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La vida cristiana
Conectarse a la fuente de energía para nuestra vida cristiana

En un momento u otro, todos hemos echado un vistazo a nuestro teléfono celular sólo para ver que la batería está en la zona roja. Tiene tan poca carga que podría agotarse por completo mientras estamos en una llamada urgente, o hacer que perdamos un correo electrónico o mensaje importante.

Con demasiada frecuencia, nuestra vida cristiana puede parecer que está en la “zona roja”. Las interminables demandas de la vida cotidiana, la familia, el trabajo y los problemas financieros nos desgastan. Además de eso, estamos desanimados por nuestros pecados y fracasos, y nos sentimos incapaces de seguir al Señor. Parece que apenas tenemos suficiente “jugo” para lidiar con todo en nuestras vidas. Estamos perpetuamente en un estado de “batería baja”, a punto de agotarse por completo.

Sentirse agotado y debilitado indica que necesitamos más carga espiritual. Pero ¿cómo la conseguimos?En esta entrada, leeremos algunos versículos en Filipenses y Efesios, junto con sus notas esclarecedoras del Nuevo Testamento Versión Recobro, para descubrir la fuente de energía para nuestra vida cristiana.

La experiencia de Pablo vista en Filipenses

Vayamos primero al libro de Filipenses, que es una carta escrita por el apóstol Pablo a los creyentes en Filipos.

En cada capítulo de este libro, Pablo habló de estar gozoso:

1:18: “Cristo es anunciado; y en esto me gozo; sí, me gozaré aún”.

2:17: “Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros”.

3:1: “Por último, hermanos míos, gozaos en el Señor”.

4:4: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez diré: ¡Regocijaos!”.

Éstas no fueron sólo algunas declaraciones superficiales y optimistas de Pablo. Entendemos esto fácilmente cuando nos damos cuenta de las circunstancias de Pablo en el momento en que escribió esta epístola. Él no estaba en un ambiente de comodidad y paz; él era un prisionero en Roma. Sin embargo, a pesar de que su situación era tan difícil, él declaró repetidamente que se regocijaba, y animó a los creyentes filipenses a regocijarse también en el Señor.

Definitivamente, ningún pensamiento positivo podría haber permitido a Pablo regocijarse en una situación de tanto sufrimiento. Sin embargo, en ese ambiente tan difícil, de alguna manera Pablo estaba lleno de gozo.

¿Cómo fue eso posible? En Filipenses 4:13, Pablo dijo:

“Todo lo puedo en Aquel que me fortalece con poder”.

Pablo no estaba hablando teóricamente. Éste fue su testimonio personal, su experiencia real. Él podía hacer todas las cosas, incluyendo regocijarse en el Señor mientras soportaba el encarcelamiento, en Cristo, quien lo fortaleció con poder. El regocijo de Pablo fue una manifestación de ser fortalecido con poder en Cristo.

Leamos la nota 2 en la Versión Recobro sobre la palabra fortalece:

“La palabra griega significa hacer dinámico interiormente. Cristo mora en nosotros (Col. 1:27). Él nos fortalece con poder, nos hace dinámicos internamente, no desde afuera. Al ser fortalecido con poder internamente, Pablo podía hacer todas las cosas en Cristo”.

Pablo pudo regocijarse porque Cristo lo fortalecía con poder, haciéndolo dinámico interiormente. Como resultado, en lugar de ser oprimido y deprimido por sus circunstancias, él estaba lleno de gozo.

Regocijarse requiere poder

Sabemos por experiencia que no se requiere mucha fuerza o esfuerzo para quejarse de una situación desagradable. Quejarse de nuestro entorno nos resulta demasiado fácil. Y cuanto más nos quejamos, más somos deprimidos.

Pero regocijarse, especialmente en un entorno difícil, requiere poder.

Así que, ¿cómo podemos ser fortalecidos con poder como lo fue Pablo para vivir una vida gozosa?

La oración de Pablo por nosotros

Si ignoramos que tal poder existe, definitivamente no sabremos cómo experimentarlo en nuestras vidas.

En Efesios 1:17-23, Pablo oró para que los creyentes conocieran cuatro asuntos espirituales cruciales. Uno de ellos es la supreminente grandeza del poder de Dios, como dice el versículo 19:

“La supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de Su fuerza”.

La nota 1 sobre poder en el versículo 19 dice:

“Según la oración del apóstol, el tercer aspecto que debemos conocer es la supereminente grandeza del poder de Dios para con nosotros. Para nosotros hoy esto es muy subjetivo y lo podemos experimentar. El poder de Dios para con nosotros es sumamente grande. Necesitamos conocerlo y experimentarlo”.

Este poder no está destinado a ser objetivo para nosotros. Dios tenía la intención de que conociéramos y experimentáramos este poder hoy y todos los días.

El poder supereminentemente grande de Dios

La nota 2 del versículo 19 explica este poder con más detalle:

“La supereminente grandeza del poder de Dios para con nosotros es conforme a la operación del poder de Su fuerza, que Él hizo operar en Cristo. El poder de Dios para con nosotros es el mismo poder que Él hizo operar en Cristo. Cristo es la Cabeza, y nosotros somos el Cuerpo. El Cuerpo participa del poder que opera en la Cabeza”.

Cristo es la Cabeza, y nosotros los creyentes somos Su Cuerpo. Así es como podemos participar en el poder que opera en Cristo la Cabeza.

Efesios 1:19-22 describe cómo Dios hizo que este poder operara en Cristo. Este poder operó en Cristo para resucitarlo de los muertos, sentarlo en los lugares celestiales, sometiendo todas las cosas bajo Sus pies y hacerlo Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia.

Con razón Pablo le llamó a esto un poder supereminentemente grande.

Pablo dijo en el versículo 19 que este poder es “para con nosotros los que creemos”. Luego, en el versículo 22 dijo que Cristo es Cabeza sobre todas las cosas “a la iglesia”.

La nota 3 sobre Efesios 1:22 explica el significado de las dos frases para con nosotros los que creemos y a la iglesia:

“La frase a la iglesia implica una clase de transmisión. Todo lo que Cristo, la Cabeza, ha logrado y obtenido es transmitido a la iglesia, Su Cuerpo. En esta transmisión la iglesia participa de todos los logros de Cristo: Su resurrección de entre los muertos, el haber sido sentado en lo alto por causa de Su trascendencia, la sujeción de todas las cosas bajo Sus pies y el ser Cabeza sobre todas las cosas. Las frases para con nosotros los que creemos (v. 19) y a la iglesia indican que el poder divino, el cual incluye todo aquello por lo cual el Dios Triuno ha pasado, ha sido instalado en nosotros de una vez y para siempre, y que es transmitido a nosotros continuamente, haciendo que disfrutemos a Cristo ricamente y que tengamos la vida de iglesia adecuada como Su Cuerpo, Su plenitud, el cual es el producto de la bendición de Dios, anteriormente mencionada”.

El poder supereminentemente grande que venció toda cosa negativa y exaltó a Cristo a los lugares celestiales se transmite a la iglesia, Su Cuerpo. ¡Este poder, que incluye todo por lo que el Dios Triuno ha pasado, ha sido instalado en nosotros los que creemos y se transmite continuamente en nosotros! Así que no necesitamos suplicar para obtener poder; ya está en nosotros. Conocer este poder es algo tremendo.

Pero simplemente saber acerca del poder, e incluso saber que ha sido instalado en nosotros, no nos beneficiará tanto. Para que realmente experimentemos el poder que ha sido instalado en nosotros, se requiere una cosa más: necesitamos sacarle provecho.

Necesitamos conectarnos

Un teléfono celular no está diseñado para funcionar con su propia energía. Está construido con una batería que necesita ser recargada. Y aunque un enchufe puede estar disponible cerca, eso no es suficiente. Tenemos que conectar deliberadamente el teléfono al enchufe para que se pueda cargar.

De manera similar, no fuimos diseñados para funcionar con nuestra propia energía. Cristo quiere ser la fuente de poder para que hagamos todas las cosas. Y en nuestro caso, el poder divino no está sólo cerca de nosotros; está en nosotros, siempre disponible. Pero para experimentar la transmisión de ese poder supereminentemente grande, necesitamos estar “enchufados” a Cristo como nuestra fuente.

Cómo conectarse

Así que, ¿cómo podemos sacarle provecho al poder supereminentemente grande que está instalado y está siendo transmitido a nosotros? Nos “enchufamos” al contactar al Señor que vive en nosotros, en nuestro espíritu humano.

Dado que el poder supereminentemente grande de Dios ya ha sido instalado en nosotros, no se trata de pedirle al Señor que nos dé más poder. Simplemente necesitamos contactarlo a menudo para experimentar la transmisión de Sí mismo como poder a nosotros.

Así que necesitamos pasar tiempo con el Señor Jesús, especialmente por la mañana, para “enchufarnos”. Durante esos momentos, a medida que nos abrimos a Él en oración, leemos Su Palabra e incluso oramos con Su Palabra, Cristo imparte más de Su vida divina en nosotros. Así es como somos fortalecidos con poder en Cristo y hechos capaces de hacer todas las cosas en Él.

Y podemos ser fortalecidos con poder al invocar el nombre del Señor Jesús. Ésta es una manera sencilla de volvernos al Señor en nuestro espíritu e instantáneamente aprovechar la transmisión de este invencible poder divino. Podemos disfrutar de “cargas” rápidas en cualquier momento y en cualquier lugar, al invocar el nombre del Señor. También podemos enchufarnos y contactar al Señor al cantar y al hacer oraciones cortas. Si practicamos esto regularmente, nuestra queja se convertirá en regocijo en el Señor.

Cuando somos hechos dinámicos interiormente, nada en este mundo nos desanimará u oprimirá. En lugar de sobrevivir a duras penas, seremos vitalizados para vivir una vida gozosa, sin importar cuáles sean las circunstancias, capaces de hacer todas las cosas en Aquel que nos fortalece con poder.

Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todas las notas sobre los versículos que citamos en esta entrada.

El plan de Dios
¿Sabía que usted es un vaso que Dios quiere llenar?

La pregunta en el título de esta entrada puede parecerle extraña. La mayoría de nosotros no pensaríamos que somos un vaso.

Pero si queremos saber no sólo quién es Dios, sino también cómo nos percibe, debemos acudir a la Biblia. Es la Palabra de Dios la que nos revela a Dios. Y también revela que nosotros los seres humanos hemos sido creados por Dios como vasos.

Leeremos algunos versículos claves, junto con notas del Nuevo Testamento Versión Recobro, que nos revelan esta verdad fundamental. Conocer el significado y la importancia de ser un vaso afectará grandemente nuestra vida cristiana.

¿Qué es un vaso?

El diccionario define un vaso como un objeto que se utiliza para retener o contener algo. Puede estar hecho de materiales como vidrio, metal, madera, piedra o barro. Cosas como una botella, una lata o una taza son todos contenedores. Su propósito es ser llenos de una sustancia particular.

Por ejemplo, una taza está hecha específicamente para ser llenada con una bebida, como té o café, y la bebida necesita la taza para contenerlo.

Ahora que hemos repasado lo que es un vaso, veamos algunos versículos en la Biblia que hablan de nosotros como vasos.

Vasos en el Antiguo Testamento

Lamentaciones 4:2 dice:

“Los hijos preciosos de Sion, comparables al oro fino, ¡cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!”.

Por supuesto, los hijos preciosos de Sion son personas, y aquí dice que son tenidos por vasijas de barro, las cuales son vasos.

E Isaías 64:8 dice:

“Ahora, pues, Jehová, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú, nuestro Alfarero; y obra de Tus manos somos todos nosotros”.

Un alfarero es una persona que hace alfarería al moldear platos hondos, botellas y otros tipos de vasijas usando barro. Aquí, Isaías dice que Dios es el Alfarero, y Su pueblo el barro que Él formó en vasos.

Estos versículos deberían recordarnos Génesis 2:7, que nos dice que “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra”. Nosotros los seres humanos somos vasos de barro, obra de nuestro Dios Creador.

Vasos en el Nuevo Testamento

Ahora leamos algunos versículos en el Nuevo Testamento que se refieren a nosotros como vasos.

Romanos 9:21-23 dice:

“¿O no tiene autoridad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar Su ira y dar a conocer Su poder, soportó con mucha longanimidad los vasos de ira preparados para destrucción, para dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia, que Él preparó de antemano para gloria?”.

El apóstol Pablo aquí hace eco de los versículos del Antiguo Testamento en Lamentaciones e Isaías que presentan a Dios como Alfarero y al hombre como un vaso de barro. Pablo va más allá al revelar que el deseo de Dios es tener a los seres humanos como vasos de honra, que son vasos de Su misericordia, preparados para gloria.

La nota 1 sobre el versículo 21 en la Versión Recobro nos ayuda a entender lo que esto significa:

“Esto indica que Dios nos escogió para que fuéramos vasos de honra a fin de poder contenerle. Dios creó al hombre como un vaso que le pudiera contener; luego, de entre los muchos vasos, nos escogió a nosotros para que le contuviéramos a Él, el Dios de honra, a fin de ser vasos de honra. Finalmente, Él da a conocer Su gloria sobre nosotros, los vasos, para que lleguemos a ser vasos de Su gloria (v. 23). Todo esto proviene de Su misericordia y es conforme a ella; no lo podemos obtener por nuestros propios esfuerzos. Por esta razón, debemos adorarle a Él. ¡Le debemos adorar por Su misericordia!”.

¡Qué hecho tan asombroso! Dios nos creó para contenerlo a Él.

Antes de ser salvos, éramos vasos vacíos. Sentíamos que no teníamos propósito porque contener a Dios es el significado de nuestra existencia.

Aunque este concepto puede ser desconocido para nosotros, la Biblia revela claramente que Dios nos hizo como vasos en los que Él podría entrar y con quienes podría ser unido. De esta manera, la vida de Dios sería la vida del hombre, y Dios sería todo para el hombre.

Vasos creados a imagen de Dios

Así como cada tipo de vaso está diseñado teniendo en mente su contenido, Dios nos diseñó y creó de una manera muy especial. Génesis 1 dice que Dios creó las diferentes plantas “según su especie” y toda criatura viviente “según su especie”.

Pero del hombre, Génesis 1:26 nos dice:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”.

Nosotros, los seres humanos, fuimos hechos a imagen de Dios y conforme a Su semejanza. Tener la imagen de Dios significa que interiormente correspondemos a Dios. Por ejemplo, Dios tiene atributos divinos de amor, luz, santidad y justicia, y el hombre fue creado con virtudes que corresponden a estos atributos. Dios ama, piensa y decide, y nosotros también.

Que Dios nos haya creado conforme a Su semejanza significa que tenemos la forma de Dios. Así como una foto de una persona es una semejanza de esa persona, nosotros somos semejantes a Dios. Dado que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, correspondemos a Dios.

¿Qué había en el corazón de Dios cuando Él nos formó como vasos a Su imagen conforme a Su semejanza? Su deseo era que lo contuviéramos, fuéramos llenos de Él y lo expresáramos en esta tierra.

Para esto, Dios nos hizo con una parte muy especial: un espíritu humano, la parte más profunda y recóndita de nuestro ser.

Nuestro espíritu humano tiene la capacidad única de contactar, recibir y contener a Dios. Debido a que tenemos un espíritu, nosotros los vasos podemos recibir a Dios y compartir la propia vida de Dios. Así es como se puede cumplir el plan de Dios para con nosotros.

Vasos contaminados y luego limpiados

Pero aunque Adán, el primer hombre, fue creado como un vaso puro y limpio listo para recibir la vida de Dios, se apartó de Dios. A través de la desobediencia de Adán, toda la humanidad fue contaminada con pecado por el diablo. Dios nunca podría entrar en vasos pecaminosos y contaminados, y tales vasos nunca podrían expresar a Dios. Es más, la naturaleza santa y justa de Dios requería que Él juzgara a toda la humanidad. Parecía que todo estaba perdido.

Sin embargo, Dios se mantuvo firme en su intención de unirse al hombre. Así que, ¿cómo resolvió Dios este problema? En el transcurso del tiempo, Dios mismo se hizo un hombre de carne y sangre llamado Jesús. Jesús vivió una vida en la tierra que manifestó el amor, la santidad y la justicia de Dios a las personas. Su pureza, compasión y gracia se manifestaron en Su conducta, palabras y acciones. Su vivir expresó plenamente a Dios.

Luego Jesús, Aquel que no conoció pecado, murió en la cruz por nuestra redención. Él llevó el juicio de Dios que estaba sobre toda la humanidad para que aquellos que creen en Él pudieran ser perdonados y limpiados del pecado y salvos de la destrucción eterna.

Vasos limpiados para ser llenados

Ser perdonado y salvo es verdaderamente estupendo, pero ese no es el objetivo final de Dios. En cambio, aquellos que creen en Jesús el Salvador son vasos limpiados que pueden recibir a Dios.

Para ilustrar, digamos que tenemos una taza en la que queremos verter té, pero se ha ensuciado mucho. Ciertamente lavaríamos la taza para limpiarla. Pero no sólo queremos una taza limpia y vacía. La razón por la que la lavamos fue para poder llenarla con té.

Es lo mismo con nosotros. Jesús murió por nosotros para lavarnos de nuestros pecados no sólo para que estuviéramos limpios, aunque todavía vacíos. Él nos lava para poder entrar en nosotros y llenarnos de Sí mismo.

Adoramos y alabamos al Señor por haber efectuado la redención con Su maravillosa meta en mente: entrar en nosotros para ser nuestro contenido, nuestra vida y nuestro todo. Ahora veamos cómo es posible que Dios entre en nosotros.

Cómo Dios entró en nosotros

Después de que Jesús murió por nosotros, 1 Corintios 15:45 nos dice que el Cristo resucitado “fue hecho Espíritu vivificante”. Como Espíritu, Él puede entrar en todos los que creen en Él y ser unido a ellos para siempre.

Así que cuando primero nos arrepentimos y creímos en Jesús como nuestro Salvador, nos sucedieron dos cosas tremendas: fuimos perdonados y limpiados, y recibimos el Espíritu vivificante en nuestro espíritu.

Así es como Dios llegó a ser nuestro contenido. Ahora Él vive en nosotros y quiere ser todo para nosotros. Él quiere llenarnos completamente. Al ser llenos de Él, podemos vivir una vida que lo expresa. Por ejemplo, cuando amamos a los demás, los amamos con el amor de Dios. Cuando somos pacientes, es porque estamos llenos de Dios como nuestra paciencia.

Dios quiere llenarnos completamente

Recibimos a Dios por primera vez cuando Él entró en nuestro espíritu. Ahora Dios quiere que continuemos recibiéndole para que Él pueda llenar todo nuestro ser, como vemos en 1 Tesalonicenses 5:23:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

La última parte de la nota 5 sobre este versículo en la Versión Recobro dice:

“Dios nos santifica primero al tomar posesión de nuestro espíritu, mediante la regeneración (Jn. 3:5-6); luego, al extenderse como Espíritu vivificante desde nuestro espíritu hasta nuestra alma para saturarla y transformarla (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18); y por último, al vivificar nuestro cuerpo mortal a través de nuestra alma (Ro. 8:11, 13) y al transfigurar nuestro cuerpo con el poder de Su vida (Fil. 3:21)”.

¿Para qué es todo esto?

La meta de Dios al llenarnos completamente no es hacernos mejores personas; es para algo mucho más elevado que eso. Es hacernos vasos de gloria para que podamos expresarlo, como nos dice Romanos 9.

El enfoque de nuestra vida cristiana

Es posible que hayamos tenido el pensamiento que ante todo debemos ser útiles a Dios al hacer muchas cosas por Él.

Pero la manera en que Dios nos creó nos muestra que ésto no es lo que Dios quiere. Si fuera así, nos habría creado como herramientas, no como vasos. Una herramienta como un martillo es un instrumento que usted toma y usa para llevar a cabo una tarea. Una vez que haya terminado, lo deja de usar. La herramienta y el que la usa están separados el uno del otro.

Un vaso es diferente de una herramienta. No se puede usar para realizar una tarea. Simplemente contiene aquello para lo que fue diseñado contener. Y el contenedor y el contenido no están separados el uno del otro, sino que son uno el uno con el otro.

Dios no nos creó como herramientas. Él no quiere usarnos obligándonos a hacer muchas cosas por Él, todo mientras estamos separados de Él.

Lo que Dios quiere es que simplemente lo amemos y lo recibamos continuamente hasta que estemos llenos de Él en cada parte de nuestro ser. Así es como Él y nosotros llegamos a ser uno el uno con el otro cada vez más. Entonces lo que hagamos en unidad con Él será una expresión de Él. Ser un vaso lleno de Él es el punto de nuestra vida cristiana y es en lo que debemos enfocarnos todos los días.

Cómo podemos cooperar con Dios para ser llenos de Él

La manera más importante para que cooperemos con Dios es al estar abiertos a Él. Todos los vasos tienen una cosa en común: tienen una abertura, una boca. Esta abertura da acceso a lo que están diseñados para contener. Si la abertura de un vaso está cerrada o cubierta, no puede entrar nada. La boca del vaso tiene que estar abierta.

Y al igual que todos los vasos, los humanos tenemos una boca. En nuestra experiencia práctica, cooperar con Dios tiene mucho que ver con abrir nuestra boca a Él. Cuando abrimos nuestra boca al Señor, nuestro corazón está abierto y accesible a Él.

Una manera importante de abrir nuestra boca es en oración al Señor. Cuando oramos, podemos hablar con Él acerca de todo en nuestras vidas, tanto bueno como malo. Al tener comunión con Él en oración, Él tiene la oportunidad de entrar en todas nuestras circunstancias para llenarnos interiormente de Él mismo.

Al tener comunión con el Señor en oración, Él podría brillar sobre nosotros con respecto a los pecados que hemos cometido. Estos pecados son una barrera que impide que el Señor pueda llenarnos. Para eliminar esta barrera, simplemente necesitamos confesar nuestros pecados a Él. Esto le da al Señor la manera de continuar llenándonos.

También podemos orar oraciones como ésta:

“Señor Jesús, gracias por hacerme un vaso para contenerte para que pueda expresarte a todos los que me rodean. Gracias por vivir en mí. Señor, te abro mi corazón de nuevo. Lléname de Ti mismo más hoy”.

En esta entrada, hemos visto que la Biblia nos dice que Dios nos creó como vasos para contenerlo y expresarlo a Él para llevar a cabo Su propósito eterno. Practiquemos todos abrirnos continuamente al Señor para que podamos ser llenos de Él. Para aprender más, si vive en los EE. UU., puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro. Puede tomarse su tiempo para leer todos los comentarios sobre los versículos del Nuevo Testamento que mencionamos en esta entrada. También lo animamos a leer La economía de Dios, especialmente el capítulo 5. Puede descargar este libro gratis aquí desde cualquier parte del mundo.

El plan de Dios
Lo que realmente sucedió en el huerto del Edén: las consecuencias de la decisión que Adán y Eva tomaron

En una entrada anterior vimos que Dios les advirtió a Adán y Eva que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal a fin de protegerlos. Ese árbol representaba a Satanás, el enemigo de Dios y la fuente de la muerte. Lamentablemente, Adán y Eva desobedecieron a Dios. Esta desobediencia era seria de por sí, pero al comer del fruto de ese árbol también fueron corrompidos con la naturaleza maligna de Satanás.

En esta entrada veremos las consecuencias de su acción, y también lo que Dios hizo y todavía está haciendo hoy día para recobrar la humanidad que Él creó para Su propósito.

Los efectos del veneno

Debido a que Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, toda la humanidad fue corrompida con su elemento maligno. Este elemento maligno envenenó cada parte de nuestro ser.

Primero, nuestro espíritu humano —nuestra parte más profunda, creada por Dios para contactarlo, recibirlo y contenerlo— fue completamente amortecido. Efesios 2:1 nos dice que como seres humanos caídos estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Antes de nuestra salvación, aunque estábamos vivos físicamente, estábamos muertos en nuestro espíritu. Dios nos creó para que tuviéramos una relación amorosa e íntima con Él, pero al nuestro espíritu estar amortecido debido a la caída del hombre, quedamos incapaces de tan siquiera contactarlo.

Además, nuestra alma —compuesta de nuestra mente, parte emotiva y voluntad— fue totalmente envenenada por la naturaleza maligna de Satanás. Particularmente nuestra mente, la parte principal de nuestra alma, fue entenebrecida en su entendimiento, y no podía comprender las cosas de Dios. Colosenses 1:21 nos dice que el daño a nuestra alma fue tan extenso que ¡llegamos a ser enemigos de Dios en nuestra mente! Nuestra alma fue invadida completamente por Satanás, el enemigo de Dios.

Por último, nuestro cuerpo, el cual Dios creó puro e incontaminado, fue corrompido por la debilidad y la muerte y llegó a ser carne de pecado. Nuestra carne de pecado con sus concupiscencias llegó a ser una influencia maligna sobre todo nuestro ser.

Éstas son las consecuencias de lo que realmente sucedió en el huerto del Edén. Cada parte de nuestro ser fue dañada, Dios ya no podía usarnos e incluso llegamos a ser Sus enemigos.

La salvación que Dios efectúa

No es difícil ver que verdaderamente necesitamos la salvación. Necesitamos ser perdonados de nuestros actos pecaminosos y ser restaurados en nuestro ser corrupto. La salvación completa que Dios efectúa incluye ambos.

Jesucristo vino y murió en la cruz por nosotros como nuestro Sustituto. Él fue juzgado y condenado por Dios en nuestro lugar, como dice 1 Pedro 3:18:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevaros a Dios”.

Cuando nos arrepentimos y creemos en Jesucristo y en todo lo que Él hizo por nosotros, somos perdonados de nuestros pecados. Todos nuestros actos pecaminosos son eliminados por la muerte de Jesús en la cruz.

Además, Jesucristo también se levantó de entre los muertos y en 1 Corintios 15:45 se nos dice que en resurrección Él llegó a ser el Espíritu vivificante. Como Espíritu, Cristo entra en nuestro espíritu amortecido y lo aviva. Es así como nacimos de nuevo con la vida eterna de Dios. ¡Ahora tenemos la vida de Dios! Esto es lo que Él ha deseado para nosotros desde el Edén.

La vida divina de Dios en nosotros puede salvarnos de las consecuencias venenosas de lo que sucedió en el huerto del Edén.

Somos salvos en cada parte

Tener la vida eterna en nuestro espíritu es algo magnífico, pero ¿qué ocurre con las demás partes de nuestro ser corrupto? En realidad, que nuestro espíritu haya sido avivado es sólo el primer paso de la salvación completa que Dios efectúa en Cristo por nosotros.

Extendiéndose desde nuestro espíritu avivado, la vida de Dios comienza a avivar y restaurar las partes dañadas de nuestra alma: nuestra mente, parte emotiva y voluntad. Gradualmente, a medida que lo contactamos a Él y tenemos comunión con Él en oración y en Su Palabra, Dios transforma nuestra alma con Su vida maravillosa hasta que nuestros pensamientos, sentimientos y decisiones están en plena harmonía con Él.

La restauración que Dios efectúa también incluye nuestros cuerpos. Romanos 8:11 es un versículo maravilloso que muestra la magnitud de la salvación que Dios efectúa en todo nuestro ser:

“Y si el Espíritu de Aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, Aquel que levantó de los muertos a Cristo vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros”.

Finalmente, por medio de que la vida divina de Dios se extienda y crezca en nosotros, todo nuestro ser estará lleno de esta vida. En vez de expresar la naturaleza maligna de Satanás, expresaremos a Dios con cada parte. ¡Cuán completa y maravillosa salvación tenemos en Cristo!

Al darnos cuenta de lo que realmente sucedió en el huerto del Edén y las consecuencias de la desobediencia de Adán y Eva, podemos apreciar el alcance de la salvación que Dios efectúa, la cual es Su propósito. Como resultado, estamos llenos de amor por nuestro Salvador Jesucristo y le damos lugar para crecer en nosotros.

Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.

Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

El plan de Dios
¿Qué fue lo que realmente sucedió en el huerto del Edén?

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de Adán y Eva en el huerto del Edén. La desobediencia de Adán y Eva es lo que usualmente nos llama la atención en esta historia, y esto tiene sentido. Desobedecer a Dios es un asunto serio.

Pero ¿alguna vez se ha preguntado qué tenía de malo comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? ¿Cómo pudo ese hecho resultar en la caída de toda la humanidad? Y cuando Dios les dijo a Adán y Eva que no comieran de ese árbol, ¿estaba poniéndolos a prueba, sólo para ver si le obedecerían?

Puesto que Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron del árbol del conocimiento, Dios no podía simplemente ignorarlo. Su justicia requería que los castigara y los expulsara del huerto.

Pero ¿fue eso todo lo que ocurrió?

El mayor problema

Supongamos que una botella contiene algo venenoso, de modo que una madre le dice a su hijo: “No bebas de esta botella. Lo que hay dentro es peligroso”. ¿Acaso ella le da ese mandato al niño solamente para ponerlo a prueba y ver si ha de obedecerle o no? Claro que no. Su mandato es en realidad una advertencia amorosa. Supongamos que el niño desobedece y bebe de la botella. Ciertamente, su desobediencia es un problema. Pero ahora, debido a que bebió de la botella, el niño ha sido envenenado, y eso es un problema mucho más grave.

Esta situación es muy parecida a lo que ocurrió en el huerto con Adán y Eva. El problema no sólo fue que desobedecieron a Dios. El problema más grave fue lo que ingirieron y el efecto que esto tuvo en ellos. Y puesto que Adán representaba a toda la humanidad, lo que sucedió allí afectó a todos los seres humanos.

Dos árboles en el huerto del Edén

A fin de protegerlos, Dios les mandó a Adán y Eva que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. Él les dijo que si comían de ese árbol, morirían, porque ese árbol representaba a Satanás, la fuente de la muerte.

Sin embargo, en el huerto había otro árbol: el árbol de la vida. El árbol de la vida representaba a Dios, la fuente de la vida. Este era el árbol del cual Dios quería que el hombre participara a fin de que lo recibiera a Él, quien es la vida divina.

Aunque Dios tenía un anhelo profundo de compartir Su vida divina con el hombre, Él no obligaría al hombre que Él creó a comer de este árbol. En vez de eso, Dios quería que el hombre usara su libre albedrío para escogerlo. El hombre podía prestarle atención a la advertencia de Dios o no. Dependía de él.

Satanás engañó a Adán y Eva

Dios fue honesto con Adán y Eva, mandándoles que no comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal. Él les advirtió que hacer esto les traería muerte. Sin embargo, Dios los dejó escoger de cuál árbol comer.

Satanás, por el contrario, fue engañoso y vino a Eva en el huerto disfrazado de serpiente. Él quería que Adán y Eva desobedecieran a Dios debido a que él sabía que si comían del árbol del conocimiento, los seres humanos que Dios creó para expresarle ingerirían el veneno de su naturaleza maligna y serían corrompidos por el pecado y la muerte para siempre.

Hablando astutamente a Eva, Satanás distorsionó las palabras de Dios e incluso mintió abiertamente, insinuando que Dios estaba ocultando algo bueno de Adán y Eva. Él hizo que Eva dudara del buen corazón de Dios hacia ellos. Génesis 3:6 nos dice lo que sucedió después:

“Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer y que era deleitoso a los ojos, y árbol deseable para alcanzar la sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, con ella, y él comió”.

Adán y Eva desobedecieron a Dios y por medio de esta desobediencia ingirieron la naturaleza venenosa del diablo. Las consecuencias de lo que hicieron fueron profundas y nos afectan a cada uno de nosotros aún hoy día.

Asegúrese de leer la próxima entrada de esta serie para descubrir cuáles fueron estas consecuencias, cómo éstas afectan nuestras vidas hoy y qué hizo Dios al respecto.

Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 1 aquí.

Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La Biblia
Cómo obtener vida al leer la Biblia

En una entrada anterior explicamos lo importante que es saber que la esencia de la Biblia es el Espíritu. Puesto que solamente el Espíritu es el que da vida, a fin de poder obtener vida al leer la Biblia es necesario que contactemos el Espíritu en la Palabra. A medida que recibimos la vida, seremos nutridos espiritualmente y por medio de recibir este nutrir, creceremos en Cristo. De modo que, recibir vida de la Biblia es bien crucial para nuestra vida cristiana.

¿Cómo podemos obtener vida al leer la Biblia?

2 Timoteo 3:16 es un versículo clave que nos muestra de qué manera entrar en el Espíritu, que da vida cada vez que leemos la Palabra de Dios:

“Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

La primera parte de la nota respecto a dada por el aliento de Dios en este versículo nos ayuda a entender que el Espíritu es la esencia de las Escrituras. Ahora, enfoquémonos en la segunda parte de esta nota a fin de ver cómo podemos contactar el Espíritu en la palabra de Dios:

“Esto indica que la Escritura, la palabra de Dios, es el aliento que sale de Su boca. El hablar de Dios es Su exhalación. Por lo tanto, Su palabra es Espíritu (Jn. 6:63), o aliento. Así que, la Escritura es la corporificación de Dios el Espíritu. El Espíritu es, por lo tanto, la esencia misma, la sustancia, de la Escritura, así como el fósforo es la sustancia esencial de los cerillos. Debemos encender el Espíritu de la Escritura al contactarla con nuestro espíritu para obtener el fuego divino”.

Para recibir vida de la Biblia debemos “encender el Espíritu de la Escritura al contactarla con nuestro espíritu para obtener el fuego divino”. ¿Qué significa esto?

Un cerillo y la superficie adecuada

Para poder entender la analogía descrita en la nota, expliquemos un poco la función de un cerillo.

La cabeza de un cerillo esta hecha con fósforo. Cuando la cabeza del cerillo se pone en contacto con una superficie áspera, el calor de la fricción enciende este reactivo químico elevado. Supongamos que encendemos el cerillo en un suéter suave, hierba o botella de plástico, no pasa nada, pues no son el tipo de superficie adecuada. Sin embargo, cuando lo encendemos en una piedra granulosa, el cerillo inmediatamente se encenderá y convertirá en fuego.

Así que para comenzar el fuego, es necesario tener dos cosas: el cerillo y la superficie adecuada para encenderlo.

El Espíritu y nuestro espíritu

El ejemplo del cerillo y la superficie adecuada nos muestran de que manera obtener el fuego divino escondido en la Palabra de Dios. Para hacer esto, también se necesitan dos cosas: la Biblia (el cerillo) que está fuera de nosotros y nuestro espíritu humano (la superficie adecuada) que está dentro de nosotros.

Si acudimos a la Palabra de Dios ejercitando solamente nuestra mente con nuestro buen entendimiento, no se llevará a cabo un encendimiento o ningún fuego. Perderemos la oportunidad de obtener el Espíritu contenido en la Palabra de Dios. Nuestro espíritu humano es la superficie adecuada y no nuestra mente analítica o emociones inconstantes.

Si usamos nuestro espíritu humano como la superficie adecuada para encender el Espíritu de las Escrituras, el Espíritu nos dará vida.

Pero, ¿cómo ejercitamos o usamos nuestro espíritu para contactar al Espíritu en la Palabra de Dios?

Una de las maneras es la oración

Físicamente hablando, la mejor manera de ejercitar nuestros pies es caminar. Espiritualmente hablando, la mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es orar. A medida que leemos la Biblia y oramos, usamos nuestro espíritu. A medida que usamos nuestro espíritu y oramos, “encendemos”, o tenemos contacto con el Espíritu en la Palabra escrita de Dios.

Aún antes de comenzar a leer la Biblia, podemos hacer una pequeña oración como esta: “Señor Jesús, deseo tocar Tu espíritu en Tu Palabra. Señor, no solamente quiero leer las palabras impresas en blanco y negro, quiero recibirte como vida”. Orar de esta manera marca una gran diferencia mientras aprendemos a ejercitar nuestro espíritu cuando acudimos a la Biblia.

Entonces, cuando leemos Su Palabra, podemos seguir orando usando las palabras de la Biblia como nuestra oración. Podemos usar estas palabras para orar, alabarle, agradecerle y adorar al Señor.

Cómo orar la Palabra de Dios: un ejemplo

Usemos como ejemplo de cómo orar con la Palabra de Dios Juan 10:11:

“Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”.

Podemos orar con la Palabra de Dios de esta manera: “Señor Jesús, Te alabo, pues eres mi Pastor. Estoy alegre de que Tu seas mi Pastor.Gracias Señor que me hiciste una de Tus ovejas. Gracias Señor por poner Tu vida por mi”.

En otras palabras, podemos orarle al Señor usando Sus palabras en nuestra oración, las palabras contenidas en la Biblia, como nuestra oración. Al orar usando la Biblia, usamos nuestro espíritu humano y contactamos el Espíritu en la Palabra de Dios. Esto logra que la palabra de Dios nos transmita el Espíritu que nos da vida. Experimentamos lo que el Señor habló en Juan 6:63: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Esta vida alimenta a nuestro espíritu, satisface nuestra hambre interior por Dios y riega nuestra alma sedienta. De igual manera que un niño crece físicamente al ser alimentado, nosotros experimentamos el crecimiento espiritual en nuestra vida cristiana al ser alimentados por el Espíritu en la Palabra de Dios.

Conocer la esencia de la Biblia y ejercitar nuestro espíritu con la Palabra

Conocer que el Espíritu es la esencia de la Biblia revolucionará la manera en que respondemos a la Palabra de Dios. Ya no responderemos a la Palabra de Dios sencillamente como si fuera un libro de enseñanzas o una guía externa que nos dice cómo debemos vivir. No acudiremos a la Palabra de Dios usando solamente nuestra mente. En lugar de eso, ejercitaremos nuestro espíritu en la oración para contactar el Espíritu en la Palabra de Dios. Acudiremos a la Biblia con la expectativa de recibir vida de la Palabra de Dios.

Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La vida cristiana
¿Qué es el crecimiento espiritual?

¿Alguna vez se ha preguntado qué es el crecimiento espiritual? Como creyentes, es posible que hayamos escuchado a personas mencionar el crecimiento espiritual o cristiano. Pero ¿qué es el crecimiento cristiano?

El crecimiento es un tema tremendo en la Biblia. Pero en esta entrada, veremos algunos versículos claves en el Nuevo Testamento para obtener una visión general del crecimiento que Dios desea ver en nosotros los creyentes.

¿Qué es el crecimiento?

Tanto el insecto más pequeño como una enorme ballena crecen y se desarrollan según su especie. ¿Cómo es eso posible? Ambos tienen vida. No importa lo hermosa que sea una roca, no tiene vida y no puede crecer. El crecimiento sólo ocurre en las cosas que tienen vida.

Y según la Biblia, el crecimiento de los creyentes en Cristo también es completamente un asunto del crecimiento de la vida. Pero ¿qué significa esto?

Crecer en la vida divina

Para responder a estas preguntas, debemos darnos cuenta de lo que sucedió cuando primero nos arrepentimos y creímos en Jesucristo. Fuimos perdonados de nuestros pecados y salvados del juicio eterno. Pero eso no es todo. Algo monumental tuvo lugar dentro de nosotros: nacimos de nuevo del Espíritu de Dios en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser. Este nacimiento trajo la vida misma de Dios en nosotros.

Juan 1:12-13 dice:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio autoridad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Ya que fuimos engendrados de Dios con Su vida, fuimos hechos hijos de Dios. ¡Qué maravilloso es esto! Pero no deberíamos permanecer como niños. La vida de Dios en nosotros debe crecer y aumentar. Éste es el verdadero crecimiento espiritual.

Nuestro querido Padre Dios desea ver crecer a todos Sus hijos por el aumento de Su vida en nosotros. Necesitamos crecer día a día, año tras año, hasta alcanzar la madurez. Así es como se cumple Su gran plan para nosotros.

El crecimiento espiritual según la Biblia

El apóstol Pablo abordó la necesidad de que los creyentes crezcan en la vida divina en varios lugares en sus epístolas. De hecho, la vida que recibimos cuando nacimos de nuevo es una Persona maravillosa, Jesucristo. Así que Pablo habló del crecimiento como el aumento de Cristo en nosotros. Por ejemplo, en Gálatas 4:19, Pablo escribió:

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros”.

Pablo había viajado por Galacia en uno de sus viajes de predicación del evangelio. Como resultado de su labor, algunos allí creyeron en el Señor Jesús y nacieron de nuevo. Más adelante, escribió esta epístola a los Gálatas. En este versículo, Pablo indica que nacer de nuevo fue sólo el comienzo. Él continuó laborando para que Cristo aumentara y creciera dentro de ellos.

La nota 4 sobre este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:

“Cuando por primera vez Pablo predicó el evangelio a los gálatas y ellos fueron regenerados por medio de su predicación, Cristo nació en ellos pero no había sido plenamente formado en ellos. Aquí el apóstol volvía a sufrir dolores de parto para que Cristo fuese formado en ellos. Que Cristo sea formado en nosotros significa que Él ha crecido en nosotros hasta alcanzar plena madurez. Primero, Cristo nació en nosotros cuando nos arrepentimos y creímos en Él, luego Él vive en nosotros en nuestra vida cristiana (2:20), y, finalmente, será formado en nosotros en nuestra madurez. Es necesario que Cristo sea formado en nosotros para que seamos hijos mayores de edad y herederos de la bendición prometida por Dios, y para que seamos maduros en la filiación divina”.

Esta nota nos ayuda a ver que no deberíamos estar conformes con que Cristo haya nacido en nosotros. Necesitamos experimentar a Cristo viviendo en nosotros diariamente hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros, es decir, que haya crecido en nosotros hasta alcanzar plena madurez. A medida que Cristo crece en nosotros, lo expresamos a través de nuestro vivir en lugar de expresarnos a nosotros mismos.

Todos tenemos que admitir que Cristo aún no ha sido formado completamente en nosotros. Nuestros pensamientos y puntos de vista muchas veces siguen siendo nuestros, no los de Cristo. Nuestros sentimientos hacia las personas, nuestros deseos y nuestras reacciones todavía no son en su mayoría de Cristo. Y demasiados de nuestros objetivos, intenciones y decisiones son nuestros. Como resultado, la forma en que vivimos en nuestra vida diaria está muy lejos de expresar a Cristo a los demás.

Así que Cristo necesita aumentar, es decir, crecer, en todas estas áreas de nuestro ser para que Él pueda ser formado completamente en nosotros. El aumento de Cristo en nosotros es el crecimiento que Dios quiere ver.

El crecimiento requiere alimentación

¿Cómo puede Cristo crecer en nosotros? La alimentación es una necesidad para que cualquier forma de vida crezca.

Por ejemplo, la necesidad principal de un bebé es la alimentación. Casi inmediatamente después de nacer, un bebé comienza a comer. Al ser alimentado, crece un poco cada día. Y a medida que el niño crece, nunca se “gradúa” de comer.

El apóstol Pedro conecta el alimento espiritual y el crecimiento espiritual en 1 Pedro 2:2:

“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”.

La Palabra de Dios no es sólo para nuestro conocimiento. En realidad, el pensamiento de Pedro aquí es que la Palabra es leche nutritiva para que la bebamos y así podamos crecer.

Por supuesto, deberíamos conocer e incluso estudiar la Palabra de Dios, pero nuestra mayor necesidad es ser nutridos con la Palabra. Todos los días necesitamos anhelar y alimentarnos de la leche de la Palabra, para que podamos crecer hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros.

La nota 4 sobre crezcáis en la Versión de Recobro explica esto concisamente:

“Crecer es un asunto de vida y en vida. Recibimos la vida divina por medio de la regeneración, y necesitamos crecer en esta vida y con esta vida al ser nutridos con la leche que se transmite en la palabra de Dios”.

Así como los alimentos que comemos edifican nuestros cuerpos, la leche espiritual de la Palabra nos hará crecer en la vida divina.

Crecer día a día

Ver que la vida de Dios en nosotros debe aumentar nos ayuda a darnos cuenta de la importancia de tomarnos el tiempo para alimentarnos de la Palabra de Dios como nuestro alimento espiritual.

Una buena manera de comenzar nuestro día es comer un sustancioso desayuno espiritual. También podemos alimentarnos de la leche de la Palabra durante nuestra hora de almuerzo y por la noche, antes de irnos a la cama. Ser alimentado regularmente nos fortalece para vivir una vida cristiana saludable y le da al Señor una manera de crecer en nosotros.

Por supuesto, muchos otros factores también afectan nuestro crecimiento espiritual. Pero ser nutridos por la Palabra de Dios es absolutamente crucial. Así que, vengamos a la Biblia diariamente para alimentarnos de la leche de la Palabra. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Para obtener una visión más detallada del crecimiento espiritual en vida, también le animamos a leer El conocimiento de la vida. Puede descargar este libro electrónico gratuito aquí desde cualquier parte del mundo.

Conocer a Dios
La Biblia nos muestra que Dios es Triuno

Como cristianos, es crucial conocer los elementos centrales de nuestra fe. Una de estas creencias clave es la siguiente:

Dios es eternamente uno, y este único Dios es eternamente el Padre, el Hijo y el Espíritu; pero los tres, siendo distintos, no están separados.

Esta declaración acerca de que el Dios que es eternamente uno es el Padre, el Hijo y el Espíritu es profunda. Es imposible cubrir este tema de forma exhaustiva en una sola entrada. Pero dado que es esencial que tengamos una comprensión básica de quién es Dios, resaltaremos algunos versículos importantes relacionados con esta verdad crucial.

La Biblia revela que Dios es uno

Tomemos esa declaración de nuestra fe una frase a la vez, comenzando con “Dios es eternamente uno”.

La Biblia es el propio hablar de Dios, así que si queremos conocer a Dios, debemos confiar en lo que nos dice acerca de Él. La Biblia dice que en el universo sólo existe un Dios; no hay otro. Esta revelación es clara en varios versículos a través del Antiguo y Nuevo Testamento. Éstos son sólo algunos:

Deuteronomio 4:35:

“A ti te fueron mostradas estas cosas, para que supieras que Jehová es Dios; no hay otro fuera de Él”.

Isaías 45:5 y 21:

“Yo soy Jehová, y no hay ningún otro; no hay Dios fuera de Mí”.

“Y no hay más Dios que Yo”.

1 Corintios 8:4:

“No hay más que un Dios”.

1 Timoteo 2:5:

“Porque hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre”.

Estos y otros versículos nos dicen que Dios es únicamente uno.

Dios es uno y, sin embargo, tres

Ahora veamos la siguiente sección de la declaración: “Este único Dios es eternamente el Padre, el Hijo y el Espíritu”.

Hemos visto que Dios es uno. Pero Él también es el Padre, el Hijo y el Espíritu. Entonces, ¿es Él uno o tres? La respuesta es que Él es ambos.

El adjetivo triuno se deriva del latín y se compone de dos partes: “tri”, que significa tres, y “uno”, que, claramente, significa uno. Triuno significa literalmente tres-uno. El Dios eterno es uno; sin embargo, al mismo tiempo, es tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu. Dios es triuno. Aunque la palabra triuno no está en la Biblia, el hecho de que Dios es triuno se revela en muchos versículos.

Por ejemplo, en los siguientes versículos, se mencionan el Padre, el Hijo y el Espíritu. Pero el hecho de que el Padre, el Hijo y el Espíritu sean todos mencionados absolutamente no significa que hay tres Dioses. Acabamos de leer varios versículos en la sección anterior que declaran que Dios es uno. Poniéndolos junto con los versículos a continuación, vemos que Dios es uno, sin embargo, tres; tres, sin embargo, uno.

Mateo 3:16-17:

“Y Jesús, después que fue bautizado, en seguida subió del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre Él. Y he aquí, hubo una voz de los cielos, que decía: Éste es Mi Hijo, el Amado, en quien tengo complacencia”.

2 Corintios 13:14:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”.

Mateo 28:19 nos muestra particularmente que Dios es tres y, sin embargo, uno:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

En este versículo, el Señor Jesús les dijo a los discípulos que bautizaran a las personas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Note que el Señor usó nombre (singular) y no nombres (plural). El nombre singular del Padre, el Hijo y el Espíritu revela que Dios es triuno, o tres-uno.

¿Cómo es esto posible? Simplemente no podemos explicar cómo Dios puede ser tres y, sin embargo, uno, pero no podemos negar que esto es lo que la Biblia nos revela sobre Dios. Somos bendecidos cuando aceptamos la revelación divina tal como se presenta. Aunque no sabemos cómo esto puede ser, sabemos que lo es, porque la propia Palabra de Dios nos lo dice.

Dios es tres y, sin embargo, uno

En Juan 10:30 y 14:9, Jesús declaró:

“Yo y el Padre uno somos”.

“El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre”.

El Padre y el Hijo son uno, así que ver al Hijo era ver al Padre.

Vemos algo más en Juan 14:11, donde el Señor Jesús dijo:

“Creedme que Yo estoy en el Padre, y el Padre está en Mí”.

En este versículo, vemos que el Hijo y el Padre incluso moran el uno en el otro; son inseparables.

Sin embargo, versículos como Mateo 3:16-17 nos muestran que los tres del Dios Triuno son distintos.

¿Cómo puede ser todo esto? Esto está más allá de nuestra capacidad de comprender con nuestra mente. Simplemente debemos aceptar lo que la Biblia nos dice: nuestro Dios es uno; Él es el Padre, el Hijo y el Espíritu; sin embargo, los tres, siendo distintos, no están separados.

Podemos disfrutar del Dios Triuno

A estas alturas debería ser obvio que cuando se trata de comprender al Dios Triuno, la mente humana es limitada. No podemos comprender o explicar completamente este asunto profundo y misterioso de que Dios es tres, sin embargo, uno.

Pero necesitamos darnos cuenta de que el Dios Triuno no es simplemente un tema para un análisis frío. Él es una Persona viva y maravillosa que nos ama y a quien amamos. En el momento en que creímos en Jesucristo, nacimos de nuevo y este Dios Triuno misterioso vino a vivir en nuestro espíritu. Ahora Él quiere que lo disfrutemos y lo experimentemos. Él vive en nosotros para ser nuestra vida y todo para nosotros.

Veamos de nuevo 2 Corintios 13:14. Este versículo nos muestra especialmente que el Dios Trino quiere que lo disfrutemos:

“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”.

Aquí el apóstol Pablo no dijo simplemente: “El Señor Jesucristo, Dios y el Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Él unió la gracia con el Señor Jesús, el amor con Dios y la comunión con el Espíritu Santo. La gracia, el amor y la comunión son para nuestra experiencia y disfrute, y son del Dios Triuno mismo.

Entonces, aunque no podemos captar mentalmente el misterio de que Dios es triuno, seguramente todos podemos testificar que hemos experimentado la preciosa gracia de Cristo, el amor eterno de Dios nuestro Padre y la comunión íntima del Espíritu Santo. Día tras día, podemos disfrutar al Dios Triuno porque Él está con nosotros todo el tiempo. ¡Qué Dios Triuno maravilloso tenemos!

Como hemos visto en esta entrada, la verdad sobre el Dios Triuno es profunda. Mateo 28:19 y 2 Corintios 13:14 tienen notas extensas y reveladoras sobre este asunto en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Le animamos a leerlas para obtener una visión más completa del Dios Triuno. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí.

La Biblia
¿Cuál es la esencia de la Biblia?

Usted probablemente nunca se ha preguntado cuál es la esencia de la Biblia. Incluso le podría parecer rara esta pregunta. El diccionario define esencia como la cualidad indispensable de algo, el ingrediente más importante o elemento crucial de esa cosa. Esto es importante porque conocer la esencia de algo afecta cómo se maneja. Por lo tanto, conocer la esencia de la Biblia determina cómo la manejamos.

Necesitamos ver más allá de la superficie

Por ejemplo, consideremos una naranja. Cuando miramos una naranja, vemos su forma redonda, su color naranja y su cáscara llena de hoyuelos. Todas estas observaciones son correctas, pero si no conocemos la esencia de la naranja, la podríamos usar para algo distinto de su propósito. Podríamos jugar con ella porque parece una pelota, o podríamos utilizarla como decoración. Pero no disfrutaremos de la esencia de la naranja.

Sin embargo, una vez que sabemos cuál es la esencia de una naranja —su pulpa y jugo dulces—, la tratamos de manera muy diferente. Ya no estamos interesados en jugar con ella o ponerla en un estante. Queremos comerla o exprimirla para disfrutar su esencia. Así es como obtenemos el beneficio pleno de la naranja.

Deberíamos considerar la Biblia del mismo modo. Cuando miramos su “superficie”, ¿qué vemos? Podríamos ver una compilación de historias interesantes, un libro de buena moral y ética elevada, un manual de prácticas religiosas o una fuente de enseñanza doctrinal. Pero cuando manejamos la Biblia como un libro de cuentos o como un manual, no obtenemos el beneficio pleno de ella.

¿Por qué no?

Todas estas cosas se encuentran en la Biblia, pero no representan lo que la Biblia es. Para obtener el beneficio que Dios quiere que recibamos de Su Palabra, necesitamos ver la esencia —el elemento crucial— de la Biblia.

La esencia de la Biblia

Así que, ¿cuál es la esencia de la Biblia? La respuesta a esta pregunta se encuentra en 2 Timoteo 3:16:

“Toda la Escritura es dada por el aliento de Dios”.

Este versículo no dice que toda la Escritura es ordenada por Dios o enseñada por Dios. Dice que toda la Escritura es dada por el aliento de Dios. La primera parte de la nota 2 sobre dada por el aliento de Dios en el Nuevo Testamento Versión Recobro elabora:

“Esto indica que la Escritura, la palabra de Dios, es el aliento que sale de Su boca. El hablar de Dios es Su exhalación. Por lo tanto, Su palabra es espíritu (Jn. 6:63), o aliento. Así que, la Escritura es la corporificación de Dios el Espíritu. El Espíritu es, por lo tanto, la esencia misma, la sustancia, de la Escritura”.

Aliento y Espíritu son la misma palabra en los idiomas originales de la Biblia. Al decir que toda la Escritura es dada por el aliento de Dios, el apóstol Pablo indicó que la esencia de la Biblia es el Espíritu.

Juan 6:63 dice:

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.

No son las letras en blanco y negro de la Biblia las que dan vida, sino el Espíritu, quien es la esencia de esas palabras. Una vez que sepamos esto, acudiremos a la Biblia no solamente para aprender algo nuevo, sino para tocar el Espíritu, la esencia vivificante, en la Palabra.

La Biblia nos da vida

Al igual que con la naranja, podemos distraernos con la “superficie” de la Biblia y enfocarnos en las doctrinas o hechos que contiene. Sin embargo, lo más importante que podemos obtener de la Biblia —más importante que cualquier doctrina, enseñanza o historia— es la vida de Dios. Juan 10:10 incluso nos dice que Dios desea que tengamos Su vida y que la tengamos en abundancia.

El aliento de Dios, Su Espíritu, da vida. Las buenas enseñanzas no pueden darnos vida. La ética no puede darnos vida. Sólo el Espíritu puede darnos vida, y este Espíritu es la esencia de la Biblia.

Si vemos que el Espíritu es la esencia de la Biblia, al leerla acudiremos al Espíritu en la Palabra de Dios, y el Espíritu nos dará vida. Esta vida nos refrescará, nos avivará, nos alimentará y nos hará crecer en Cristo.

Lea sobre cómo podemos acudir al Espíritu en la Palabra de Dios en nuestras entradas, Cómo recibir vida de la Palabra de Dios y Cómo comer la Palabra de Dios.

Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

El plan de Dios
¿Tiene Dios un plan?

El mundo de hoy está lleno de problemas: guerras, crisis ambientales, violencia sin sentido, incertidumbre económica, nuevos virus preocupantes, agitación social. Cuando mira el caos alrededor del mundo, podría preguntarse: ¿Tiene Dios un plan? ¿Por qué creó todo? Y si tiene un plan, ¿cómo encajamos nosotros en él?

En esta entrada veremos versículos tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, junto con algunas notas claves de la Versión Recobro, para encontrar las respuestas a estas preguntas apremiantes.

Dios es un Dios de propósito

La Biblia nos muestra que Dios nunca hace nada sin propósito. Él siempre actúa intencionalmente, con un plan en mente. Por ejemplo, Apocalipsis 4:11 dice:

“Digno eres Tú, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y la honra y el poder; porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas”.

Este versículo deja en claro no sólo que Dios tiene una voluntad, sino que Él creó todas las cosas por Su voluntad.

Ahora leamos Efesios 1:11:

“En Él asimismo fuimos designados como herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de Su voluntad”.

Aquí las palabras propósito, consejo y voluntad nos indican que Dios es un Dios de propósito.

A partir de sólo estos dos versículos, podemos ver que Dios quiere algo. Y para obtener lo que Él desea, Dios tiene un plan y obra todo según el consejo de Su voluntad.

La creación de Dios del hombre

Ya que hemos visto que Dios creó todo por Su voluntad, consideremos la creación de Dios, especialmente Su creación del hombre.

Génesis 1 nos dice que cuando Dios creó los cielos y la tierra, simplemente habló. Dios dijo: “Haya”, y las cosas llegaron a existir, incluyendo la luz, la tierra seca, las plantas, las lumbreras (el sol, la luna y las estrellas), las criaturas marinas, las aves y los animales. Dios estaba feliz con lo que creó. La Biblia nos dice que Dios vio que era bueno.

Entonces Dios llegó a la cúspide de Su obra de creación: el hombre. En Génesis 1:26, la Biblia registra por primera vez el pensamiento de Dios con respecto al hombre que Él crearía:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”.

Dios quería hacer al hombre de una manera única: a Su imagen y conforme a Su semejanza. Puesto que Dios tiene una mente, parte emotiva y voluntad, Él quería que el hombre tuviera una mente, parte emotiva y voluntad.

También quería hacer al hombre conforme a Su semejanza, es decir, que se pareciera a Él. Por ejemplo, cuando usted mira una fotografía de una persona, ve la semejanza de esa persona. Dios quería que el hombre fuera conforme Su propia semejanza.

Luego, en lugar de simplemente decir: “Haya hombre”, Dios creó al hombre de una manera muy intencional. Génesis 2:7 dice:

“Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz aliento de vida, y llegó a ser el hombre alma viviente”.

Además de crear al hombre a Su propia imagen y conforme a Su semejanza, Dios también hizo al hombre con una característica distintiva: el espíritu humano. Zacarías 12:1 dice:

“Así declara Jehová, que extiende los cielos, pone los cimientos de la tierra y forma el espíritu del hombre dentro de él”.

¡El espíritu humano es tan especial que la Palabra de Dios lo pone al mismo nivel que la creación de los cielos y la tierra! Eso se debe a que el espíritu del hombre le permite al hombre contactar, recibir y contener a Dios.

No es de extrañar que después de que Dios creó los cielos, la tierra y finalmente al hombre, Génesis 1:31 dice esto:

“Y vio Dios todo cuanto había hecho, y he aquí, era muy bueno”.

Sólo después de que el hombre fue creado, Dios consideró a toda Su creación no solamente como buena sino muy buena. Dios estaba feliz con todo lo que Él creó, especialmente con el hombre.

El plan de Dios para la humanidad

Dios ya tenía miríadas de ángeles para adorarle y servirle. Lo que estaba en Su corazón para la humanidad era algo diferente.

En el corazón de Dios estaba el deseo profundo de entrar en los seres humanos que Él creó con tal consideración y cuidado. Él quería que lo recibiéramos para que Él pudiera unirse a nosotros. Dios quería compartir Su vida con nosotros y vivir en nosotros. En una relación tan íntima, Dios lo sería todo para nosotros. Él viviría junto con nosotros, y nosotros seríamos uno con Él.

Y debido a que fuimos creados a imagen de Dios y conforme a Su semejanza, al ser llenos de Él, Dios sería manifestado y expresado a través de nosotros y con nosotros. En pocas palabras, éste es el plan de Dios.

La caída de la humanidad

Hemos visto cómo Dios creó al hombre según Su plan de una manera maravillosa. Pero en este universo, Dios tiene un enemigo, Satanás. Satanás odia a Dios y odia al hombre porque el hombre cumplirá el deseo de Dios. Así que Satanás aprovechó la oportunidad y tentó al hombre a desobedecer a Dios. En lugar de recibir la vida de Dios como Dios deseaba, el hombre tomó la naturaleza maligna de Satanás. Debido a eso, toda la humanidad fue contaminada por el pecado y separada de Dios. Esta corrupción ha sido la fuente de todo el mal vicioso en el mundo a lo largo de toda la historia humana.

¡Pero nada puede impedir que Dios lleve a cabo Su plan con la humanidad! En Su sabiduría, Dios mismo se hizo hombre, Jesús. Jesús murió en la cruz por los pecados de todo el mundo. Él se encargó del problema entre el Dios justo y la humanidad pecadora. Debido a que la redención que Jesús efectuó es completamente efectiva, el plan de Dios se puede cumplir con todos los que creen en Jesús.

El plan de Dios y nuestra vida como creyentes

Como creyentes en Jesucristo, cuando lo recibimos como nuestro Salvador, nos sucedieron varias cosas maravillosas. Fuimos perdonados de nuestros pecados y salvos del juicio eterno. Y más que eso, Cristo vino a vivir en nuestro espíritu, nuestra parte más profunda.

Ahora el Salvador que nos ama y murió por nosotros ya no está fuera de nosotros. En 1 Corintios 6:17 se nos dice:

“Pero el que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.

La nota 2 en el Nuevo Testamento Versión Recobro sobre un solo espíritu explica el significado asombroso de este versículo:

“Esto indica que el Señor como Espíritu se mezcla con nuestro espíritu. Nuestro espíritu fue regenerado por el Espíritu de Dios (Jn. 3:6), el cual ahora está en nosotros (v. 19) y es uno con nuestro espíritu (Ro. 8:16). Ésta es la manera en que el Señor, quien se hizo el Espíritu vivificante por medio de la resurrección (15:45; 2 Co. 3:17) y quien ahora está con nuestro espíritu (2 Ti. 4:22), es hecho real para nosotros. En las epístolas de Pablo, por ejemplo en Ro. 8:4-6, frecuentemente se hace referencia a este espíritu mezclado”.

En 1 Corintios 15:45, al que se hace referencia arriba, se nos dice:

“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán [Cristo], Espíritu vivificante”.

Ahora, como Espíritu, el Señor está más que cerca de nosotros. Su Espíritu y nuestro espíritu están mezclados como uno solo. Esto nos lleva a la relación más íntima con el Señor.

El gran plan de Dios para cada uno de nosotros es que lo conozcamos no sólo objetivamente como nuestro Dios Creador, sino subjetivamente como Aquel que nos salvó y vino a vivir en nosotros.

Es porque Él vive dentro de nosotros que podemos conocerlo de una manera personal y en nuestra experiencia. Él puede hablarnos interiormente y nosotros podemos tener comunión con Él. Podemos disfrutar de Él mientras Él camina con nosotros, nos suministra, nos consuela y nos apoya todo el tiempo. En cualquier momento podemos contactarlo y experimentarlo en nuestro espíritu.

Dios quiere extenderse en nosotros

Es un hecho sorprendente que el Señor ahora está viviendo en nuestro espíritu, y podemos experimentarlo en cualquier momento. Pero Él no quiere permanecer confinado a nuestro espíritu. Él quiere extenderse de nuestro espíritu a todo nuestro ser. A medida que Él nos llena de Sí mismo, Él puede ser expresado a través de nosotros.

Vemos esto en 1 Tesalonicenses 5:23:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Nuestro ser está compuesto por nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo. Dios quiere santificarnos por completo, es decir, en cada parte.

La nota 5 en el Nuevo Testamento Versión Recobro sobre este versículo es iluminadora e incluye referencias a algunos versículos claves que le recomendamos que lea. La nota nos ayuda a ver cómo Dios obra para santificarnos por completo. La primera sección de la nota define nuestro espíritu, alma y cuerpo:

“Esta palabra claramente indica que el hombre consta de tres partes: espíritu, alma y cuerpo. El espíritu como nuestra parte más profunda, es el órgano interno, por el cual tomamos conciencia de Dios y tenemos contacto con Él (Jn. 4:24; Ro. 1:9). El alma es nuestro mismo yo (cfr. Mt. 16:26; Lc. 9:25), un intermediario entre nuestro espíritu y nuestro cuerpo; por ella somos conscientes de nosotros mismos y tenemos nuestra personalidad. El cuerpo como nuestra parte exterior es el órgano externo; por él somos conscientes del mundo y tenemos contacto con el mundo material. El cuerpo contiene el alma, y el alma es el vaso que contiene el espíritu. En el espíritu, Dios mora como Espíritu; en el alma mora nuestro yo; y en el cuerpo moran los sentidos físicos”.

Luego, la segunda sección explica cómo Dios santifica cada parte:

“Dios nos santifica primero al tomar posesión de nuestro espíritu, mediante la regeneración (Jn. 3:5-6); luego, al extenderse como Espíritu vivificante desde nuestro espíritu hasta nuestra alma para saturarla y transformarla (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18); y por último, al vivificar nuestro cuerpo mortal a través de nuestra alma (Ro. 8:11, 13) y al transfigurar nuestro cuerpo con el poder de Su vida (Fil. 3:21). Véanse las notas 122 y 123 de He. 4”.

Nuestra vida cristiana diaria

Nuestra vida como creyentes en Cristo es una de experimentar y disfrutar al Señor que mora en nuestro espíritu. En una relación amorosa e íntima con Cristo, podemos conocerlo y experimentarlo como todo para nosotros.

Y diariamente necesitamos mantener nuestra comunión con el Señor orando a Él, alimentándonos de Su Palabra, obedeciéndolo cuando Él nos habla sobre cualquier asunto en nuestra vida diaria, y confesando cualquier pecado del que Él nos haga conscientes. Al mantener nuestra relación amorosa con Él, Él tiene la oportunidad de crecer en nosotros y extenderse desde nuestro espíritu a cada parte de nuestra alma;  ​​finalmente, incluso avivará nuestro cuerpo.

Pero también necesitamos ver que esto no es sólo para nosotros como creyentes individuales. Dios quiere que todo Su pueblo redimido y regenerado sea saturado plenamente con Él. Entonces juntos serán la iglesia, el Cuerpo de Cristo, para expresarlo a Él en este universo, todo para la gloria de Dios.

Es por esto que Dios creó todas las cosas, y éste es Su plan para cada ser humano. Dios desea que todos los hombres sean salvos para que puedan ser parte de su plan maravilloso.

Ver el plan de Dios revolucionará la manera en que vemos el mundo y a la humanidad. Nada está sucediendo al azar. Su enemigo todavía está obrando incitando al caos y tratando de mantener a la gente alejada de Dios. Pero Dios, que es mucho más grande, está operando de muchas maneras para salvar a las personas y traerlas de vuelta a Su plan original. Esta perspectiva será una base sólida para nuestra vida cristiana e incluso nos ayudará a contarles a otros sobre el plan de Dios para ellos.

El tema del propósito y plan de Dios es grande y profundo y tiene muchos aspectos. Sólo lo hemos mencionado brevemente en esta entrada. Para una visión más detallada, puede descargar La economía de Dios aquí y comenzar leyendo el capítulo 1.

Y si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todos los versículos del Nuevo Testamento que mencionamos en esta entrada y las notas y referencias de versículos que los acompañan.

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