.
En 1 Juan 1:9 se nos dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.
Cuando confesamos nuestros pecados a Jesús, somos perdonados y lavados. Según Isaías 43:25, ¡Él incluso olvida nuestros pecados una vez que los hemos confesado! Todas las barreras son eliminadas, y sentimos paz entre nosotros y el Señor. Una vez más, podemos tener comunión libre con el Señor con un corazón despreocupado y abierto.
Podemos leer y orar con la Palabra de Dios
Nuestro tiempo con el Señor por la mañana debería incluir leer la Biblia. La meta en estos tiempos no es estudiar la Palabra, sino ser alimentado. La mejor manera de ser alimentado con la Palabra de Dios es orar con las palabras que leemos.
Efesios 6:17-18 dice:
“Y recibid el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”.
A veces, mientras leemos la Biblia con oración, nos llama la atención un versículo o una frase en particular. Podemos detenernos y permanecer en esa porción y orarla al Señor. Cuando nos acercamos a la Palabra de esta manera, es posible que ni siquiera terminemos el resto del capítulo o versículo que estamos leyendo; la meta es venir a Su presencia y ser alimentados.
Por ejemplo, digamos que usted llega a Juan 4 en su lectura de la Biblia. Le llama la atención el versículo 10, que dice: “Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva”.
Usted puede orar: “Señor Jesús, dame de beber. Vengo a Ti ahora mismo. Gracias, Señor, Tú eres el agua viva que me satisface”.
Cualquier otra cosa que podamos hacer durante nuestro tiempo en la mañana con Jesús, siempre deberíamos incluir tiempo en la Palabra. Podemos hablar con Jesús con las palabras de la Biblia, y Él puede hablarnos a nosotros a través de Su Palabra. Cuando oramos con la Palabra de Dios, ésta nos nutre, refresca, ilumina y fortalece.
Podemos dar gracias al Señor
No siempre estamos de buen humor a primera hora de la mañana. Pero cuando dedicamos un tiempo a agradecer al Señor, nuestro corazón es animado. Y cuanto más le agradecemos, más nos damos cuenta de lo mucho que tenemos que agradecer.
Efesios 5:20 dice:
“Dando siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.
Nuestro tiempo en la mañana puede ser uno de esos momentos en los que “siempre” damos gracias a nuestro Dios y Padre. Podemos comenzar con un simple: “Gracias por un nuevo día” o “Gracias por amarme”.
También podemos agradecer al Señor por las muchas maneras específicas en las que Él ha cuidado de nosotros. Podemos darle gracias por ser nuestro Salvador, nuestro Pastor y nuestra vida.
La Biblia revela tanto acerca de la persona de Cristo y lo que Él ha hecho por nosotros que nunca podremos quedarnos sin cosas por las que dar gracias.
Podemos cantarle a Jesús
Efesios 5:19 dice:
“Hablando unos a otros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones”.
A veces, un himno expresa nuestros pensamientos y sentimientos mejor que nuestras propias palabras. Cantar un himno puede abrirnos profundamente al Señor Jesús. Nuestros tiempos por la mañana son un buen momento para cantar al Señor.
Hymnal.net es un excelente recurso para encontrar himnos, incluyendo la música que los acompaña.
Pasar tiempo con una Persona maravillosa
El Señor Jesús es una Persona maravillosa que quiere tener una relación íntima y amorosa con nosotros. Así que, en lugar de comenzar nuestro día trayéndole todas las cosas que nos preocupan, primero deberíamos venir a Él para disfrutar de Su presencia. Una vez que hayamos contactado al Señor en nuestro espíritu y lo hayamos disfrutado en Su Palabra, Él nos guiará a orar por asuntos específicos de acuerdo con Su voluntad.
En esta entrada, mencionamos cinco cosas que podemos hacer durante nuestro tiempo con el Señor. Sin embargo, no deberíamos tomarlas como un método al que debemos adherirnos o pasos específicos que necesitamos seguir. Algunos días podemos comenzar dando gracias al Señor Jesús. Luego Él puede iluminarnos con respecto a un pecado u ofensa específica, y podemos confesárselo a Él. Otras veces, al leer y orar con Su Palabra, quizás nos acordamos de un himno y le cantemos. No hay una fórmula establecida; la meta es tener un toque viviente con el Señor cada mañana.
Si abrimos nuestro corazón y ejercitamos nuestro espíritu para contactar a nuestro maravilloso Señor, por lo general tendremos un sentir interno de cómo pasar nuestro tiempo juntos. Esto evita que nuestro tiempo con Él se vuelva metódico, rutinario o seco. En cambio, disfrutaremos de nuestro Señor Jesús de manera fresca mañana tras mañana. Y cuanto más practiquemos, más el Señor nos mostrará cómo contactarlo de una manera viviente y personal.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir un Nuevo Testamento Versión Recobro gratis aquí para usarlo en su tiempo con el Señor.

Cada mañana cuando nos despertamos, podemos elegir cómo comenzaremos nuestro día. Por ejemplo, consideremos dos situaciones hipotéticas.
Situación hipotética 1: Suena el despertador. Alcanza su celular y empieza a mirar sus mensajes de texto, correos electrónicos y redes sociales. Más tiempo pasa mientras que se pone al día con las noticias. Luego se levanta con la mente ocupada por su lista de tareas pendientes. El día acaba de empezar, pero usted ya se siente inundado mientras se apresura a ponerse en marcha.
Situación hipotética 2: Escucha sonar el despertador y dice: “Señor Jesús, Te amo”. Se levanta de la cama y pasa tiempo en comunión con Él en oración y leyendo Su Palabra. Una vez está refrescado y alimentado espiritualmente, se siente fortalecido para el día que tiene por delante.
Probablemente todos preferiríamos la segunda situación. En esta entrada, hablaremos de cómo empezar cada día con el Señor Jesús aporta beneficios invaluables a nuestra vida espiritual y también mencionaremos algunos consejos para desarrollar este hábito.
La importancia de pasar tiempo con el Señor
Si queremos tener una relación con alguien, es esencial pasar tiempo con esa persona. No hay sustituto para pasar tiempo cara a cara con alguien. Esto es aún más cierto en nuestra relación con el Señor Jesús. Él es una persona maravillosa que vive en nosotros y que quiere que lo conozcamos de una manera personal. Pasar tiempo en Su presencia es irremplazable. Es durante esos momentos que podemos tener comunión con Él y comenzar a conocerlo a un nivel más profundo.
La Biblia nos asegura que cuando volvemos nuestro corazón al Señor, lo miraremos a cara descubierta, es decir, sin nada entre nosotros.
En 2 Corintios 3:16-18 se nos dice:
“Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado. Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”.
El Señor hoy está tan cerca; Él como Espíritu está morando en nuestro espíritu. Cuando nuestros corazones se vuelven a Él, todos los velos son quitados y podemos mirarlo a cara descubierta en nuestro espíritu. Mientras hablamos con el Señor en oración y dejamos que Él nos hable, Él imparte más de Sí mismo en nosotros.
El mejor momento del día para pasar con Jesús
Definitivamente podemos, y deberíamos, contactar al Señor en nuestro espíritu a lo largo del día. Cualquier tiempo que pasemos con Él es valioso.
Pero el mejor momento del día para pasar tiempo ininterrumpido con el Señor es por la mañana, antes de que nuestros corazones y mentes estén ocupados por tantas otras cosas. Probablemente hemos notado cómo las oportunidades de estar a solas con Jesús parecen disminuir a medida que avanza el día. Antes de que nos demos cuenta, el día ha terminado y estamos exhaustos.
En lugar de apresurarnos para ponernos en marcha, podemos disfrutar de la comunión íntima con el Señor Jesús en la frescura de un nuevo día. Mientras todo todavía está tranquilo, podemos abrir nuestros corazones para mirar Su belleza, tener comunión con Él, hablarle y disfrutar de Él en Su Palabra. Al pasar este tiempo sin interrupciones con nuestro amado Señor Jesús, entramos más y más en una relación afectuosa y personal con Él.
Tener este tiempo por la mañana también ayuda a establecer la dirección y el tono para el resto de nuestro día. No podemos subestimar el valor de mirar al Señor a primera hora por la mañana.
Encontrarnos con el Señor en la mañana
Muchos versículos a lo largo de la Biblia hablan de encontrarse con Dios por la mañana. Aquí hay algunos del Antiguo Testamento:
Salmos 5:3: “Oh Jehová, por la mañana oirás mi voz; por la mañana te presentaré mis palabras en orden, y velaré”.
Isaías 26:9: “En la noche te desea mi alma; en verdad mi espíritu dentro de mí te busca por la madrugada; porque cuando Tus juicios están en la tierra, los habitantes del mundo aprenden justicia”.
Isaías 50:4: “El Señor Jehová me ha dado lengua de discípulo, para que sepa sostener con una palabra al cansado. Mañana tras mañana me despierta; despierta mi oído para que escuche como discípulo”.
Y en el Nuevo Testamento, el mismo Señor Jesús es nuestro ejemplo:
Marcos 1:35: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, [Jesús] salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”.
Establecer un hábito
Pasar tiempo con el Señor a primera hora de la mañana requiere más que una inspiración fugaz. Tenemos que hacer un esfuerzo e incluso establecerlo como un hábito, lo que requiere práctica y perseverancia. Es posible que no tengamos éxito todos los días, pero con el tiempo, llegará a ser una parte regular de nuestras vidas sin la que no podremos vivir.
Veamos algunos consejos prácticos para establecer este hábito espiritual saludable.
1. Pedirle ayuda al Señor. Dado que el Señor desea tener una relación con nosotros, seguramente responderá a nuestras oraciones sobre este asunto. Podemos orar: “Señor Jesús, realmente quiero comenzar mi día contigo. Suminístrame la gracia cada mañana para poner todo lo demás a un lado para poder estar contigo primero”.
2. No se quede despierto demasiado tarde. Ir a dormir tarde hace que sea difícil estar con el Señor antes de tener que seguir con nuestro día. Hacer un pequeño cambio de ir a dormir incluso 20 o 30 minutos antes nos ayudará a levantarnos más temprano para que podamos estar con el Señor por la mañana.
3. No se desanime por los fracasos. Deberíamos recordar que forjar un hábito para toda la vida requiere práctica. Si fracasamos, no sirve de nada ser duros con nosotros mismos. En lugar de eso, podemos simplemente empezar de nuevo a la mañana siguiente. La Biblia nos dice en Lamentaciones 3:23 que las compasiones del Señor son nuevas cada mañana. Sólo tenemos que tomarlo un día a la vez.
4. Comience con algo pequeño y sea constante. Al desarrollar un nuevo hábito, es fácil intentar abarcar más de lo que podemos manejar. Podemos sentirnos inspirados y prometernos a nosotros mismos que dedicaremos una hora al Señor todas las mañanas. Pero probablemente no podremos mantener eso por mucho tiempo, especialmente si nunca lo hemos hecho antes. Es mejor comenzar con algo pequeño, tal vez sólo 10 minutos, e ir aumentando el tiempo poco a poco. Puede encontrar lo que funcione mejor para usted, pero lo principal es ser constante.
5. Trate de usar una copia impresa de la Biblia. La mejor manera de evitar todas las distracciones en nuestros teléfonos celulares es guardarlos durante nuestro tiempo con el Señor. Puede intentar usar una copia impresa de la Biblia en lugar de leerla en su dispositivo. Esto hace que sea más fácil centrarse en el Señor y en Su Palabra y evitar la tentación de revisar mensajes, correos electrónicos u otras notificaciones.
Que el Señor nos ayude a todos a ver cada mañana como una oportunidad preciosa para disfrutar de Él y deleitarnos en Él.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para usarla en su tiempo con el Señor.

Esperamos que disfrute este testimonio de uno de los miembros del personal de BfA acerca de descubrir su espíritu humano y el profundo impacto que esto tuvo en ella.
La entrada del blog “La inmensa importancia del espíritu humano” me conmovió porque habla exactamente de lo que yo he experimentado. Desde que comencé a ver en la Biblia que tengo un espíritu humano y luego a experimentar realmente al Señor quien vive allí, mi vida nunca ha sido la misma.
Antes de eso, siempre había sentido que algo faltaba en mi vida cristiana. Después de que uno cree en el Señor y es salvo, ¿entonces qué? ¿Qué quería Dios? ¿De qué se trataba ser cristiano? Durante un tiempo pensé que tal vez el Señor quería que yo ayudara a la gente. Pensé en llegar a ser algún tipo de doctor, o unirme al Cuerpo de Paz. Y otras veces, pensé que Él quería que fuera en pos de mis sueños y los cumpliera.
Nunca olvidaré un momento muy específico en mi vida después de que me gradué de la preparatoria. Estaba acostada en la cama junto a mis dos hermanas menores y lágrimas corrían por mi cara, mientras intentaba no despertarlas. Estaba tan desesperada por sentir algo real. Así que clamé al Señor: “Señor, ¡tienes que ser real para mí! ¡No puedo seguir adelante si no eres real para mí!”.
El Señor contestó esa oración cuando fui a la universidad. Allí, conocí a un grupo de creyentes que me mostraron en la Biblia que Dios tiene un propósito, y que para cumplir este propósito Él creó al hombre con un espíritu humano para contenerlo y contactarlo. Aunque crecí siendo cristiana, nunca había escuchado esta verdad crucial. Estos creyentes me ayudaron a ver que en el momento en que creí en el Señor, ¡Él vino a morar en mi espíritu!
También fui ayudada a ver que Dios desea que las personas lo experimenten. Él no es un Dios impersonal o lejano a quien tenía que intentar agradar al hacer el bien o al hacer algo para Él. No, el Dios del universo era alguien a quien podía volverme, con quien podía tener comunión y por quien podía vivir al contactarlo en mi espíritu. ¡Dios llegó a ser tan real para mí!
Por mucho tiempo, incluso después de haber recibido al Señor, había un vacío dentro de mí qué nunca pude explicar ni llenar. Pero cuando aprendí a tocar al Señor en mi espíritu, ese vacío se esfumó. Tuve la sensación de: “¡Esto es! ¡Ésta es la razón por la cual fui creada!” La humanidad fue creada para recibir al Señor Jesús y disfrutarlo como el Espíritu en nuestro espíritu.
Estoy muy agradecida al Señor Jesús que esta verdad crucial me fue revelada, y que he podido experimentarlo en mi espíritu. Mi oración es que muchos otros también puedan descubrir su espíritu humano, y que el Señor pueda llegar a ser tan real para ellos como lo es para mí.
