
Usted fue salvo cuando abrió su corazón a Jesús y creyó en Él. Pero después de un tiempo, quizás porque pecó o le falló a Dios de alguna manera, tal vez se preguntó si aún era salvo.
Un creyente en Cristo no debería ser atormentado por esta pregunta. La Biblia nos dice que una vez que creemos en Jesucristo, nunca podremos perder nuestra salvación.
En esta entrada, veremos algunos versículos en la Biblia que muestran siete pruebas de que nuestra salvación es irreversible y eternamente segura.
1. Nuestra salvación fue iniciada por Dios
Efesios 1:4 dice:
“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor”.
Dios nos escogió antes de que naciéramos, incluso antes de que el universo fuera creado. Luego, cuando llegó el momento adecuado para que fuésemos salvos, Él nos llamó. ¿Nos hubiera elegido Dios hace tanto tiempo, hubiera enviado a Su Hijo a morir por nosotros, hubiera esperado a que naciéramos y luego nos hubiera llamado y nos salvado, sólo para abandonarnos una vez seamos salvos? ¡No, Él no lo haría! Dios inició nuestra salvación antes de la fundación del mundo y la llevó a cabo.
2. El amor de Dios para con nosotros es eterno
Jeremías 31:3 dice:
“Con amor eterno ciertamente te he amado”.
Este versículo dice que Dios nos ama con un amor que es eterno. Eso significa que Su amor es inmutable. El amor humano puede vacilar, pero el amor de Dios nunca cambia; no depende de lo que hagamos. Dios nos ama con amor eterno.
3. Dios es justo al salvarnos
Salmos 89:14 dice:
“La justicia y la equidad son el cimiento de Tu trono”.
La justicia y la equidad son dos de los atributos principales de la naturaleza divina de Dios, y son el cimiento mismo de Su trono.
Ser justo es ser correcto en todas las cosas. Dios en Su trono actúa de acuerdo a Su justicia y equidad.
Puesto que Dios es justo y todo pecado es injusticia, Dios no puede tolerar ni pasar por alto el pecado. Su justicia requiere que Él juzgue toda injusticia.
Romanos 6:23 dice:
“La paga del pecado es muerte”.
Esto significa que todos los que pecan deben morir. Independientemente de cómo se sienta Dios, Su justicia no le da otra opción. Él debe juzgar a los pecadores y asignarles su paga: la muerte eterna.
Pero el Señor Jesús, Aquel sin pecado, vino y llevó el juicio de muerte por los pecadores en la cruz. Dios aceptó el sacrificio de Jesús como el pago completo por nuestros pecados.
En un tribunal, un juez está obligado por ley a aceptar un solo pago por una deuda. No puede exigir que la misma deuda se pague dos veces. La justicia de Dios es aún más vinculante. Requiere que Dios honre el precio que Cristo pagó por nosotros.
Así que la misma justicia que obligó a Dios a condenar y juzgar a los pecadores también obliga a Dios a aceptar la muerte de Jesús como el pago por los pecados de todos aquellos que creen en Él. Esto significa que la justicia de Dios es la base sólida de nuestra salvación. Romanos 4:25 nos asegura de esto:
“El cual [Jesús nuestro Señor] fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación”.
La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica la maravillosa prueba de que la justicia de Dios es cumplida y somos aceptados ante Dios:
“La muerte de Cristo ha cumplido y satisfecho totalmente los justos requisitos de Dios; así que, somos justificados por Dios mediante Su muerte (3:24). Su resurrección es prueba de que los requisitos de Dios fueron satisfechos al morir Él por nosotros, que somos justificados por Dios debido a Su muerte, y que en Él, el Resucitado, somos aceptos delante de Dios. Además, como el Resucitado, Él está en nosotros para vivir por nosotros una vida que pueda ser justificada por Dios y que siempre sea aceptable para Él”.
El amor de Dios lo motivó a salvarnos del juicio eterno. Pero la justicia de Dios asegura nuestra salvación y es la base sólida e inmutable de nuestra salvación.
4. Hemos llegado a ser hijos de Dios
Juan 1:12-13 dice:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio autoridad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, fuimos salvos de la perdición eterna. Pero eso no es todo. Estos versículos nos dicen que también fuimos engendrados de Dios para ser Sus hijos. Esto es algo que no se puede deshacer.
Todos sabemos que los niños se portan mal de vez en cuando. Pero no importa cuán mal se porten, su mal comportamiento nunca puede negar el hecho de que nacieron de sus padres. Incluso cuando los niños son disciplinados, esa disciplina no deshace su relación con sus padres.
De la misma manera, nuestros pecados y fracasos no pueden negar el hecho de que hemos nacido de Dios y somos hijos de Dios. A veces podemos requerir la disciplina de Dios, y necesitamos confesar nuestros pecados para recibir la limpieza de parte de Dios, pero siempre seremos hijos de Dios, nacidos de Su vida divina.
5. Dios nos guarda en Su mano
Juan 10:28-29 dice:
“Y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre”.
Todo tipo de cosas pueden tratar de arrebatarnos de la mano del Padre: el pecado, el mundo, las dificultades, incluso Satanás mismo. Pero en estos versículos, el Señor Jesús nos asegura al decir que es imposible que nos arrebaten. Nadie ni nada es más fuerte que Dios.
6. Dios nunca cambia
Hebreos 13:8 dice:
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
Todo cambia: las personas, las circunstancias, los entornos, el clima. Incluso nuestras propias emociones fluctúan constantemente; podemos estar arriba un minuto y abajo al siguiente. Pero la seguridad de nuestra salvación no depende de nuestros sentimientos. Dios nunca cambia y Su salvación tampoco.
7. Cristo ha prometido no echarnos fuera
Juan 6:37 dice:
“Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que a Mí viene, por ningún motivo le echaré fuera”.
¡Qué preciosa e incondicional promesa de nuestro Salvador! Él nunca echará fuera o rechazará a los que han venido a Él. Podemos confiar plenamente en Él y en Su Palabra para saber que nuestra salvación es eternamente segura.
Así que no debemos vivir nuestra vida cristiana en temor y duda constantes. Nuestra salvación es eternamente segura, y podemos y debemos confiar en la Palabra de Dios, la cual nos asegura este hecho.
Esperamos que dedique algún tiempo a leer e incluso orar con estos versículos para que pueda establecer una base firme para su vida cristiana. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.
También le animamos a conocer más sobre este tema importante en el capítulo 2 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1, un libro electrónico gratuito que ha ayudado a miles de personas. Puede descargarlo desde cualquier parte del mundo aquí.

Como creyentes somos salvos eternamente, y Dios desea que nosotros, como creyentes, no pequemos. Esto lo podemos ver en la historia del Señor Jesús y la mujer adúltera en Juan 8. Jesús, el Único libre de pecado, el Único que puede perdonar el pecado y el Único cualificado para condenar al pecado, no condenó a esta mujer. Al contrario, Sus últimas palabras para esta mujer fueron éstas: “Vete, y no peques más”. Por más que no queramos, todavía pecamos durante nuestra vida diaria debido a que la naturaleza pecaminosa se inyectó en nosotros por medio de la caída. Debido a que Dios es santo, Él no puede tolerar el pecado, y nuestro pecado nos separa de Él, convirtiéndose en una barrera para nuestra comunión con Dios y aun nos causa que perdamos el gozo de nuestra salvación. Isaías 59:2 dice:
“Vuestras iniquidades han venido a ser una separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros Su rostro, de modo que Él no os oye”.
¡Cuán grave es el pecado! Tal gravedad nos debe hacer pensar que no debemos tolerarlo o dar ningún terreno al pecado en nuestras vidas. Sin embargo, cuando ya hemos caído y pecamos, ¿qué debemos hacer?
La necesidad de confesar nuestros pecados
Cuando pecamos, se crea una barrera entre nosotros y el Señor, la cual interrumpe nuestra comunión con Él. Es por eso que debemos confesar nuestros pecados. Cuando confesamos nuestros pecados, somos perdonados, nuestras ofensas son lavadas y nuestra comunión con el Señor es restaurada. No debemos ignorar nuestros pecados o tratar de encubrirlos. Proverbios 28:13 nos dice:
“El que encubre sus transgresiones no prosperará, mas el que las confiesa y las abandona obtendrá misericordia”.
En vez de encubrir nuestros pecados, debemos confesarlos, y creer en la Palabra de Dios en 1 Juan 1:9:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda injusticia”.
¡Aleluya por la sangre de Jesús! Cada vez que confesamos, nuestros pecados son perdonados y la sangre de Cristo nos limpia de toda injusticia. ¡Qué provisión tan maravillosa de parte de Dios! Cuando confesamos nuestros pecados, nuestra comunión con el Señor es restaurada.
Así que, ¿cómo confesamos nuestros pecados?
Es posible que nos preguntemos cómo proceder respecto a confesar nuestros pecados. ¿Es necesario que esperemos a un tiempo determinado o vayamos a un lugar especial? ¿Necesitamos confesar nuestros pecados a una persona en particular? Afortunadamente, no es necesario esperar para ir a un lugar en particular o esperar un tiempo determinado. Esto se debe a que la persona a quien debemos confesar es el Señor Jesús mismo. Respecto a nuestros pecados, debemos tratar directamente con el Señor. Y debido a que Él está dentro de nosotros todo el tiempo y en cualquier lugar, no es necesario ir a un lugar o esperar un determinado periodo de tiempo para confesar. El tiempo para confesar es a cualquier hora y en cualquier lugar que el Señor lo alumbre en algo que haya hecho. Y entre más pronto confesemos, mejor. He aquí algunos puntos importantes respecto a cómo confesar los pecados.
1 Pasar tiempo con el Señor
Uno de los puntos cruciales con el que debemos comenzar es que es necesario que pasemos tiempo con el Señor en Su Palabra. Mientras pasamos tiempo con Él en oración, Su luz nos alumbrará y expondrá, señalándonos ciertos pecados. No debemos ser introspectivos y buscar nuestros pecados. Dios es luz, y mientras pasamos tiempo con Aquel quien es luz, espontáneamente seremos alumbrados respecto a nuestros pecados. Entonces podremos confesarle al Señor los pecados sobre los cuales Él nos alumbra.
2 Confesar pecados específicos
Cuando el Señor nos alumbra, siempre es de forma específica. Él puede alumbrarnos en cosas tales como decir una mentira o en la manera en que nos dirigimos a alguien. Por ejemplo, supongamos que estamos conversando con nuestros amigos y el Señor nos da el sentir claro de dejar de conversar con ellos y regresar a estudiar o a trabajar. Sin embargo, lo desobedecemos y seguimos conversando. El Señor nos redarguye acerca de nuestra desobediencia y sabemos que sentimos la necesidad de confesar. En este momento, podemos orar: “Señor, confieso que te he desobedecido. Por favor, perdóname por conversar cuando Tú no querías que lo hiciera. Lávame de mi pecado con Tu sangre preciosa”. Después de confesar de esta manera, podemos estar seguros de que hemos sido perdonados y que la sangre del Señor lava nuestro pecado.
3 Confesar las cosas en las que el Señor nos alumbre
Debemos confesar las cosas en las que el Señor Jesús nos alumbre. Esto incluye no sólo nuestros actos pecaminosos, sino también nuestras debilidades, deficiencias y fallas. Por ejemplo, quizás el Señor nos redarguya sobre ser perezosos o ser rebeldes. Si es así, debemos orar: “Señor, perdóname por ser perezoso. Soy perezoso y esta es la razón por la que no paso tiempo contigo. Señor, perdóname”.
4 Mantener una lista breve con el Señor
No deseamos que nuestros pecados se acumulen entre nosotros y el Señor. De modo que debemos tener la práctica de mantener una lista breve con el Señor al confesar nuestros pecados tan pronto como seamos redargüidos en cuanto a ellos. Digamos que estamos hablando con un miembro de la familia y perdemos nuestro temperamento, y salimos del cuarto estallando con ira. Luego, mientras estamos en nuestra habitación, somos redargüidos por el Señor y nos damos cuenta que estuvo mal haber perdido nuestro temperamento. Inmediatamente, podemos confesar este pecado al Señor y decirle: “Por favor, perdóname. Lávame con Tu sangre preciosa ahora mismo”. Cuando confesamos, inmediatamente Dios nos perdona y se despeja cualquier ofensa hacia el Señor. No obstante, en estos casos, es necesario que tomemos cuidado de la persona a quien hemos ofendido. Así que, además de haber confesado al Señor nuestro pecado, debemos también ir y disculparnos con el miembro de nuestra familia. Confesar nuestros pecados diariamente, y hasta varias veces al día como sea necesario, es como lavar nuestras manos. Durante todo el día nuestras manos se ensucian, pero no dejamos que la mugre se acumule. Nos lavamos las manos cuando están sucias. El hábito más sano que debemos tener respecto a confesar nuestros pecados es no permitir que que nuestros pecados se acumulen, sino confesarlos a fin de que podamos ser lavados. Esto nos mantiene en una buena relación con el Señor.
5 Pasar tiempos más prolongados con el Señor
Aparte de confesar nuestros pecados diariamente y llevar una lista breve con el Señor, también podemos pasar tiempos más prolongados con Él y estar bajo Su alumbrar. Una vez a la semana o una vez al mes podemos pasar treinta minutos o una hora adicional con el Señor para permitirle que nos alumbre más de una forma profunda. De igual manera, nosotros también tendremos más tiempo de responder a Su alumbrar y confesar de una manera profunda. Podemos comenzar estos tiempos orando los versículos de la Biblia o cantando un himno al Señor. Luego, podemos pedirle al Señor que nos alumbre. Mientras Él hace esto, sencillamente confesamos cualquier cosa en la que Él nos alumbre. Por medio de pasar más tiempo con el Señor, nuestra experiencia de confesar y ser lavados no sólo restaura nuestra comunión con el Señor, sino que la fortalece.
Cada uno de nosotros puede aprender esta práctica sana de confesar nuestros pecados. Quizás al principio no sea fácil, pero podemos intentar poner en práctica estas cosas mencionadas en esta entrada. ¡Que el Señor nos ayude a confesar diariamente y también a pasar más tiempo con Él para que nuestros pecados puedan desaparecer y para restaurar y fortalecer nuestra comunión con Dios!
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La palabra vida aparece numerosas veces en el Nuevo Testamento. Pero ¿alguna vez se ha preguntado qué significa esta palabra? Por ejemplo, cuando Jesús dijo en Juan 10:10, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”, ¿qué quiso decir? ¿Estaba diciendo que nos ayudaría a tener una mejor vida, o que enriquecería o mejoraría nuestra vida?
El Nuevo Testamento fue escrito originalmente en griego, un idioma más rico que el español en la diversidad y complejidad de su vocabulario. Por ejemplo, hay tres palabras griegas traducidas vida usadas en el Nuevo Testamento: bíos, psujé y zoé. Estas palabras tienen diferentes significados, pero todas están traducidas al español como vida. Así que, si queremos saber qué significado tiene vida en un versículo en particular, necesitamos saber cuál palabra griega se está usando.
En esta entrada exploraremos el significado de cada una de estas tres palabras griegas para vida usando versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro, centrándonos especialmente en zoé.
Bíos, psujé y zoé
Veamos algunos ejemplos donde aparecen bíos, psujé y zoé en el Nuevo Testamento.
1. Bíos
La palabra griega traducida vida en Lucas 8:14 es bíos:
“La que cayó entre los espinos, éstos son los que oyeron, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan a madurez su fruto”.
Bíos aquí se refiere a la vida del cuerpo físico. La palabra en español biología proviene de bíos.
2. Psujé
Ahora vengamos a Mateo 6:25. En este versículo, la palabra griega psujé se traduce vida:
“Por tanto os digo: No os inquietéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”.
La nota 1 acerca de vida dice:
“Lit., alma. Se refiere a la vida del alma, donde reside el deseo o apetito por el alimento y el vestido (Is. 29:8)”.
Psujé se refiere a la vida psicológica del alma humana, es decir, la mente, parte emotiva y voluntad. La palabra psicología en español viene de psujé.
3. Zoé
La palabra griega traducida vida en Juan 1:4 es zoé:
“En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.
Zoé se refiere a la vida eterna e increada de Dios, la vida divina.
Un vistazo más de cerca a zoé
Ahora, echemos un vistazo más de cerca a zoé. En 1 Juan 5:12 se nos dice:
“El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida”.
Aquí la palabra griega zoé se traduce vida. La nota 1 en este versículo dice:
“Puesto que la vida está en el Hijo (Jn. 1:4) y el Hijo es la vida (Jn. 11:25; 14:6; Col. 3:4), el Hijo y la vida son uno y son inseparables. Por lo tanto, el que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo, no tiene la vida”.
La nota 3 sobre la vida eterna dice:
Lit., la vida la eterna. Denota la vida espiritual divina, no la vida humana del alma ni la vida física (véase la nota 172 de Ro. 5). La palabra eterna no solamente denota duración, la cual es interminable e infinita, sino también denota la calidad de esta vida, la cual es absolutamente perfecta y completa, sin carencia ni defecto alguno. Tal expresión hace énfasis en la naturaleza eterna de la vida divina, la vida del Dios eterno. Los apóstoles vieron esta vida eterna y dieron testimonio de ella y la anunciaron a los demás. Lo que ellos experimentaron no era una doctrina, sino que era Cristo, el Hijo de Dios, como vida eterna, y lo que testificaban y predicaban no provenía de la teología ni del conocimiento bíblico, sino de esa vida tan sólida”.
Con la ayuda de este versículo y las notas, podemos ver que zoé es la persona divina de Cristo. Cristo se encarnó como el hombre Jesús, a quien los apóstoles podían ver con los ojos e incluso palpar con las manos. Zoé no es algo indefinido; ¡es la maravillosa persona de nuestro querido Señor Jesús!
Tener, disfrutar y vivir por la vida divina
Ahora volvamos a Juan 10:10, que fue mencionado al comienzo de esta entrada. Aquí la palabra griega zoé se usa para vida. Leámoslo de nuevo, reemplazando vida con zoé:
“Yo [Cristo] he venido para que tengan zoé, y para que la tengan en abundancia”.
Cristo como vida eterna vino para que nosotros pudiéramos tener la vida eterna y divina. Esto es muy diferente de pensar que Cristo vino para que pudiéramos tener una vida humana mejor o mejorada. Él vino para que pudiéramos tenerlo a Él, la vida divina.
Por nuestro nacimiento físico, poseemos sólo la vida física (bíos) y la vida anímica (psujé). Nadie tiene la vida divina (zoé) cuando nace. Pero cuando creímos en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador, recibimos a Cristo en nosotros. ¡Nacimos de nuevo con la vida divina!
Ya que hemos recibido a Cristo, la vida divina, nuestra vida cristiana debe estar completamente involucrada con Él. Lo que Cristo quiere es que disfrutemos de Su vida, vivamos por Su vida y permitamos que esa vida crezca en nosotros. Entonces las riquezas de Su vida divina y eterna serán expresadas a través de nosotros, y Él será manifestado a las personas a nuestro alrededor.
Centrándonos en zoé todos los días
Cuando nos demos cuenta de que el deseo de Dios es que tengamos Su vida divina y eterna (zoé), e incluso que la tengamos en abundancia, nos centramos en Él disfrutando de Él en nuestro espíritu. Podemos hacer esto alimentándonos de las riquezas de la Palabra de Dios, pasando tiempo con Cristo en oración y experimentándolo día tras día. A medida que disfrutamos de la vida eterna que hemos recibido, esa vida aumentará dentro de nosotros y, poco a poco, expresaremos a Cristo en nuestra vida diaria.
Esperamos que haya aprendido más sobre zoé. No pudimos incluir todas las notas de los versículos mencionados en esta entrada. Pero si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para leer los versículos con todos los comentarios reveladores.

Recibir a Jesucristo como su Salvador es un evento trascendental. Pero ¿alguna vez se ha preguntado qué pasa después?
Las buenas nuevas son que ser salvo es sólo el primer paso en su vida cristiana. ¡Ser cristiano es más que esto! Jesucristo ahora vive en usted, y Él quiere tener una relación personal con usted. Para que esto suceda, es crucial entender la importancia de su espíritu humano según la Biblia.
En esta entrada veremos algunos versículos claves para explorar cómo saber acerca de nuestro espíritu puede afectar nuestra vida cristiana.
Versículos bíblicos claves
La Biblia menciona el espíritu humano en numerosas ocasiones.
Desde el principio, la Biblia revela que Dios hizo a los seres humanos con tres partes, incluyendo un espíritu. Génesis 2:7 dice:
“Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y llegó a ser el hombre alma viviente”.
Dios formó el cuerpo físico del hombre con el polvo de la tierra. Después Dios sopló en su nariz, y llegó a ser el hombre alma viviente. Esto, por supuesto, apunta al alma del hombre, que consiste de la mente, la parte emotiva y la voluntad.
Ahora bien, ¿dónde está el espíritu humano en este versículo? No vemos las palabras espíritu humano, pero lo que sí vemos es el aliento de vida. En hebreo, el idioma original del Antiguo Testamento, la palabra que se traduce aliento es neshamah. Esta misma palabra hebrea se traduce espíritu en Proverbios 20:27, que dice:
“Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre”.
Con esto podemos ver que cuando Dios sopló en el hombre, el espíritu humano del hombre llegó a existir. Nuestro espíritu humano es la parte más profunda de nuestro ser.
Pero ¿por qué Dios nos creó con un espíritu humano? ¿No es suficiente tener cuerpo y alma para que existamos?
Por qué tenemos un espíritu
Nuestro espíritu fue creado por Dios para que podamos contactarlo y recibirlo a Él. Nuestro cuerpo y nuestra alma tienen sus propias funciones específicas; sólo nuestro espíritu tiene la capacidad de contactar a Dios. Podemos ver esto en numerosos versículos, incluyendo Juan 4:24:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
A fin de contactar —o adorar— a Dios, quien es Espíritu, debemos usar nuestro espíritu.
La manera en la que funciona un radio es una buena ilustración de la habilidad única de nuestro espíritu para contactar y recibir a Dios. Cuando un radio está encendido y sintonizado correctamente, puede recibir las ondas de radio invisibles en el aire e interpretarlas.
Nuestro espíritu humano es como un radio, y Dios es como las ondas de radio. Nuestro espíritu es la parte de nuestro ser que corresponde a lo que Dios es, así que tenemos que usar nuestro espíritu para contactarlo a Él.
¿Qué hace que nuestro espíritu humano sea tan importante?
Nuestro espíritu humano es tan importante para Dios porque Dios desea llenarnos de Sí mismo. Él quiere que lo recibamos, y nuestro espíritu es el único receptor. Nuestra vida cristiana comienza con nuestro espíritu humano, como podemos ver en Juan 3:6:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
La nota 2 en la Versión Recobro dice:
“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado significa tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.
En el momento en que creemos en Jesús, Su Espíritu entra en nuestro espíritu. Cuando somos regenerados, nacemos de Dios; recibimos Su vida divina y eterna en nuestro espíritu; y llegamos a ser Sus hijos.
El Señor es amor, luz, paz, descanso, consuelo, fuerza, nuestro Pastor, nuestro refugio y mucho más. Y debido a que Él ahora vive en nuestro espíritu, podemos experimentar y disfrutar de todo lo que Él es para nosotros ahora mismo.
Nuestro espíritu humano y nuestra vida cristiana
Saber acerca de nuestro espíritu humano es fundamental para nuestra vida cristiana. Una vez que nos damos cuenta que el Señor Jesús vive en nuestro espíritu, debemos aplicar esta revelación usando nuestro espíritu para contactarlo a Él todo el tiempo. Podemos practicar haciendo esto a primera hora cada mañana. Entonces continuamente a lo largo del día, podemos contactarlo a Él simplemente al invocar Su nombre: “¡Señor Jesús!”
También podemos usar nuestro espíritu para contactar al Señor orando con la Palabra de Dios. Por ejemplo, digamos que leemos Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la realidad, y la vida”. Podemos orar: “Señor Jesús, gracias por ser el camino. Gracias por ser la realidad. Y Señor, te alabo por ser la vida, la vida verdadera. Gracias por ser mi vida”.
En esta entrada de blog, sólo hemos tocado superficialmente la importancia de nuestro espíritu humano y su aplicación a nuestra vida cristiana. Para aprender más, lo alentamos a:
Pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro, donde encontrará referencias útiles y notas sobre los versículos de esta entrada.
Leer el capítulo 5, “La clave para experimentar a Cristo: nuestro espíritu humano”, de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1; puede descargar este libro electrónico gratis aquí.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Por lo general, cuando miramos las plantas, nos centramos en lo que se ve por encima del suelo. Admiramos una rosa hermosa en un rosal, la majestuosidad de un secuoya o la fecundidad de un manzano.
Pero para que cualquier planta crezca e incluso prospere, necesita un sistema de raíces extenso y saludable bajo tierra. De la misma manera, desarrollar un sistema profundo de raíces espirituales en el Señor es crucial para nuestro crecimiento como cristianos.
En nuestra vida cristiana es fácil centrarse en las cosas visibles: nuestro comportamiento, las actividades de la iglesia y el servicio al Señor. Pero si bien es cierto que debemos servir al Señor, estas actividades visibles deben ser el resultado de nuestra vida escondida con Él.
Hemos sido arraigados en Cristo
En cuanto a los creyentes en Jesús, el apóstol Pablo escribió en Colosenses 2:7:
“Arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”.
Pablo no dijo simplemente: “sobreedificados en Cristo”. Él fue muy particular al decir “arraigados” en Cristo primero. ¿Por qué?
Leamos la nota 1 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro:
“Al igual que las plantas, nosotros somos organismos vivos. Como tales, hemos sido arraigados en Cristo, quien es nuestro suelo, nuestra tierra, para que absorbamos todas Sus riquezas como alimento. Estas riquezas llegan a ser el elemento y la sustancia con los cuales crecemos y somos edificados. Ser arraigados tiene como fin el crecimiento en vida. Si bien ser arraigados ya ha sido logrado, ser edificados, cuya finalidad es la edificación del Cuerpo de Cristo, es algo que continúa siendo realizado. Ambos asuntos se llevan a cabo en Cristo”.
Cristo es el suelo rico en nutrientes en el que hemos sido arraigados. Ahora, para crecer en el Señor, necesitamos nutrir nuestro sistema de raíces escondido para que podamos absorber las riquezas de Cristo como nuestro alimento.
Los beneficios de tener una vida escondida con el Señor
Definitivamente necesitamos tener comunión con otros creyentes. Pero si somos nutridos sólo de lo que obtenemos de otros en la esfera pública, como en las reuniones de la iglesia, nuestro crecimiento será limitado. Tener una vida privada y escondida con el Señor hace que nuestras raíces en Él se desarrollen y le permite nutrirnos personalmente.
Un sistema de raíces saludable también nos ancla en el Señor. Los árboles que tienen raíces profundas no son tumbados cuando viene un viento fuerte. De la misma manera, si nuestras raíces en el Señor son profundas, podemos permanecer firmes a pesar de los vientos de nuestros problemas que soplan a nuestro alrededor. Entonces podemos valernos de Él como nuestro rico suministro en cada situación, sin importar cuán difícil sea.
Y al mantener nuestra comunión privada con el Señor, viviremos espontáneamente una vida que le agrada. Si dedicamos tiempo a absorber Sus riquezas, podremos ayudar a otros creyentes al compartir con ellos el Cristo que hemos disfrutado y experimentado personalmente.
En el capítulo 3 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 2, Watchman Nee señala nuestra necesidad de tener una vida escondida y secreta con el Señor, citando Salmos 42:7: “Un abismo llama a otro abismo”. Luego habla del efecto que este tipo de vida tiene en los demás:
“A medida que ganamos profundidad y extendemos nuestras raíces, descubrimos que ‘un abismo llama a otro’. Cuando extraemos riquezas de lo más profundo de nuestro ser, vemos que otras vidas son profundamente afectadas. En el momento que toquemos nuestro ser interior, otros creyentes recibirán ayuda y serán iluminados. Se darán cuenta de que hay algo más profundo de lo que pueden entender. Cuando lo profundo que hay en nosotros de uno toca lo profundo de otra persona, ella responde. Si nuestra vida no tiene profundidad, nuestra obra será superficial y el efecto que tenga en los demás también será superficial. Repitamos esto de nuevo: sólo ‘un abismo llama a otro abismo’”.
El Señor Jesús es nuestro modelo
Cuando el Señor Jesús vivió en la tierra, tuvo una vida escondida con Dios. Los cuatro Evangelios nos hablan de las muchas cosas maravillosas que Jesús hizo en el nombre del Padre. Proclamó el evangelio, enseñó la verdad, sanó a los enfermos, limpió los leprosos, dio vista a los ciegos, alimentó a los hambrientos y mucho más.
Todas sus obras maravillosas ciertamente atraen nuestra atención. Pero los Evangelios también nos dicen que una y otra vez, Jesús se apartó de las multitudes y se fue a orar al Padre en privado. Lucas 5:16 incluso dice:
“Mas Él se apartaba a los desiertos, y oraba”.
Para asegurarse de que Él pudiera orar en privado, Jesús iba a algún lugar desierto. Marcos 1:35 dice:
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”.
¿Por qué hizo esto Jesús? La nota 1 sobre este versículo en la Versión Recobro explica:
“Para tener comunión con Dios, buscando la voluntad y el beneplácito de Dios para Su servicio evangélico. El Salvador-Esclavo no desempeñó el servicio evangélico solo, independientemente de Dios y conforme a Su propia voluntad, sino conforme a la voluntad y al beneplácito de Dios, siendo uno con Dios para cumplir Su propósito”.
El Señor no asumió que sabía qué hacer. En oración privada, buscó deliberadamente la voluntad de Dios para ser uno con Dios en su servicio.
Puede que no vivamos cerca de un desierto, pero podemos seguir el ejemplo del Señor pasando tiempo personal y privado con Él alejados de los demás. Durante ese tiempo, Él puede suministrarnos, nutrirnos y darnos a conocer Su voluntad.
El Señor no asumió que sabía qué hacer. En oración privada, buscó deliberadamente la voluntad de Dios para ser uno con Dios en su servicio.
Puede que no vivamos cerca de un desierto, pero podemos seguir el ejemplo del Señor pasando tiempo personal y privado con Él alejados de los demás. Durante ese tiempo, Él puede suministrarnos, nutrirnos y darnos a conocer Su voluntad.
Tres maneras de desarrollar un sistema de raíces fuerte
Entonces, ¿cómo podemos desarrollar y nutrir un sistema saludable de raíces espirituales, es decir, una vida escondida, con el Señor? Podemos empezar con estas tres cosas:
1. Orar
En Mateo 6:6 el Señor Jesús dijo: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Desarrollar una vida de oración secreta con nuestro Padre que está en secreto fortalece nuestras raíces espirituales. Durante estos momentos privados de oración, podemos derramar nuestros corazones a nuestro Padre. Podemos confesar nuestros pecados, invitarlo a entrar en nuestras situaciones, orar por las personas que conocemos y hablar con Él sobre cualquier cosa.
2. Leer la Biblia
En Mateo 4:4, Jesús dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Esto nos muestra que vivimos tomando la Palabra de Dios como nuestro pan de cada día. Disfrutar de la Palabra de Dios a diario nos fortalece para resistir las tentaciones del diablo y vivir de acuerdo con la vida de Dios para expresarlo a Él.
3. Pasar tiempo con el Señor por la mañana
Antes de que estemos demasiado ocupados con nuestro día, podemos absorber al Señor como nuestro alimento orando con Su Palabra cada mañana. Combinar estos dos —orar y leer la Biblia— nos suple para enfrentar lo que el resto del día traiga.
Para leer más acerca de nuestra necesidad de tener una vida escondida en el Señor, recomendamos encarecidamente leer el capítulo 3, “Un abismo llama a otro abismo” en Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 2. Puede descargar este libro electrónico gratis aquí desde cualquier parte del mundo.
Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

¿Sabía usted que la Biblia habla acerca de algo llamado transformación? Esta palabra se encuentra en estos dos versículos del Nuevo Testamento:
2 Corintios 3:18: Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu.
Romanos 12:2: No os amoldéis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto.
Entonces, ¿qué significa ser transformados para nosotros los creyentes? ¿Cómo podemos experimentar la transformación en nuestra vida cristiana?
La definición de la palabra transformación
Según el Diccionario de uso del español de María Moliner, la palabra “transformación” significa “dar otra forma o aspecto a algo o alguien”. Pero ¿qué significa esto para nosotros como cristianos? ¿Deberíamos cambiar nuestro comportamiento para ser un poco más igual a Cristo o vivir guiados por una nueva serie de normas y regulaciones? Mirando detenidamente los dos versículos anteriores, encontramos que en la Biblia, la transformación realmente significa algo completamente diferente a lo que podríamos pensar.
En el Nuevo Testamento, la palabra griega traducida transformación es “metamorfosis”. La metamorfosis es un cambio profundo en la forma de una etapa a la siguiente en la historia de la vida de un organismo, desde la oruga a la pupa y de la pupa hasta la mariposa adulta.
Una oruga nace ya poseyendo la vida que hará que ella llegue a ser una mariposa. Aunque se produce un cambio externo durante la metamorfosis, éste es el resultado de un cambio orgánico desde adentro. Una oruga no se pone un disfraz de mariposa ni se esfuerza en actuar como una mariposa. Mientras se alimente, una oruga puede confiar en el proceso metabólico para que estos nutrientes sean asimilados en su cuerpo y hagan que crezca. Finalmente la oruga experimenta metamorfosis y se convierte en una mariposa.
La transformación en nuestra vida cristiana
Cuando oramos para recibir a Cristo como nuestro Salvador, fuimos regenerados, o nacidos de nuevo, con la vida divina de Dios para llegar a ser los hijos de Dios. Esta vida opera dentro de nosotros para transformarnos a la imagen de Cristo.
Sin embargo, al igual que la oruga, también necesitamos comer a fin de ser transformados. En Juan 6:35, Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás”. El Señor desea que le tomemos a Él como nuestra comida espiritual todos los días. Ésta es la manera en que podemos crecer y ser transformados.
A medida que comemos y bebemos del Señor Jesús, somos suministrados para crecer en Su vida divina. Este crecimiento es el proceso mencionado en 2 Corintios 3:18 de ser transformados poco a poco de un grado de gloria a otro, a la imagen de Cristo. En el Nuevo Testamento Versión Recobro la nota 9 en este versículo en cuanto a “misma imagen” nos dice:
“Ser transformado en la misma imagen significa ser conformado al Cristo resucitado y glorificado, o sea, ser hecho igual a Él (Ro. 8:29).”
Al tomar a Cristo como nuestro alimento, recibimos y asimilamos más de Su elemento en nosotros. Por lo tanto, experimentamos una transformación que no es meramente externa, sino que procede de ser nutridos espiritualmente y de la operación de la vida de Dios en nosotros.
Lo que la transformación no es
La transformación no es un cambio que surge simplemente al hacer el bien o mejorar nuestro comportamiento. Por ejemplo, una mujer malnutrida que se ve enfermiza y pálida puede tratar de mejorar su apariencia poniéndose maquillaje. Aunque pareciera estar más saludable, el cambio es sólo cosmético, algo externo.
Si esta mujer, en cambio, comiera comida saludable y nutritiva, ocurriría un cambio muy notable y duradero. Su complexión mejoraría y su cuerpo sería fortalecido. Finalmente, su apariencia saludable no sería el resultado de algo que hizo externamente, sino de un cambio desde adentro como resultado de un proceso orgánico y metabólico.
Intentar comportarse como Cristo es como aplicar maquillaje: nuestra condición interna permanece igual, pero intentamos cubrirla al hacer buenas obras o al mejorar nuestra conducta. Como resultado, lo que las personas ven no es a Cristo mismo expresado en nuestro vivir, sino a personas malnutridas espiritualmente esforzándose por imitarlo a Él.
La transformación genuina es diferente. Un cambio interno toma lugar en nuestro ser a medida que tomamos a Cristo como nuestro alimento y bebida espiritual. Mientras comemos, permitimos que la vida divina en nosotros opere, y nuestra “apariencia” mejora gradualmente hasta que espontáneamente comenzamos a expresar a Cristo más en nuestra vida diaria.
Cómo cooperamos para ser transformados
No podemos transformarnos simplemente al tomar la decisión de hacerlo. Pero como nos dice Romanos 12:2, podemos ser transformados. Es decir, podemos cooperar con el Señor para permitir que este proceso de transformación se lleve a cabo en nosotros.
A fin de cooperar con este proceso metabólico de transformación, necesitamos tomar a Cristo como nuestro alimento y nuestra bebida. Éstas son algunas maneras en que podemos hacer esto:
Por medio de invocar Su nombre durante el día, diciendo: “Oh, Señor, Jesús” o “Señor Jesús, te amo”.
Por medio de cantar con nuestro espíritu al Señor.
Por medio de orar lo que leemos en la Biblia. (Puede pedir gratis una copia de un Nuevo Testamento de estudio aquí).
Por medio de dar gracias a Dios.
Por medio de alabar a Dios.
Por medio de predicar el evangelio o hablarle a otros acerca de Cristo.
Éstas son algunas de las maneras en que podemos comer a Cristo como el pan vivo y beberle como el agua viva. Al hacer esto regularmente, somos fortalecidos espiritualmente y somos transformados espontáneamente cada vez más en la imagen de Cristo.
Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Usted puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Los términos alma y espíritu han sido abarcados en detalle en la filosofía, la literatura y los escritos de varias religiones. A veces se usan indistintamente porque la gente cree que son lo mismo.
Pero ¿qué dice la Biblia? ¿Son lo mismo? ¿Y es importante saber si son diferentes?
En esta entrada, echaremos un vistazo a algunos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver que el alma sí es diferente del espíritu, y cómo son diferentes. También hablaremos de por qué saber que son diferentes es importante en nuestra relación con Dios.
Dos versículos claves
En 1 Tesalonicenses 5:23 se nos dice:
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Este versículo crucial revela que tenemos tres partes: un espíritu, un alma y un cuerpo. En griego, el idioma original del Nuevo Testamento, la presencia de la conjunción y en la frase espíritu y alma y cuerpo indica que son tres cosas diferentes. El cuerpo es obviamente distinto del alma, y el alma también es distinta del espíritu.
Luego Hebreos 4:12 dice:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Las coyunturas están cerca de los tuétanos en nuestro cuerpo físico, pero pueden ser separados. De la misma manera, la Palabra de Dios puede partir nuestra alma y nuestro espíritu, mostrando que son partes diferentes.
Así que vemos en la Biblia que el espíritu y el alma no son lo mismo. La Palabra de Dios también revela que el alma y el espíritu tienen funciones diferentes relacionadas con el propósito de Dios.
Nuestra alma
En este universo existen tres esferas: la física, la psicológica y la espiritual. Dios nos creó con un cuerpo que puede dar sustantividad a la esfera física. Pero ¿qué de nuestra alma?
Con nuestra alma, podemos dar sustantividad a las cosas en la esfera psicológica. De hecho, en griego, la palabra traducida alma es psujé, que es la raíz de la palabra psicología, el estudio del alma.
En la Biblia podemos ver que nuestra alma se compone de tres partes: nuestra mente, nuestra parte emotiva y nuestra voluntad.
Empecemos por ver primero la mente.
La segunda parte de Salmos 139:14 dice:
“Tus obras son maravillosas, y mi alma lo sabe bien”.
Este versículo nos dice que el alma sabe. Otros versículos indican que el alma también considera y recuerda. Saber, considerar y recordar son todas funciones de la mente, lo que demuestra que la mente es parte del alma.
Además, muchos versículos a lo largo de la Biblia muestran que el alma ama, aborrece, siente gozo, se aflige y desea.
Por ejemplo, El Cantar de los Cantares 1:7 comienza:
“Dime, oh tú a quien ama mi alma: ¿Dónde apacientas tu rebaño?”.
Y 2 Samuel 5:8 se refiere a enemigos “a los cuales aborrece el alma de David”.
Amar y aborrecer son funciones de la parte emotiva. Así que éstos y otros versículos son una prueba sólida de que la parte emotiva es parte del alma.
Por último, Salmos 77:2 dice: “Mi alma rehusó el consuelo”. Y Job 7:15 dice: “mi alma preferiría”.
Preferir, decidir y rehusar son funciones de nuestra voluntad, lo que indica que la voluntad también es parte de nuestra alma.
Nuestra alma tiene la capacidad de saber, comprender, amar, aborrecer, preferir y rechazar, lo que nos permite dar sustantividad a la esfera psicológica. Nuestra alma es nuestra persona misma y expresa nuestra personalidad.
Nuestro espíritu
Nuestro cuerpo es la parte más externa de nuestro ser, nuestra alma es interna y nuestro espíritu es la parte más interna y profunda de nuestro ser.
Nuestro espíritu nos permite dar sustantividad a la esfera espiritual. En particular, nos permite recibir y contactar a Dios mismo.
Juan 3:6 dice:
“Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Cuando creímos en el Señor, nacimos de nuevo del Espíritu y lo recibimos como Espíritu en nuestro espíritu.
Entonces, Juan 4:24 dice:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
Que Dios sea Espíritu significa que Su sustancia es Espíritu, y nuestro espíritu corresponde a Dios. Así como debemos usar nuestros oídos como el órgano apropiado para dar sustantividad, o experimentar, al sonido, debemos usar nuestro espíritu para contactar a Dios, tener comunión con Él y adorarlo.
Así que nuestro espíritu humano es la clave, no sólo para nuestra regeneración, sino para todas nuestras experiencias espirituales por el resto de nuestra vida cristiana.
Nuestro espíritu y alma en el plan de Dios
Así que hemos visto que nuestro espíritu es el órgano que debemos usar para contactar y recibir a Dios, y que nuestra alma es el órgano de expresión.
A través de la caída de la humanidad, nuestra alma fue corrompida con la naturaleza maligna de Satanás. Así que antes de ser salvos, sólo podíamos expresarnos con nuestra naturaleza humana caída con la que nacimos.
Cuando fuimos salvos, nacimos de nuevo y Jesucristo vino a vivir en nuestro espíritu para ser la fuente de nuestra vida y de nuestro vivir. Y Él no quiere permanecer confinado a nuestro espíritu. Él quiere extenderse en nuestra alma e incluso transformarnos a Su imagen. Éste es un proceso de toda la vida.
Por supuesto, aún debemos usar las facultades de nuestra mente, parte emotiva y voluntad en nuestra vida diaria. Pero Jesucristo quiere que lo experimentemos y lo disfrutemos al contactarlo en nuestro espíritu. Él quiere que vivamos por Él y en unidad con Él. Es por esto que necesitamos establecer el hábito de ejercitar, o usar, nuestro espíritu todos los días.
Cuanto más lo hagamos, más Él tiene la manera de extenderse a cada parte de nuestra alma y saturarla consigo mismo. Como resultado, más y más, pensaremos como Él piensa, sentiremos como Él siente y escogeremos como Él escoge. Entonces expresaremos a Dios a los que están a nuestro alrededor, y el plan original de Dios para con nosotros será cumplido.
Ver la función del alma y el espíritu en el propósito eterno de Dios es crucial para nuestra vida cristiana. No podemos entrar en todos los detalles aquí en esta entrada, por lo que le recomendamos encarecidamente que descargue y lea La economía de Dios por Witness Lee. En este libro, Lee entra en detalles sobre las funciones de nuestro espíritu y nuestra alma con muchos ejemplos prácticos que ayudan a aclarar el asunto. Puede descargar este libro electrónico revelador de forma gratuita desde cualquier parte del mundo aquí.

Hebreos 4:12 dice: “La palabra de Dios es viva y eficaz”. Como tal, la Palabra de Dios es muy activa. Funciona para hacer muchas cosas tanto para Dios como para nosotros. En esta entrada veremos algunos versículos que muestran seis de las funciones principales de la palabra viva y eficaz de Dios.
1. La Palabra de Dios da testimonio de Cristo.
Juan 5:39 dice: “Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí”.
La primera función de la Palabra de Dios es dar testimonio de Cristo. De principio a fin, las Escrituras revelan al Cristo maravilloso y Su obra redentora.
El Nuevo Testamento claramente da testimonio de Cristo, pero ¿qué tal del Antiguo Testamento? ¿El Antiguo Testamento —con sus muchas historias, profecías, poemas y genealogías— trata realmente de Cristo?
Después de Su resurrección, en Lucas 24:44, el Señor Jesús dijo a Sus discípulos: “Éstas son Mis palabras, las cuales os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. Esto significa que ¡todo en el Antiguo Testamento, que incluye los libros de la ley, los profetas y los salmos, fue escrito acerca de Cristo!
Lo que esto significa para nosotros: Debido a que las Escrituras testifican acerca de Cristo, deberíamos centrarnos en Él cuando acudimos a la Biblia a fin de obtener el máximo beneficio de la Palabra.Antes de leer podemos orar: “Señor Jesús, quiero hallarte en Tu Palabra. Vengo a Ti ahora mismo. Ayúdame a verte en cada página”.
2. La Palabra de Dios hace al hombre sabio para la salvación.
En 2 Timoteo 3:15 dice: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.
Las Escrituras hacen al hombre sabio “para la salvación”, lo que indica que revelan el camino de la salvación de Dios en Cristo y la senda que conduce a la salvación por medio de la fe. Es por medio de Su Palabra que sabemos cómo ser salvos.
Lo que esto significa para nosotros: Este versículo fue escrito a un creyente joven llamado Timoteo, quien supo las Escrituras desde su niñez. Deberíamos seguir su modelo. Ya sea que seamos jóvenes o mayores, un cristiano recién convertido o un creyente maduro, nunca es demasiado tarde para comenzar a leer la Biblia de forma regular. De esta manera las Escrituras pueden hacernos sabios para la salvación día a día.
3. La Palabra de Dios hace que las personas sean regeneradas.
En 1 Pedro 1:23 dice: “Habiendo sido regenerados, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre”.
La Palabra de Dios es una simiente de vida. Cuando las personas escuchan Su palabra, ésta opera en ellos a fin de regenerarlos con Su vida. La nota 2 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro dice:
“La simiente contiene vida. La palabra de Dios como simiente incorruptible contiene la vida de Dios. Por tanto, es viva y permanece para siempre. Nosotros fuimos regenerados por medio de esta palabra. La palabra de vida de Dios, la cual es viva y permanece para siempre, transmite la vida de Dios a nuestro espíritu para que seamos regenerados”.
Ser regenerados es volver a nacer con la vida de Dios. Esto es lo que nos pasó cuando fuimos salvos.
Lo que esto significa para nosotros: si ya hemos sido regenerados, es importante darnos cuenta de que la Palabra viva de Dios también puede generar vida en otros. Si nuestros amigos incrédulos están abiertos y dispuestos, podemos leer la Biblia con ellos, no para enseñarles sino para permitir que la palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre, entre en ellos. Al orar por ellos, podemos pedirle al Señor que esta simiente de vida en ellos crezca, lo que hará que lleguen a ser hijos regenerados de Dios.
4. La Palabra de Dios es la leche espiritual de los creyentes.
En 1 Pedro 2:2-3 dice: “Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado lo bueno que es el Señor”.
Después de que los bebés nacen, su necesidad inmediata no es aprender sino ser nutridos; necesitan leche para vivir y crecer.
La Biblia es la leche que nos puede hacer crecer espiritualmente. Después de que recibimos al Señor, somos como niños recién nacidos; nuestra necesidad más importante es acudir diariamente al Señor en Su Palabra y beber la leche espiritual. Entonces, así como un bebé crece al comer bien, nosotros creceremos en la salvación de Dios. En el transcurso de nuestra vida cristiana, deberíamos seguir teniendo hambre de y siendo nutridos por la leche saludable de la Palabra de Dios.
Lo que esto significa para nosotros: Es una práctica saludable pasar tiempo en la Palabra cada día simplemente para ser nutridos. Ciertamente podemos y deberíamos estudiar la Biblia, pero es esencial que asimilemos la Palabra de Dios como nuestro alimento, especialmente cuando somos nuevos creyentes. Esto nos hará crecer de manera normal y saludable.
5. La Palabra de Dios es el pan de vida de los creyentes.
En Mateo 4:4 Jesús dijo: “Escrito está: ‘No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”.
La palabra de Dios no sólo es leche espiritual para nosotros; también es nuestro pan de vida espiritual.
Nunca podemos graduarnos de comer la Palabra del Señor todos los días, así como nunca nos podemos graduar de comer alimentos físicos cada día. Aun el Señor Jesús, mientras vivía como hombre en la tierra, tomó la Palabra de Dios como Su pan. Así que no importa cuánto crezcamos en la vida divina como creyentes, aún necesitamos ser nutridos diariamente de la Palabra de Dios a fin de ser cristianos saludables y normales.
Lo que esto significa para nosotros: A medida que crecemos en el Señor, Satanás podría tentarnos con el pensamiento de que ya nos hemos graduado de cosas tan sencillas como disfrutar la Palabra de Dios cada día. Pero si sabemos que nuestra vida espiritual depende de nuestra nutrición diaria procedente de la Biblia, acudiremos a Su Palabra para comerla y beberla. Independientemente de lo que esté ocurriendo en nuestras vidas, Jeremías 15:16 puede convertirse en nuestra experiencia: “Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.
6. La Palabra de Dios hace que los creyentes sean hombres cabales.
En 2 Timoteo 3:16-17 dice: “Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea cabal, enteramente equipado para toda buena obra”.
La Palabra de Dios hace que los creyentes sean cabales, haciéndoles hombres de Dios enteramente equipados, listos para toda buena obra.
Cuando leemos la Biblia con nuestro corazón vuelto al Señor, la Palabra opera en nosotros, mostrándonos algo más de Cristo. Ver más de Cristo automáticamente nos enseñará, redargüirá, corregirá e instruirá en justicia. A medida que esto sucede, llegamos a ser creyentes más cabales y más equipados para toda buena obra.
Lo que esto significa para nosotros: Todos los días podemos progresar en y beneficiarnos de la Palabra de Dios. Podemos orar: “Señor, no quiero pasar por alto lo que tienes para mí hoy en Tu Palabra. Quiero que Tu Palabra me sea útil hoy. Por favor, mientras leo, muéstrame más de Ti. Hazme un hombre más cabal hoy de lo que fui ayer”.
¡La Palabra viva de Dios es verdaderamente maravillosa! Es crucial para nosotros pasar tiempo en ella todos los días. Si desea un Nuevo Testamento gratuito que le abra la Palabra de Dios, puede hacer su pedido aquí.
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Mientras me acomodaba en el asiento y observaba que el avión se llenaba rápidamente, supe que mi vuelo iba a ser incómodo. Mi compañero de asiento aún no llegaba así que aún tenía la esperanza de que me dejarían en paz para soportar las siguientes tres horas. Cuando pensaba que tendría a mi disposición tres asientos para estirarme, un joven se deslizó al asiento de al lado y me dijo que su nombre era Justin y que se disculpaba de antemano puesto que cada vez que viajaba por avión hablaba de forma nerviosa.
Me contó que servía en el Cuerpo de Marina de los Estados Unidos y que había servido en varios viajes al extranjero. Me enteré de su entorno actual, lo que estudia en la escuela, algunas cosas relacionadas con su entorno familiar y sus opiniones acerca de la vida después de haber estado en el ejército. También me contó que padece de ansiedad debido a su experiencia en el extranjero.
Lo escuche con lujo de detalle y tras una breve pausa me preguntó qué estaba haciendo en California. Le dije que era miembro del personal de Bibles for America y también le dije lo que hacemos. Le escribí el sitio web para que así solicitara una Biblia gratuita. Puso la información en su cartera, pero no se miraba que estuviera muy interesado en solicitarla. Sus sentimientos hacia Dios habían cambiado a través de los años. Creció observando la tradición católica y mientras estaba en la guerra muchas veces clamó a Dios, pero ya no estaba seguro en qué creer. Me contó que en estos últimos meses se despierta a media noche con una ansiedad y un pensamiento que pasa por su mente:
“¿Cuál es el propósito de mi vida?”
Inmediatamente pensé en “El misterio de la vida humana”, el primer capítulo del primer tomo de Elementos básicos de la vida cristiana. Le dije a Justin que él experimenta estas molestias en la noche porque Dios tiene un plan, y este plan involucra al hombre. Le dije que su persona no sólo se compone de un cuerpo y un alma; él es un vaso tripartito creado a la imagen de Dios y que la parte más profunda de su ser, su espíritu, está buscando algo. También le dije que al igual que un guante tiene un sólo propósito, el de contener la mano, él también tiene un sólo propósito: contener a Dios.
Justin pudo recordar varias misiones que tuvo en Irak y Afganistán donde pudo haber resultado herido o hasta morir, pero escapó sin ningúna marca. Le hize saber a Justin que él sí tenía una marca, y que esta marca la tenía desde antes de la fundación del mundo. Le dije que Dios lo había apartado y que sus sentimientos de intranquilidad, al preguntarse siempre sobre la vida, se debían a que él había sido predestinado por Dios.
Seguimos conversando de esta manera por mucho tiempo. Finalmente Justin se paró para estirar sus piernas y cuando regresó a su asiento él estaba muy emocionado. Me contó que en su vuelo anterior un hombre le había hablado acerca de Dios, y mientras conversaba con la auxiliar de vuelo en la parte trasera del avión, ella le compartió el evangelio. Con un aire de asombro me dijo que se dio cuenta de que algo realmente estaba sucediendo y comenzaba a atar cabos. El avión aterrizó en ese momento así que no pudimos seguir conversando. Sin embargo, tengo la certeza que durante nuestras tres horas de vuelo, Justin comenzó a entender el misterio de su vida humana. Quizás no recibió al Señor en ese momento, pero de lo que sí se dio cuenta es de la presencia que tiene Dios en su vida.
Justin no fue el único que fue impactado en el avión. Yo también experimenté el mover de Dios dentro de mí. Comencé el vuelo como un viajero molesto, esperando escapar cualquier tipo de conversación. Pero al final del vuelo tenía una sonrisa y le agradecí a Dios por poner a Justin a mi lado. El misterio de nuestra vida humana va más allá de la salvación inicial. Dios desea tener una relación con nosotros de por vida que comience con nuestro espíritu. A través de nuestro contacto diario con Dios, Él se extiende por todo nuestro ser. Definitivamente, el Señor obtuvo más terreno en mi corazón en este vuelo.
Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.
