
Los términos nacido de nuevo y regenerado son bastante familiares para muchas personas y por lo general se asocian con llegar a ser cristiano.
Pero ¿qué significa nacer de nuevo? ¿Significa tener un nuevo comienzo para vivir una vida moral? Si ese es el caso, ¿tiene que nacer de nuevo una persona que ya es buena, recta y ética?
En esta entrada veremos lo que dice la Biblia acerca de nacer de nuevo.
Nicodemo y el Señor Jesús
Echemos un vistazo a la historia de Nicodemo en Juan 3. Nicodemo era un hombre moral tenido en alta estima en su comunidad. Vino a Jesús una noche en privado y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro”.
Nicodemo pudo haber querido que Jesús le enseñara cómo mejorarse a sí mismo aún más para que pudiera ser perfecto. Pero antes de que Nicodemo pudiera decir algo más, Jesús le dijo en Juan 3:3:
“De cierto, de cierto te digo: El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.
Nicodemo no parecía tener ningún problema moral o pecaminoso. Así que esta palabra puede haberle sorprendido. También podría sorprendernos a nosotros, especialmente si pensamos que sólo las personas que son obviamente inmorales o poco éticas necesitan nacer de nuevo.
Pero no son sólo las personas pecadoras o inmorales las que necesitan ser regeneradas. Todo ser humano necesita nacer de nuevo a fin de recibir la vida divina y eterna de Dios.
Sin importar cuán nobles, buenos o rectos seamos, sin nacer de nuevo, sólo tenemos nuestra vida humana; no tenemos la vida de Dios. Pero Dios quiere que tengamos Su vida. Por eso Él nos creó.
Así que, ¿cómo podemos tener la vida eterna de Dios? El Señor Jesús dijo que debemos nacer de nuevo, es decir, nacer espiritualmente con la vida de Dios.
Nacidos del Espíritu en nuestro espíritu
Cuando un bebé nace, nace de sus padres con la vida humana de sus padres. Nacer de nuevo, o ser regenerado, simplemente significa que nacemos de Dios con la vida de Dios.
En Juan 3:6, Jesús le explicó a Nicodemo cómo esto puede ser:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
La nota 2 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a ver lo que significa nacido del Espíritu, espíritu es:
“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado significa tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.
Nuestro espíritu humano es la parte más profunda de nuestro ser. Fue creado de una manera particular por Dios con la capacidad de contactar a Dios y recibirlo. Cuando creímos en Jesús, nuestro espíritu humano nació del Espíritu divino. ¡Ahora tenemos la vida de Dios!
Dios no quiere gente ética que no tenga Su vida. Él quiere que los seres humanos lleguen a ser Sus hijos, engendrados con Su vida.
Nacer de nuevo no tiene nada que ver con la resolución de ser una mejor persona o hacer borrón y cuenta nueva. Tiene todo que ver con nacer del Espíritu en nuestro espíritu con la vida de Dios.
La regeneración en 1 Pedro
Podemos ver más sobre la regeneración en 1 Pedro 1:3:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.
Las notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro en este versículo ayudan a aclarar este maravilloso asunto. Leeremos sólo la primera parte de la nota 4 que explica lo que obtenemos a través de la regeneración:
“La regeneración, al igual que la redención y la justificación, es un aspecto de la plena salvación de Dios. La redención y la justificación resuelven el problema que tenemos con Dios y nos reconcilian con Él; la regeneración nos vivifica con la vida de Dios, llevándonos a una relación de vida, una unión orgánica, con Dios”.
Cuando creemos en Jesucristo y todo lo que Él hizo por nosotros, nuestros pecados son perdonados, y somos traídos de vuelta a Dios. Esto fue cumplido mediante la redención de Cristo. Estamos muy agradecidos por este aspecto de la salvación completa que Dios efectúa.
Pero eso no es todo. Al ser regenerados, somos vivificados con la vida de Dios. Ahora la relación que tenemos con Dios no es objetiva, como la de una criatura y su Creador. Nacer de nuevo introdujo la vida de Dios en nosotros, y debido a eso, nuestra relación con Él es una relación de vida, o una unión orgánica.
Esto es diferente a dos objetos inanimados simplemente unidos por pegamento. En cambio, nuestra relación con Dios es como la unión de un pámpano en una vid. El pámpano se une a la vid orgánicamente y comparte la vida de esa vid.
¿Cómo deberíamos vivir después de nacer de nuevo?
El nacimiento de un bebé es un acontecimiento maravilloso. Pero es sólo el comienzo del crecimiento y desarrollo del bebé.
De la misma manera, nacer de nuevo es sólo el comienzo de nuestra vida cristiana. Entonces, ¿qué debemos hacer después de nacer de nuevo?
Después de nacer, la necesidad principal de un bebé es respirar y comer. Un recién nacido no necesita enseñanzas ni libros de texto sobre cómo comportarse. Necesita aire y alimento. Mientras reciba la nutrición adecuada, crecerá espontáneamente, sin luchar o esforzarse. El bebé simplemente respira y come, y así crece a través de todas las etapas de la vida hasta la adultez.
Sucede lo mismo con nuestra vida cristiana. Una vez que nacemos de nuevo, nuestra necesidad más importante es respirar y ser nutridos espiritualmente para que esta nueva vida en nuestro espíritu pueda crecer. Podemos hacer esto al orar, invocar el nombre del Señor, y pasar tiempo en la Palabra de Dios. A medida que crecemos, expresaremos la vida de Dios cada vez más en nuestro vivir diario.
Aquí solamente pudimos tocar brevemente este maravilloso asunto de nacer de nuevo con la vida de Dios. El Nuevo Testamento Versión Recobro contiene más notas de las que podríamos incluir en esta entrada, especialmente sobre los versículos en 1 Pedro 3. Si usted vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita para que pueda leerlas y obtener una apreciación más completa de la regeneración.
También le recomendamos encarecidamente que lea el capítulo 3, “La primera experiencia de vida: la regeneración” en El conocimiento de la vida. Este libro excelente sobre la experiencia que tiene un creyente de la vida de Dios proporciona una ayuda invaluable. Puede descargar este libro electrónico gratuito desde cualquier lugar del mundo aquí.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Cuando fuimos salvos, nacimos de nuevo con la vida de Dios. ¡Qué experiencia tan maravillosa y gozosa! Pero la regeneración es sólo el comienzo de nuestro recorrido espiritual.
Después de ser regenerados, el siguiente paso es consagrarnos o entregarnos al Señor. En esta entrada veremos el significado de la consagración y por qué es un paso crucial en nuestro recorrido con el Señor, el cual dura toda la vida.
¿Qué es la consagración?
En la religión, la palabra consagración se utiliza comúnmente en referencia a la ordenación oficial de una persona para ser un pastor, sacerdote o misionero. Este uso implica que la consagración es algo que está reservado para una categoría especial de personas. Pero el Nuevo Testamento revela que es algo que todo creyente en Cristo puede, y debería, experimentar.
La consagración tampoco es algo sólo para cristianos conocedores o espiritualmente maduros. Más bien, todos necesitamos consagrarnos al Señor para profundizar nuestro conocimiento personal de Cristo y crecer en la vida divina, incluso si acabamos de ser salvos. Esto se debe a que toda experiencia espiritual se basa en la consagración.
Entonces, ¿qué es la consagración? La consagración es entregarnos al Señor para ser “un sacrificio vivo” como dice Pablo en Romanos 12:1:
“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran apartados para Dios al ser puestos en el altar. Al ofrecer algo a Dios, uno renunciaba a la posesión de ese objeto. En cambio, le pertenecía a Dios para Su uso y Su satisfacción.
Hoy día cuando nos consagramos al Señor, llegamos a ser un sacrificio vivo. Esto significa que nos ponemos completamente en Sus manos. Antes de consagrarnos, nuestra vida estaba dedicada a la búsqueda de nuestras propias metas y satisfacción; ahora es para Él.
Cuando nos presentamos al Señor como sacrificio vivo, sencillamente le estamos diciendo: “Señor Jesús, mi vida es para Ti. Ya no me pertenezco a mí mismo, al mundo o a cualquier otra cosa. Estoy aquí para Ti y para Tu satisfacción”.
Cuatro razones por las cuales debemos consagrarnos al Señor
1. Para andar en el camino del Señor
Antes de ser salvos, tomábamos nuestro propio camino, tomábamos nuestras propias decisiones y escogíamos la dirección para nuestra vida. Después de ser salvos, Dios quiere que andemos en Su camino y seamos guiados por Él. Pero si no nos entregamos a Él, ¿cómo podemos saber cuál es Su camino? ¿Cómo puede guiarnos? Consagrarnos a Él nos guarda en Su camino y nos salva de tomar nuestra propio camino. Podemos orar: “Señor, no quiero tomar mis propias decisiones o tomar mi propio camino. Quiero ser guardado en Tu camino. Así que Señor Jesús, me entrego a Ti”.
2. Para crecer en vida
Cuando Cristo entra en nosotros somos regenerados con Su vida divina. Su intención es que esa vida divina en nosotros crezca. Pero cualquier tipo de vida necesita el ambiente apropiado para crecer. Rendir cada parte de nosotros y cada aspecto de nuestras vidas a Él crea el mejor ambiente para que la vida divina crezca en nosotros.
Nuestra experiencia de Cristo es afectada significativamente por si nos entregamos al Señor o no. Sin consagrarnos a Él, es difícil saber si algo está de acuerdo con la voluntad de Dios y si le agradará.
Pero cuando nos rendimos al Señor, espontáneamente sentimos lo que le agrada a Él y lo que no le agrada. Esta sensación es el resultado de la vida divina de Dios obrando en nosotros y es activada por nuestra consagración. Mientras seguimos a Dios al obedecer este sentir, crecemos en la vida divina de manera real y práctica.
3. Para permitirle a Dios obrar en nosotros
Antes que podamos obrar para Dios, Dios primero necesita obrar en nosotros. Aunque somos salvos, Él todavía tiene que conformar nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y disposición, todo nuestro ser, a la imagen de Su Hijo, como dice Romanos 8:29.
Dios es omnipotente, pero en Su relación con nosotros, Él no es un dictador. Él respeta nuestro libre albedrío y no impone Su obra en nosotros; más bien, Él necesita nuestro consentimiento a fin de obrar libremente en nosotros. Nuestra consagración es nuestro consentimiento.
Dios es paciente y Él esperará hasta que le demos permiso de obrar en nosotros a fin de cumplir Su propósito. En vez de resistirnos a Él, podemos orar: “Señor, te doy permiso para que obres en mí. Me ofrezco a Ti voluntariamente. Señor, te abro la puerta de mi corazón. Entra a cada habitación de mi corazón y confórmame a Tu imagen en todos los sentidos”.
4. Para disfrutar las riquezas de la salvación de Dios
La salvación de Dios está llena de riquezas. Efesios 1:3 nos dice que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en Cristo. Estas bendiciones incluyen la vida divina, la humanidad y el vivir perfectos de Cristo, Su muerte eficaz, Su resurrección poderosa, Su victoria sobre Satanás, Su ascensión sobre todas las cosas y mucho más. Pero sin consagrarnos a Él, no tenemos manera de entrar en el disfrute de estas bendiciones. Las poseemos, pero para que las disfrutemos en nuestra experiencia, debemos consagrarnos a Dios.
En este sentido, la consagración es como una puerta. Para entrar a un edificio, debemos entrar por la puerta. Si no lo hacemos, no importa cuántas cosas maravillosas nos esperen al otro lado, no las podemos disfrutar o participar de ellas. La consagración es la puerta por la cual entramos para disfrutar todas las riquezas de la salvación de Dios. Cuando nos entregamos al Señor, Él nos guiará en nuestra experiencia hasta entrar en el disfrute de las ricas bendiciones de la salvación completa que Dios efectúa.
Podemos orar: “Señor, no solamente quiero saber acerca de las riquezas de Tu salvación; quiero disfrutarlas. Señor, aquí estoy. Me entrego completamente a Ti. Te pertenezco. Guíame por Tu Espíritu a la experiencia y disfrute de todo lo que Tú tienes para mí en Tu salvación”.
Tome el siguiente paso
Nuestra salvación es el paso inicial de nuestro recorrido espiritual. El siguiente paso es consagrarnos al Señor. Cuando hagamos esto, seremos guardados en el camino de Dios, creceremos en Su vida, le permitiremos obrar en nosotros y disfrutaremos las riquezas de la salvación completa que Él efectúa.
Ya sea que hayamos sido salvos hace poco o que seamos creyentes hace mucho tiempo, cada uno de nosotros puede entregarse al Señor. Podemos presentarnos al Señor ahora mismo. ¡Él está feliz y dispuesto a recibir nuestra consagración en cualquier momento!
Para obtener más información sobre la consagración, eche un vistazo a estas entradas:
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Debido a que el Señor Jesús murió por nuestros pecados, cuando creímos en Él, fuimos perdonados y lavados de todo rastro de nuestros pecados. No deberíamos sentirnos preocupados por lo que hicimos o por quiénes éramos antes de ser salvos. Debemos estar muy claros al respecto.
Pero cuando fuimos salvos, también llegamos a ser una persona nueva en el Señor con una vida nueva. Nacimos de nuevo con la vida de Dios. A partir de ese momento, tenemos una vida nueva y también deberíamos tener un vivir nuevo.
Si continuamos viviendo como lo hacíamos antes de ser salvos, las cosas de nuestra vida pasada nos retendrán. Para progresar en la vida cristiana, necesitamos poner fin a nuestra pasada manera de vivir para que ya no estemos bajo su influencia.
Entonces, ¿cómo hacemos esto?
El sentir de nuestra conciencia
Antes de ser salvos, nuestra conciencia estaba algo insensible. Una de las primeras cosas que sucede después de que creemos es que nuestra conciencia se sensibiliza. Aunque ciertas cosas no nos molestaban antes, ahora nos damos cuenta de que son pecaminosas, injustas o inmorales. Sin tener que consultar con los demás, espontáneamente sabemos qué desagrada a Dios en nuestro vivir.
Por ejemplo, quizás nuestra vida vieja incluía el uso de un lenguaje vulgar. Tal vez incluso tomábamos el nombre del Señor en vano sin sentir que algo andaba mal. Pero después de ser salvos, comenzamos a tener un sentimiento de inquietud cada vez que hablábamos así. Este sentimiento de inquietud proviene de nuestra conciencia. Si hacemos caso a nuestra conciencia al dejar de usar ese tipo de lenguaje, nos sentiremos en paz. Nuestra vieja manera de hablar ya no será una de las cosas que nos detenga en nuestro caminar cristiano.
Ahora, veamos algunos ejemplos en el Nuevo Testamento de cómo los creyentes tomaron medidas con respecto a su pasada manera de vivir de forma minuciosa a fin de crecer en Cristo. Estos ejemplos nos ayudarán a ver qué le desagrada al Señor, y nos ayudarán a ir adelante con Él.
1. Volverse de los ídolos
Lo primero y más importante que debemos hacer es deshacernos de cualquier tipo de ídolo u objeto relacionado con un ídolo. En 1 Tesalonicenses 1:9 dice:
“Os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”.
Los ídolos son imágenes u objetos sin vida, los cuales están en contraste con el Dios vivo y verdadero. Pueden incluir muchas cosas, como pinturas o esculturas. Dios no tolera a los ídolos. Que nosotros nos aferremos a un ídolo es un asunto serio. Nuestro Dios es un Dios celoso que quiere que lo adoremos y amemos sólo a Él, el único Dios vivo y verdadero.
Incluso poseer un ídolo por cualquier razón o tener una inclinación en nuestro corazón hacia uno es inaceptable para Dios. El apóstol Juan advirtió a los creyentes en 1 Juan 5:21:
“Hijitos, guardaos de los ídolos”.
Tenemos que ser decisivos y absolutos cuando se trata de un ídolo. No basta con sólo ocultarlo. Para ser libres de su efecto, los ídolos y cualquier cosa relacionada con prácticas supersticiosas —tales como la adivinación o los horóscopos— deben ser completamente erradicados de nuestras vidas. Y es mejor no vender o regalar estas cosas.
Debemos abandonar inmediata y completamente todo lo relacionado con los ídolos después de creer en Cristo. Incluso si usted cree que no tiene ningún ídolo a su alrededor, es bueno tomarse un momento para orar sobre este asunto. Puede orar:
“Señor Jesús, no quiero tener ningún ídolo. Te amo. Señor, muéstrame si tengo algún ídolo o cosas supersticiosas que deseas que elimine de mi vida”.
2. Erradicar completamente las cosas malignas e inmundas
En Hechos 19, el apóstol Pablo predicó el evangelio de Jesucristo a la gente en la ciudad de Éfeso. Los versículos 19 y 20 relatan lo que hizo la gente después de creer en Jesús:
“Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”.
Pablo no les dijo a los creyentes efesios: "Ahora que son salvos, deben destruir estos libros". Ellos tomaron esta acción no por un mandamiento externo, sino como resultado de la obra interna del Espíritu Santo que vivía en ellos. La experiencia que ellos tuvieron de la salvación de Dios era fuerte y los motivó a abandonar y quemar estos libros malvados que alguna vez fueron preciosos para ellos. Ni siquiera los vendieron. Su separación absoluta de estos libros los liberó. Y el resultado de su acción fue que la palabra del Señor creció y prevaleció poderosamente.
Este ejemplo de los creyentes efesios nos muestra que los objetos inapropiados deben ser erradicados de nuestras vidas. Las cosas que son pecaminosas o sucias —material pornográfico, ropa indecente, parafernalia de juegos de azar, artículos relacionados con el abuso de drogas y alcohol, libros e imágenes inmorales y cosas relacionadas con la brujería y la magia— deben ser destruidas. Una limpieza completa de hasta los restos de nuestra vida sin Dios nos liberará del dominio de nuestra pasada manera de vivir. Relacionado con este asunto, puede orar:
“Señor Jesús, haz que mi conciencia sea sensible. Ilumíname en cuanto a cualquier cosa impropia o inmunda en mi vida, Señor. Ayúdame a deshacerme de estas cosas a fin de que pueda seguir adelante contigo sin obstáculo”.
3. Pagar las deudas y hacer restitución
Lucas 19:2-10 relata la historia de Zaqueo, un recaudador de impuestos que conoció al Señor Jesús mientras Él pasaba por Jericó.
Era común que los recaudadores de impuestos en aquellos días extorsionaran a las personas sobrevalorando sus propiedades o ingresos y tomando el exceso para ellos mismos. Debido a esto, eran odiados y despreciados.
Pero el Señor le habló a Zaqueo y le dijo que vendría a quedarse en su casa. Zaqueo recibió al Señor, gozoso, y le dijo:
“He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.
Después de conocer al Señor Jesús, Zaqueo fue instantáneamente convencido de sus pecados, especialmente de extorsionar dinero de la gente. Expresó su deseo de pagarles cuatro veces y dar la mitad de todo lo que tenía a los pobres. El Señor no le ordenó que hiciera esto. Cuando Zaqueo conoció a Jesús, instantáneamente supo lo que debía hacer para hacer restitución a todos los que engañó y alejarse de su antigua manera deshonesta de vivir.
Entonces, ¿cómo se relaciona el ejemplo de Zaqueo con nosotros hoy? El Espíritu dentro de nosotros nos hace conscientes de lo que necesitamos aclarar de nuestro pasado. Quizás necesitemos devolver el dinero que le pedimos prestado a alguien hace mucho tiempo. O quizás necesitemos devolver los artículos que tomamos de nuestro lugar de trabajo. Si permitimos que el Señor nos hable, sabremos respecto a qué tenemos que tomar medidas y cómo hacerlo.
Podemos buscar al Señor respecto a cómo pagar nuestras deudas, confiando en Él para que nos ayude a enmendar las cosas, orando:
“Señor, si le debo algo a alguien, muéstramelo. Guíame a cómo pagar mis deudas”.
4. Despojarnos de nuestra pasada manera vivir
Efesios 4:22 dice:
“Que en cuanto a la pasada manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se va corrompiendo conforme a las pasiones del engaño”.
La pasada manera de vivir es un término amplio que se refiere a cómo nos comportábamos anteriormente en todos los aspectos de nuestra vida. Incluye cosas tales como las personas con las que nos relacionábamos, cómo hablábamos, cómo nos vestíamos, adónde íbamos, cómo gastábamos nuestro tiempo, cómo gastábamos nuestro dinero, etc.
Después de ser salvos, toda nuestra manera de vivir debe cambiar de lo que era antes.
Si nos abrimos al Señor acerca de esto, quizás nos demos cuenta de que hay muchas cosas en nuestra vida que no son adecuadas para un hijo de Dios. Por ejemplo, quizás nos vestíamos de cierta manera antes de ser salvos. Pero después de creer en el Señor, nos sentimos incómodos cuando usamos esa ropa. En ese caso, debemos hacer caso a este sentimiento, que es el Señor dentro de nosotros, y alterar la ropa o reemplazarla por otra.
Necesitamos pedirle al Señor que nos muestre si hay algo que le desagrada en nuestro vivir. A medida que Él nos habla, debemos responderle, descontinuando ciertas prácticas y actividades de nuestra vida pasada.
No es un asunto de ser regulados externamente sino de la nueva vida dentro de nosotros
La manera en que tomamos medidas con respecto a nuestra pasada manera de vivir no es según alguna clase de regulación externa. Es un asunto de ser sensibles y obedientes a la vida de Dios dentro de nosotros. Así pues, debemos llevar este asunto al Señor mismo. No necesitamos tratar de averiguar cuáles cosas podrían ser un problema por nuestra cuenta.
Aquel que recibimos como nuestro Salvador y que ahora vive en nuestro espíritu está lleno de sentimiento. Él también es muy preciso y específico con respecto a cualquier cosa que no coincida con Él. Podemos abrir nuestro corazón al Señor y pedirle que nos indique cualquier cosa que todavía esté presente en nuestro vivir y que le resulte ofensiva o desagradable. Podemos orar:
“Señor Jesús, gracias por salvarme. Quiero que crezcas en mí sin ningún obstáculo de mi antigua vida. Señor, muéstrame cualquier cosa inapropiada en mi vida que me frustre de ir adelante contigo. Ayúdame a eliminarlos por completo de mi vida".
El Señor Jesús seguramente responderá esta oración. Él revelará las cosas de nuestra vida pasada que nos obstruyen en nuestro caminar cristiano. Al cooperar con el Señor para ponerles fin, podemos seguir adelante y experimentar a Cristo cada día.
Para aprender más sobre cómo ser sensibles a la vida de Dios dentro de nosotros, recomendamos leer el capítulo 17 titulado "La comunión de vida y el sentir de vida", en La economía de Dios. Puede descargar este libro electrónico gratuito aquí.
Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Cuando consideramos cómo Jesucristo nos amó y se entregó en la cruz por nosotros, no podemos evitar amarlo. A menudo queremos hacer algo para Él a cambio.
Así que le podríamos preguntar al Señor: “¿Qué quieres que haga por Ti?” y “¿Cómo te puedo ser útil?”.
El problema con preguntas como éstas es que sugieren que Dios nos creó primordialmente para que hagamos algo para Él. Pero ¿es por esto en realidad que Él nos creó? Él ya tenía una multitud de ángeles para servirle. ¿Por qué necesitaba Dios crear a la humanidad, si era para el mismo propósito?
Leamos algunos versículos y notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro para explorar esta idea.
Creados como vasos
En realidad, el deseo del corazón de Dios no es que la humanidad haga algo para Él. En cambio, Él quiere que lo expresemos.
Quizás pensemos que expresar a Dios es comportarse de cierta manera o hacer cosas que creemos que le complacerían. Pero esto no es lo que Dios quiere. La intención de Dios es primero entrar en nosotros, luego extenderse y llenar todo nuestro ser hasta que lo expresemos espontáneamente.
Solemos centrarnos en nuestro comportamiento externo, en lo que podemos hacer para Dios o en cómo podemos ser útiles a Dios. Pero Dios está interesado en primeramente llenarnos en nuestro interior.
Podemos ver esto en la manera particular en la que Dios nos creó. Romanos 9:23-24 dice:
“Para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que Él preparó de antemano para gloria, a saber, nosotros, a los cuales también ha llamado”.
Observe aquí que el versículo no se refiere a nosotros como instrumentos o herramientas, sino como vasos. Entonces, ¿qué es un vaso? Un vaso es un recipiente hueco con una abertura. Su propósito es contener algo. De hecho, su única razón de existir es recibir y ser lleno de algún contenido.
Isaías 64:8 dice:
“Ahora, pues, Jehová, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú, nuestro Alfarero; y obra de Tus manos somos todos nosotros”.
Dios es el Alfarero divino que hizo a los seres humanos específicamente como vasos, no como herramientas o instrumentos para ser usados por Él. Y ya que somos vasos, ¿qué debemos contener? Fuimos creados para contener a Dios mismo.
Si un vaso está vacío, no está cumpliendo su propósito. Esto explica por qué antes de ser salvos nos sentíamos tan vacíos y sin propósito.
Pero ¡alabado sea Dios, ya no somos vasos vacíos! Cuando creímos en Cristo, lo recibimos en nuestro espíritu. Él entró en nosotros. Ahora Él está viviendo en nosotros y quiere llenarnos por completo para que vivamos una vida que lo exprese.
¿Cómo podemos ser llenos de Dios?
Dios primero entró en nosotros cuando recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. Nada puede deshacer o cambiar este hecho. Pero Él quiere que continuemos recibiéndolo hasta que todo nuestro ser esté lleno de Él e incluso rebosando de Él.
Así que, ¿cómo sucede esto? Efesios 5:18-21 nos dice:
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien, sed llenos en el espíritu, hablando unos a otros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y salmodiando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo; sujetos unos a otros en el temor de Cristo”.
La nota 1 en el versículo 18 en el Nuevo Testamento Versión Recobro señala el resultado de ser lleno:
“Embriagarnos con vino es ser llenos en el cuerpo, mientras que ser llenos en el espíritu (nuestro espíritu regenerado, no el Espíritu de Dios) es ser llenos de Cristo (1:23) hasta la medida de la plenitud de Dios (3:19). Embriagarnos con vino en nuestro cuerpo físico nos trae disolución, pero ser llenos de Cristo, la plenitud de Dios, en nuestro espíritu, hace que rebosemos de Cristo al hablar, cantar, salmodiar y dar gracias a Dios (vs. 19-20), y también hace que estemos sujetos los unos a los otros (v. 21)”.
Y la nota 1 en el versículo 19 señala que el resultado también es la manera en la que podemos ser llenos:
“Los vs. 19-21 modifican la frase sed llenos en el espíritu del v. 18. Los salmos, himnos y cánticos espirituales no sólo son para ser cantados y salmodiados, sino también para que nos los hablemos unos a otros. El hablar, cantar, salmodiar, darle gracias a Dios (v. 20), y el someternos unos a otros (v. 21) no solamente son el rebosar producto de ser llenos en el espíritu, sino que también son la manera en que somos llenos en el espíritu”.
Maneras prácticas de ser llenos
Este pasaje en Efesios menciona algunas maneras muy prácticas en las que podemos experimentar ser llenos en el espíritu.
Hablando unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales: Podemos no sólo cantar himnos, sino también hablar las palabras unos a otros.
Cantando y salmodiando: Cantar himnos y cánticos espirituales tiene muchos beneficios maravillosos. No tenemos que ser buenos cantantes; todos podemos cantar con nuestro corazón al Señor.
Dando gracias: Efesios 5:20 habla de dar siempre gracias por todo, no sólo durante los momentos buenos y por las cosas buenas. Quejarnos de nuestra situación no nos llena del Señor. Pero una vez que comenzamos a darle gracias incluso en medio de circunstancias difíciles, experimentamos ser llenos de Él.
Sujetándonos unos a otros: Probablemente no pensaríamos que sujetarnos unos a otros es una manera de ser llenos, pero Efesios 5:21 incluye esto como un resultado y una manera de ser llenos en nuestro espíritu. Como miembros del Cuerpo de Cristo, el Señor quiere que no sólo estemos sujetos a Él como Cabeza, sino también unos a otros en el temor de Cristo.
La Biblia dice claramente que Dios quiere que seamos llenos de Él. Al llenarnos de Él mismo, Dios se expresará a través de nosotros, llevando a cabo Su propósito eterno.
Todos los días podemos practicar estas maneras de ser llenos en el espíritu. También recomendamos encarecidamente pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro. Usted puede leer el comentario acerca de estos versículos en Efesios 5 para ser impresionado más profundamente con el deseo de Dios de llenarnos con miras a Su expresión.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Es muy importante que cada creyente se haga esta pregunta. Sea que hayamos sido salvos recientemente o tengamos tiempo de serlo, la respuesta a esta pregunta tiene una importancia profunda para nuestra vida cristiana.
Esta entrada proporcionará alguna ayuda práctica acerca del bautismo según la Palabra de Dios.
Nuestra necesidad de ser bautizados
En Marcos 16:16 el Señor Jesús dijo:
“El que crea y sea bautizado, será salvo; mas el que no crea, será condenado”.
Algo en lo que debemos estar claros es que solamente creer en Cristo nos salva de ser condenados. En la segunda parte del versículo podemos ver que no creer es el único asunto mencionado en relación a ser condenado. Además, Juan 3:16 confirma este punto al decir que “todo aquel que en Él cree, tenga vida eterna”.
De modo que podemos tener la certeza de que si recibimos al Señor Jesús, somos un hijo de Dios. Hemos sido salvos de ser condenados por Dios y nunca pereceremos.
Entonces, ¿qué significa la primera parte de este versículo: “El que crea y sea bautizado, será salvo”? Si creer es suficiente para salvarnos de ser condenados, ¿por qué se menciona el bautismo?
El significado de ser “salvos”
Como creyentes, a menudo pensamos que una persona que ha sido salva es alguien que recibió al Señor Jesús y es salva de ser condenada eternamente. Ciertamente, esto es verdad, como mencionamos anteriormente; sin embargo, hay un significado más completo de la palabra “salvo” del que normalmente tenemos noción.
Probablemente, todos estemos de acuerdo que es necesario que seamos salvos de muchas cosas. La cosa más obvia es la condenación eterna. Sin embargo, después de creer, ¿qué hay respecto a nuestra vida diaria? Hoy en día, Satanás utiliza muchas cosas que intentan atrapar a los cristianos, aun sabiendo que nuestro destino eterno está seguro. Él utiliza cosas como el mundo y nuestra vieja manera de vivir a fin de sobrecargarnos y distraernos de ir en pos de Cristo. De modo que, ¿qué debemos hacer? ¿De qué manera podemos escapar estas cosas? Es claro que necesitamos ser salvos de más que de la condenación eterna.
Las buenas nuevas son que la salvación completa que Dios efectúa encierra mucho más que el no perecer eternamente.
Dios en Su sabiduría ordenó el bautismo como el segundo paso en una salvación maravillosa y plena a fin de tratar con las cosas de las cuales ahora debemos ser salvos.
Delante de Dios y los hombres
Creer es algo interno y escondido. Cuando Dios ve nuestra fe, Él nos justifica e imparte Su vida en nosotros. Ya no estamos condenados por Dios y somos engendrados con Su vida divina para ser Sus hijos. Cuando creemos somos salvos delante Dios.
No obstante, las personas que nos rodean no pueden ver esto y quizás crean que todavía somos como ellos. De hecho, el mundo intenta aferrarse a nosotros de modo que no solamente necesitamos ser salvos ante Dios, también necesitamos ser salvos ante los hombres. Necesitamos ser separados del mundo.
Creer nos salva de la condenación y el bautismo pone fin al mundo que se aferra a nosotros. Éste entierra nuestra vida pasada y nos libera del mundo que nos enreda.
Un cuadro de un aspecto de la salvación: la Pascua
Podemos mostrar estos dos aspectos de la salvación con la historia de los hijos de Israel en Éxodo 12—14. En 1 Corintios 10:6 Pablo dice que lo que sucedió con ellos es un ejemplo para nosotros los creyentes en la actualidad.
Los israelitas fueron esclavizados en Egipto, y en su miseria clamaron a Dios. Dios los escuchó y envió muchas plagas a los egipcios, inclusive una última: la plaga de la muerte del primogénito. Para ser salvos de esta muerte, los israelitas tenían que sacrificar un cordero, el cual es una figura de Cristo como el Cordero de Dios quien se sacrificó por nosotros, y aplicar la sangre del cordero en los postes y el dintel de la puerta de sus casas. Cuando Dios veía la sangre del cordero en una casa, Él pasaba esa casa y el primogénito en ella era salvo de la destrucción. Al quedarse en sus casas bajo la sangre del cordero, los israelitas escaparon de la condenación de Dios.
En la actualidad, tenemos a Cristo como el verdadero Cordero de Dios quien murió para que fuésemos redimidos. Cuando aplicamos Su sangre y creemos en Él, somos salvos del juicio eterno de Dios que cae sobre la humanidad pecaminosa. Si usted nunca ha recibido a Cristo como su Salvador, puede hacer esta sencilla oración:
“Señor Jesús. Gracias por venir a esta tierra para ser el Cordero de Dios y quitar todos mis pecados. Gracias por derramar Tu sangre por mí. Te recibo como mi Salvador y mi vida. Perdona todos mis pecados y límpiame con Tu sangre preciosa. Entra en mí ahora mismo. Amén”.
Si hicimos esta oración podemos tener la certeza de que hemos sido redimidos, nuestros pecados han sido perdonados, tenemos vida eterna y somos un hijo de Dios. ¡Alabado sea el Señor!
Sin embargo, Dios no se detuvo con la Pascua. Él no dejó a los hijos de Israel como esclavos en Egipto
Éxodo 12:51 dice:
“Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos”.
Pero, ¿cómo los sacó Dios de la tierra de Egipto?
Un cuadro de otro aspecto de la salvación: cruzar el mar Rojo
Aunque los israelitas escaparon la condenación de Dios de muerte por medio del cordero pascual, el problema inicial seguía presente: estaban todavía en Egipto bajo la tiranía de Faraón. A fin de ser salvos de esa tiranía, era necesario que tuvieran un éxodo de Egipto.
Para que pudieran ser salvos del Faraón y de Egipto, Dios guió a los israelitas fuera de Egipto llevándolos a propósito por el mar Rojo. Faraón y su ejército los persiguieron hasta que los hijos de Israel estuvieron acorralados entre el ejército de Faraón y el mar Rojo, aparentemente sin salida. No obstante, Dios le dijo a Moisés que extendiera su mano sobre las aguas y las aguas se dividieron. Los israelitas entonces cruzaron hacia el otro lado del mar por tierra seca.
Cuando todos cruzaron, Moisés extendió su mano una vez más sobre el mar y las aguas se juntaron, sepultando al ejército de Egipto que los perseguía. De esta manera, los hijos de Israel fueron separados de Egipto y el poder de Faraón sobre ellos fue derrocado.
Esta historia sobre los hijos de Israel nos muestra de manera vívida por qué debemos ser bautizados una vez que recibimos a Cristo. Aunque el Señor nos redimió y lo recibimos como nuestro Salvador y nuestra vida, algo nos retiene. No somos tan libres de disfrutar nuestra salvación como pensábamos; no somos tan libres de nuestra vieja manera de vivir o enredos mundanos como esperábamos.
Estos sentimientos indican que es necesario que también nosotros tengamos un éxodo, pues nos muestran cuán conscientes estamos de nuestra necesidad de escapar del mundo, representado por Egipto, y de la tiranía de Satanás, representado por Faraón. No obstante, “Faraón” no está satisfecho de renunciar a sus esclavos así que nos persigue aún después de haber sido redimidos para llevarnos nuevamente al mundo. Así que, ¿de qué manera podemos escapar?
Un bautismo adecuado ofrece una línea de separación entre nosotros y el mundo, de la misma manera que el mar Rojo separó a los hijos de Israel de Egipto. El bautismo nos libera de la tiranía que Satanás tiene sobre nosotros. Cuando somos bautizados, él y su ejército quedan sepultados en las aguas del bautismo. Ya no pueden aferrarse a nosotros y estamos seguros en el “otro lado”, libres de la esclavitud de Satanás y somos capaces de seguir al Señor Jesús sin estorbos.
¿Cuándo debemos ser bautizados?
La respuesta más simple a la pregunta de cuándo debemos ser bautizados es, ahora. Si una persona recibe a Cristo como su Salvador, entonces según la Palabra de Dios, nunca es demasiado temprano para ser bautizado.
El Nuevo Testamento registra dos ejemplos excelentes de nuevos creyentes siendo bautizados inmediatamente después de haber recibido al Señor.
El eunuco etíope en Hechos 8
El Señor le dijo a Felipe que le hablara a un eunuco etíope, quien recibió el evangelio con gozo. Mientras iban por el camino, llegaron a un lugar donde había agua. El eunuco le dijo a Felipe:
“Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (v.36)
Felipe simplemente le respondió: “Si crees de todo corazón, serás salvo”. El eunuco declaró que creía que Jesucristo es el Hijo de Dios y procedió a ser bautizado”. (v. 38)
Felipe solamente expresó un solo requisito para que el eunuco etíope fuese bautizado: que creyera en el Señor. Felipe no requería que el hombre tomara una clase, que aprendiera sobre prácticas cristianas o que fuera salvo por cierto periodo de tiempo. Más bien, una vez que el hombre declaró su fe, Felipe lo bautizó.
El carcelero de Filipos en Hechos 16
Los apóstoles Pablo y Silas, después de haber sido golpeados y encarcelados por predicar a Cristo, estaban en prisión a medianoche cantando himnos de alabanza a Dios. Mientras ellos cantaban, un terremoto sacudió los cimientos de la cárcel y las cadenas de todos los prisioneros se soltaron, lo cual les daba la oportunidad de escapar.
La fuga de los prisioneros hubiera significado la ejecución del carcelero. Debido a que el carcelero pensó que todos habían huido, éste se iba a matar. No obstante, Pablo lo detuvo y le hizo saber que todos estaban allí.
Bajo tales circunstancias, el carcelero les dijo a los apóstoles: “¿qué debo hacer para ser salvo?” (v. 30). Los apóstoles simplemente le respondieron: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y tu casa” (v. 31).
Los apóstoles entonces le hablaron la Palabra a él y a todos los que estaban en su casa, y el carcelero lavó sus heridas. Después de haber recibido la Palabra y creído en Dios con todos los que estaban en su casa, “en seguida se bautizó él con todos los suyos” (v. 33).
En estos dos casos podemos ver que no es necesario esperar a estar “listos” para ser bautizados. Estamos listos cuando creemos. Nada nos hará más dignos o menos dignos de entrar en el agua del bautismo. Solamente hay un requisito en la Palabra de Dios para ser bautizados: creer en el Señor Jesús.
No deje pasar la oportunidad
Sea que haya creído en el Señor hace bastante tiempo o que sea recién salvo, eso no importa. Del mismo modo que no es demasiado temprano para que una personas sea bautizada, tampoco es demasiado tarde. Si usted ha creído en Cristo, pero no ha sido bautizado, no deje pasar la oportunidad.
Si este es su caso, por favor, tome unos instantes para orarle al Señor respecto a su necesidad de ser bautizado:
“Señor Jesús, gracias por mostrarme mi necesidad de ser bautizado. Señor, no solamente quiero ser salvo interiormente al haber recibido Tu vida. También quiero ser salvo exteriormente de Satanás y del mundo, los cuales me impiden seguirte libremente. Señor, muéstrame cómo debo llevar a cabo este paso importante de ser bautizado. Amén”.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Cuando creímos en el Señor Jesucristo, nos sucedieron varias cosas maravillosas. Fuimos justificados por Dios, perdonados de nuestros pecados y salvos de la perdición eterna. ¡Cuánto alabamos a Dios por estos regalos tan maravillosos!
No obstante, aunque cada uno de estos regalos son maravillosos, algo más sucedió cuando recibimos a Cristo: la unión y mezcla del Espíritu divino de Dios con nuestro espíritu humano. Esto es un hecho profundo que podemos disfrutar hoy día en nuestra experiencia diaria.
Los dos espíritus revelados en la Biblia
Tres versículos de la Biblia mencionan al Espíritu divino y al espíritu humano juntos, y cada uno tiene una razón específica.
1. Nacer de nuevo, Juan 3:6:
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Este versículo menciona dos espíritus: un Espíritu con “E” mayúscula y otro espíritu con “e” minúscula. ¿En qué son diferentes? La nota 2 de este versículo en la Versión Recobro dice lo siguiente:
“El primer Espíritu mencionado aquí es el Espíritu divino, el Espíritu Santo de Dios, y el segundo espíritu es el espíritu humano, el espíritu regenerado del hombre. La regeneración se lleva a cabo en el espíritu humano por medio del Espíritu Santo de Dios, con la vida de Dios, la vida eterna e increada. Así que, ser regenerado es tener la vida eterna y divina (además de la vida humana, la vida natural) como la nueva fuente y el nuevo elemento de una nueva persona”.
Al mencionar a estos dos espíritus juntos, este versículo habla del nacimiento divino. De modo que nuestra experiencia de estos dos espíritus comienza cuando creemos en Cristo y nacemos de nuevo.
2. Dar testimonio de que somos hijos de Dios, Romanos 8:16:
“El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.
Una vez más podemos ver aquí a los dos espíritus juntos: la “E” mayúscula de Espíritu es “el Espíritu mismo”, el Espíritu divino de Dios, y la “e” minúscula de espíritu es “nuestro espíritu”, el espíritu humano.
Este versículo nos muestra algo muy dulce y alentador en nuestra experiencia de los dos espíritus. En el momento en que creemos, el Espíritu mismo entra en nuestro espíritu y da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
Y podemos experimentar este testimonio por toda nuestra vida cristiana. Lo único que tenemos que hacer es abrir nuestra boca y declarar:
“Recibí al Señor Jesús como mi Salvador y Señor, y ahora soy nacido del Espíritu en mi espíritu! ¡Soy un hijo de Dios!”
Al declarar esto, algo maravilloso ocurre en lo profundo de nuestro ser. El Espíritu quien reside en nuestro espíritu da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Como resultado, tenemos la dulce sensación en nosotros que Dios es nuestro Padre querido, y que nacimos de Él. Este testimonio es una prueba interna de nuestra salvación que nos asegura que somos verdaderamente salvos.
3. Adorar al Espíritu en nuestro espíritu, Juan 4:24:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
Nótese que la “E” mayúscula de Espíritu, se refiere a Dios, y la “e” minúscula de espíritu se refiere a nuestro espíritu humano. La palabra del Señor que aquí se menciona tiene que ver con nuestra adoración a Dios. Quizás tengamos nuestras propias ideas de cómo adorar a Dios, pero este versículo claramente nos dice que adorar con veracidad involucra nuestro espíritu.
La nota 3 en Juan 4:24 explica por qué:
“El Señor dijo esto a la mujer samaritana a fin de instruirla con respecto a la necesidad de ejercitar su espíritu para tocar a Dios el Espíritu.Tocar a Dios el Espíritu con el espíritu es beber el agua viva, y beber el agua viva es rendir verdadera adoración a Dios”.
Como creyentes, nuestra necesidad básica es disfrutarlo y recibirlo como nuestro suministro divino, nuestra agua viva. Para hacer esto, es necesario que ejercitemos nuestro espíritu para contactar a Dios quien es el Espíritu. Al contactarlo, bebemos del agua viva y somos refrescados y reavivados. Esta es la verdadera adoración que Dios desea de nuestra parte.
El Espíritu divino junto con nuestro espíritu humano: nuestro espíritu mezclado
Para los que creen en Cristo, estos dos espíritus no están separados, sino unidos, mezclados como uno solo.
En 1 Corintios 6:17, Pablo dice:
“Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.
En este versículo podemos ver que estos dos espíritus están mezclados como “un solo espíritu”. Esto no significa que se pierde la distinción entre ambos. El Espíritu todavía es el Espíritu divino y nuestro espíritu humano todavía es nuestro espíritu humano, pero están unidos como uno solo. Por ejemplo, el té es una sola bebida, pero que tiene dos ingredientes distintos. Cuando preparamos el té con agua, tanto el té como el agua mantienen su identidad distinta. Sin embargo, al prepararlos juntos, los dos se mezclan como uno solo.
La nota 2 en la Versión Recobro referente a “un solo espíritu” dice:
“Esto indica que el Señor como Espíritu se mezcla con nuestro espíritu. Nuestro espíritu fue regenerado por el Espíritu de Dios (Jn. 3:6), el cual ahora está en nosotros (v. 19) y es uno con nuestro espíritu (Ro. 8:16).Esta es la manera en que el Señor,quien se hizo el Espíritu vivificante por medio de la resurrección (15:45; 2 Co. 3:17) y quien está ahora con nuestro espíritu (2 Ti. 4:22), es hecho real para nosotros. En las epístolas de Pablo, por ejemplo en Ro. 8:4-6, frecuentemente se hace referencia a este espíritu mezclado”.
El Espíritu divino y nuestro espíritu humano son hecho uno. ¡Esto es verdaderamente algo profundo pero a la vez algo que se puede experimentar!
¿Cómo podemos experimentar estos dos espíritus?
La oración es la manera esencial de ejercitar nuestro espíritu. De igual manera que ejercitamos nuestros pies para caminar, ejercitamos nuestro espíritu al orar. Mientras oramos, aunque sea de manera sencilla, ejercitamos nuestro espíritu y contactamos a Dios.
No obstante, a veces cuando oramos, somos bastante complicados. O nos encontramos en una situación donde a veces no podemos detenernos e irnos a un lugar apartado a orar. De modo que la manera más sencilla de ejercitar nuestro espíritu es por medio de invocar el nombre del Señor Jesús. Podemos invocar Su nombre a cualquier hora y en cualquier lugar.
En 1 Corintios 12:3 Pablo dice:
“Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, sino en el Espíritu Santo”.
De modo que cuando invocamos el nombre del Señor, estamos en Su Espíritu y disfrutamos nuestra unión con Él.
Invocar el nombre del Señor no es decir el nombre de Jesús de forma causal, sin ni siquiera sentirlo. Es clamar a Él desde lo más profundo de nuestro ser, invocar al Señor Jesús audiblemente. Podemos aprovechar este momento y practicar invocar el nombre del Señor desde lo más profundo de nuestro ser:
“¡Señor Jesús! ¡Señor Jesús! Oh Señor, te necesito. Señor, te amo. Oh Señor Jesús, me abro a Ti”.
Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulos 4 y 5 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La oración es una parte fundamental de nuestra vida cristiana. Así es cómo contactamos a Dios, conversamos con Él y disfrutamos de la comunión con Él. Pero ¿alguna vez ha considerado que la oración es nuestra respiración espiritual?
Hoy veremos algunos versículos claves de la Biblia para ver lo que esto significa y cómo podemos practicar este tipo de oración en nuestra vida diaria.
La respiración física
La respiración física implica tanto la inhalación como la exhalación. Cuando inhalamos, recibimos oxígeno, que es vital para cada parte de nuestro cuerpo. Y cuando exhalamos, expelemos dióxido de carbono, un gas residual que necesita ser expulsado de nuestro sistema.
Todos sabemos que la respiración es indispensable para sustentar nuestra vida física. Podemos sobrevivir durante un período de tiempo sin comer ni beber. Pero si dejamos de respirar por sólo unos minutos, moriremos.
Lo mismo es cierto espiritualmente. Fuimos salvos eternamente cuando creímos en Cristo, y recibimos la vida divina cuando nacimos de nuevo. Pero ahora necesitamos continuar respirando espiritualmente para mantener nuestra vida espiritual.
¿Qué es la respiración espiritual?
La inhalación regular de oxígeno es un requisito absoluto para nuestros cuerpos. ¿Cuál es entonces el “oxígeno” que los creyentes debemos respirar espiritualmente?
Veamos 1 Corintios 15:45 para averiguarlo:
“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán [Cristo], Espíritu vivificante”.
La palabra griega traducida Espíritu en este versículo es pneuma. Esta palabra también se traduce aliento. El Señor Jesús es el postrer Adán que fue crucificado por nuestros pecados. Ahora, en resurrección, Él es el Espíritu, o aliento, vivificante. El Espíritu vivificante es el “oxígeno” que debemos respirar para vivir.
Esta sección de la nota 1 sobre este versículo en la Versión Recobro explica lo que sucedió en la encarnación y resurrección de Cristo para que Él llegará a ser el Espíritu:
“Por medio de la encarnación Él [Cristo] tenía un cuerpo anímico, así como lo tenía Adán; por medio de la resurrección Él tiene un cuerpo espiritual. Su cuerpo anímico ha llegado a ser un cuerpo espiritual por medio de la resurrección. Ahora Él es el Espíritu vivificante en resurrección, tiene un cuerpo espiritual y está listo para ser recibido por Sus creyentes. Cuando creemos en Cristo, Él entra en nuestro espíritu y somos unidos a Él, quien es el Espíritu vivificante. Por tanto, llegamos a ser un espíritu con Él (6:17)”.
Cristo en resurrección es ahora el Espíritu vivificante con un cuerpo espiritual. Así es como pudimos recibirlo cuando creímos en Él. Como Espíritu, Él entró en nuestro espíritu.
Ahora, debido a que Él está en nosotros, Él está tan disponible para nosotros. En cualquier momento y en cualquier lugar, podemos respirar el Espíritu vivificante que mora en nosotros y recibir más de Su vida.
Entonces, ¿cómo inhalamos este Espíritu vivificante?
Tenemos que usar nuestro espíritu
Así como tenemos que usar nuestros pulmones para inhalar oxígeno, tenemos que usar nuestro espíritu humano para inhalar el Espíritu. Nuestro espíritu es la parte de nuestro ser creada por Dios que tiene la capacidad de contactar y recibirlo a Él. Así que ejercitar nuestro espíritu es necesario para que podamos respirar espiritualmente.
Y la mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es a través de la oración. La oración no es una actividad formal o ritualista; es la manera en que contactamos al Espíritu para respirarlo. Así que cuando oramos, sólo tenemos que ser sencillos, genuinos y abiertos al Señor.
Respirar en cualquier momento y en cualquier lugar
Podemos respirar al Señor haciendo oraciones sencillas y cortas.
Una de las mejores y más sencillas maneras de orar es invocar el nombre del Señor.
De hecho, en Lamentaciones 3:55-56, el profeta Jeremías igualó invocar al Señor con respirar. Él dijo:
“Invoqué Tu nombre, oh Jehová, desde la fosa más profunda. Has oído mi voz; no escondas Tu oído a mi respiro, a mi clamor”.
Jeremías escribió estos versículos cuando estaba sufriendo y muy desanimado. Pero incluso en medio de su desaliento, invocó el nombre de Jehová.
A veces también podemos sentir que estamos en una fosa profunda; nuestros corazones están pesados y no sabemos cómo orar. Pero simplemente podemos invocar: “Oh, Señor Jesús”. Al hacer esto, exhalamos nuestro desaliento y tristeza, e inhalamos la esperanza y el aliento del Señor.
En otras ocasiones, podemos sentirnos débiles, incluso sin vida. En esos momentos, nuestra necesidad primordial es respirar el “aire fresco” del Espíritu vivificante. Si sólo invocamos el nombre del Señor Jesús, seremos reanimados y avivados.
Invocar el nombre del Señor es una manera disfrutable y práctica de inhalar el Espíritu. No importa en qué condición estemos, dónde estemos o qué estemos haciendo, podemos invocar: “¡Señor Jesús!” Podemos hacerlo en voz alta si estamos solos, o suavemente a nosotros mismos. Ésta es la mejor manera de seguir respirando en cualquier momento y en cualquier lugar.
La respiración es crucial
En nuestras vidas aceleradas y ocupadas, es fácil encontrarnos “aguantando la respiración”. No es de extrañar que el “dióxido de carbono” de las cosas negativas se acumule en nosotros, y seamos débiles y susceptibles al pecado. ¡Necesitamos tomar un respiro! Necesitamos exhalar y, al mismo tiempo, absorber el Espíritu para poder vivir la vida cristiana.
Dado que la oración es nuestra respiración espiritual, debemos edificar la práctica de respirar todo el día. Es maravilloso darnos cuenta de que podemos respirar a Dios momento a momento para ser refrescados, fortalecidos y llenos de Él.
Muchos buscadores de Dios a lo largo de los siglos han escrito acerca de sus experiencias de respirar a Dios por medio de la oración. Un himno de A.B. Simpson describe elocuentemente su propia experiencia. Las primeras dos estrofas y el coro dicen:
Sopla en mí Tu Espíritu hasta Inhalarte en mí, Señor; Desahogándome en Tu pecho Del pecado y del yo.
Exhalando, exhalando Culpas y pesar; Inhalando, inhalando De Tu gran caudal.
Exhalando yo mi vida, Hoy la Tuya ganaré; Inhalando Tu persona Yo la mía perderé.
Para ver el himno completo y escuchar la melodía, visite esta página.
Esperamos que todos practiquemos respirar al Señor por medio de la oración todos los días. Y si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro para leer la nota completa en 1 Corintios 15:45.

Una superficie de pilares blancos atractivos dan forma al Monumento Nacional de la Segunda Guerra Mundial en Washington, DC. En el centro se encuentra el Muro de la Libertad donde se hallan 4,048 estrellas de oro esculpidas. Cada una de las estrellas representa cien estadounidenses que murieron en la guerra; todas las estrellas juntas, conmemoran a más de 400,000 estadounidenses que perdieron su vida. Frente al muro, grabado en granito, se encuentran las siguientes palabras: “AQUÍ CONMEMORAMOS EL PRECIO DE LA LIBERTAD”.
Estas estrellas simbólicas hacen referencia a las estrellas de oro exhibidas por las familias de los hombres y mujeres del ejército que fallecieron durante la Segunda Guerra Mundial. Las estrellas de oro en el Muro de la Libertad claramente dan testimonio al hecho de que el precio máximo por la libertad es pagado tanto por los que sirven en el ejército como por sus familias.
En la capital de nuestra nación, en los centros de nuestras agitadas ciudades y en tranquilos parques verdes por toda esta gran nación, se erigen monumentos dedicados a grandes líderes militares, a miembros del servicio militar que realizaron actos de valor y a momentos excepcionales de victoria. Estos monumentos, al ocupar el lugar de honor que merecen, orgullosamente exhiben el agradecimiento de una nación y de forma conmovedora nos traen a la mente nuestra obligación solemne de nunca olvidar a aquellos que dieron su vida para que viviéramos la nuestra en paz y seguridad.
En este Día de Conmemoración, mientras honramos a todos los hombres y mujeres, miembros del servicio militar de EE.UU. quienes han dado su devoción en toda su extensión, recordamos también los incontables monumentos individuales y escondidos de la vista pública: el asiento vacío durante la cena familiar, la bandera doblada encima de la repisa de la chimenea, los recuerdos que afloran en el corazón de una madre durante momentos de reflexión silenciosa.
Detrás de los hombres y mujeres valientes que han realizado el máximo sacrificio, se encuentran los que sobreviven, legados resistentes del servicio de sus seres amados: las madres y los padres, los esposos y las esposas, los hermanos y los hijos. En ellos encontramos el cimiento del patriotismo, el hilo contínuo del carácter de nuestra nación y la línea ininterrumpida del amor y sacrificio por este país.
Estos miembros de familia entienden el verdadero precio de la libertad, al igual que lo entendieron sus seres queridos que fallecieron, pues son ellos quienes lo han pagado. Siguen adelante con orgullo solemne y determinación, a pesar de su pérdida inconcebible. Estados Unidos perdura debido al sacrificio que nuestras tropas han hecho para mantener nuestra libertad y debido al sacrificio interminable que sus familias siguen haciendo.
Hoy en Bibles for America les rendimos homenaje y oramos por ustedes.
Como estadounidenses estamos agradecidos. Como cristianos estamos agradecidos. Sabemos que nuestra organización existe debido a que algunos han pagado el precio por la libertad. Es por esta razón que Bibles for America desarrolló un departamento militar que se dedica a proveer recursos a los miembros del servicio militar y a sus familias. Para saber más acerca de este programa, visite biblesforamerica.org/military.
De parte de todos nosotros aquí en BfA, gracias por su servicio.

Nuestra vida cristiana es una vida de fe, y la Biblia nos dice que como creyentes andamos por fe, no por vista. Pero en nuestra experiencia, especialmente cuando nos enfrentamos con circunstancias difíciles, a menudo nos desanimamos y nos resulta difícil poner nuestra confianza en Dios. Intentamos creer, pero en ocasiones sentimos que simplemente no tenemos suficiente fe.
Hebreos 11:1 nos dice que la fe da sustantividad a lo que esperamos y nos convence de las cosas que no podemos ver. Por supuesto todos queremos experimentar esto en nuestro caminar cristiano diario, pero ¿cómo podemos tener esta fe? ¿Cómo podemos ser fortalecidos en nuestra fe, sobre todo ante las dificultades?
Para responder a estas preguntas, echemos un vistazo a unos versículos claves sobre la fe.
Tenemos un espíritu de fe
En 2 Corintios 4:13 dice:
“Y teniendo el mismo espíritu de fe conforme a lo que está escrito: ‘Creí, por lo cual hablé’, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos”.
La nota 2 en este versículo del Nuevo Testamento Versión Recobro explica lo que este espíritu de fe significa:
“El espíritu de fe es el Espíritu Santo mezclado con nuestro espíritu humano. Nosotros debemos ejercitar tal espíritu para creer y hablar, como lo hizo el salmista, lo que hemos experimentado del Señor, especialmente Su muerte y resurrección. La fe se halla en nuestro espíritu, el cual está mezclado con el Espíritu Santo, y no en nuestra mente. Las dudas están en nuestra mente. Aquí la palabra espíritu indica que fue por medio del espíritu mezclado que los apóstoles vivieron una vida crucificada en resurrección para cumplir su ministerio.”
La fe se encuentra en nuestro espíritu humano. Cuando creímos en Cristo, fuimos regenerados; nuestro espíritu fue avivado y llegó a ser un espíritu de fe. Ahora, cuando nuestras situaciones nos hagan experimentar dudas en nuestra mente, podemos y debemos ejercitar nuestro espíritu de fe para contactar al Señor, quien está en nuestro espíritu. Como resultado, encontraremos fe en nuestro espíritu.
Día a día, necesitamos ejercitar nuestro espíritu de fe, pero ¿cómo lo hacemos?
Ejercitar nuestro espíritu de fe
El mismo versículo también dice: “Creí, por lo cual hablé”. Una de las mejores maneras de ejercitar nuestro espíritu de fe es hablar. Pero ¿qué debemos decir y a quién deberíamos hablar?
Primero, podemos hablar la Palabra de Dios a nosotros mismos y al Señor. Cuanto más hablemos Su palabra, más fe tendremos.
Por ejemplo, digamos que leemos Mateo 28:20: “He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del siglo”. Podemos declarar los hechos en este versículo, diciendo: “¡Gracias Señor, Tú estás conmigo todos los días! ¡Tu Palabra así lo dice! Yo creo en Tu Palabra”. A medida que hablamos la Palabra viva y verdadera de Dios, nuestro espíritu de fe es fortalecido.
Segundo, también podemos hablar con otros, contándoles de Cristo o compartiendo algo que hayamos disfrutado de Su Palabra. Cuando predicamos el evangelio a otros, no sólo ellos se benefician, sino también nosotros. De hecho, mientras hablamos, nuestra propia fe es fortalecida.
La fe primeramente llegó a nosotros cuando oímos la palabra de Cristo. Después de nuestra salvación inicial nuestra fe continúa siendo fortalecida a medida que leemos y hablamos la Palabra de Dios.
Puestos los ojos en Jesús
En Hebreos 12:2 encontramos otra manera de ser fortalecidos en nuestra fe:
“Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe”.
¿De qué apartamos la mirada? Necesitamos apartar la mirada de todas las cosas en nuestra vida que nos distraen del Señor, incluso los problemas y las ansiedades. En cambio, debemos poner los ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe.
Pero ¿cómo hacemos esto? La nota 2 en “puestos los ojos” en la Versión Recobro dice:
“El Jesús maravilloso, quien está entronizado en los cielos y coronado con gloria y honor (2:9), es la mayor atracción que existe en el universo. Él es como un enorme imán, que atrae a todos los que le buscan. Al ser atraídos por Su belleza encantadora, dejamos de mirar todo lo que no sea Él. Si no tuviéramos un objeto tan atractivo, ¿cómo podríamos dejar de mirar tantas cosas que nos distraen en esta tierra?”
Cuando apartamos nuestra mirada de todo y la ponemos en Jesús, Él nos llena de fe. La nota 3 en este versículo nos dice cómo esto ocurre:
Algunas maneras prácticas en que podemos poner los ojos en Jesús son orar, leer la Palabra de Dios y cantar. Por ejemplo, el coro de un himno clásico en inglés dice lo siguiente (lo hemos traducido literalmente):
Vuelve tus ojos a Jesús,
Mira plenamente en Su maravilloso rostro,
Y las cosas de la tierra se oscurecerán extrañamente,
En la luz de Su gloria y gracia. </blockquote “cuando>
(Puede leer la letra en inglés y escuchar la melodía aquí.
Cuando ejercitamos nuestro espíritu para poner los ojos en Jesús, todos nuestros problemas y ansiedades se desvanecen y somos fortalecidos en nuestra fe para vivir la vida cristiana.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.
