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La oración es una de las mayores bendiciones que disfrutan los creyentes. A través de la oración, podemos contactar al Señor para tener comunión con Él de una manera personal.
A lo largo de la Biblia se mencionan muchos tipos diferentes de oración que nosotros los creyentes podemos y deberíamos practicar para sustentar nuestra vida cristiana. En una entrada anterior, hablamos de cuán importante es que tengamos tiempos dedicados a la oración en un lugar privado para poder orar sin interrupciones. Hoy hablaremos de otro tipo de oración utilizando versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro.
La exhortación de Pablo
El apóstol Pablo nos exhorta a hacer algo aparentemente imposible en dos versículos del Nuevo Testamento.
En 1 Timoteo 2:8, él dice:
“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar”.
Y 1 Tesalonicenses 5:17 dice:
“Orad sin cesar”.
¿Cómo es posible cumplir con la exhortación de Pablo de orar en todas partes e incluso sin cesar? Después de todo, tenemos que trabajar, ir a la escuela, cuidar de nuestros hijos y atender un sinfín de tareas cada día. ¿Acaso Pablo estaba diciendo que deberíamos abandonar nuestras responsabilidades y dedicar todo nuestro tiempo a orar en algún lugar apartado? Sin duda, no. Pero Pablo tampoco habría exhortado a los creyentes a hacer algo que no fuera posible.
¿Cómo podemos orar en todo lugar sin cesar?
Físicamente hablando, lo único que todos hacemos en todas partes sin cesar es respirar. No importa dónde estemos ni cuán ocupados estemos, respiramos continuamente. No necesitamos ir a un lugar privado ni detener lo que estamos haciendo para respirar. Nunca diríamos: “No tengo tiempo para tomar un respiro”.
La respiración es una buena analogía para el tipo de oración al que se refiere Pablo en estos dos versículos. Es continua, automática y sustentadora.
Pero siendo prácticos, ¿cómo podemos orar de esta manera?
En Lamentaciones 3:55-56, el profeta Jeremías iguala invocar el nombre del Señor con respirar. Él dice:
“Invoqué Tu nombre, oh Jehová, desde la fosa más profunda. Has oído mi voz; no escondas Tu oído a mi respiro, a mi clamor”.
La oración más sencilla que podemos pronunciar es invocar el nombre del Señor: “¡Oh, Señor Jesús!”. Podemos invocar en voz alta o en silencio, sin importar dónde estemos. También podemos hacer oraciones cortas, como: “Señor Jesús, te necesito. Sé mi paciencia ahora mismo”.
Perseverar para orar sin cesar
Por supuesto, la respiración física es algo que hacemos de forma natural y automática. Pero orar sin cesar requiere cierto esfuerzo de nuestra parte.
En el Nuevo Testamento Versión Recobro, la nota 1 en 1 Tesalonicenses 5:17 explica lo que significa orar sin cesar:
“Esto es tener una comunión ininterrumpida con Dios en nuestro espíritu. Esto requiere perseverancia (Ro. 12:12; Col. 4:2) con un espíritu fuerte (Ef. 6:18)”.
Romanos 12:12, que se cita en la nota anterior, dice:
“Gozosos en la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”.
A todos nos gustaría experimentar tener comunión ininterrumpida con Dios en nuestro espíritu. Pero necesitamos darnos cuenta de que eso requiere perseverancia.
Día a día, necesitamos desarrollar el hábito de orar sin cesar. Cualquier hábito requiere tiempo y perseverancia, y éste no es una excepción.
Cada día nos brinda nuevas oportunidades para ejercitar nuestro espíritu e invocar al Señor, independientemente de dónde estemos o qué estemos haciendo. Podemos invocarlo mientras conducimos, tomamos un examen, trabajamos o realizamos tareas cotidianas. Y también podemos practicar hacer oraciones cortas mientras seguimos con nuestras actividades diarias.
A medida que aprendemos a perseverar en la oración, practicando invocar el nombre del Señor Jesús más a menudo y en todo momento y lugar, esta respiración espiritual llegará a ser más espontánea y regular a lo largo de nuestro día. Finalmente, comenzaremos a orar en todo lugar sin cesar.
Esperamos que al leer algunas de nuestras otras entradas sobre la oración, usted sea animado y fortalecido en su vida de oración. Y si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para leer más notas sobre los versículos que citamos en esta entrada.

La fe es esencial para nuestra vida cristiana. Después de todo, 2 Corintios 5:7 afirma que los creyentes “por fe andamos, no por vista”, es decir, no por lo que vemos en nuestro entorno o circunstancias.
Pero cuando nos enfrentamos a dificultades, puede que nos cueste confiar en Dios y sintamos que no tenemos suficiente fe para sostenernos. Cuando nos encontramos en esta situación, ¿qué hacemos? ¿Cómo podemos andar por fe en la práctica?
Hoy nos centraremos en Mateo 14 con algunas notas acompañantes en el Nuevo Testamento Versión Recobro para ver qué significa andar por fe.
La experiencia de Pedro
La Biblia no sólo habla de la fe en términos generales. Nos muestra cómo se manifiesta la fe en la vida real. Por ejemplo, uno de los relatos más claros se encuentra en la experiencia de Pedro andando sobre las aguas en Mateo 14:22-33.
Después del milagro de alimentar a los cinco mil, Jesús hizo a Sus discípulos entrar a una barca e ir delante de Él al otro lado del mar. Luego Él subió al monte a solas para orar al Padre. Durante la noche, soplaron fuertes vientos y las olas azotaban la barca en la que se encontraban los discípulos. Fue entonces cuando Jesús vino a ellos, andando sobre el mar.
Los discípulos pensaron que estaban viendo un fantasma y se llenaron de miedo. Pero en el versículo 27, Jesús dijo:
“¡Tened ánimo, soy Yo, no temáis!”.
Pedro respondió en el versículo 28:
“Señor, si eres Tú, manda que yo vaya a Ti sobre las aguas”.
En el versículo 29, Jesús simplemente le dijo a Pedro:
“Ven”.
Por orden del Señor, Pedro bajó de la barca e, increíblemente, también comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús.
Esto muestra un principio importante: la fe proviene del hablar del Señor. Pedro no andó sobre las aguas por algún don o poder especial que tuviera; simplemente respondió al mandato del Señor.
Luego el versículo 30 dice:
“Pero al ver el fuerte viento, [Pedro] tuvo miedo; y comenzando a hundirse, gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame!”.
La nota 1 sobre ver el fuerte viento en la Versión Recobro explica:
“Pedro descendió de la barca y anduvo sobre el mar por fe en la palabra del Señor (v. 29); sin embargo, cuando vio el fuerte viento, su fe se esfumó. Debía haber andado por fe en la palabra del Señor, sin mirar las circunstancias (es decir, sin andar por vista). Mientras seguimos al Señor debemos andar por fe, y no por vista (2 Co. 5:7)”.
El viento y las olas que azotaban habían estado allí todo el tiempo mientras Pedro andaba sobre las aguas. Pero el problema fue que su atención se desvió repentinamente del Señor y Su palabra al entorno tormentoso que lo rodeaba. Como resultado, su fe desapareció, se asustó y comenzó a hundirse.
Por supuesto, Jesús no dejó que Pedro se hundiera en el mar. El versículo 31 dice:
“Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”.
En la Versión Recobro, la nota 1 sobre dudaste en el versículo 31 explica:
“Puesto que el Señor dijo a Pedro: ‘Ven’ (v. 29), Pedro debió haberse apoyado en esa palabra y no debió haber dudado. Así que, el Señor le reprendió. La fe viene de la palabra del Señor y se apoya en ella. Mientras tengamos la palabra del Señor, sencillamente debemos creer en ella y no dudar”.
La fe viene de la palabra del Señor
Pedro comenzó a andar sobre las aguas por fe en la palabra del Señor. Pero en el momento en que miró el fuerte viento, su fe se desvaneció. Ya no se apoyaba en la palabra del Señor. Esto nos muestra que centrarnos en nuestro entorno en lugar de mirar al Señor y Su palabra causa que nuestra fe desaparezca.
La historia de Pedro corresponde con nuestra experiencia. Al igual que Pedro, podemos comenzar nuestro día con el Señor, disfrutando de Su Palabra y apoyándonos en ella. Pero a medida que el día avanza, nos ocupamos con mirar y considerar “las olas y los vientos” de nuestras circunstancias problemáticas. Es entonces cuando nuestra fe parece desaparecer y comenzamos a hundirnos en la duda.
En tales momentos, no deberíamos desanimarnos acerca de nuestra aparente falta de fe. En cambio, debemos recordar que la fe proviene de la palabra del Señor. Debemos ejercitarnos para volver nuestra mirada de nuestro entorno, mirar al Señor Jesús y apoyarnos en Su palabra. Podemos hacer esto al invocar el nombre del Señor, pedirle que nos hable o abriendo nuestra Biblia para leer uno o dos versículos. La Biblia está llena del hablar de Dios para nosotros y somos salvos de la duda simplemente al creer Su palabra. Entonces podemos andar por fe, no por vista, incluso en medio de nuestra situación tormentosa.
Si vive en los Estados Unidos, lo animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todas las notas sobre los versículos mencionados en esta entrada.

Es casi imposible ignorar los muchos problemas angustiantes a los que nos enfrentamos hoy en día. Aunque las crisis de salud, la violencia, la guerra, los desastres medioambientales y la inestabilidad económica siempre han existido, debido a la tecnología moderna, estamos siendo inundados por una corriente constante de noticias que nos provocan ansiedad. En medio de este bombardeo interminable, tener algo parecido a la paz parece imposible, incluso para los cristianos.
Pero la Biblia nos dice que los creyentes podemos experimentar la paz genuina, incluso ante las circunstancias extenuantes del mundo. Hoy descubriremos la fuente de esa paz viendo algunos versículos claves en el Nuevo Testamento Versión Recobro. También veremos cómo podemos experimentar esta paz en todo momento.
La única fuente de la paz
El asunto crucial que necesitamos comprender es que la paz verdadera sólo se puede encontrar en el Señor Jesús. Dos versículos en el Evangelio de Juan revelan que Jesús es la única fuente de la paz.
1. Juan 14:27
En Juan 14:27, Jesús dijo a Sus discípulos:
“La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.
En este versículo reconfortante, el Señor Jesús dijo a Sus discípulos que no se turbaran ni tuvieran miedo, porque la paz que Él nos da es Su paz.
Jesús hace aquí un contraste entre la paz del mundo y Su paz. Es obvio que la paz que ofrece el mundo es, como mucho, temporal. Incluso los esfuerzos más bienintencionados de establecer una paz duradera entre personas y naciones fracasan completamente, lo que lleva a más problemas irresolubles.
Pero la paz que nos da el Señor Jesús es real y duradera. Él dijo: “Mi paz os doy”. Sólo la paz del Señor es verdadera paz, y Él nos la ha otorgado. Por lo tanto, no deberíamos permitir que nuestros corazones se turben ni tengan miedo. En cambio, deberíamos aferrarnos a esta promesa preciosa y experimentar y disfrutar de Su paz.
2. Juan 16:33
En Juan 16:33, Jesús dijo:
“Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero tened valor, Yo he vencido al mundo”.
En este versículo, vemos otro contraste. En el mundo tenemos aflicción, pero en Jesús tenemos paz. Aunque hemos sido salvos y regenerados, seguimos viviendo en este mundo, el cual está lleno de agitación y sufrimiento. Pero Jesús nos asegura que en Él tenemos paz.
¿Dónde se encuentra la paz? Está en Jesús. Buscar la paz duradera en cualquier otra cosa o persona es inútil. Debemos acudir a Jesús para tener la paz verdadera.
Disfrutar de la paz verdadera diariamente
Fácilmente podemos sentirnos abrumados por las muchas cosas angustiantes que suceden a nuestro alrededor. Pero una manera práctica de ayudarnos a experimentar la paz del Señor es, primero, ser conscientes de aquello con lo que nos estamos llenando. El Señor nos dijo francamente que en el mundo tenemos aflicción. Esto significa que cuando nos llenamos del mundo y de las cosas del mundo, nuestros corazones se turbarán e incluso tendrán miedo.
Todos nos hemos sentido así después de pasar tiempo en nuestros celulares poniéndonos al día con las últimas noticias, desplazándonos sin cesar por las redes sociales y leyendo las opiniones de la gente sobre todo tipo de cosas. Estar informado sobre los acontecimientos actuales es una cosa, pero estar completamente absorto en ella es otra. Cada vez más, lo que vemos en línea está diseñado para captar nuestra atención y despertar emociones fuertes, por lo general negativas.
Cuando nos sentimos inquietos, perturbados y temerosos, deberíamos comprender que hemos estado centrándonos en el mundo y llenándonos de las cosas del mundo. En ese momento, necesitamos volvernos al Señor en nuestro espíritu y contactarlo a Él, la fuente de la paz.
El mundo está lleno de aflicción, pero Jesús también dijo que Él ha vencido al mundo. En lugar de pasar tanto tiempo en nuestros celulares ocupados con los problemas insuperables del mundo, podemos centrarnos en Jesús y ser llenos de Aquel que ha vencido al mundo. Podemos hacer esto al invocar Su nombre, cantarle, hablar con Él en oración o leer Su Palabra. Así es como podemos experimentarlo y disfrutarlo como nuestra verdadera paz.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para ayudarle a experimentar la paz genuina en el Señor Jesús.



