
¿De dónde vino la Biblia? ¿Son las palabras de la Biblia simplemente tradición popular religiosa, escritas por personas a través de los siglos? ¿Son el producto de los pensamientos e imaginaciones de algunos hombres? ¿O es la Biblia la Palabra inspirada de Dios? ¿Escribió Dios la Biblia? ¿O fueron los hombres?
Puesto que nuestra fe está basada en este libro, es crucial que nosotros como cristianos conozcamos la fuente de la Biblia.
Conocer la fuente es crucial
Cuando deseamos saber cuán fiable es una cosa, verificamos su fuente. Por ejemplo, definitivamente queremos saber de dónde proviene el agua que bebemos. Si sabemos que proviene de una fuente pura, estamos seguros que podemos beberla sin que nos haga daño. De manera similar, confiamos en ciertos informes de noticias si consideramos que los reporteros son fiables y los hechos han sido revisados.
A fin de evaluar la confiabilidad de algo, es de gran ayuda conocer su fuente. Cuando la conocemos, podemos determinar si debemos desecharlo o considerarlo valioso y fiable. Mucho depende de la fuente. Esto también es cierto cuando hablamos de conocer la fuente de la Biblia.
¿De dónde provino la Biblia?
A través de los siglos, muchas personas en distintas épocas y de distintas culturas han escrito sus pensamientos, observaciones y filosofías acerca de la vida. Pero ¿qué de la Biblia? ¿Es ésta meramente una colección de los pensamientos, observaciones y filosofías de hombres piadosos acerca de Dios?
En 2 Pedro 1:21, el apóstol Pedro dice:
“Porque ninguna profecía jamás fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo”.
Pedro explica que aunque las Escrituras fueron escritas por medio de hombres, estos hombres hablaron de parte de Dios. La fuente de la Biblia es Dios, no los hombres.
Podemos ver esto cuando consideramos las palabras verdaderas y profundas en las Escrituras. ¿Podría cualquier persona escribir tales palabras? A veces desafían nuestras expectativas al proveernos un consuelo indescriptible o una iluminación penetrante respecto a nuestra condición interna. Incluso si una persona deseara escribir algo para Dios o acerca de Dios, toda la humanidad es caída, y la mente del hombre está oscurecida y es limitada, incapaz de escribir tales palabras como aquellas que se encuentran en la Biblia.
¿Cómo llegaron las palabras de la Biblia de parte de Dios a nosotros?
Los hombres no hablaron nada por su propia cuenta, sino que fueron usados por Dios para escribir las palabras de la Biblia. Para entender cómo esto puede suceder, necesitamos mirar detenidamente esta frase: “los hombres hablaron de parte de Dios siendo movidos por el Espíritu Santo”.
La nota 2 de 2 Pedro 1:21 del Nuevo Testamento Versión Recobro explica:
“Ninguna profecía fue traída por voluntad humana. La voluntad, el deseo y el anhelo del hombre, con su pensamiento e interpretación, no fueron la fuente de la cual surgiera profecía alguna; la fuente fue Dios, por cuyo Espíritu Santo los hombres fueron movidos, tal como un barco es empujado por el viento, para proclamar la voluntad, el deseo y el anhelo de Dios”.
Si alguna vez ha visto un barco de vela navegar por el agua, ha visto sus velas atrapar el viento. Se mueve no por su propio poder, sino por el poder de ese viento. Este cuadro demuestra cómo la Biblia vino de Dios. Así como un barco es movido por el viento, ciertos hombres fueron movidos, o llevados, por el Espíritu Santo. Por este Espíritu, estos hombres pudieron hablar o escribir la voluntad, el anhelo y el deseo de Dios. Esto es lo que queremos decir cuando decimos que la Biblia es inspirada por Dios.
Así que las palabras de la Biblia no tuvieron su origen en la mente del hombre. Pero ¿cómo fue que ellos fueron "movidos por el Espíritu Santo”?
El Espíritu Santo y el espíritu humano
Es importante ver que Dios creó a los seres humanos no sólo con una mente, sino también con una parte interna que es más profunda que la mente. La Biblia nos dice en Zacarías 12:1 que Dios formó “el espíritu del hombre dentro de él”. Este “espíritu del hombre” es nuestra parte más profunda y, al igual que las demás partes de nuestro ser, tiene una función específica. Nuestros ojos son para ver, nuestros oídos son para oír y nuestro espíritu humano es para contactar, recibir y contener a Dios.
Juan 4:24 dice:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren”.
El primer Espíritu en este versículo se refiere al Espíritu divino y el segundo espíritu se refiere al espíritu humano. Con nuestro espíritu humano, nosotros podemos adorar a Dios, tener comunión con Dios y conocer a Dios, quien es Espíritu.
Así que, ¿cómo se relaciona esto con el origen de la Biblia? Mientras ciertos hombres tenían comunión con Dios en su espíritu, fueron movidos, o llevados, por el Espíritu Santo para escribir no sus propias palabras, sino las palabras de Dios. Las Escrituras son las palabras de Dios y son santas porque su fuente es Dios. Éstas vinieron a nosotros de hombres que fueron movidos por el Espíritu Santo para hablar y escribir palabras de parte de Dios.
Por qué es importante que conozcamos la fuente de la Biblia
Si no vemos que Dios mismo es la fuente de la Biblia, que toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, la base de nuestra vida cristiana será inestable y vulnerable. Nuestra fe descansa firmemente en la Biblia. A fin de que confiemos en este libro, necesitamos ver claramente que Dios es la fuente de la Biblia.
En nuestro entorno diario interactuamos con personas que no creen en Dios o que no valoran las palabras de la Biblia como provenientes de Dios. En el trabajo, en la escuela, en la televisión, en las películas, en casi todo lugar que miramos, nos encontramos cosas y personas que nos pueden hacer dudar de la Biblia, y nos preguntamos: “¿Es la Biblia confiable?”. “¿Es todo lo que dice la Biblia cierto?”. “¿Cómo sé que la Biblia es verdadera?”. Y cuando no estamos seguros en cuanto a la Biblia, nuestra fe puede ser sacudida.
No obstante, si estamos claros que Dios es la fuente de la Biblia, sabremos que sus palabras son confiables, verdaderas y puras porque Dios es confiable, verdadero y puro. Confiaremos en la fiabilidad de la Biblia y nuestra fe será fortalecida por sus palabras. La Palabra de Dios puede sostenernos en todas las situaciones y guiarnos a conocer a Dios hoy; podemos depender de ella por la eternidad.
Puesto que sabemos que Dios mismo es la fuente de las Escrituras, podemos confiar en la Biblia de todo corazón, sin reservas o dudas. Al confiar en la Biblia y depender de ella, llegaremos a conocer a Dios cada vez más profundamente tanto en este libro como en nuestras vidas.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La mayoría de la gente ha oído hablar de la crucifixión de Jesús. Pero ¿alguna vez se ha preguntado por qué Jesús murió en la cruz? La Biblia nos dice que Él era un hombre cuya conducta era irreprochable en cada situación. Sus palabras fueron amorosas, sabias y llenas de verdad. Él cuidó de todo tipo de personas: los fuertes y los enfermos, los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los morales y los inmorales, los estimados y los despreciados. Entonces, ¿por qué Jesús, quien era una persona verdaderamente extraordinaria, tuvo que morir una muerte tan horrible en la cruz?
El problema del pecado
Para responder a esta pregunta, primero necesitamos darnos cuenta de que Dios creó a los seres humanos de una manera deliberada. Él quería tener una relación amorosa con ellos y compartir Su vida divina con ellos para que pudieran expresarlo.
Pero antes de que esto pudiera suceder, Satanás, el enemigo de Dios, interrumpió el gran plan de Dios. Mediante la tentación y el engaño, inyectó su naturaleza malvada y pecaminosa en la humanidad. Como resultado, todos los seres humanos fueron corrompidos con el pecado. Es por esto que la Biblia nos dice: “Todos han pecado”.
Todos han pecado. Al examinar la historia o considerar el mundo en que vivimos hoy, podemos ver que esto es cierto. El lamentable estado de la raza humana es evidente en el odio, la violencia y la crueldad presentes en la sociedad actual.
Además de observar los efectos del pecado en el mundo que nos rodea, también podemos verlos al examinar nuestra condición interna. ¿Puede alguien honestamente decir que nunca ha hecho nada pecaminoso o malo? ¿Qué tal nuestras palabras, comportamiento, acciones y pensamientos? ¿Podemos decir que todos son puros? Todos tenemos que admitir que estamos infectados con el veneno del pecado. Sin importar quiénes somos, cuál es nuestra cultura o formación, o cuán diligentes o sobresalientes podamos ser, ninguno de nosotros puede decir que no tiene pecado. La Biblia dice enfáticamente: “No hay justo, ni aun uno”.
Así que, ¿cuáles son las consecuencias del pecado? Aunque Dios nos ama inmensamente, Él es justo y santo; no puede simplemente ignorar o pasar por alto el pecado. Él se ve obligado a condenar el pecado. Es más, la Biblia nos dice que “la paga del pecado es muerte”. La muerte es la consecuencia final del pecado, no sólo la muerte física, sino la perdición eterna en el lago de fuego.
Pero la historia no termina aquí.
Necesitamos el perdón
A lo largo de nuestras vidas, hemos acumulado una cantidad de pecados, todos los cuales nos separan de Dios. Necesitamos el perdón de Dios. Pero ¿cómo podemos obtenerlo? En la Biblia, Hebreos 9:22 nos habla acerca de la única manera en que podemos ser perdonados por Dios:
“Y sin derramamiento de sangre no hay perdón”.
Por tanto vemos que el perdón requiere el derramamiento de sangre. ¿Pero la sangre de quién?
La preciosa sangre de Jesús
Aunque fuimos corrompidos por el pecado, nada pudo impedir que Dios cumpliera Su deseo de estar unido a nosotros. Así que Él tomó pasos increíbles para salvarnos.
Primero, Dios llegó a ser un hombre de carne y sangre llamado Jesús. Jesús era tanto Dios como hombre, un Dios-hombre. Vivió una vida humana perfecta en la tierra; fue el Único en la historia de la humanidad completamente sin pecado.
Luego, después de vivir por 33 años y medio, Jesús fue crucificado. El sufrió la muerte de un criminal sin jamás haber cometido un pecado. Pero Él no fue simplemente un mártir o un buen hombre que murió de manera injusta. Mientras este Dios-hombre sin pecado colgaba en la cruz, Él asumió la carga completa de nuestros pecados. Como pecadores, deberíamos cargar con la consecuencia de nuestros pecados y sufrir la muerte eterna. Pero en la cruz Jesús soportó el juicio del pecado. El derramó Su preciosa sangre para redimirnos eternamente y liberarnos de todos nuestros pecados.
Entonces, ¿por qué Jesús tuvo que morir? Para que usted pudiera ser perdonado y pudiera recibir la vida eterna.
Recibir el perdón y la vida eterna
Ahora, para ser salvo del juicio de Dios, usted simplemente necesita arrepentirse volviendo su corazón a Él y creer en Él y en lo que Él ha hecho por usted. Cuando usted hace esto, usted recibe el perdón de Dios y todos sus pecados son lavados por Su preciosa sangre.
Después de que Jesús murió por nuestros pecados, Él resucitó y llegó a ser el Espíritu vivificante. Al igual que el aire, Él está en todas partes. Cuando usted cree en Jesús, no sólo es perdonado de todos sus pecados, ¡sino que también nace de nuevo con la vida de Dios! Esto significa que Dios entra en usted y se une a usted para siempre.
Dios lo ama mucho. Él ya ha hecho todo para que usted sea perdonado y reciba Su vida eterna. Él sólo está esperando que usted se arrepienta y crea en Él. Usted puede hacer esto ahora mismo abriendo su corazón a Él y orando una oración sencilla como ésta:
“Señor Jesús, vuelvo mi corazón a Ti. Confieso que soy un pecador. Por favor, perdóname por todos mis pecados, grandes y pequeños. ¡Gracias por morir por mí! Gracias por pagar la pena por mis pecados y derramar Tu propia sangre para salvarme. Abro mi corazón para recibirte ahora mismo. Entra en mí y vive en mí. Gracias por darme Tu vida eterna. Te amo, Señor Jesús. Amén”.
Si usted oró para recibir al Señor Jesús, visite esta página. Pida un Nuevo Testamento de estudio aquí.

Normalmente las personas consideran el año nuevo como un nuevo comienzo, un tiempo para dar vuelta de hoja. De modo que hacemos todo tipo de resoluciones de año nuevo e intentamos dejar atrás el bagaje del año pasado.
¿Por qué sentimos esa necesidad de querer ser nuevos?
Los seres humanos en su interior, anhelan tener un nuevo comienzo. Nos sentimos “viejos” y acabados, y probamos diferentes cosas con el fin de sentirnos nuevos. Buscamos nuevos pasatiempos, nos apuntamos en un programa nuevo de ejercicio, probamos una nueva dieta, un estilo de corte de pelo diferente o compramos ropa nueva, y lo más probable es que nos sintamos nuevos, sin embargo esto es algo momentáneo.
Tarde o temprano, descubriremos que en realidad nada permanece y nos hace genuinamente nuevos. Al final, todo llega a ser viejo y regresamos al mismo lugar donde comenzamos, sentimos que tanto nuestra situación como nosotros mismos somos viejos.
La única manera de realmente ser nuevos es que seamos renovados. El Nuevo Testamento habla mucho acerca de ser renovados.
¿Qué significa ser renovados?
La vejez no es solamente una función de tiempo o edad. Incluso la persona más joven se puede sentir vieja. La vejez no tiene que ver con nuestra edad, sino con un elemento que nos hace falta; necesitamos un nuevo elemento y solamente un nuevo elemento en todo el universo es nuevo: Dios.
Dios es eterno, pero nunca se vuelve viejo. Siempre esta fresco, nuevo y viviente. A fin de que seamos renovados, necesitamos que Dios, quien es nuevo, se añada a nosotros.
Ser renovados comienza cuando fuimos regenerados
Tito 3:5 dice lo siguiente:
“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo”.
Antes de ser salvos, perteneciamos a la vieja creación, la creación creada por Dios, sin embargo, esta creación no tiene a Dios mismos en ella. Luego, un día recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. Dios, Aquel que es nuevo, ¡vino a ser vida en nuestro espíritu! Este fue el primer paso de nuestra renovación. Cuando nacimos del Espíritu en nuestro espíritu, la vida eterna de Dios se añadió a nosotros, lo cual nos hizo una persona nueva con una vida nueva, incluso una creación nueva así como el apóstol Pablo nos dice en 2 Corintios 5:17.
Aun después de ser regenerados, la renovación continúa
Por un lado, somos una creación nueva en Cristo, pero por otro lado, estamos en el proceso de ser renovados. Esto se debe a que Dios vino como el Espíritu para vivir en nuestro espíritu, logrando así que nuestro espíritu sea nuevo. Pero, ¿Qué sucede con el resto de nuestro ser?
Este pasaje de la nota 4 de Tito 3:5 en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a mirar la relación que existe entre ser nacidos de nuevo o ser regenerados y la renovación:
“El lavamiento de la regeneración comienza con nuestro nuevo nacimiento y continúa con la renovación del Espíritu Santo, la cual es el proceso de la nueva creación, un proceso que nos hace un nuevo hombre. Es como restaurar, hacer algo nuevo, reconstruir algo con la vida. El bautismo (Ro. 6:3-5), el despojarse del viejo hombre, el vestirse del nuevo hombre (Ef. 4:22, 24; Col.3:9-11), y la transformación por medio de la renovación de la mente (Ro.12:2; Ef. 4:23) están relacionados con este proceso maravilloso. El lavamiento de la regeneración elimina todas las cosas de la vieja naturaleza de nuestro viejo hombre, y la renovación del Espíritu Santo imparte algo nuevo — la esencia divina del nuevo hombre — a nuestro ser. En esto hay un traslado de un estado viejo a un estado totalmente nuevo, del estado de la vieja creación a la nueva. Por consiguiente, tanto el lavamiento de la regeneración como la renovación del Espíritu Santo están operando en nosotros continuamente a lo largo de nuestra vida hasta la culminación de la nueva creación”.
Nuestra regeneración fue una vez y para siempre; ¡Nuestro espíritu ya nunca más será viejo! no obstante, el resto de nuestro ser debe de pasar cada día por el proceso de ser renovados, remodelados con la vida de Dios. Esta nueva vida en nuestro espíritu necesita extenderse a nuestra alma y especialmente a nuestra mente, la parte principal de nuestra alma.
Cómo ser renovados cada día
Debido a que todo envejece rápidamente y nuestras circunstancias externas nos desgastan, ¿De qué manera podemos ser renovados en una forma práctica y diaria?
La clave es nuestro espíritu. Para ser renovados, debemos volvernos a nuestro espíritu, donde el Espíritu divino mora. Mientras hacemos esto, Él imparte vida al resto de nuestro ser. Cuando ponemos nuestra mente en nuestro espíritu, prestamos atención a nuestro espíritu y ejercitamos nuestro espíritu, damos la oportunidad al Espíritu a que se extienda a nuestra mente, emoción y voluntad.
Ciertamente, volvernos a nuestro espíritu es un desafío, especialmente cuando pasamos por circunstancias difíciles. Sin embargo, podemos ejercitar nuestro espíritu por medio de dos prácticas útiles.
Invocar Su nombre
Uno de los dones más preciosos que el Señor nos dió es Su nombre 1 Corintios 12:3 nos dice: “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, sino en el Espíritu Santo”. Cuando invocamos: “Señor Jesús”, o “Oh Señor Jesús”, o le decimos al Señor: “Señor Jesús, te amo”, nos volvemos y contactamos al Espíritu Santo que nos renueva en nuestro espíritu. Conforme nos renueva, le permitimos extenderse un poco más en nuestro ser. Cuando invocamos al Señor en todas las situaciones de nuestra vida diaria, recibimos más de Su vida en nuestro ser. De esta manera, el Señor nos remodela internamente con Su vida.
Recibir al Espíritu en la Palabra
No solamente tenemos el nombre del Señor sino también Su Palabra. Efesios 6:17-18 dice: “Y recibid…la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición”. Cada día, especialmente en la mañana, podemos ejercitar nuestro espíritu por medio de la oración para así recibir al Espíritu en la Palabra. mientras oramos con la Palabra de Dios, somos reavivados con un fresco suministro de vida. Y no sólo eso, también somos renovados un poco más conforme la vida divina se extiende a nuestra alma. Entre más recibimos al Espíritu viviente divino en la Palabra, más se renovarán nuestras partes internas. la vejez de nuestros pensamientos naturales, nuestros sentimientos naturales y nuestras decisiones naturales son purificados y el nuevo elemento de Dios se añade a nosotros, renovando cada parte de nuestro ser hasta que llegamos a ser una nueva creación.
Que este año podamos disfrutar más del rico suministro de esta vida nueva de Dios a fin de ser reacondicionados, renovados y remodelados en nuestro ser. Mientras permanecemos en este proceso de ser renovados, nuestra mente, emoción y voluntad serán tan nuevas como nuestro espíritu, y expresaremos plenamente a Dios como ¡Aquel que es nuevo!
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Hoy en día no es raro escuchar que se describa a alguien como una “persona espiritual”. Pero si le pregunta a la gente qué significa ser espiritual, probablemente escuchará cosas diferentes.
Por ejemplo, algunos dirían que una persona espiritual reconoce la existencia de un poder superior en el universo, que puede o no definirse como Dios. Otros dicen que las personas espirituales son aquellas que cultivan sus sentimientos y pensamientos internos para amarse a sí mismos, a otras personas y al planeta. Algunos podrían decir que alguien que es espiritual rechaza los valores materialistas y participa en obras humanitarias.
A muchos les resulta difícil definir lo que quieren decir o en qué se basa su punto de vista.
Pero como aquellos que creen en Jesucristo, nuestra definición debe provenir de lo que Dios dice en Su Palabra. Si conocemos el significado bíblico de lo que es ser espiritual, no pasaremos tiempo persiguiendo algo que no está de acuerdo con Dios.
En esta entrada, veremos versículos y leeremos algunas notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ayudarnos a entender lo que significa ser espiritual según la Palabra de Dios.
¿Qué es el espíritu?
La palabra espiritual es la forma adjetiva de espíritu. Eso nos dice que ser espiritual debe estar relacionado con el espíritu.
Así pues, ¿qué es el espíritu?
La Biblia revela que Dios creó a los seres humanos de una manera muy particular con tres partes: un espíritu, un alma y un cuerpo. Contactamos la esfera material con nuestro cuerpo, y percibimos cosas de la esfera psicológica con nuestra alma, que está compuesta de nuestra mente, parte emotiva y voluntad. Y lo más importante, podemos contactar, recibir e incluso contener a Dios con la parte más profunda de nuestro ser, nuestro espíritu. Es por eso que Dios nos creó de una manera tan maravillosamente completa y detallada. Él desea que lo recibamos como nuestra vida para que expresemos a Dios con todo nuestro ser, llevando a cabo Su plan eterno.
Lo que sucedió en la caída de la humanidad
Pero después de que Dios creó al primer hombre, que representaba a toda la humanidad, el plan de Dios para el hombre fue interrumpido por Satanás, el enemigo de Dios. Satanás tentó al hombre a desobedecer a Dios, haciendo que el hombre se alejara de Dios. En lugar de recibir a Dios, el hombre tomó la naturaleza malvada del pecado de Satanás.
Entonces, el ser completo del hombre fue afectado: su espíritu quedó sumido en muerte, su alma fue contaminada y su cuerpo puro fue transformado en la carne llena de concupiscencias. Dios ama al hombre, pero Él no puede tolerar el pecado porque Él es justo y santo. Así que el hombre pecador fue condenado a morir y fue separado de Dios.
Es por esto que necesitamos ser redimidos y salvos completamente.
Lo que sucede cuando somos salvos
Antes de que fuéramos salvos, nuestro espíritu estaba sumido en muerte y vacío. Así que era imposible para nosotros ser una persona espiritual, sin importar lo que pensáramos que eso significaba o lo mucho que pudiéramos haber tratado de lograrlo.
Pero cuando escuchamos el evangelio, nos arrepentimos y recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. En ese momento, no sólo fuimos salvos del juicio de Dios; ¡también nacimos de nuevo del Espíritu de Dios en nuestro espíritu! Dios vino a vivir en nuestro espíritu para ser nuestra vida y todo para nosotros.
Ahora Dios quiere que vivamos y hagamos todo por Su vida en nuestro espíritu.
Antes de ser salvos, vivíamos ya sea por nuestra alma natural y caída —nuestros propios pensamientos, emociones o intenciones— o por nuestra carne caída, que está llena de todo tipo de concupiscencias pecaminosas y corrupción. Pero después de ser salvos, necesitamos vivir por nuestro espíritu.
La intención de Dios para nosotros no se puede cumplir cuando vivimos según nuestra alma o nuestra carne. Él nos redimió y entró en nuestro espíritu para que viviéramos por nuestro espíritu. Esto es lo que significa ser espiritual.
Un hombre anímico o un hombre espiritual
En 1 Corintios capítulo 2, el apóstol Pablo habla tanto de un hombre anímico como de un hombre espiritual. El versículo 14 dice:
“Pero el hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.
Pablo escribió estas palabras a los creyentes en Corinto. Esto nos muestra que a pesar de que somos salvos y nacidos de nuevo, podemos ser un hombre anímico, no un hombre espiritual. Y un hombre anímico es incapaz de recibir las cosas de Dios porque son discernidas espiritualmente.
La nota 6 explica lo que significa espiritualmente:
“Aquí la palabra espiritualmente se refiere al espíritu del hombre, el cual es impulsado por el Espíritu de Dios para que ejerza plenamente su función y reemplace así el dominio y el control que el alma humana ejerce sobre el hombre. Sólo por medio de un espíritu así el hombre puede discernir las cosas del Espíritu de Dios. De acuerdo con el siguiente versículo, un hombre que es gobernado y controlado por su espíritu es un hombre espiritual. Puesto que Dios es Espíritu, todas las cosas del Espíritu de Dios son espirituales. Por lo tanto, el hombre debe usar el espíritu humano para discernir, conocer, las cosas del Espíritu de Dios (Jn. 4:24)”.
Un hombre anímico es gobernado y controlado por el alma. Pero un hombre espiritual permite que su espíritu gobierne sobre todo su ser.
Pablo continúa en el versículo 15:
“En cambio el hombre espiritual juzga todas las cosas”.
La primera parte de la nota 1 explica de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica lo que es un hombre espiritual:
“Un hombre espiritual niega su alma y no vive por ella, sino que permite que todo su ser sea dominado por su espíritu, es decir, su espíritu regenerado, en el cual mora el Espíritu de Dios y al cual el Espíritu de Dios infunde energía. Además, vive por ese espíritu, obrando y actuando conforme al mismo (Ro. 8:4)”.
Así que para ser espirituales, debemos permitir que nuestro espíritu regenerado domine todo nuestro ser. Esto significa que vivimos y actuamos por nuestro espíritu en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Lo que decimos y hacemos está bajo el gobierno y control de nuestro espíritu, en el cual mora el Espíritu de Dios y al cual el Espíritu de Dios infunde energía.
Ejercitar nuestro espíritu al hacer oraciones cortas
Para vivir por nuestro espíritu, debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu. Cuanto más ejercitamos cualquier parte de nuestro ser, más fuerte se vuelve. Por ejemplo, cuanto más ejercitamos nuestras piernas, más fuertes se vuelven. Necesitamos ejercitar nuestro espíritu regenerado para que nuestro espíritu se fortalezca y pueda gobernar todo nuestro ser.
¿Cómo podemos ejercitar nuestro espíritu? La mejor manera de ejercitar nuestras piernas es correr o caminar. De la misma manera, la mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es orar. Cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar, contactamos al Señor y lo disfrutamos como nuestra vida.
La oración no es una actividad formal restringida a ciertos lugares y tiempos. Podemos ejercitar nuestro espíritu al orar oraciones simples y cortas en cualquier momento y en cualquier lugar.
Podemos comenzar el día orando algo como esto:
“Señor Jesús, gracias por estar en mi espíritu. Gracias por ser mi vida. Recuérdame hoy vivir de acuerdo a mi espíritu”.
Entonces, a lo largo de nuestro día, podemos decir oraciones cortas al Señor para permanecer en contacto con Él en nuestro espíritu.
Mientras trabajamos, podemos orar: “Señor, quiero hacer esto en mi espíritu contigo”. Mientras hablamos con alguien, podemos orar interiormente: “Señor Jesús, quiero hablar con esta persona de acuerdo con mi espíritu”.
Podemos ejercitar nuestro espíritu para permanecer con el Señor simplemente al invocar Su nombre. Invocar, “Oh, Señor Jesús, Señor Jesús”, es una manera fácil de ejercitar nuestro espíritu.
A medida que ejercitamos nuestro espíritu todos los días, experimentaremos vivir y hacer las cosas según nuestro espíritu cada vez más.
Por qué necesitamos ser espirituales
La nota 2 en 1 Corintios 3:1 nos alienta y además hace que reflexionemos. Ésta arroja más luz sobre qué tipo de hombre podemos ser y por qué es importante para nosotros que seamos espirituales. Veamos el segundo párrafo:
“Este libro [1 Corintios] revela claramente que el creyente puede ser una de tres clases de personas: (1) un hombre espiritual, que vive en su espíritu bajo la unción del Espíritu Santo (Ro. 8:4; Gá. 5:25); (2) un hombre del alma, que vive en su alma bajo la dirección del alma, la vida natural (2:14); o (3) un hombre que es totalmente de la carne y carnal, el cual es de la carne y vive en ella bajo la influencia de la naturaleza de la carne”.
Seguramente en nuestra vida con el Señor todos desearíamos ser un hombre espiritual, no un hombre del alma o un hombre que es totalmente de la carne y carnal. Pero no debemos pensar que ser un hombre espiritual es sólo para algunos creyentes especiales. La nota continúa:
“El Señor desea que todos Sus creyentes tomen Su gracia para que formen parte de la primera clase de hombres, los hombres espirituales. Ésta era la meta de este libro: motivar a los creyentes corintios —que eran del alma, de la carne y carnales— a que aspirasen al crecimiento en vida a fin de llegar a ser espirituales (2:15; 3:1; 14:37)”.
La nota concluye resaltando la importancia de vivir en nuestro espíritu:
“Ya que hemos sido llamados por Dios a la comunión de Cristo (1:9), quien ahora es el Espíritu vivificante (15:45), y puesto que somos un espíritu con Él (6:17), podemos experimentarlo y disfrutarlo sólo cuando vivimos en nuestro espíritu bajo la dirección del Espíritu Santo. Cuando vivimos en el alma o en la carne, no podemos participar de Él ni disfrutarle”.
Todos nosotros podemos cooperar con el Señor al recibir Su gracia para ser un hombre espiritual. Ser espiritual es una necesidad si queremos conocer y disfrutar al Señor como nuestra vida y permitirle crecer en nosotros. A medida que Él crece en nosotros, poco a poco lo expresaremos a Él en nuestra vida diaria, y no a nosotros mismos. Esto es lo que el Señor quiere, y esto es lo que cumplirá Su plan para nosotros.
Esperamos que se tome el tiempo para absorber esta nota iluminadora, junto con los versículos que cita, e incluso para orar al respecto. Que todos tomemos la gracia para ser un hombre espiritual como el Señor desea. Para aprender más, le animamos a leer todos los versículos mencionados en esta entrada con sus notas correspondientes en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí.

Personas en todo el mundo han escuchado la historia del nacimiento de Jesús. Pero ¿alguna vez se ha preguntado si hay más en esta historia familiar? La Biblia registra el nacimiento de Jesús en detalle, por lo que este acontecimiento debe ser profundamente significativo.
En esta entrada usaremos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver más de cerca el nacimiento de Jesús. Ver aunque sea un poco de su verdadero significado aumentará nuestro amor por Jesús y elevará nuestra adoración a Él.
Profetizado en el Antiguo Testamento y cumplido en el Nuevo Testamento
Aproximadamente setecientos años antes de Cristo, se registró una profecía acerca del nacimiento de Jesús en el Antiguo Testamento. Isaías 7:14 dice:
“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.
El Nuevo Testamento comienza con el relato del nacimiento de Jesús. En el primer capítulo de Mateo, el versículo 18 nos dice cómo el nacimiento virginal profetizado en Isaías 7:14 fue complido:
“El origen de Jesucristo fue así: Estando desposada María Su madre con José, antes que se juntasen, se halló que estaba encinta por obra del Espíritu Santo”.
La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro habla del significado profundo de que María estuviera encinta por obra del Espíritu Santo:
“Aunque Cristo nació de María (v. 16), era hijo del Espíritu Santo. El nacimiento de Cristo procedió directamente del Espíritu Santo (v. 20). Su fuente fue el Espíritu Santo y Su elemento era divino. Por medio de la virgen María, Él se vistió de carne y sangre, la naturaleza humana, tomando la semejanza de la carne (Ro. 8:3), la semejanza de los hombres (Fil. 2:7)”.
Aunque Jesús nació como un niño de carne y sangre, Su fuente fue el Espíritu Santo.
Mateo 1:20 nos dice más acerca del origen de Jesús:
“Mientras consideraba esto, he aquí un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo engendrado en ella, del Espíritu Santo es”.
La nota 1 en este versículo explica:
“Dios primero se engendró en María mediante Su Espíritu; una vez realizada la concepción, Él nació con la naturaleza humana, para ser un Dios-hombre, y así poseer tanto la divinidad como la humanidad. Éste es el origen de Cristo”.
Estos dos versículos, Mateo 1:18 y 20, nos muestran que el nacimiento de Jesucristo no fue de ninguna manera el nacimiento ordinario de un hombre ordinario; fue la encarnación extraordinaria de Dios mismo. El nacimiento de Jesús fue el nacimiento de un Dios-hombre, una Persona maravillosa que era tanto divina como humana.
Jesús y Emanuel
Mateo 1:21-23 nos dice dos nombres de esta preciosa y única Persona: Jesús y Emanuel:
“Y dará a luz un hijo, y llamarás Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: ‘He aquí, una virgen estará encinta y dará a luz un hijo, y llamarán Su nombre Emanuel’ (que traducido es: Dios con nosotros)”.
Los dos nombres excelentes de Jesús y Emanuel están llenos de significado para nosotros. Exploremos estos nombres con la ayuda de las notas en la Versión Recobro.
La nota 1 sobre Jesús en el versículo 21 nos dice:
“Jesús es el equivalente en el griego del nombre hebreo Josué (Nm. 13:16), el cual significa Jehová el Salvador, o la salvación de Jehová. Por lo tanto, Jesús no sólo es un hombre, sino Jehová, y no sólo Jehová, sino Jehová como nuestra salvación. Así que, Él es nuestro Salvador. Él también es nuestro Josué, Aquel que nos introduce en el reposo (He. 4:8; Mt. 11:28-29), que es Él mismo como la buena tierra para nosotros”.
Debido a la caída del hombre, todos los seres humanos necesitan un Salvador. Este Salvador es Jesús, quien es Jehová, Dios mismo. El Dios-hombre Jesús es el único que puede salvarnos de nuestros pecados. No sólo eso, incluso después de primero creer en Él, podemos continuar disfrutando de ser salvos de las cosas negativas en nuestras vidas, como nuestro temperamento, ansiedad o desaliento. Cada vez que invocamos el nombre de Jesús, somos salvos. ¡Cuán precioso es el nombre de Jesús!
Las notas 2 y 3 acerca del nombre Emanuel en el versículo 23 dicen lo siguiente:
“Jesús fue el nombre que Dios le dio, mientras que Emanuel, que significa Dios con nosotros, fue como los hombres le llamaron. Jesús el Salvador es Dios con nosotros. Él es Dios y también es Dios encarnado para morar entre nosotros (Jn. 1:14). Él no sólo es Dios, sino Dios con nosotros”.
“Cristo como el propio Emanuel no sólo estuvo con nosotros cuando vivió en la tierra, sino que también está con nosotros desde Su ascensión cada vez que estamos congregados en Su nombre (18:20). Además, El estará con nosotros todos los días, hasta la consumación del siglo (28:20)”.
Nuestro Salvador Jesús es Emanuel; Él es Dios con nosotros todo el tiempo. ¡Cuán reconfortante y alentador es esto! Él siempre está con nosotros, en todo lugar y en cada situación.
Nos salva y está con nosotros para siempre
Para salvarnos, Dios hizo algo asombroso. El Dios eterno llegó a ser un hombre accesible, Jesús, y vivió una vida perfecta y sin pecado en la tierra entre la humanidad caída. ¡Qué hecho tan misterioso y maravilloso! Como Dios-hombre, alcanzó a la humanidad con Su amor, misericordia y bondad. Él habló palabras de justicia y verdad para sacar a las personas de las tinieblas y traerlas a la luz. Luego, en Su cuerpo de carne y sangre, Jesús sufrió la muerte en la cruz por nuestros pecados. Él efectuó la redención por nosotros, y cuando nos arrepentimos y creemos en Él somos limpiados de nuestros pecados y liberados del juicio eterno.
Pero eso no es todo. Jesucristo resucitó de entre los muertos. En resurrección, Cristo llegó a ser el Espíritu vivificante para poder entrar en nosotros. Cuando creemos en Cristo, lo recibimos, y Él entra en nosotros para vivir en nosotros y estar siempre con nosotros como parte de Su plan para cumplir Su propósito eterno.
Si usted aún no ha recibido al Salvador, no tiene que esperar más. Simplemente haga esta oración con un corazón sincero:
“Señor Jesús, creo que Tú eres el Dios verdadero y un hombre perfecto. Gracias por nacer y llegar a ser un verdadero hombre con divinidad y humanidad. Gracias por morir por mí. Me arrepiento y vuelvo a Ti. Creo en Ti y te recibo ahora mismo. Entra en mí y vive en mí. Gracias, Señor Jesús, Tú eres Emanuel, Dios conmigo todo el tiempo. Amén”.
Para leer más sobre Jesús y lo que hizo por nosotros, le animamos a leer esta entrada. Y si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todas las notas sobre los versículos mencionados en esta entrada.

En entradas anteriores, hablamos sobre el significado de la consagración, la base y la motivación para consagrarnos a Dios y cómo consagrarnos al Señor.
En esta entrada, echaremos un vistazo a una historia conmovedora de consagración registrada en la Biblia acerca de alguien que amó al Señor Jesús y le entregó su todo. También leeremos algunas notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro que nos ayudarán a ver cómo se relaciona esta historia con nosotros hoy en día.
Se derramó ungüento de gran precio sobre el Señor
Leamos el comienzo de esta historia en Mateo 26:6-7:
“Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a Él una mujer, con un frasco de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de Él, mientras estaba reclinado a la mesa”.
El ungüento que la mujer derramó sobre la cabeza del Señor era algo precioso y costoso. Hechos de aceite compuesto con resinas y especias aromáticas, tales ungüentos se utilizaban en cosméticos, como medicina y para ungir el cuerpo de un difunto para su entierro. Debido a que el ungüento era tan costoso, se almacenaba con mucho cuidado en un frasco especial hecho de alabastro.
Ese ungüento debió haber sido lo más valioso que la mujer poseía, y ella lo había estado guardando en reserva. Sin embargo, ella vino y derramó su posesión preciada sobre la cabeza del Señor generosamente, sin escatimar y sin reservas.
El Señor no le había pedido a la mujer que derramara el ungüento sobre Él. Entonces, ¿por qué lo hizo?
Ella recibió una revelación
Antes de esto, el Señor Jesús había hablado de Su muerte y resurrección inminentes en cuatro ocasiones diferentes en el libro de Mateo. Les dijo a los que estaban con Él que sufriría muchas cosas por parte de los principales sacerdotes, ancianos y escribas; que sería condenado a muerte por ellos y entregado a los gentiles; y que los gentiles se burlarían de Él, lo azotarían y finalmente lo crucificarían. Y también les dijo que después de estas cosas, Él resucitaría en el tercer día.
Después de escuchar al Señor hablar estas cosas, la mujer vino y ungió a Jesús. La nota 1 en el Nuevo Testamento Versión Recobro en Mateo 26:12 explica qué motivó a la mujer (identificada como María en Juan 12) a derramar su ungüento sobre el Señor:
“María recibió la revelación de la muerte del Señor con lo que Él dijo en [Mateo] 16:21; 17:22-23; 20:18-19 y 26:2. Así que, aprovechó esta oportunidad para derramar sobre el Señor lo mejor que tenía. Amar al Señor con lo mejor de nosotros requiere que tengamos una revelación con respecto a Él”.
Por lo que Él habló, María se dio cuenta de que el Señor Jesús, Aquel que amaba a los pecadores, iba a morir por ellos. No sólo eso, Su muerte sería a través del sufrimiento atroz de la crucifixión. En respuesta, ella lo amó y expresó su amor con lo mejor de ella.
Para ella, nada era más precioso que el Señor mismo, así que derramó sobre Él su posesión más preciada. Al hacer esto, testificó que Jesús era digno de su amor y de todo lo que ella tenía.
Ella expresó su amor de manera oportuna
La cuarta y última vez que Jesús habló de Su muerte a Sus discípulos fue justo antes de que María lo ungiera. En Mateo 26:2, Él les dijo a Sus seguidores exactamente cuándo tendría lugar Su crucifixión:
“Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado”.
Al escuchar estas palabras, María entendió que la muerte del Señor era pronto, a pocos días.
Pero dado que el ungüento se usaba típicamente para ungir a los muertos para su entierro, ¿por qué no guardó su ungüento para después de que Él muriera? ¿Por qué ungió al Señor antes que Él muriera? Ella eligió ungir al Señor Jesús antes de que se lo llevaran y lo crucificaran para mostrar su amor por Él mientras aún había tiempo.
Por el contrario, Marcos 16 nos dice que después de que Jesús fue crucificado, algunas mujeres vinieron a Su tumba para ungir Su cuerpo. Pero llegaron demasiado tarde; Jesús ya había resucitado.
Así que María no sólo amó al Señor con lo mejor que tenía, sino que también mostró su amor de manera oportuna. Dio lo mejor de ella para ungir al Señor en amor cuando tuvo la oportunidad.
La reacción de los discípulos
Mateo 26:8 y 9 nos dicen cómo reaccionaron los discípulos a lo que María hizo:
“Al ver esto, los discípulos se indignaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres”.
Los discípulos pensaron que el hecho que María derramó el ungüento fue un desperdicio extravagante. Ellos habían estado con el Señor y también lo habían escuchado hablar de Su inminente arresto, sufrimiento, crucifixión y resurrección. Pero ellos aún no habían visto la preciosidad del Señor y Su muerte como lo había hecho María.
Una nota maravillosa sobre la palabra desperdicio en el versículo 8 en la Versión Recobro dice:
“Los discípulos consideraban que la ofrenda de amor que María hizo al Señor era un desperdicio. Durante los veinte siglos pasados, miles de vidas preciosas, tesoros del corazón, puestos altos y futuros brillantes han sido ‘desperdiciados’ en el Señor Jesús. Aquellos que lo aman así, lo encuentran digno de ser amado de esta manera y digno de su ofrenda. Lo que han derramado sobre Él no es un desperdicio, sino un testimonio fragante de Su dulzura”.
El acto de María de derramar su ungüento precioso sobre el Señor no fue un desperdicio. Fue un testimonio fragante de la dulzura del Señor.
Durante los últimos siglos, innumerables creyentes en Jesús han entregado sus vidas como mártires. Otros han dejado sus hogares y todo lo que conocían, viajando a países extranjeros para decirle a la gente acerca de Jesús y Su salvación. ¿Por qué? ¿Qué les causó hacerlo? Fueron motivados por el inmenso amor del Señor, visto en Su muerte en la cruz por ellos, y lo amaron en reciprocidad con todo lo que tenían.
Hoy en día, nuestros familiares, amigos, colegas de trabajo y compañeros de escuela que aún no son salvos quizás piensen que amar a Jesús con todo lo que tenemos es una pérdida de tiempo, talentos y energía.
Pero sólo podemos responder diciendo que el Señor Jesús, la Persona más preciosa y amorosa del universo, dio Su vida en la cruz por nosotros. ¡Qué amor nos mostró! Sólo Jesús es digno de todo nuestro amor, todo lo que tenemos y todo lo que somos. Y ahora es el mejor momento para derramar sin reservas en consagración nuestros corazones, nuestras vidas, nuestros futuros —nuestro todo— sobre Él.
La valuación del Señor sobre lo que ella hizo
Hemos visto la reacción de los discípulos a lo que hizo la mujer. Pero ¿también pensó el Señor que era un desperdicio? En la última parte de la historia, Mateo 26:10-13 nos dice cómo el Señor valoró lo que ella hizo:
“Y conociéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a Mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este ungüento sobre Mi cuerpo, lo ha hecho para Mi sepultura. De cierto os digo: Dondequiera que se proclame este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”.
El Señor Jesús no elogió a los discípulos por sugerir que el ungüento pudo haberse vendido para dar a los pobres. En cambio, Él valoró el hecho de que la mujer derramó su precioso ungüento sobre Él como una buena obra. Y Él reconoció que ella hizo esto anticipando Su sepultura.
Además, el Señor dijo que dondequiera que se predicara el evangelio, lo que esta mujer hizo se contaría para memoria de ella. La nota 2 del versículo 13 explica lo que eso significa:
“La historia del evangelio es que el Señor nos amó, y la historia de María es que ella amó al Señor. Debemos predicar estas dos cosas: que el Señor nos ama y que nosotros amamos al Señor. La primera tiene como fin nuestra salvación, y la otra, nuestra consagración”.
Cuando vemos el gran amor del Señor manifestado en la cruz, ¿cómo podemos evitar amarlo completamente y darle lo mejor de nosotros? Y cuanto más lo vemos, más lo amamos y queremos rendirnos a Él al consagrarnos.
Que todos testifiquemos de la dulzura y la preciosidad del Señor consagrándonos a Él en amor mientras todavía tenemos tiempo.
Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro y que dedique algún tiempo a leer esta historia en Mateo 26 con todos los comentarios.
También recomendamos este himno sobre la consagración; puede leer la letra y escuchar la melodía aquí.

Como creyentes en Cristo, todos deseamos estar bajo Su bendición. En Mateo 5 Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. ¿Alguna vez se ha preguntado qué significa esto y cómo se aplica a usted?
En esta entrada miraremos de cerca esta frase en la Biblia. Con la ayuda de notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro profundizaremos en el significado de ser pobre en espíritu y veremos cómo se aplica a nosotros hoy.
El trasfondo de esta bendición
En el Nuevo Testamento, cada uno de los cuatro evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— presenta la vida y obra de Jesús en la tierra desde una perspectiva diferente. El Evangelio de Mateo es el evangelio del reino y revela que Jesucristo el Salvador es el Rey.
Jesús vino a la tierra no a establecer un reino físico, material o político, sino a traer un reino espiritual, el reino de los cielos.
En Mateo capítulos 5 al 7, el Señor Jesús habló una palabra extensa a Sus discípulos, la cual ha sido nombrada tradicionalmente como Sermón del monte. Pero cuando usted lee estos capítulos, es fácil ver que lo que Jesús habló fue extraordinario; fue mucho más que un mero sermón y tiene que ver con Su reino.
El Señor comenzó con nueve bendiciones que se conocen como las bienaventuranzas. La primera de estas bendiciones está en el versículo 3:
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Para ver qué significa pobres en espíritu, miraremos detenidamente cada parte de la frase por separado: bienaventurados, pobres y espíritu.
Bienaventurados los pobres en espíritu
Leamos la primera parte de la nota 1 acerca de bienaventurados en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Esta nota define bienaventurados y nos da un breve resumen de Mateo 5-7:
“La palabra griega implica dichosos. También se puede traducir benditos y dichosos. Asimismo en los versículos siguientes. Lo dicho por el nuevo Rey, lo cual es la constitución del reino de los cielos, es una revelación del vivir espiritual y de los principios celestiales del reino de los cielos. Se compone de siete secciones. La primera sección, los vs. 3-12, describe la naturaleza del pueblo del reino de los cielos, pueblo que disfruta de nueve bendiciones”.
Cuando somos pobres en espíritu somos benditos y dichosos, no debido a algún beneficio material externo, ya que vemos en esta nota que este versículo está relacionado con el reino de los cielos. El beneficio que disfrutamos es algo espiritual.
Pobres en espíritu
Ahora consideremos la palabra pobres. Ya que la palabra griega para bienaventurados implica dichosos, ser pobres en espíritu no significa que estamos empobrecidos espiritualmente o que ante Dios no tenemos nada de valor espiritual. ¿Cómo podríamos sentirnos dichosos si este fuera el caso? En realidad, ser pobres en espíritu es algo positivo y beneficioso para nuestras vidas cristianas.
La nota 2 acerca de pobres en la Versión Recobro dice:
“Ser pobres en espíritu no sólo significa ser humilde, sino también desprendido en el espíritu, en lo profundo del ser, sin aferrarse a las cosas viejas de la vieja dispensación, sino descargándose de todo eso para recibir las cosas nuevas, las cosas del reino de los cielos”.
La vieja dispensación mencionada en esta nota se refiere a la dispensación, o la era, del Antiguo Testamento. Ya que los primeros seguidores del Señor eran judíos, Su palabra acerca de ser pobres en espíritu era muy importante. Si ellos se hubieran aferrado a las cosas del Antiguo Testamento, no hubieran podido recibir todas las cosas del Nuevo Testamento. Los discípulos necesitaban ser pobres en espíritu.
Hoy en día nosotros los creyentes también deberíamos ser pobres en espíritu, que significa que somos humildes, vaciados y descargados en nuestro espíritu, para que podamos recibir algo nuevo de parte del Señor.
En espíritu
Ahora necesitamos saber a lo que se refiere espíritu en Mateo 5:3. El espíritu en este versículo es nuestro espíritu humano. Esta parte más profunda de nuestro ser, creada por Dios, puede contactar y recibir a Dios, quien es Espíritu. Nuestro espíritu humano tiene la capacidad, la habilidad, de captar las cosas espirituales.
La nota 3 acerca de espíritu explica:
“La palabra espíritu aquí no se refiere al Espíritu de Dios, sino a nuestro espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, el órgano con el cual tenemos contacto con Dios y conocemos las cosas espirituales. Para comprender y poseer el reino de los cielos necesitamos ser pobres, desprendidos, descargados, en esta parte de nuestro ser. Esto implica que el reino de los cielos no es material, sino espiritual”.
Para que tengamos la bendición de aprehender y poseer el reino de los cielos, el cual es espiritual, necesitamos ser descargados en nuestro espíritu.
Un ejemplo negativo
Quizás considerar el ejemplo negativo de los fariseos en los Evangelios nos ayude a ser impresionados con el significado y la importancia de ser pobres en espíritu.
Los escribas y los fariseos eran expertos en la ley de Dios y las cosas del Antiguo Testamento, pero ellos rechazaron a Jesucristo, el Salvador. Se opusieron a Él, Aquel de quien habían estudiado en el Antiguo Testamento, quien estaba presente con ellos en ese tiempo. ¿Cómo podría ser esto?
Los escribas y los fariseos estaban orgullosos, llenos y ocupados con las cosas del Antiguo Testamento. No eran pobres en espíritu, así que no podían recibir algo nuevo, a saber, el nuevo Rey y Salvador y Su reino.
Los escribas y los fariseos no vieron que la manera de proceder de Dios había cambiado del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, y que estaba completamente centrada en la persona maravillosa de Jesús. Al contrario, ellos odiaban a Jesús y a la postre hicieron que Él fuera crucificado.
Podemos aprender mucho de este ejemplo negativo. Ciertamente necesitamos conocer el contenido de la Biblia, pero no deberíamos enorgullecernos de ese conocimiento, sin poder recibir algo nuevo de parte del Señor.
Un ejemplo positivo
Al contraste de los escribas y los fariseos, el apóstol Pablo fue un ejemplo positivo de alguien que era pobre en espíritu. En Filipenses 3:13-14 Pablo testificó:
“Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya asido; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta para alcanzar el premio del llamamiento a lo alto, que Dios hace en Cristo Jesús”.
La nota 2 acerca de olvidando en el versículo 13 explica:
“A fin de ganar a Cristo a lo sumo, Pablo no solamente había olvidado sus experiencias en el judaísmo sino que también se negaba a estancarse en sus antiguas experiencias de Cristo. Él olvidaba el pasado. No olvidar y quedarnos nuestras experiencias del pasado, por muy genuinas que hayan sido, estorban nuestra búsqueda de Cristo”.
Pablo no quería ser retenido o prevenido de experimentar y disfrutar más de Cristo. Él deseaba experimentar a Cristo a lo sumo, debido a que él había recibido una revelación de parte de Dios acerca de cuán rico Cristo es. En Efesios 3:8 Pablo dijo:
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo como evangelio”.
Pablo vio que el Cristo a quien él amaba es inescrutablemente rico en relación a quien Él es y lo que Él ha logrado. Él es rico en amor, santidad, justicia, bondad, longanimidad, perseverancia, fidelidad y mucho más. Él es rico en todo lo que Él ha logrado y alcanzado en Su nacimiento, vivir humano perfecto, muerte y resurrección.
Así que, aunque Pablo había disfrutado mucho a Cristo al momento de escribir el libro de Filipenses, él no estaba satisfecho. Él sabía que todavía había mucho más de Cristo por experimentar. Él vivió su vida cristiana continuamente olvidando lo que quedaba atrás y extendiéndose a las experiencias nuevas de Cristo que estaban por delante.
Lo que esto significa para nosotros hoy
Cada día que el Señor nos da está lleno de oportunidades para experimentar y disfrutar a Cristo. En lugar de intentar aferrarnos a las experiencias del día anterior o estar satisfechos con ellas, deberíamos acudir al Señor Jesús con un espíritu descargado. Entonces, cuando pasemos tiempo con Él en oración y en la Palabra, lo disfrutaremos de una manera fresca y recibiremos algo nuevo de Él.
Pero si somos orgullosos y pensamos: “Oh, ya sé qué dice ese versículo”, no podremos recibir lo que el Señor Jesús nos quiere hablar en ese momento.
En lugar de tener una actitud orgullosa, podemos ejercitar nuestro espíritu para orar: “Señor Jesús, no me dejes pensar que yo sé lo que este versículo significa. Señor, vacíame y descárgame. Hazme pobre en espíritu. No quiero perder el hablar fresco que tienes para mí”.
Porque de ellos es el reino de los cielos
El Señor Jesús dijo que aquellos que son pobres en espíritu son bienaventurados —esto es, dichosos— porque de ellos es el reino de los cielos.
Jesús no dijo: “Porque de ellos será el reino de los cielos”. Él dijo: “Porque de ellos es el reino de los cielos”. Esto significa que no tenemos que esperar para disfrutar el reino de los cielos en el futuro; podemos participar de él hoy.
A medida que acudimos al Señor Jesús y a Su Palabra estando vacíos y descargados de todo lo que pensamos que sabemos, podemos aprehender y poseer el reino de los cielos todos los días. Ya que el reino de los cielos no es algo material o físico, sino espiritual, no es de extrañar que debemos ser pobres en espíritu para poseerlo y disfrutarlo.
El reino de los cielos es un asunto grande y profundo en el Nuevo Testamento, especialmente en el Evangelio de Mateo, y su importancia no se puede cubrir en una sola entrada. Para entender más del reino de los cielos, le animamos a que lea la nota 4 en Mateo 5:3 en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Esta nota sustancial explica lo que es el reino de los cielos y está acompañada de muchos otros versículos de referencias acerca del mismo tema. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Muchas personas están familiarizadas con las palabras preciosas del Salmo 23 en el Antiguo Testamento acerca del Señor como nuestro Pastor. Pero ¿sabía usted que el Nuevo Testamento también nos muestra cómo Jesús es nuestro Pastor hoy?
Hoy leeremos algunos versículos y notas del Nuevo Testamento Versión Recobro que revelan diferentes aspectos de lo que Jesús como nuestro Pastor hizo en el pasado para cuidar de nosotros y cómo continúa pastoreándonos hoy.
1. Lucas 15: el Pastor buscó pecadores en el mundo
Lucas 15 nos dice que los recaudadores de impuestos y pecadores venían a Jesús. Al ver esto, algunos fariseos y escribas, justos en su propia opinión, lo criticaron. En el versículo 2, murmuraban entre ellos, diciendo: “Éste a los pecadores acoge, y con ellos come”.
Jesús les respondió con tres parábolas que revelan el corazón de Dios hacia los pecadores. Nos centraremos en la primera parábola en los versículos 3-7:
“Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.
La parábola que Jesús relató no se trataba de un juez que salía a cazar a los malhechores para castigarlos. En cambio, Él habló de un pastor que fue tras su oveja perdida para llevarla a casa. Esto nos muestra que Jesús es nuestro Pastor que nos buscó a nosotros los pecadores perdidos y nos trajo de vuelta a Sí mismo.
¿Cómo fue el divino y eterno Hijo de Dios tras nosotros para encontrarnos? ¿Y dónde estábamos? Como ilustra Su parábola, estábamos perdidos en el desierto, un lugar árido y abandonado.
La nota 1 sobre Lucas 15:4 en la Versión Recobro explica lo que representa ese desierto:
“Representa el mundo; esto indica que el Hijo vino al mundo para estar con los hombres (Jn. 1:14)”.
Para ir tras nosotros, Jesús tuvo que venir a este mundo desolado al llegar a ser un hombre de carne y sangre. ¡Qué paso tremendo dio nuestro Pastor para traernos a casa!
Esta parábola en Lucas 15 nos muestra el amor de Dios para con nosotros. Éramos pecadores, perdidos en el desierto de este mundo, lejos de Dios e incapaces de volver a Él. Pero el Hijo de Dios llegó a ser un hombre para ir tras nosotros, encontrarnos y traernos de vuelta a Dios.
Sí, Jesús acoge y come con pecadores. ¡Y se regocija de tenernos, que una vez estuvimos perdidos, de vuelta a casa con Él!
2. Juan 10: el buen Pastor dio su vida por las ovejas
En Juan 10:11, Jesús dijo:
“Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”.
Primero, nuestro Pastor, Jesús, se hizo hombre para encontrarnos a nosotros los pecadores perdidos en el desierto del mundo. Además, Él dio Su vida por nosotros al morir en la cruz. Así es como Él nos trae de vuelta a Sí mismo.
La nota 1 sobre vida en la Versión Recobro nos muestra el resultado de que Jesús diera Su vida por nosotros:
“Gr. psujé, alma; esto es, vida del alma, y así también en los siguientes versículos. Como hombre, el Señor tiene la vida psujé, la vida humana, y como Dios Él tiene la vida zoé, la vida divina. Él puso Su alma, Su vida psujé, Su vida humana, para efectuar la redención por Sus ovejas (vs. 15, 17-18) a fin de que participaran de Su vida zoé, Su vida divina (v. 10b), la vida eterna (v. 28), por la cual pueden formar un solo rebaño, bajo un solo Pastor, Él mismo. Como el buen Pastor, Él alimenta a Sus ovejas con la vida divina de esta manera y con este propósito”.
El buen Pastor dio su vida por nosotros para redimirnos. Sin esta redención, nunca podríamos volver a Dios. Pero debido a que Él murió por nosotros, no sólo podemos ser redimidos, sino incluso recibir zoé, la vida divina de Dios.
No sólo eso, todas las ovejas que son redimidas y comparten la vida del Señor son formadas en Su único rebaño.
En Juan 10:16, Jesús dijo: “Habrá un solo rebaño, y un solo Pastor”.
La nota 2 sobre un solo rebaño en este versículo explica:
“Un solo rebaño significa una sola iglesia, el Cuerpo de Cristo (Ef. 2:14-16; 3:6), producido por la vida eterna y divina del Señor, la cual Él impartió en Sus miembros a través de Su muerte (vs. 10-18)”.
Jesús ciertamente nos ama a cada uno de nosotros y nos conoce personalmente por nombre. Pero Él no quiere que seamos ovejas individuales y separadas. Al dar Su vida por nosotros, Él nos redimió e impartió Su vida en nosotros. Su vida en nosotros nos hace Su único rebaño: la iglesia, el Cuerpo de Cristo. Este solo rebaño es el resultado de que el buen Pastor dé Su vida por las ovejas.
Qué maravilloso que ya no seamos ovejas perdidas, vagando solas por el desierto. ¡Ahora somos ovejas redimidas y parte del único rebaño bajo el cuidado de nuestro buen Pastor!
3. Hebreos 13:20: el gran Pastor resucitó de entre los muertos
Hebreos 13:20 dice:
“Ahora bien, el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, en virtud de la sangre del pacto eterno”.
Hemos visto cómo nuestro Pastor vino al mundo al llegar a ser un hombre y dio Su vida por nosotros. Pero por supuesto, ese no fue el final. ¡Jesús resucitó de entre los muertos!
El Jesús resucitado es hoy el gran Pastor. Pero esto no es sólo un hecho objetivo; es algo que podemos experimentar subjetiva y personalmente todo el tiempo.
Debemos ver lo que sucedió en la resurrección de Cristo para que esto fuera posible, así que vayamos a 1 Corintios 15, un capítulo sobre la resurrección. Pablo escribió esta palabra profunda en el versículo 45:
“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán [Cristo], Espíritu vivificante”.
Este versículo nos dice que en resurrección, Cristo, el postrer Adán, fue hecho el Espíritu vivificante.
Leamos parte de la nota 1 sobre este versículo para ver lo que eso significa para nosotros:
“Primero, en la encarnación, Él [Cristo] llegó a ser carne para efectuar la redención (Jn. 1:14, 29); luego, en resurrección llegó a ser el Espíritu vivificante para impartirnos vida (Jn. 10:10b). […] Ahora Él es el Espíritu vivificante en resurrección, tiene un cuerpo espiritual y está listo para ser recibido por Sus creyentes. Cuando creemos en Cristo, Él entra en nuestro espíritu y somos unidos a Él, quien es el Espíritu vivificante. Por tanto, llegamos a ser un espíritu con Él (6:17)”.
El Hijo de Dios vino como hombre de carne y sangre para poder morir por nosotros para redimirnos. Pero Él no se detuvo ahí. Él quería impartirse a Sí mismo como vida en nosotros. Como hombre en la carne, Jesucristo nunca podría entrar o vivir en nosotros. Pero en resurrección, Él llegó a ser el Espíritu vivificante; cuando creímos en Él, Él como Espíritu vino a nosotros para vivir en nuestra parte más profunda, nuestro espíritu.
Hoy el Jesús resucitado, el gran Pastor, está viviendo en nuestro espíritu como Espíritu vivificante, pastoreándonos desde nuestro interior.
Veamos ahora algunos de los detalles de cómo Él nos pastorea interiormente.
4. 1 Pedro 2:25: el Pastor cuida de nuestras almas
Ahora leamos 1 Pedro 2:25:
“Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas”.
El Señor que vive dentro de nosotros como Espíritu vivificante es el Pastor de nuestra alma. Este versículo expresa un sentimiento verdaderamente tierno hacia todas Sus ovejas.
La nota 2 de este versículo explica:
“Nuestra alma es nuestro ser interior, nuestra verdadera persona. Nuestro Señor, como Pastor y Guardián de nuestras almas, nos pastorea al cuidar del bienestar de nuestro ser interior y al velar por la condición de nuestra verdadera persona”.
El Señor definitivamente se preocupa por los asuntos externos de nuestra vida, como nuestra comida, vestimenta y vivienda. Pero Él también sabe que nuestra alma, nuestro ser interior, necesita mucho cuidado todo el tiempo. Es por esto que Él es el Pastor y Guardián de nuestras almas.
Especialmente cuando estamos en situaciones dolorosas o difíciles, es fácil que nuestra alma esté afligida. A veces podríamos sentir que hemos sido puestos patas arriba; no sabemos qué pensar ni cuál dirección tomar. Pero el Señor calma las tormentas turbulentas en nuestra alma y dirige nuestros pensamientos, consuela nuestras emociones y guía nuestras intenciones en el camino correcto.
Debido a que el Señor supervisa continuamente nuestras almas, Él sabe cuándo estamos ansiosos o adoloridos. También sabe cómo consolarnos y animarnos cuando estamos en lo más profundo del sufrimiento y la angustia.
Isaías 53:3 dice que el Señor Jesús “fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción”. Independientemente de lo que estemos pasando, Él es más que capaz de simpatizar con nosotros y cuidar de nuestras almas.
Así que no importa lo que estemos enfrentando, podemos recurrir a nuestro Pastor, Jesús, quien vive en nosotros. Podemos derramar nuestros corazones a Él y dejar que Él cuide de nosotros, nos guíe y nos dé Su paz.
5. Apocalipsis 7:17: el Cordero pastorea y nos guía
Apocalipsis 7:17 dice:
“Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a manantiales de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.
Jesús es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo. Ahora el Cordero nos pastorea y nos guía a manantiales de aguas de vida. Esta agua viva es sólo el Señor mismo.
Vemos esto en Juan 7:37, donde Jesús alzó la voz, diciendo:
“Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”.
El Señor no quiere que estemos espiritualmente secos, insatisfechos o sedientos; Él quiere que lo bebamos como el agua de vida, que sacia nuestra sed. Una forma sencilla en que podemos beberlo es invocar Su querido nombre. Al invocar “Señor Jesús”, bebemos de los manantiales de aguas de vida. Nuestra sed interior está saciada y somos avivados.
En Apocalipsis 7:17, también tenemos la promesa preciosa de que Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos. ¡Qué íntimo, reconfortante y dulce es esto!
Cuando estamos llenos de penas, podemos derramar nuestras lágrimas ante Dios para que Él pueda enjugarlas. Entonces el Cordero nos guía a Sí mismo como los manantiales de aguas de vida para que bebamos profundamente. ¡Qué Pastor tenemos!
Podemos ser consolados al saber que el Señor Jesús hoy es nuestro querido Pastor. Él mostró Su gran amor para con nosotros al llegar a ser un hombre y morir en la cruz para redimirnos a nosotros los perdidos. Y nuestro Gran Pastor en resurrección llegó a ser el Espíritu vivificante que ahora vive en nuestro espíritu. Él supervisa continuamente nuestras almas y pastorea nuestro ser interior de una manera detallada e íntima. Y en nuestras penas, el Señor nos conduce tiernamente a Sí mismo como manantiales de aguas de vida para que nuestra sed interior pueda ser saciada. ¡Qué maravilloso es esto!
Por supuesto, el pastoreo maravilloso del Señor hacia nosotros no carece de objetivo. Él quiere que crezcamos en Su vida y seamos llenos de Él. Así que, como nuestro Pastor, Él cuida de nosotros y dispone las mejores circunstancias para que este crecimiento se lleve a cabo. Así llegaremos a ser Su expresión y cumpliremos el plan de Dios para la humanidad.
Esperamos que leer estos versículos y notas haya aumentado su aprecio por el Señor como nuestro Pastor. Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todas las notas que acompañan los versículos que mencionamos.

En 2 Corintios 13:5, el apóstol Pablo les hace una pregunta a los creyentes corintios: “¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros?”.
Al escribir Jesucristo está en vosotros, Pablo no estaba hablando poética o metafóricamente. Él quiso decir que Jesucristo estaba literalmente morando dentro de ellos. Muchos otros versículos en la Biblia confirman el hecho de que el Señor Jesús realmente vive en Sus creyentes.
Al igual que los corintios, los creyentes actuales necesitamos darnos cuenta de este hecho acerca de nosotros mismos. Cristo no está fuera de nosotros como un tipo de Ayudante cuando lo necesitamos; Él realmente vive en nosotros y está con nosotros todo el tiempo.
Muchos versículos de la Biblia nos dicen sin lugar a dudas que Jesucristo vive en Sus creyentes. En esta entrada destacaremos sólo ocho de estas maravillosas porciones de las Escrituras.
1. Romanos 8:10: “Cristo está en vosotros”
“Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, el espíritu es vida a causa de la justicia”.
Los seres humanos fuimos creados por Dios con tres partes distintas: cuerpo, alma y espíritu. Nuestro espíritu humano es nuestra parte más profunda, creada con la capacidad de contactar y recibir el Espíritu de Dios. Cuando recibimos a Jesús como nuestro Salvador, Él entró en nuestro espíritu. Ahora Él está en nosotros, así que nuestro “espíritu es vida”.
2. 2 Corintios 4:6-7: “Este tesoro en vasos de barro”
“Porque el mismo Dios que dijo: De las tinieblas resplandecerá la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.
En el versículo 7, el apóstol Pablo describe a los creyentes como vasos de barro que contienen este tesoro. ¿Qué es este tesoro? En el versículo 6 vemos que el tesoro es Jesucristo, en cuyo rostro vemos la gloria de Dios. Cristo vive en nosotros, vasos de barro, como un tesoro precioso, revelándonos la gloria de Dios desde nuestro interior.
3. Gálatas 1:15-16: “Su Hijo en mí”
“Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por Su gracia, revelar a Su Hijo en mí”.
Podríamos pensar que este versículo debería leer: “agradó a Dios…revelar a Su Hijo a mí”. Pero en griego, el idioma original del Nuevo Testamento, la preposición es inequívocamente en, por lo que el versículo lee: “revelar a Su Hijo en mí”. El plan de Dios es revelar a Su Hijo en nosotros, desde el interior, en vez de a nosotros, desde el exterior. Desde nuestro interior, Dios se complace en revelar más de la Persona maravillosa de Cristo.
4. Gálatas 2:20: “Mas vive Cristo en mí”
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.
Aquí Pablo no dijo: “vivo de una manera semejante a Cristo”, o “glorifico a Cristo por medio de mi comportamiento”. No, él dijo: “vive Cristo en mí”, mostrándonos claramente que Cristo vive en Sus creyentes. Debido a que Él vive en nosotros, la vida cristiana no es un asunto de tratar de comportarse como Cristo, sino de permitirle vivir en nosotros y a través de nosotros.
5. Gálatas 4:19: “Cristo sea formado en vosotros”
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”.
Así como una mujer sufre dolores de parto, o labora para dar a luz, Pablo dijo que él sufría dolores de parto para producir a los creyentes en Galacia como sus hijos espirituales. Este sufrimiento comenzó cuando él les predicó el evangelio, ayudándoles a nacer de nuevo con la vida de Dios al recibir al Señor Jesús como su Salvador. Luego en este versículo, Pablo dijo que continuaba laborando en ellos a fin de que el Cristo que recibieron fuese plenamente formado en ellos. Cristo vive en nosotros desde el momento en que somos salvos, pero Él quiere ser formado en nosotros de una manera definida al crecer en nosotros. Día a día, necesitamos darle la oportunidad de crecer y formarse en nosotros. A medida que lo hacemos, Cristo podrá expresarse a Sí mismo más plenamente a través de nosotros en nuestra vida diaria.
6. Efesios 3:17: “Que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones”
“Para que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones por medio de la fe, a fin de que, arraigados y cimentados en amor”.
Jesucristo vive en nuestro espíritu. Pero a partir de ahí, Él quiere extenderse al resto de nuestro ser interior, es decir, a nuestro corazón. Nuestro corazón incluye nuestra mente, parte emotiva, voluntad y conciencia. El Señor no sólo quiere visitar nuestro corazón como un huésped visita un hotel. Él quiere que nuestro corazón sea Su hogar, donde Él tenga la libertad de vivir y moverse.
7. Colosenses 1:27: “Cristo en vosotros”
“A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”.
Este versículo nos muestra no sólo que Cristo está en nosotros, sino que Él está en nosotros como nuestra esperanza de gloria. Cuando creímos en Él, Cristo vino a vivir en nuestro espíritu. Ahora Él se está moviendo hacia nuestro corazón para convertirlo en Su hogar. En el futuro, cuando Él regrese, incluso se extenderá a nuestro cuerpo para que la gloria de Dios pueda brillar a través de todo nuestro ser. Aquel que vive en nosotros es nuestra esperanza de tal gloria.
8. 2 Tesalonicenses 1:10: “Glorificado en Sus santos”
“Cuando venga en aquel día para ser glorificado en Sus santos y ser admirado en todos los que creyeron”.
La segunda venida de Cristo seguramente será una maravilla. Y de acuerdo con este versículo, sucederá algo maravilloso: Su gloria será revelada desde el interior de Sus creyentes. El Cristo en nosotros, que está viviendo en nosotros, siendo formado en nosotros, haciendo Su hogar en nuestros corazones y que es nuestra esperanza de gloria, se revelará desde nuestro interior.
¡Qué gloria para Dios, maravilla para el hombre y vergüenza para el diablo, que haya personas en esta tierra que escojan recibir a Cristo y le permitan crecer en ellos y ser glorificado en ellos para que todos lo vean!
Hemos tocado brevemente el tremendo asunto de que Cristo vive en nosotros en esta entrada de blog. Cada uno de estos ocho versículos tiene una cantidad de notas de estudio invaluables en el Nuevo Testamento Versión Recobro que ayudan a abrir aún más la Palabra de Dios. Si usted vive en los Estados Unidos, le recomendamos encarecidamente que pida una copia gratuita de esta Biblia de estudio y lea estas notas por sí mismo.
Al estudiar estos ocho versículos y otros similares, podemos obtener una comprensión sólida de la preciosa verdad de que el Señor vive en nosotros. Podremos responder a la pregunta de Pablo: “¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros?” con un enfático: “¡Sí!”. Tal comprensión enriquecerá nuestra vida cristiana de una manera práctica y diaria.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.
