
En Mateo 6:6 el Señor Jesús dijo:
“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
Estas palabras no son difíciles de entender, pero quizás nos resulte mucho más difícil ponerlas en práctica.
La vida de hoy está llena de cosas que consumen nuestro tiempo y atención. Todos los días pasamos horas mirando nuestros teléfonos celulares u otros dispositivos, poniéndonos al día con correos electrónicos, mensajes de texto y redes sociales. También recurrimos a ellos en busca de entretenimiento, distracción o información. Nuestros “compañeros” electrónicos están con nosotros todo el tiempo, desde el momento en que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir.
El problema es que esta conexión constante con el mundo que nos rodea afecta negativamente a nuestra vida espiritual.
Cuando nuestro tiempo es consumido y nuestras mentes están preocupadas, es imposible tener tiempos privados de comunión con el Señor sin interrupciones. Sin embargo, la palabra del Señor en Mateo 6 es clara: entra en tu aposento privado, cierra la puerta y ora.
El Señor Jesús es nuestro modelo
En los Evangelios, podemos ver numerosas ocasiones en las que Jesús se apartó de las multitudes y se fue a estar solo para orar. Mateo 14:23 dice:
“Una vez despedidas las multitudes, subió al monte a solas para a orar; y cuando llegó la noche, estaba allí solo”.
Y Marcos 1:35 dice:
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, [Jesús] salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”.
A lo largo de Su vida en la tierra, Jesús aprovechó la oportunidad de estar a solas con el Padre, orando en secreto.
¡Qué gran modelo es Jesús para nosotros! El Señor dejó a las multitudes bulliciosas, a las necesidades apremiantes que lo rodeaban e incluso a Sus discípulos para orar en privado.
Pero ¿cómo podemos nosotros mantener una vida privada de oración en una época de tanta distracción?
Necesitamos reconocer los peligros del mundo moderno
Para fomentar la práctica de la oración privada, primero necesitamos reconocer el peligro particular que nuestros teléfonos celulares y otros dispositivos pueden presentar para nuestra vida espiritual.
Las responsabilidades de la vida nos mantienen suficientemente ocupados, y la tecnología moderna definitivamente hace que la vida y el trabajo sean mucho más fáciles y eficientes. El blog de Bibles for America puede alcanzar a personas de todo el mundo gracias a la tecnología moderna, y estamos agradecidos por ello.
Pero si no tenemos cuidado, nuestros teléfonos y relojes inteligentes, computadoras y tabletas, por convenientes que sean, pueden ocupar fácilmente todo nuestro tiempo y atención. Diariamente ofrecen más para leer, más para ver y más personas con quienes ponernos al día.
Todos tenemos que admitir que debido a que estamos constantemente conectados a nuestros dispositivos, a menudo no nos queda tiempo para pasar con el Señor. El tiempo que podríamos dedicar a la oración en privado es reemplazado viendo un vídeo tras otro, navegando por las interminables redes sociales o viendo lo último en películas y programas de televisión.
Pero si somos conscientes del peligro que presentan las distracciones actuales a nuestra vida espiritual, estaremos alerta y prestaremos atención a cómo pasamos nuestro tiempo.
Necesitamos reconocer la importancia de la oración privada
En segundo lugar, debemos darnos cuenta de que tener una vida oculta con el Señor Jesús es esencial si queremos tener una vida cristiana significativa. Alejarnos del ajetreo y el bullicio de la vida para tener un tiempo privado con el Señor no es opcional; nuestras vidas espirituales dependen de ello. Sin eso, nuestra vida espiritual eventualmente se secará. Se nos hará difícil vivir para el Señor, amarlo o vencer la tentación.
Tener tiempo personal, incluso secreto, con el Señor en privado es invaluable. Aquí es cuando podemos confesarle nuestros pecados, ser nutridos espiritualmente en Su Palabra y tener comunión íntima con Él acerca de cualquier cosa que haya en nuestro corazón. En estos momentos, disfrutamos de Su cercanía en nuestro espíritu. Invocar Su nombre en tal atmósfera es tan dulce. Y a diferencia de otras cosas, podemos decir que nunca nos arrepentimos de pasar tiempo así con el Señor.
Una vez que reconocemos el peligro de las distracciones modernas y vemos nuestra necesidad de pasar tiempo a solas con el Señor, podemos pedirle a Él que nos ayude a tener una vida de oración privada. ¡Seguramente Él estará feliz y será fiel en contestar nuestra oración!
Cinco puntos en cuanto a practicar la oración privada
Además, aquí hay cinco puntos prácticos que pueden ayudarnos a establecer y mantener una vida de oración privada.
1. Establecer un tiempo fijo:
Quizás estemos esperando ese elusivo “algún día” cuando nuestras vidas estén menos ocupadas y sean más tranquilas; pensamos que entonces podremos ir y tener tiempo a solas con el Señor. Pero siendo realistas, ese “algún día” nunca llegará; las ocupaciones y las distracciones no disminuirán. Así que tenemos que ser deliberados y definitivos acerca de tener tiempo privado con el Señor a partir de ahora.
Debemos elegir una hora del día en la que podamos apartarnos de todo y pasar tiempo de calidad con Cristo. El mejor tiempo para hacer esto es temprano en la mañana antes de que comiencen las ocupaciones del día, pero también podemos usar nuestra hora del almuerzo o elegir un momento tranquilo por la noche antes de irnos a dormir. Y una vez que establezcamos este tiempo para la oración privada, debemos hacer todo lo posible para no perderlo.
2. Encontrar un “aposento privado”
Puede que no tengamos acceso a un lugar desierto o un monte, pero podemos encontrar un lugar alejado de las personas y las cosas que nos distraen de la oración. Nuestro “aposento privado” podría ser nuestro automóvil, una habitación, un clóset, nuestro patio, cualquier lugar donde podamos orar sin ser molestados.
3. Apagar todo
Debemos silenciar nuestros teléfonos o incluso apagarlos por completo. Es difícil desarrollar una relación o tener una conversación profunda con otra persona si estamos constantemente mirando nuestros teléfonos. Eso les da a entender a otros que para nosotros lo que estamos viendo es más importante que ellos.
Lo mismo ocurre con el Señor. Por eso es mejor apagar todo o incluso dejar nuestros dispositivos en otra habitación para que podamos centrarnos únicamente en Él. Esto nos permite escucharlo, hablar con Él y contemplarlo sin interrupciones.
4. Orar con la Biblia
Es posible que no estemos seguros de cómo orar o qué decirle al Señor, y nuestras mentes podrían divagar. Pero podemos usar las palabras de la Biblia para orar. Sólo tenemos que abrir nuestra Biblia y usar las palabras que leemos para componer nuestras oraciones.
Por ejemplo, digamos que abrimos 1 Juan 1:7 y leemos: “Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado”.
Podemos orar algo así: “Señor Jesús, quiero andar en luz. Señor, quiero estar en luz para poder tener comunión contigo y con otros creyentes. Gracias por Tu sangre preciosa. ¡Aleluya, me limpia de todo pecado!”.
Quizás en ese momento el Señor nos ilumine sobre algo que hicimos o hablamos que le desagradó. Podemos confesar inmediatamente ese pecado y experimentar la limpieza de la sangre de Jesús. Al orar con Su Palabra, podemos hablar con el Señor, y el Señor puede hablarnos.
5. Usar una copia impresa de la Biblia
Usar una Biblia impresa en lugar de una versión digital es una buena manera de evitar la tentación de mirar otra cosa en nuestro teléfono. También nos facilita tomar notas y resaltar las porciones que nos conmueven durante nuestro tiempo con el Señor.
Si aún no tiene una Biblia física y vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro de Bibles for America. Esta Biblia de estudio del Nuevo Testamento está llena de notas maravillosas y comentarios que enriquecerán su lectura de la Palabra de Dios. Puede hacer clic aquí para realizar su pedido.
Cuando entremos en nuestro aposento privado y cerremos la puerta, disfrutaremos de la dulce presencia del Señor mientras tenemos comunión con Él en oración y en la Palabra. Él nos suministrará con Su vida cada día para que podamos vivir una vida cristiana normal y saludable.

Saber acerca de algo de forma objetiva es muy distinto a conocer algo de forma subjetiva. Lo mismo aplica cuando deseamos conocer a Jesús. Saber acerca de Jesús de forma objetiva significa que poseemos algún tipo de conocimiento sobre Él. Sin embargo, conocer a Jesús de forma subjetiva significa que hemos tenido una experiencia directa de Él. Este es el tipo de conocimiento que Cristo desea que tengamos.
En esta entrada usaremos dos ejemplos importantes para demostrar la diferencia que hay entre saber acerca de Jesús y verdaderamente conocerlo.
Saber versus conocer al experimentar: el ejemplo de la fotografía
Podemos usar una fotografía para demostrar la diferencia entre los dos tipos de conocimiento. Cuando vemos la fotografía de una persona, obtenemos más información acerca de la persona de forma objetiva, es decir, su altura, color de cabello, color de ojos y su apariencia en general. Nos damos cuenta de la forma en que sonríe y también nos damos cuenta de la manera en que viste. No obstante por más que observemos la fotografía minuciosamente e intentemos obtener información al verla, lo único que podemos obtener es mero conocimiento externo y objetivo. Solamente podemos decir que sabemos algo acerca de esa persona, pero no podemos decir que en realidad la conocemos.
Ahora, digamos que conocemos a la persona de la fotografía cara a cara. Sabemos su manera de hablar y su manera de actuar. Conforme pasamos tiempo con ella, comenzamos a conocerla personalmente. Empezamos a conocer sus pensamientos, sentimientos, sueños, lo que le gusta y lo que no le gusta y toda su personalidad. Esto es muy diferente de meramente saber acerca de la persona al observar su fotografía. Este tipo de conocimiento es personal, subjetivo y directo.
¿De qué manera podemos conocer a Jesús personalmente?
El Señor Jesús es la Persona más maravillosa y amorosa que hay en el universo y Él desea que lo conozcamos de forma personal y afectuosa. Sin embargo, ¿es posible que hoy podamos tener una relación personal con Jesús? Los discípulos tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús hace dos mil años, pero después de Su resurrección, ¿acaso no ascendió a los cielos dejándonos aquí en la tierra?
Ciertamente el Señor Jesús ascendió a los cielos, pero aún así, hoy podemos conocerlo personalmente y subjetivamente debido a que también Él es el Espíritu que vive en nuestro ser. En 2 Corintios 3:17 dice: “Y el Señor es el Espíritu”. Físicamente Cristo ascendió al cielo y está lejos de nosotros. Sin embargo hoy como el Espíritu, Él está presente con nosotros ahora mismo.
En un himno sobre experimentar a Cristo, Watchman Nee escribió:
“Por Tu Espíritu en mí,
¡Qué real te haces, oh Señor!
Jamás te vi o conocí,
Más yo te amo con fervor”.
Debido a que Su Espíritu mora en nosotros, podemos conocer a Cristo de forma subjetiva y personal. ¡Cuán maravilloso es que hoy el Señor, quien es el Espíritu, es real para nosotros!
El Espíritu en nuestro espíritu
Cuando recibimos a Cristo Él nos salvó del juicio de Dios, pero también vino a vivir en nosotros. Él, quien es el Espíritu, entró en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser, regenerándola con Su vida divina. Es por eso que 2 Timoteo 4:22 dice: “El Señor esté con tu espíritu” ¡Hoy Cristo está con nosotros en nuestro espíritu!
Podemos conocer a Cristo—lo que le agrada y lo que le desagrada, Su personalidad, Sus caminos—al tener comunión con Él en nuestro espíritu. Nadie puede estar tan cerca o más disponible a nosotros como el Señor en nuestro espíritu. Podemos conversar con Él, amarlo y disfrutar Su presencia en nuestro espíritu. Al apartar un tiempo para estar con Él en oración, podemos conocerlo de forma subjetiva y podemos experimentarlo. Lo experimentaremos como nuestra vida, paz, esperanza y cualquier cosa que necesitemos. Como el Espíritu en nosotros, Él nos guía a la realidad de quién es Él y de lo que Él es para nosotros.
Saber versus conocer al experimentar: el ejemplo de la comida
Podemos usar a la comida como ejemplo para demostrar la diferencia entre saber acerca de algo y conocer algo al experimentarlo. Digamos que tenemos hambre, así que vamos a un restaurante y leemos sobre un platillo en particular que hay en el menú. Puesto que creemos que es un buen platillo, comenzamos a estudiar todo lo relacionado al platillo: sus compuestos químicos, cómo se prepara, cuánto tiempo toma en cocinarse, su historia, dónde se cultivó o se crío, los beneficios que tiene para nuestra salud y así sucesivamente. No obstante, al final de todo lo que estudiamos, aún tenemos un conocimiento objetivo del platillo. ¡Y todavía tenemos hambre! Es probable que digamos: “Ya sé todo sobre esta comida”, pero ¿de qué nos sirve todo nuestro buen conocimiento si todavía tenemos hambre?
A fin de satisfacer nuestra hambre, es necesario que comamos la comida. Entonces realmente la conoceremos al experimentarla personalmente. Conoceremos su sabor, su aroma y cómo nos hace sentir. Nos fortalece y nos satisface internamente. Este tipo de conocimiento es profundo y más subjetivo.
¿Para qué sirve un menú? No existe para que lo memoricemos o estudiemos. Es una guía, un mapa para ver las diferentes comidas que pueden satisfacer nuestra hambre. Cuando comemos la comida de la cual hemos leído, nuestra hambre es satisfecha y el menú ha cumplido su propósito.
Conocer a Jesús al comerle
En Juan 6:35 el Señor Jesús reveló que Él es el pan de vida. El pan es comida, un suministro de vida, algo que comemos para satisfacer el hambre. Esto apunta al deseo del Señor de que le conozcamos subjetivamente de la misma manera que conocemos el pan: ¡comiendo! Este pensamiento parece ser sorprendente, pero está en la Palabra de Dios. En el versículo 57 el Señor Jesús continúa diciendo: “El que me come, él también vivirá por causa de Mí”.
¿A qué se refería Jesús cuando dijo “me come”? Por supuesto que no hablaba de comerlo físicamente. En el versículo 63 Él explica: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Este versículo nos muestra que comemos al Señor Jesús, lo ingerimos, al tomar Su palabra en nosotros como espíritu y vida. Al comerlo, conocemos a Jesús como nuestra verdadera comida, nuestra satisfacción y suministro de vida.
Estudiar sobre el Señor Jesús en la Palabra tiene algo de mérito, pero meramente estudiar la Palabra se puede comparar a estudiar el platillo que esta en el menú. Probablemente obtengamos mucho conocimiento apropiado, pero todavía tenemos hambre e interiormente estamos insatisfechos. No debemos conformarnos con tener un conocimiento objetivo, pero permanecer espiritualmente hambrientos. Podemos y debemos conocer al Señor Jesús subjetivamente como el pan de vida que satisface al comerle, al ingerir Su Palabra como espíritu y vida.
Recibir la Palabra por medio de la oración
Efesios 6:17-18 nos dice que recibamos “La espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”. Estos versículos junto con los que mencionamos anteriormente de Juan 6, nos muestran que la manera de recibir la Palabra como espíritu y vida es por la oración. Si acudimos a la Palabra solamente para estudiarla, en el mejor de los casos, conoceremos algo acerca del Señor Jesús. Sin embargo, cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar las palabras en la Biblia, tocamos y recibimos el Espíritu que da vida. Comemos al Señor Jesús, tal y como nos instruyó, al orar Su Palabra. Es por medio de comer de esta manera que conocemos a Cristo subjetivamente como la vida para nosotros. (Puede leer más acerca de cómo ingerir la Palabra con la oración en nuestras entradas pasadas: “Lo que realmente es la Biblia” parte 1 y 2).
Conocer a Jesús cada día más
Tenemos al Señor quien es el Espíritu morando en nuestro ser, y cada día es una oportunidad nueva para que lo conozcamos subjetivamente. Cuando pasamos tiempo con Él para tener comunión y contactarlo en nuestro espíritu cada día, conocemos más que una “fotografía” de Jesús. Conocemos a una Persona real y viviente de forma personal y subjetiva. Además, mientras nos ejercitamos para orar cada día con la Palabra de Dios, Sus palabras llegan a ser para nosotros espíritu y vida. Conforme comemos al Señor Jesús de esta manera, Él llega a ser nuestro propio suministro de vida y llegamos a conocer a Cristo de manera profunda e interna.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

En la Biblia, la palabra griega cosmos, traducida mundo en español, tiene distintos significados dependiendo del contexto. El significado de cosmos del cual hablaremos hoy es “sistema” u “organización”, específicamente, el sistema organizado establecido por Satanás para impedir que las personas vivan para Dios.
Dios nos dio un mandamiento sólido e incondicional respecto al mundo en 1 Juan 2:15: “No améis al mundo”.
Como creyentes, es necesario saber claramente lo que es el mundo a fin de que seamos guardados de amarlo y de ser engañados y distraídos por él.
¿Cuál es el origen del mundo?
Dios, por supuesto, no creó al mundo como este sistema en contra de Dios. Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas en la tierra para que el hombre viviera para cumplir Su propósito.
Por ejemplo, Dios cuidó de Adán y Eva en todos los aspectos en el huerto de Edén. Dios les proveyó protección, provisión y hasta placer y disfrute en Su presencia. Lo que Dios creó fue ordenado por Él para que los seres humanos existieran y vivieran para Él.
Sin embargo, cuando el hombre cayó y fue corrompido por Satanás, Satanás comenzó a organizar su propio sistema usando las mismas cosas que Dios creó para la existencia del hombre. El hombre necesitaba alimento, así que Satanás sistematizó el alimento. El hombre necesitaba disfrute y placer, así que él sistematizó el entretenimiento. De esta manera, Satanás formó el mundo, un sistema que ocupa a los seres humanos, y los aparta de Dios y de vivir para Su propósito.
En Génesis 4 podemos ver el comienzo de este sistema del mundo. Caín, quien asesinó a su hermano, abandonó la presencia de Dios y se fue por su cuenta. Sin Dios y Su protección, Caín necesitaba proteger su seguridad, así que construyó una ciudad para sí mismo y su familia. En esta ciudad, los descendientes de Caín continuaron su vida sin Dios y sin Su cuidado. Así que para cuidarse a sí mismos, inventaron la cría de ganado para su provisión, la música para su diversión y la forja de metales para sus armamentos. La ciudad de Caín fue el comienzo de la cultura mundana que existió fuera de Dios.
Las necesidades de la familia de Caín no eran pecaminosas. De hecho, la necesidad del hombre por protección, provisión y placer existían antes de que el pecado entrara en escena. Sin embargo, la intención de Dios era proveer y hasta ser todas estas cosas para nosotros. Cuando Caín abandonó la presencia de Dios, él abandonó la fuente apropiada para suministrar todas sus necesidades. Por consiguiente, Satanás tuvo la oportunidad de usar las necesidades de la vida para introducirlo a un sistema mundano que reemplaza a Dios y existe fuera de Él.
El desarrollo del mundo
El sistema del mundo ha crecido. Hoy Satanás sigue utilizando necesidades diarias legítimas tales como el alimento, la vestimenta, la vivienda y el transporte para capturar nuestro corazón y consumir nuestro tiempo. Solamente hay que mirar a nuestro alrededor todos los anuncios, productos, actividades e inventos compitiendo por nuestra atención. Necesitamos estas cosas, pero el mundo logra que queramos más de lo que realmente necesitamos.
Cualquiera de estas cosas puede llegar a ser algo que quite nuestro tiempo y energía para Dios. Por ejemplo, por todas partes encontramos un nuevo restaurante, una nueva dieta o una comida de moda. Por supuesto que es necesario comer para vivir, pero Satanás ha sistematizado la comida, haciéndola un fin en sí misma. Comemos por placer, usamos nuestra energía para encontrar y disfrutar la gastronomía más sabrosa y gastamos tiempo y dinero en restaurantes y productos alimenticios. En esta manera, Satanás usurpa nuestra necesidad justificada que tenemos por la comida, ocupando nuestro ser con esta parte de su sistema.
Satanás también ha sistematizado la vestimenta. El mundo nos hace sentir la necesidad de obtener cierto tipo de ropa. Como resultado, dedicamos bastante tiempo contemplando los diferentes estilos y gastamos nuestro dinero en comprar ropa nueva. La necesidad de estar vestidos es utilizada por el sistema mundano de Satanás con el propósito de ocupar más y más nuestras vidas.
Además, conforme gastamos más y más en lo último de la comida y la moda, tenemos que trabajar más arduamente y por más tiempo a fin de pagar por estas cosas. Al final, tenemos menos tiempo y energía para Dios y menos dinero que ofrecerle para el avance de Su reino. Estamos completamente distraídos por las cosas que nos atraen en el mundo.
Más cosas del mundo
Quizás la comida o la vestimenta no es nuestro problema. Quizás los juegos de video, los deportes, el arte o el teatro nos atraen. Hay que recordar que Satanás es astuto. Es posible que cierta cosa que atrae a otra persona no le afecte a usted y hasta se pregunte cómo es posible que cierta persona sea capturada por eso, pero el sistema del mundo tiene algo para todos.
Ciertamente el mundo consiste de cosas pecaminosas, pero no todo es pecaminoso. El mundo también incluye cosas tales como la religión, la cultura, la educación, la industria, el comercio y el entretenimiento. Todo esto es usado por Satanás para llenar nuestro tiempo, quitarnos la energía y ocupar nuestros pensamientos a fin de que cada vez más tengamos menos de Dios.
1 Juan 5:19 nos dice: “El mundo entero está en el maligno”.
Satanás mantiene a los seres humanos bajo su control usando el mundo. Él usa todo tipo de cosas como parte de su sistema para atraer y ocupar a las personas. A unos los controla por medio de sus carreras, a otros por medio de la música y a otros más con la educación.
Cuando cualquier cosa, por muy buena que sea, toma posesión de nuestra vida y logra que sigamos otras cosas que no sean el Señor debemos darnos cuenta que esto ha llegado a ser nuestro mundo. De modo que la pregunta que debemos hacernos no es: “¿Es esto bueno o malo?”. La pregunta es: “¿Estas cosas estorban mi relación con el Señor?”. No importa qué sea, si es algo que nos impide vivir para Dios y Su propósito, es el mundo.
¿Qué debemos hacer acerca del mundo?
¿Cómo podemos vivir una vida que no se distrae por el mundo? ¿De qué manera podemos vivir para Dios y el cumplimiento de Su propósito hoy día? ¿Acaso la respuesta tiene que ver con alejarnos o aislarnos de la civilización?
La oración del Señor en Juan 17:15-18 nos dice lo que el Señor desea:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad. Como Tú me enviaste al mundo, así Yo los he enviado al mundo”.
Estos versículos nos muestran que la intención de Dios no es quitarnos del mundo; sino que permanezcamos en el mundo, pero no seamos del mundo. Dios quiere que vivamos una vida humana normal en esta tierra, pero sin estar bajo el control del mundo, el cual es el sistema de Satanás. Dios quiere que vivamos para Él y que brillemos como testimonios para el mundo acerca de Él.
¿Qué debemos hacer?
Ser controlados por el sistema del mundo maligno de Satanás es un asunto serio. En esta entrada solamente podemos profundizar en algunos puntos útiles. Todos estos puntos requieren de oración y comunión con el Señor.
1. Debemos “ser salvos de esta perversa generación” como dice Hechos 2:40.
No podemos salvarnos a nosotros mismos. Es necesario que seamos salvos. Un hombre que se esta ahogando no puede salvarse a sí mismo, sin embargo el puede ser salvo al permitir que alguien lo salve. Si lucha por salvarse a sí mismo, él en realidad será un estorbo parxa la persona que lo quiere salvar. Es necesario que nos demos cuenta que el Señor Jesús nos quiere salvar de el mundo usurpador y debemos permitirle que lo haga en nosotros.
Ninguno de nosotros somos inmunes a las atracciones del mundo. Quizás nuestra educación nos distraiga, o el deseo de tener la imagen de la familia perfecta o querer alcanzar una posición elevada en un campo en particular. Todos nos distraemos por diferentes cosas, y el mundo siempre tiene algo que cautiva el corazón de cada persona. Y lo que ahora nos es indiferente puede llegar a ser el mundo para nosotros más adelante. Debemos considerar seriamente, ¿existe algo que nos estorbe para amar al Señor y vivir para Él?
Necesitamos orar y permitirle al Señor que nos alumbre y nos muestre cualquier cosa del mundo que nos distraiga de Él. Él es fiel y nos alumbrará y hablará acerca de cosas específicas. Cuando esto suceda, podemos orar: “Señor Jesús, esto ha llegado a ser el mundo para mí. Sálvame del mundo en este asunto. Por Ti seré salvo. No permitas que Tu enemigo me usurpe en esto. Obra en mí para ser salvo de esta distracción”.
2. Podemos ser, como 2 Pedro 1:4 nos dice, “participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.
Nuestra energía y buenas intenciones no pueden liberarnos del poder del mundo. Necesitamos la energía de la vida divina que viene de nuestra participación de la naturaleza divina de Dios. Mientras más disfrutamos a Dios, más podremos escapar la corrupción del mundo.
Es crucial que pasemos tiempo con el Señor Jesús cada día para tener comunión con Él y ser alimentados por Él en Su Palabra. Cuando estamos espiritualmente débiles y malnutridos, la corriente del mundo nos arrastra fácilmente. No obstante, podemos ser llenos de la vida divina por medio de contactar al Señor en Su Palabra y en oración. Entonces estaremos vivientes y saludables durante el día, como “peces” nadando en contra de la corriente de este mundo.
3. Al amar a Dios, podemos ser guardados de amar al mundo, como se indica en 1 Juan 2:15: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”.
Nuestro corazón fue creado para amar, de modo que tiene que amar algo. Sin embargo, nuestro corazón no fue hecho para amar al mundo. Cuando amamos al mundo, no tenemos espacio en nuestro corazón para amar a Dios. No obstante, cuando amamos a Dios, nuestro corazón no tiene espacio para el mundo y somos guardados de amarlo y ser usurpados por él.
Nuestra necesidad diaria es disfrutar la comunión con el Señor en oración y bañarnos en el amor que Él tiene por nosotros. Conforme disfrutamos del amor que el Senor tiene por nosotros, espontáneamente nuestro corazón se llenará de amor por Él. Entre más le amamos, más liberados seremos del mundo y sus encantos. Conforme pasamos tiempo con el Señor Jesús, contactándolo en nuestro espíritu y disfrutándolo en Su Palabra, seremos atraídos a Cristo, quien es el más encantador en el universo. Nos llenaremos de amor hacia Él y no hacia el mundo. Podemos orar ahora mismo:
“Señor Jesús, te amo, pero también sé que amo algunas cosas mundanas. Ten misericordia de mí. Voy a permitir que me salves del mundo. Enseñame a vivir una vida apartada para Ti para que pueda manifestarte a otras personas. Señor, mi deseo es servirte y vivir para Ti. Purifica mi corazón para que ame al mundo cada vez menos y te ame a Ti cada vez más. Amén”.
Que el Señor tenga misericordia de cada uno de nosotros y nos salve del mundo para que vivamos por Él y le sirvamos libremente.
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El Señor Jesús dijo en Marcos 12:30:
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
¿Qué significa amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas? ¿Tenemos tan siquiera la capacidad de amarlo con todo nuestro ser así?
En esta entrada hablaremos brevemente de lo que significa amar a Dios con todo nuestro ser usando versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro.
La fuente de nuestro amor por Dios
Tenemos que admitir que aunque amemos a Dios hasta cierto punto, Él no es el Único al que amamos, y a veces no es a quien amamos más. Muchas otras cosas tiran de nuestro corazón. Entonces, ¿cómo podemos obedecer el mandamiento del Señor de amarlo con todo nuestro corazón?
El Señor está muy consciente de que no somos capaces de tal amor en nosotros mismos. Necesitamos darnos cuenta de que cuando Dios hace una demanda, Él tiene la intención de satisfacer esa demanda por nosotros. Así que en 1 Juan 4:19 podemos ver que nuestro amor por Dios se origina de Dios mismo:
“Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”.
La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro dice:
“Dios nos amó primero porque Él nos infundió Su amor y generó en nosotros el amor con el cual lo amamos a Él y a los hermanos (vs. 20-21)”.
Dios es la fuente verdadera de nuestro amor por Él. Él nos amó primero y nos infundió Su amor. Infundir significa llenar, impregnar, incluso empapar. ¡Estamos siendo empapados del amor de Dios! Ahora el amor de Dios en nosotros es el amor con el cual podemos amarle en reciprocidad.
El amor no es sólo un sentimiento. Dios es amor. Dios nos ama y llegó a ser un hombre llamado Jesucristo. Él demostró Su amor por nosotros al máximo al morir en la cruz. No es de extrañar que cuando escuchamos el evangelio de Jesucristo, nuestros corazones respondieron a Su amor y nos abrimos para recibirlo como nuestro Salvador. A partir de ese día, comenzamos a amar al Señor con el amor que Él infundió en nosotros.
A medida que disfrutamos del amor de Dios, lo amaremos en reciprocidad cada vez más.
Amar a Dios con todo nuestro corazón
Amar al Señor con todo nuestro ser comienza desde nuestro corazón. En una entrada anterior hablamos de qué es el corazón según la Biblia. Podríamos pensar que nuestro corazón es simplemente la sede de nuestras emociones. Pero podemos ver en la Biblia que es más que eso.
Nuestra parte emotiva es una parte de nuestro corazón, pero nuestro corazón también incluye nuestra mente, voluntad y conciencia. Nuestros sentimientos, pensamientos, decisiones y el sentir de condenación o culpa que sentimos cuando hemos hecho algo malo, todo esto surge de nuestro corazón.
Dios es un Dios amoroso y nos creó con un corazón para que lo amemos completa y absolutamente. Pero en nuestra experiencia sabemos que nuestro corazón ama muchas otras cosas aparte de Dios.
Entonces, ¿qué hacemos? Simplemente tratar de no amar esas cosas no funciona. Pero el apóstol Pablo escribió esta palabra reconfortante en 2 Corintios 3:15-16:
“El velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando su corazón se vuelve al Señor el velo es quitado”.
Cuando nuestro corazón se aparta del Señor y se fija en cosas tales como pecados, preocupaciones egoístas y placeres mundanos, tiene un velo puesto. No podemos ver al Señor.
Pero cuando volvemos nuestro corazón a Él, el velo es quitado y podemos ver al Señor nuevamente. Vemos Su belleza, Sus virtudes y cuán maravilloso es. Entonces Él nos infunde más de lo que Él es, incluyendo amor, dentro de nosotros. De esta manera, nuestro amor por Él crece.
Nosotros podemos volver nuestros corazones al Señor Jesús en cualquier momento orando a Él, invocando Su nombre, confesándole nuestros pecados y pasando tiempo en Su Palabra. Estas prácticas sencillas pueden quitar el velo de nuestro corazón, restaurar nuestra comunión con el Señor y reavivar nuestro amor por Él.
Amar a Dios con toda nuestra alma
Nuestra alma está compuesta de nuestra mente, parte emotiva y voluntad, por lo cual es una gran parte de nuestro corazón. Dios creó nuestra alma para que pudiéramos expresarlo, pero debido a la caída de la humanidad, nos expresamos a nosotros mismos. Tenemos nuestros propios sentimientos, opiniones y decisiones que son independientes de Dios.
Pero cuando volvemos nuestros corazones al Señor, nuestro amor por Él crece. A medida que Él se infunde en nosotros, Sus pensamientos llegan a ser nuestros pensamientos, Sus sentimientos llegan a ser nuestros sentimientos y Sus decisiones llegan a ser nuestras decisiones.
A medida que Él realiza Su obra transformadora en nosotros, espontáneamente comenzamos a expresar a Dios y a glorificarlo. Otros verán a Cristo expresado en nosotros al nosotros amarlo con toda nuestra alma.
Amar a Dios con toda nuestra mente
Nuestra mente es la parte principal de nuestra alma. Dirige el resto de nuestro ser e influye en lo que amamos y lo que elegimos. Puede ser puesta en muchas cosas. Pero Dios quiere que nuestra mente esté puesta en el espíritu, donde está Cristo.
Romanos 8:6 dice:
“Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el espíritu es vida y paz”.
Cuando ponemos nuestra mente en la carne o las cosas de la carne, nos sentimos sin vida e inquietos porque estamos apartados de Cristo en nuestro espíritu. Pero cuando ponemos nuestra mente en el espíritu, estamos en paz y llenos de vida. Al poner nuestra mente en nuestro espíritu todo nuestro ser está centrado en Dios.
Una manera de poner nuestra mente en el espíritu es leer la Biblia. La Palabra de Dios revela quién es Cristo para nosotros. Cuando usamos nuestra mente para leer la Palabra, vemos más de la preciosidad del Señor. Por ejemplo, cuando leemos en los cuatro Evangelios acerca de la clase de vida que vivió el Señor Jesús, las palabras de vida que Él habló y cómo Él cuidó de todo tipo de personas, estamos llenos de apreciación por Él. Cuanto más lo consideramos más lo amamos.
Amar a Dios con todas nuestras fuerzas
Todas nuestras fuerzas se refiere a la fuerza física de nuestro cuerpo. Cuando volvemos nuestro corazón al Señor y ponemos nuestra mente en Él, nuestro cuerpo le seguirá.
A medida que el amor por el Señor impregne nuestro corazón y alma, incluso las acciones externas de nuestro cuerpo se verán afectadas. Nuestra actitud hacia las cosas que solían ocupar nuestro tiempo, interés y energía también cambiará. Amamos al Señor y queremos más de Él. Así que incluso nuestra fuerza física, es decir, nuestro tiempo y energía, se gastará en ir en pos de Cristo.
Amar a Dios con todo nuestro ser comienza hoy
Amar a Dios con todo nuestro ser es un ejercicio. No siempre nos despertamos por la mañana con el corazón inclinado hacia el Señor. Pero podemos comenzar el día volviendo nuestros corazones a nuestro querido Señor Jesús. Podemos decir: “Señor Jesús, vuelvo mi corazón a Ti esta mañana. ¡Te amo!” Podemos decirle al Señor que lo amamos todos los días.
También podemos orar: “Señor Jesús, haz que te ame más hoy que ayer. Quiero amarte con todo mi ser”. Seguramente Él responderá a tal oración.
Para leer más acerca de nuestro corazón, recomendamos encarecidamente el capítulo 8, “Tratando con el corazón y con el espíritu” de La economía de Dios. Puede descargar este libro gratis aquí.
También puede leer más notas sobre los versículos citados en esta entrada en el Nuevo Testamento Versión Recobro, que puede obtener gratis aquí si vive en los Estados Unidos.

Es posible que hayamos escuchado la frase “dar testimonio de Cristo”. Pero ¿qué significa? Dar testimonio simplemente significa decirles a otros lo que hemos experimentado personalmente del Señor Jesús.
Por ejemplo, cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, quizás les hablamos a nuestros amigos o familiares acerca de nuestra experiencia de salvación y lo maravillosa que fue. Ese fue nuestro testimonio ante ellos.
¿Por qué necesitamos dar testimonio de Jesucristo?
Numerosos versículos en el Nuevo Testamento nos dicen que debemos dar testimonio de nuestro Señor y Salvador para que los pecadores puedan ser llevados a la salvación. Veamos algunas de las razones por las que debemos dar testimonio.
1. El Señor resucitado nos comisionó
En los evangelios de Mateo y Marcos se registra el mandato indisputable del Señor a Sus creyentes. Mateo 28:19 dice:
"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones”.
Y Marcos 16:15 dice:
“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.
Antes que el Jesús resucitado ascendiera al cielo, Él les dio a Sus creyentes un mandamiento: ir y predicar el evangelio. Ésta fue Su comisión a Su iglesia, lo que significa que incluye a todos los que hemos sido redimidos y nacidos de nuevo.
Cada uno de nosotros ha sido encomendado por el Señor para proclamar las buenas nuevas de Su salvación. El Señor Jesús nos encomendó a ir con Su precioso evangelio a toda la creación —es decir, a todas partes— y a todas las naciones, en otras palabras, a todas las personas de cada raza.
Así que debemos proclamar el evangelio porque nuestro Señor, Aquel que murió por nosotros y se levantó de entre los muertos, nos encomendó hacerlo. Él nos ha dado la responsabilidad de predicar el evangelio a los pecadores que nos rodean, e incluso a toda la tierra.
2. Somos pámpanos en la vid con el fin de llevar fruto
El Señor Jesús dijo en Juan 15:5:
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en Mí, y Yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Mí nada podéis hacer”.
Más adelante, en el versículo 16, Él dijo:
“No me escogisteis vosotros a Mí, sino que Yo os escogí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto”.
El cuadro de los pámpanos en la vid nos muestra nuestra relación con el Señor. Al permanecer unidos a la vid, los pámpanos disfrutan de la vida de la vid y florecen. Pero la meta de este disfrute es que los pámpanos lleven fruto.
Fruto en Juan 15 se refiere a las personas que son salvas por medio de nosotros. Así que todos debemos “ir” para decirles a otros acerca del Señor Jesús para que muchos más puedan ser salvos.
3. Los incrédulos necesitan oír el evangelio
No importa quiénes sean o lo que hayan logrado o no, todos los seres humanos tienen una necesidad espiritual desesperada. Las palabras de Pablo en Romanos 1:14 nos muestran nuestra responsabilidad hacia ellos:
“Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes”.
Cada uno de nosotros los creyentes es un deudor. Le debemos una gran deuda a las personas que nos rodean que aún no son salvas. Aquellos que no han creído en el Hijo de Dios perecerán eternamente en el lago de fuego. Se lo debemos a nuestros parientes, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y otros el decirles acerca del Salvador para que puedan creer en Él y recibir la vida eterna.
¿Dónde estaríamos hoy si nadie nos hubiera hablado de Jesús? Romanos 10:14 dice:
“¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”.
Si las personas nunca tienen la oportunidad de oír el evangelio, ¿cómo pueden creer? Es por esto que debemos proclamar al Señor y Su salvación a otros.
4. El reino de Satanás sufre pérdida
Satanás quiere mantener a la gente bajo su autoridad maligna. Pero cuando las personas creen en el Señor Jesús, son liberados de la tiranía de Satanás sobre ellos. En Hechos 26:18, Pablo describió de esta manera la comisión que el Señor le dio:
“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la autoridad de Satanás a Dios; para que reciban perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados por la fe que es en Mí”.
Cuando hablamos a las personas acerca de Jesús y ellas lo reciben como su Salvador, se convierten de las tinieblas a la luz y de la autoridad de Satanás a Dios. Ellas reciben el perdón de sus pecados y obtienen una rica herencia espiritual. ¡Más cautivos de Satanás son liberados y el reino de Satanás sufre pérdida!
¿Cómo damos testimonio de Cristo?
Ahora hablemos de algunos puntos prácticos sobre cómo dar testimonio.
1. Conságrese al Señor
Darnos al Señor al consagrarle áreas específicas de nuestra vida, como nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro tiempo, etc., le provee al Señor la manera de crecer en nosotros en esas áreas. También podemos consagrarnos al Señor para ser testigos de Él y hacer una oración sencilla como ésta:
“Señor, me entrego a Ti en este asunto. Ayúdame a dar testimonio de Ti a las personas que has puesto en mi vida”.
2. Ore por las personas
Es muy importante que oremos por las personas. Nuestro Señor quiere que la gente sea salva y Él seguramente escucha nuestras oraciones por ellos. Podemos orar algo como:
“Señor, oro por mi primo. Todavía no es salvo. Muéstrame qué decirle. Señor, por favor dale un corazón abierto para que escuche lo que yo hable acerca de Ti. ¡Señor Jesús, sálvalo!”
Es útil hacer una lista de nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de clase y compañeros de trabajo que no son salvos para que podamos orar por ellos con regularidad.
Podemos preguntarle al Señor específicamente con quién debemos hablar, qué debemos decir y cuándo. Incluso podemos pedirle al Señor que nos dé oportunidades para hablar con las personas.
3. Tenga la seguridad de que ser salvo es el único requisito necesario
Asistir a un seminario o recibir un entrenamiento especial no es un requisito para dar testimonio del Señor. Creer en Jesús y recibirlo como nuestro Salvador es el único requisito que necesitamos.
Esto está comprobado por los relatos en el Nuevo Testamento de personas recién salvas que hablaron inmediatamente acerca de Cristo y lo que Él había hecho por ellos. Por ejemplo, en Juan 4, la mujer samaritana conoció a Jesús en el pozo, y luego inmediatamente les contó a todos en su ciudad acerca de Él.
4. Hable acerca de lo que ha experimentado de Jesucristo
No necesitamos componer un sermón para dar testimonio a las personas. Tampoco necesitamos tener todas las respuestas a las preguntas acerca de Dios que podrían hacernos. El apóstol Juan dijo en 1 Juan 1:3:
“Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros”.
Juan simplemente escribió acerca de lo que había visto y oído. De la misma manera, nosotros podemos hablar acerca de lo que hemos visto y oído de Jesucristo, es decir, lo que hemos experimentado y disfrutado del Señor.
Por ejemplo, podemos decirles a las personas cuán agobiados por el pecado y la culpa estábamos, cómo Jesús murió por nosotros y cómo Él nos salvó. O podemos decirles que Jesús ahora vive en nosotros y está con nosotros todo el tiempo. Incluso si somos recién salvos, podemos decir: “¡Estaba vacío y solo, pero ahora Jesús vive en mí!”
Podemos hablar de lo que Jesús hizo por nosotros. Podemos hablar de Su amor para con nosotros y de Su cuidado para con nosotros. Si nos detenemos a pensar en ello, ¡tenemos mucho que decir sobre nuestro querido Señor!
5. Practique hablar con la gente
No podemos esperar tocar bien el piano si nunca practicamos. Hablar a la gente acerca del Señor también requiere práctica. Podría ayudar establecer una meta de hablar con una persona cada semana o cada dos semanas, por ejemplo. De lo contrario, sería fácil posponer la práctica y nunca empezar.
Cuanto más practiquemos, más aprenderemos a alcanzar a diferentes tipos de personas y a ser más eficaces para guiarlos a la salvación.
6. Cuéntele a las personas acerca de Jesús de diferentes maneras
Hay muchas maneras y muchas oportunidades de dar testimonio a los que nos rodean. El libro de Hechos está lleno de relatos de personas siendo salvas por medio de diferentes creyentes.
Por ejemplo, podemos escribir una carta o un correo electrónico a alguien que conocemos para compartir al Señor Jesús con ellos. Podemos escribir de nuestra experiencia de salvación o cómo el Señor ha obrado en nuestras vidas.
También podemos estar preparados para hablar algo del Señor a nuestros amigos, parientes o colegas cuando se nos presenten oportunidades. Podemos decir algo acerca de cuán real el Señor es para nosotros y cómo queremos que ellos también puedan experimentar esto por sí mismos.
Repartir tratados del evangelio es otra manera excelente de compartir algo acerca de Jesús, especialmente si no hay mucho tiempo para hablar. Por ejemplo, podríamos darles tratados a las personas mientras estamos en la tienda, usando el transporte público o haciendo mandados. Podríamos decirles algunas palabras sobre el Señor basándonos en un tratado mientras se lo damos. Entonces el tratado puede hablarles incluso cuando no estemos con ellos.
Bibles for America ha desarrollado algunos recursos en nuestro sitio web para compartir el evangelio de Jesucristo con la gente. Puede enviar un tratado digital, video, entrada de blog del evangelio o episodio de podcast a alguien por mensaje de texto, correo electrónico, Facebook o Twitter. Le animamos a que consulte la página aquí.
Nosotros los cristianos tenemos el don de la vida eterna y podemos compartir ese don con nuestros parientes, nuestros amigos y nuestros vecinos. Que el Señor Jesús nos llene de Su gran amor mientras oramos por las personas y damos testimonio a ellos acerca de nuestro maravilloso Señor y Salvador.
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Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La resurrección de Jesucristo es un principio esencial de nuestra fe cristiana. Es sólo por la muerte redentora de nuestro Salvador y Su resurrección que somos justificados ante Dios y salvos eternamente.
Romanos 4:25 deja esto claro:
“El cual [Jesús] fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación”.
Pero además de esto, ¿sabía que la Biblia habla de tres cosas maravillosas que sucedieron cuando Jesús resucitó de entre los muertos?
En esta entrada, leeremos versículos y notas útiles en el Nuevo Testamento Versión Recobro que revelan estas tres cosas. Esperamos que esto nos dé una visión más amplia y una apreciación más profunda de la resurrección de Jesucristo.
1. Los creyentes fueron regenerados
La mayoría de nosotros podemos narrar exactamente cuándo recibimos al Señor Jesús y nacimos de nuevo, o fuimos regenerados.
Si bien es cierto que cada uno de nosotros fue regenerado en una fecha particular, 1 Pedro 1:3 dice algo extraordinario:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.
Este versículo nos dice que cuando Jesús resucitó, ¡todos fuimos regenerados! Esto es difícil de comprender, pero según la Palabra de Dios, es un hecho extraordinario. El Dios eterno no está limitado por el tiempo. Según el punto de vista divino, Pedro, Pablo y todos los creyentes en Cristo a lo largo de los siglos, incluyéndonos a nosotros, fueron regenerados en la resurrección de Jesús de entre los muertos.
La nota 4 de este versículo en la Versión Recobro explica lo que es la regeneración:
“La regeneración, al igual que la redención y la justificación, es un aspecto de la plena salvación de Dios. La redención y la justificación resuelven el problema que tenemos con Dios y nos reconcilian con Él; la regeneración nos vivifica con la vida de Dios, llevándonos a una relación de vida, una unión orgánica, con Dios. Por consiguiente, la regeneración da por resultado una esperanza viva. Tal regeneración es efectuada por medio de la resurrección de Cristo de entre los muertos”.
Romanos 4:25 nos dice que el hecho de que Jesús resucitó de entre los muertos fue para que fuéramos justificados objetivamente ante Dios. Pero 1 Pedro 1:3 revela aún más. A través de la resurrección de Jesús, también fuimos regenerados interiormente con la vida de Dios. Dado que fuimos vivificados con la propia vida de Dios, ahora compartimos Su vida y tenemos una relación de vida con Él. Esto es lo que Dios planeó originalmente para nosotros.
2. Jesucristo llegó a ser el Hijo primogénito de Dios
Mucha gente está familiarizada con Juan 3:16:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no perezca, mas tenga vida eterna”.
Dios manifestó Su gran amor por los pecadores caídos al dar a Su Hijo unigénito. Dios no escatimó a Su amado Hijo sino que lo envió a este mundo a morir por nosotros, para que todos los que en Él creen no perezcan, mas tengan vida eterna.
El Hijo unigénito de Dios era y es divino. Pero cuando se encarnó para ser el hombre Jesús, Él tomó la naturaleza humana. Él era divino y humano al mismo tiempo, Dios pero hombre: un Dios-hombre. Éste es Aquel que murió en la cruz por nosotros.
Luego, hablando de la resurrección de Cristo, Hechos 13:33 dice:
“La cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: ‘Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy’”.
Dado que Cristo ya era el Hijo unigénito de Dios, incluso antes de la resurrección, ¿por qué dice este versículo que en el día de la resurrección Él fue engendrado de Dios?
La nota 1 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender:
“La resurrección fue un nacimiento para el hombre Jesús. Él fue engendrado por Dios cuando resucitó y así llegó a ser el Hijo primogénito de Dios entre muchos hermanos (Ro. 8:29). Él era el Hijo unigénito de Dios desde la eternidad (Jn. 1:18; 3:16); después de la encarnación y mediante la resurrección, Él fue engendrado por Dios en Su humanidad como el Primogénito de Dios”.
Las palabras encarnación y humanidad aquí son clave. Cristo, que es divino de eternidad a eternidad, se hizo hombre, murió como hombre y resucitó como hombre. A través de la resurrección, Él fue engendrado en Su humanidad como el Hijo Primogénito de Dios.
Que Cristo sea el Hijo primogénito de Dios implica la existencia de muchos otros hijos. ¡Esos somos nosotros! Nosotros, por supuesto, nacimos poseyendo la vida humana. Al nacer de nuevo, obtuvimos la vida divina y ahora somos hijos de Dios. Cristo es el Hijo primogénito con divinidad y humanidad, y nosotros somos Sus muchos hermanos.
Juan 20:17 nos dice lo que Jesús le dijo a María la magdalena en la mañana de Su resurrección:
“Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido al Padre; mas ve a Mis hermanos, y diles: Subo a Mi Padre y a vuestro Padre, a Mi Dios y a vuestro Dios”.
Ahora leamos la nota sobre hermanos en este versículo:
“Anteriormente, el término más íntimo que el Señor había usado al referirse a Sus discípulos era ‘amigos’ (15:14-15). Pero después de resucitar, comenzó a llamarlos ‘hermanos’, porque mediante Su resurrección Sus discípulos habían sido regenerados (1 P. 1:3) con la vida divina que fue liberada por Su muerte que imparte vida, como se indica en 12:24. Él era el grano de trigo que cayó en tierra, murió y creció para generar muchos granos, a fin de producir un solo pan, el cual es Su Cuerpo (1 Co. 10:17). Él era el único Hijo del Padre, es decir, la expresión individual del Padre. Por medio de Su muerte y resurrección, el Unigénito del Padre llegó a ser el Primogénito entre muchos hermanos (Ro. 8:29). Sus muchos hermanos son los muchos hijos de Dios y son la iglesia (He. 2:10-12), la expresión corporativa de Dios el Padre en el Hijo. Ésta es la intención final de Dios. Los muchos hermanos son la propagación de la vida del Padre y la multiplicación del Hijo en la vida divina. Por lo tanto, en la resurrección del Señor, se cumple el propósito eterno de Dios”.
¡El Señor en resurrección fue hecho el Hijo primogénito de Dios y nosotros llegamos a ser los muchos hijos de Dios, Sus muchos hermanos!
3. Jesucristo fue hecho Espíritu vivificante
En 1 Corintios 15:45 se nos dice:
“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán, Espíritu vivificante”.
El postrer Adán en este versículo hace referencia a Jesucristo.
La nota 1 sobre este versículo en la Versión Recobro arroja tremenda luz sobre el asunto de que Cristo fue hecho el Espíritu vivificante en resurrección. La primera parte dice:
“Por medio de la creación, Adán fue hecho alma viviente con un cuerpo anímico, o sea, del alma. Por medio de la resurrección Cristo llegó a ser el Espíritu vivificante poseedor de un cuerpo espiritual. Adán como alma viviente es natural; Cristo como Espíritu vivificante está en resurrección. Primero, en la encarnación, Él llegó a ser carne para efectuar la redención (Jn. 1:14, 29); luego, en resurrección llegó a ser el Espíritu vivificante para impartirnos vida (Jn. 10:10b). Por medio de la encarnación Él tenía un cuerpo anímico, así como lo tenía Adán; por medio de la resurrección Él tiene un cuerpo espiritual. Su cuerpo anímico ha llegado a ser un cuerpo espiritual por medio de la resurrección. Ahora Él es el Espíritu vivificante en resurrección, tiene un cuerpo espiritual y está listo para ser recibido por Sus creyentes”.
En esta nota se hace referencia a Juan 1:14, 1:29 y 10:10b, que dicen respectivamente:
“Y la Palabra [Cristo] se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros”.
“¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”
“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
El Dios eterno se hizo un hombre de carne y sangre llamado Jesucristo para morir por nosotros como el Cordero de Dios. En resurrección, Cristo fue hecho el Espíritu vivificante para poder impartir en nosotros la vida divina, incluso abundantemente.
Cuando Jesús vivía en la tierra, era maravilloso estar cerca de Él físicamente. Él sanó a los enfermos, dio la vista a los ciegos y habló palabras de vida que nadie había oído antes. Pero aquellos que lo siguieron todavía estaban separados de Él. Él no podía entrar en ellos. Pero en resurrección, Él fue hecho el Espíritu vivificante para poder entrar en todos Sus creyentes.
Hoy en día, cualquier persona, en cualquier lugar, que se arrepienta y crea en Él como el Salvador puede recibirlo en su espíritu, la parte más profunda de su ser.
Centrémonos ahora en la última parte de la nota de 1 Corintios 15:45:
“Cuando creemos en Cristo, Él entra en nuestro espíritu y somos unidos a Él, quien es el Espíritu vivificante. Por tanto, llegamos a ser un espíritu con Él (6:17). Nuestro espíritu es vivificado y es resucitado con Él. Finalmente, nuestro cuerpo anímico actual llegará a ser un cuerpo espiritual en resurrección, igual que el Suyo (vs. 52-54; Fil. 3:21)”.
La nota hace referencia a 1 Corintios 6:17, que dice:
“Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.
Cuando creímos en el Señor, nuestro espíritu humano regenerado y el Espíritu se unieron como un solo espíritu. Ninguna relación podría ser más personal o íntima que ésta. Él como Espíritu vivificante ahora mora en nuestro espíritu y continúa dándonos vida cuando lo contactamos al orar e invocar Su nombre.
¡La resurrección de Cristo es verdaderamente maravillosa! Fuimos regenerados con la vida de Dios; Él llegó a ser el Hijo primogénito de Dios y nosotros los muchos hijos de Dios; y Él fue hecho el Espíritu vivificante que ahora mora en nuestro espíritu.
¡Alabado sea el Señor por la resurrección de Jesucristo! Que nuestros ojos sean abiertos para ver lo que sucedió en Su resurrección, y que nuestros corazones y bocas se abran para agradecerle y alabarle.
El tema de la resurrección de Jesucristo es profundo. Aquí sólo pudimos tocar brevemente estas tres cosas maravillosas que sucedieron en Su resurrección. Si vive en los Estados Unidos, lo animamos a que pida un Nuevo Testamento Versión Recobro gratis aquí para que pueda leer todas las notas sobre los versículos que mencionamos.

En entradas anteriores hablamos del significado crucial que tiene la consagración para nuestra vida cristiana. Vimos que la consagración significa ponernos en las manos del Señor y llegar a ser un sacrificio vivo. También vimos que el hecho de que Dios nos compró y Su amor para con nosotros son la base y poder motivador para que nos entreguemos a Él.
En esta entrada, hablaremos de cómo consagrarnos al Señor y cómo podemos vivir una vida de consagración.
Presentarnos a Dios es nuestro servicio a Dios
Cuando nos presentamos al Señor en consagración, Él tiene la libertad de hacer lo que quiera en nosotros y a través de nosotros. En realidad, la consagración es nuestro servicio al Señor. El apóstol Pablo dijo en Romanos 12:1:
“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
El gran amor de Dios para con nosotros nos motiva a presentarnos a Él. En el Nuevo Testamento Versión Recobro la nota 3 sobre compasiones en este versículo dice:
“En el griego las compasiones mencionadas aquí están en plural. Dios ha mostrado varias clases de compasión para con nosotros al elegirnos, llamarnos, salvarnos e introducirnos en Su vida para que disfrutemos Sus riquezas y lleguemos a ser Su expresión. Mediante estas numerosas compasiones como medio y poder motivador, el apóstol nos exhortó a presentar nuestros cuerpos a Dios para el cumplimiento del propósito de Dios”.
Cuando consideramos las muchas compasiones que Dios nos ha otorgado a lo largo de nuestras vidas, tanto antes como después de ser salvos, no podemos evitar ofrecernos a Él en consagración.
Consagrarnos voluntariamente al Señor después de ser salvos
En 1 Pedro 1:18-19 se nos dice:
“Sabiendo que fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin defecto y sin mancha”.
Cuando Cristo murió en la cruz, Él derramó Su propia sangre para redimirnos, o comprarnos. Esto significa que le pertenecemos a Él. Pero el Señor Jesús no nos obliga a entregarnos a Él. Él quiere que nos ofrezcamos a Él voluntariamente.
Nadie más puede hacer esto por nosotros. Cada uno de nosotros debe ofrecerse personalmente al Señor de una manera definida después de ser salvo.
No es necesario que tengamos un conocimiento profundo de la Biblia, entendamos todo acerca de ser cristianos o hayamos sido salvos por mucho tiempo antes de que podamos consagrarnos al Señor. De hecho, es mejor no esperar, sino entregarnos al Señor tan pronto como seamos salvos.
Orar para consagrarnos al Señor
Entonces, ¿cómo nos consagramos al Señor? Simplemente necesitamos pasar tiempo a solas con Él en oración íntima.
Durante este tiempo de oración personal, podemos abrirnos sin reservas al Señor y tener una transacción detallada con Él. Podemos entregarnos a nosotros mismos, nuestros deseos, planes, relaciones, posesiones y todos los aspectos de nuestras vidas a Él.
Cuanto más detallados seamos, más completa será nuestra consagración y más experimentaremos el gozo de pertenecer al Señor.
Orar con la Palabra de Dios para consagrarnos
También podría ser útil leer algunos versículos particulares en la Biblia y usarlos para orar y consagrarnos.
Por ejemplo, leamos 1 Corintios 6:19-20:
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”.
Podemos usar las palabras de este versículo para orar algo así:
"Señor, no soy mío. Señor Jesús, te pertenezco porque Tú me compraste. ¡Oh Señor, gracias por pagar el precio más alto para comprarme! Soy Tuyo. Todo lo que tengo y todo lo que soy es Tuyo. Señor, te doy toda mi vida. Te doy mi tiempo, mi energía, mi educación, mi familia y mi trabajo".
También podemos leer y orar con las palabras en 2 Corintios 5:14:
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, habiendo juzgado así: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron”.
Cristo manifestó Su gran amor por nosotros al morir por nosotros en la cruz. Pero ¿qué significa ser constreñido por el amor de Cristo? La nota 2 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro provee una explicación vívida de esta experiencia:
“La palabra griega significa presionar … por todos lados, mantener … para un solo fin, limitar por fuerza, confinar dentro de ciertos límites con miras a un solo objetivo, encerrar en una sola línea y con un solo fin (como en un sendero estrecho y amurallado). (La misma palabra griega se usa en Lc. 4:38; 12:50; Hch. 18:5; Fil. 1:23). De esta manera los apóstoles eran constreñidos por el amor de Cristo y así obligados a vivir para Él”.
¡El amor de Cristo es verdaderamente un poder que nos constriñe! Hace que lo amemos a cambio, que nos entreguemos a Él y que vivamos para Él.
Con este versículo, podemos orar:
“¡Señor Jesús, gracias por Tu gran amor por mí! Gracias por morir en la cruz. Oh Señor, Tu amor para conmigo me constriñe a entregarme a Ti. Te entrego mi vida. Toma todos mis días. Toma todo mi futuro. Aquí estoy. Pongo todo en Tus manos. ¡Te amo, Señor Jesús!”.
Una vida de consagración
Por un lado, todos necesitamos consagrarnos a Dios de una vez por todas. Pero después de nuestra consagración inicial, deberíamos vivir una vida de consagración todos nuestros días.
Podemos hacer esto al practicar entregarnos al Señor todos los días. Cada mañana cuando nos despertemos, podemos decirle al Señor: “Señor Jesús, gracias por este nuevo día. Me ofrezco a Ti hoy”.
También podemos entregarnos al Señor de nuevo en momentos específicos de nuestra vida. Por ejemplo, si somos estudiantes, podemos entregarnos al Señor al comienzo de cada nuevo período escolar. O si conseguimos un nuevo trabajo o un ascenso, podemos orar: “Señor, te doy este nuevo trabajo. No es mío, sino Tuyo, porque te pertenezco”.
Cuando nos casemos, podemos ofrecer una consagración al Señor: “Señor, mi vida es Tuya. Te pertenezco. Te doy mi matrimonio”. En cualquier hito de este tipo, ya sea grande o pequeño, podemos aprovechar la oportunidad para presentarnos a Él y presentarle la nueva fase de nuestras vidas.
También podemos usar ciertos momentos, como el comienzo de un nuevo año, para ofrecernos a Él nuevamente. Al practicar consagrarnos diariamente y en momentos y fases específicas de nuestra vida, mantenemos fresca nuestra consagración al Señor.
Para aprender más sobre la consagración, puede leer estas entradas: ¿Qué es la consagración? y La base y la motivación para consagrarnos a Dios. Y si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

A través de la Biblia varios versículos nos muestran el deseo de Dios de que lo recibamos, que bebamos de Él como el agua viva. Por ejemplo, en Juan 7:37-38 vemos que el deseo de Dios de que bebamos de Él es tan grande que Jesús hasta se puso de pie y alzó la voz durante la fiesta, haciendo un llamado a las personas a que vinieran y bebieran de Él:
“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.
Así que, ¿cómo acudimos a Él y bebemos? Solamente el Señor Jesús puede saciar nuestra sed interior; solamente Él es el agua viva. Él quiere que le bebamos para que nuestra sed sea saciada y hasta que los ríos de agua viva fluyan de nuestro interior a otros. Sin embargo, a menudo en vez de sentirnos satisfechos y regados, nos sentimos secos y hasta muertos. Es probable que queramos beber del agua viva, ¡pero no sabemos cómo!
Cómo beber del agua viva
En Isaías 12:3-6 podemos ver seis maneras en las que podemos beber a Cristo como el agua viva, las cuales aparecen resaltadas en negrita:
“Por tanto con regocijo sacaréis aguas de los manantiales de salvación, y diréis en aquel día: Dad gracias a Jehová; invocad Su nombre. Dad a conocer entre los pueblos Sus obras; haced recordar que Su nombre es exaltado. ¡Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho algo majestuoso! ¡Sea sabido esto por toda la tierra! Clama y da grito resonante, oh habitante de Sión, porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”.
Hablemos ahora de cómo podemos practicar estas seis maneras de beber el agua viva.
1. Dar gracias a Jehová
Podemos beber el agua viva al dar gracias al Señor. Esto es algo que fácilmente podemos hacer por la mañana, antes de ingerir alimentos y durante todo el día.
Es muy sano para nosotros los cristianos estar agradecidos y practicar dar las gracias al Señor todo el tiempo. El Señor Jesús ha hecho mucho por nosotros por medio de Su muerte y resurrección y Él suple todas nuestras necesidades. Todos tenemos tanto por qué agradecerle y ¡Él es digno de recibir las gracias!
Lo opuesto de ser agradecido es ser ingrato. En 2 Timoteo 3 se menciona al ingrato junto con los amadores de sí mismos, amadores del dinero, vanagloriosos, soberbios, injuriadores, desobedientes, impíos, sin afecto natural y muchas otras cosas negativas. Ciertamente no deseamos que ninguna de estas características negativas apliquen a nosotros.
Nuestra propia experiencia nos dice que entre más ingratos seamos o nos quejemos de las cosas, más secos estaremos. Nuestra situación no mejora y nos sentimos cada vez peor. Sin embargo, cuando le agradecemos al Señor, somos salvos de ser ingratos y tomamos un trago del agua viva. Esta agua nos suministra y refresca cualquiera sea nuestra situación externa.
Ser agradecidos es algo que podemos practicar. Lo primero que podemos hacer en las mañanas es decir: “Señor Jesús, gracias por un nuevo día. Gracias por morir por mí, por derramar Tu sangre por mí y por darme otro día para experimentar Tu gracia”. Podemos seguir agradeciéndole al Señor por nuestra salud, los miembros de nuestra familia, nuestro trabajo y cualquier otra cosa que el Señor nos toque para agradecerle.
Le podemos agradecer específicamente por todo lo que Él es y por todo lo que ha hecho. Podemos orar así: “Señor, gracias por ser la luz del mundo. Gracias, Señor, por venir a nosotros y amarnos. Gracias, Señor Jesús, por ser mi luz y mi camino. Gracias por Tu vida en mí”.
Podemos seguir agradeciéndole durante todo el día por cualquier cosa y por todo lo que Él nos recuerde que le agradezcamos. Aun un simple “Gracias, Señor Jesús” durante el día nos regará. Cada vez que pronunciamos las gracias al Señor, bebemos de Cristo com el agua viva. Es como si bebiéramos de un manantial refrescante. En vez de estar secos, somos regados y reavivados.
2. Invocar Su nombre
La siguiente manera de beber revelada en Isaías 12 es invocar el nombre del Señor. Después de ser instruidos a agradecer a Jehová, el versículo 4 nos lleva a invocar el nombre del Señor.
Es probable que esto sea algo nuevo para algunos de nosotros, pero invocar el nombre del Señor es una práctica que se encuentra por toda la Biblia, comenzando en los tiempos del Antiguo Testamento. El primer registro de esto se encuentra en Génesis 4:26 donde dice que en los tiempos de Enós, los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.
Esta práctica de invocar el nombre del Señor continúa en el Nuevo Testamento. Hechos 7:59 relata cómo Esteban invocó el nombre del Señor mientras era apedreado. Hechos 2:21, nota 1, en el Nuevo Testamento Versión Recobro es una nota muy completa y maravillosa que traza esta práctica por todo el Antiguo Testamento y el Nuevo, y vale la pena leerla.
Hoy podemos invocar el nombre del Señor durante todo el día al decir: “Oh Señor Jesús” o “Señor Jesús, te amo”. Cada vez que invocamos Su nombre en voz alta, bebemos del agua viva.
3. Dar a conocer entre los pueblos Sus obras
También podemos beber al dar a conocer entre los pueblos Sus obras. ¡Él ha hecho tantas cosas de las cuales podemos hablar a otros! Él vino a esta tierra y vivió una vida perfecta; Él murió por los pecados de toda la humanidad; resucitó y ascendió; vino a ser el Espíritu vivificante para darnos vida eterna y produjo a la iglesia como Su Cuerpo mediante Su muerte y resurrección.
¡Cuán maravilloso es todo esto! Y además, ¡Él sigue haciendo tantas cosas en nuestra vida! Hay tantas cosas maravillosas de las cuales podemos hablar respecto a Cristo. No debemos permanecer callados. Debemos decirles a otros acerca de las obras del Señor.
Podemos hablar con nuestros vecinos, compañeros de clase, nuestra familia y las personas que conocemos durante el día. Mientras les hablamos, les ministramos a Cristo y al mismo tiempo tomamos un trago de agua que nos vivifica. Nuestro hablar al dar a conocer Sus obras a otros es una manera maravillosa y eficaz de beber del agua viva.
Quizás nos sintamos secos porque ya hace mucho tiempo que no le hablamos a nadie acerca de Cristo. No obstante, cuando abrimos nuestra boca para decirle a alguien acerca de Él. nosotros mismos bebemos y somos regados y refrescados por el agua viva.
4. Hacer recordar que Su nombre es exaltado
Además de dar a conocer entre los pueblos Sus obras maravillosas, podemos recordarles a otros que el nombre de Cristo es exaltado. Filipenses 2:9 nos dice que el nombre de Cristo es sobre todo nombre. Esto es algo de lo cual podemos hablar a las personas que están a nuestro alrededor.
Podemos preguntarle a las personas: “¿Sabe usted que el nombre de Jesús es exaltado?”. Podemos también declarar este hecho, diciéndoles que Jesús es el Señor y que Su nombre es el nombre más elevado en el cielo y en la tierra. Aún cuando nosotros mismos exaltamos el nombre de Jesús, cuando otros son nuestros testigos, les recordaremos que Su nombre es el nombre más elevado. Cuando les decimos a otros que el nombre de Jesús es exaltado y que Jesús es el Señor, bebemos del agua viva de los manantiales de salvación.
5. Cantar salmos a Jehová
¿Sabía usted que cantar es una manera de beber? Abrir nuestra boca y cantar himnos al Señor es una de las mejores maneras de beber de los ríos de agua viva. Mientras cantamos, estos ríos comienzan a brotar en nosotros, hasta rebosar. ¡Cantar es una manera muy disfrutable de beber!
Así que, ¿qué debemos hacer? Podemos cantar himnos mientras comenzamos nuestro día por la mañana, podemos cantar himnos mientras conducimos hacia el trabajo y podemos cantar más himnos cuando estamos con otros creyentes. Efesios 5:19 nos instruye a hablar unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, y también a cantar y salmodiar al Señor en nuestros corazones. ¡Entre más cantemos al Señor con nuestros corazones durante nuestro día, más regados y refrescados seremos!
6. Clamar y dar grito resonante
Podemos beber del agua de vida al clamar y dar un grito resonante.
¿Alguna vez ha hecho esto? Muchas veces le oramos al Señor en silencio, pero ¿alguna vez ha clamado al Señor y dado un grito resonante? Si todavía no lo ha hecho, ¡inténtelo!
Muchas veces nos parece difícil orar. Esto puede ser debido a que nuestra mente esta llena de pensamientos y ansiedades. No crea que Dios no nos escucha cuando oramos en silencio. El problema recae sobre nosotros. A fin de superar la actividad de la mente, a veces es necesario que gritemos en voz alta. Podemos sobrepasar el desierto de nuestra mente al clamar y dar un grito resonante.
Un buen lugar para practicar esto es cuando uno está solo en su casa o en el carro. Usted puede clamar con desesperación: “Oh Señor, ¡te necesito! ¡Te necesito ahora mismo! Estoy tan seco, y hasta muerto. Señor Jesús sé Tú mi vida. Sin Ti, no puedo salir adelante. Señor, vengo a Ti para beber. ¡Oh Señor, sacia mi sed!”
También puede clamar para alabar y dar gracias al Señor y dar un grito resonante al decir en voz alta: “¡Alabado sea el Señor! ¡Jesús, eres tan bueno! ¡Te amo, Señor Jesús!”
Cuando clamamos de esta manera al Señor, somos salvos de nuestros pensamientos en nuestra mente y bebemos profundamente del Espíritu vivificante como el agua de vida.
La práctica diaria
Usted puede practicar estas seis maneras de beber todos los días. Cuando se sienta seco o deprimido, usted puede dar las gracias al Señor, invocar Su nombre, hablarle a alguien de Cristo, decirle a alguien que Jesús es Señor y que Su nombre es el nombre más elevado, cantar al Señor con su corazón o clamar y dar un grito resonante.
Usted beberá a Cristo como el agua viva y será refrescado y reavivado en su vida cristiana y hasta rebosará con ríos de agua viva hasta alcanzar otros.
¡Alabado sea el Señor, le podemos beber como el agua viva todos los días!

En una entrada anterior hablamos del significado de la consagración y cómo entregarnos a Dios hace una gran diferencia en nuestra vida cristiana y en nuestra relación con el Señor.
Pero saber que deberíamos darnos al Señor puede que no sea suficiente. Tenemos que percatarnos de la base subyacente para nuestra consagración al Señor y la motivación para que lo hagamos voluntariamente. Si vemos estas dos cosas, nuestra consagración no será algo que hagamos a regañadientes o sin entusiasmo simplemente porque es bueno para nosotros. En cambio, será una experiencia dulce que profundizará nuestra relación con el Señor Jesús.
La base de nuestra consagración
En nuestros hogares tenemos muchas posesiones que hemos comprado. Debido a que pagamos un precio por ellas, legalmente nos pertenecen y somos sus dueños legítimos.
Pero ¿nos damos cuenta de que nosotros mismos tenemos un “dueño legítimo”? La Biblia nos dice que nuestro dueño es el Señor Jesús. En 1 Corintios 6:19-20 dice:
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”.
Y Romanos 14:8 dice:
“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos”.
El Señor Jesús pagó un precio tremendo para redimirnos: Su preciosa sangre, la cual derramó por nosotros en Su muerte en la cruz. En 1 Pedro 1:18-19 se nos dice:
Sabiendo que fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin defecto y sin mancha”.
Debido a que Él dio Su vida para comprarnos, ahora pertenecemos a Cristo y Él nos posee legalmente. Ésta es la base para nuestra consagración a Él.
Pero aunque le pertenecemos, el Señor aún espera que nosotros tomemos la acción de darnos a Él voluntariamente. Él nunca nos obligará a hacer nada. Él nos dio libre albedrío y quiere que lo escojamos.
Es por esto que es crucial que veamos en estos versículos que ya no somos nuestros. Pertenecemos a Aquel que nos compró. Si vemos y apreciamos todo lo que el Señor hizo para ganarnos, reconoceremos Su derecho sobre nosotros. Esto puede llevarnos a orar: “¡Señor Jesús, gracias por pagar el precio de Tu propia sangre preciosa por mí! Gracias Señor, ya no me pertenezco a mi mismo. Te pertenezco. Tú pagaste el precio más alto por mí. Reconozco Tu pleno derecho sobre mí. Señor, me entrego a Ti, me doy a Ti”.
La motivación para nuestra consagración
Aunque el derecho legal de Dios sobre nosotros es objetivo, también existe un aspecto muy subjetivo de nuestra consagración: el amor de Dios. A lo largo de los siglos, el amor de Dios ha atraído irresistiblemente a aquellos que lo buscan a que entreguen todo a Él. Cuando Su amor nos toca, no podemos evitar consagrarnos al Señor.
El amor de Dios se ve claramente en la muerte de nuestro Señor en la cruz por nosotros. Como pecadores no éramos dignos más que de condenación. Sin embargo, Dios vino como hombre a esta tierra y sufrió una muerte inimaginable, simplemente porque nos amaba.
En 2 de Corintios 5:14, el apóstol Pablo transmite el profundo sentimiento que experimentamos cuando nos damos cuenta de lo que el Señor hizo por nosotros:
“Porque el amor de Cristo nos constriñe, habiendo juzgado así: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron”.
El amor de Cristo, dulce pero poderoso, tierno pero persistente, nos constriñe y nos motiva a entregarnos espontáneamente a Él. Cuando experimentamos este amor, nuestra consagración ya no se debe a que simplemente reconocemos Su derecho sobre nosotros; también es nuestra respuesta amorosa a Su amor por nosotros. Nos encontraremos espontáneamente diciéndole al Señor: “Señor, no soy digno de nada. Sin embargo, debido a Tu amor sufriste y moriste en la cruz por mí. ¡Señor, Tu amor es tan grande! Sobrepasa mi entendimiento. Te amo, querido Señor. Te doy todo lo que tengo y todo lo que soy”.
Entonces, mientras que la base sólida de nuestra consagración es que Dios nos posee, la motivación para que demos este paso es el amor de Dios que nos constriñe. Cuando experimentamos el amor de Dios, no podemos evitar responderle en amor.
Las palabras de este himno expresan la experiencia dulce de ser constreñidos por el amor del Señor a entregarlo todo a Él:
Tu fuerte amor me constriñe, Señor,
Como corriente presionando está,
Buscando abrir en mi alma un canal,
Anhela todo estorbo en mí quitar.
¿No debo yo abrirme a tal poder?
¿Y a la corriente de Tu amor ceder?
Mi Dios Tu gentileza me ganó,
Mi vida ya igual no puede ser.
Quebrántame con Tu divino amor,
Mi mente limpia y todo mi querer,
Fluye y depura toda mi afección;
Que sólo quede Tu vida en mí ser.
Así posesionado por mi Dios,
Ha de fluir desde mi corazón,
Un tierno arroyo en espontaneidad,
Lleno de gracia y el amor de Dios”.
(Puede escuchar la tonada aquí).
Que el Señor abra nuestros ojos para ver el precio precioso que Él pagó para compararnos y hacer que nos demos cuenta de que le pertenecemos. Y que seamos constreñidos por el amor de Cristo y experimentemos la dulzura de darnos a Él.
Si desea aprender más sobre la consagración y como consagrarse a Dios, eche un vistazo a estas entradas adicionales:
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.
