BibliaLIBROSblog
Recursos
podcastvideoEvangelio
Quiénes somos
DONAR
Blog
Categorías
La Biblia
La oración
La vida cristiana
Predicar el evangelio
La consagración
La salvación
El plan de Dios
El pecado y el perdón
El espíritu humano
Conocer a Dios
Temas especiales
Buscar
La Biblia
La oración
La vida cristiana
Predicar el evangelio
La consagración
La salvación
El plan de Dios
El pecado y el perdón
El espíritu humano
Conocer a Dios
Temas especiales
La vida cristiana
2 Timoteo 2:22: Huye de las pasiones y sigue a Cristo

En 2 Timoteo 2:22 el apóstol Pablo dio este firme mandato:

“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Esta palabra se necesita con tanta urgencia hoy como cuando se escribió hace casi dos mil años. A fin de tener una vida cristiana adecuada, necesitamos tomar esta palabra en serio.

En esta entrada, hablaremos de lo que significa este versículo y veremos cómo se aplica a nosotros con la ayuda de otros versículos y notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro.

¿De dónde vienen las pasiones?

Sin excepción, todo el mundo está sujeto a los impulsos y deseos apasionados de las pasiones. Esto se debe a que toda la raza humana fue incluida en la caída de Adán, en la que él se apartó de Dios. Dios había creado al hombre con un cuerpo puro, pero debido a la caída, ese cuerpo se convirtió en la carne maligna, llena de pasiones pecaminosas. Nadie necesita ser enseñado o entrenado a tener pasiones; éstas surgen de la carne caída de cada ser humano.

Podemos observar fácilmente la inmoralidad cada vez más presente en todas las áreas de la sociedad. Éste es el resultado de que la gente satisfaga sus pasiones en todo tipo de formas.

Los creyentes y la carne

Incluso después de ser salvos, no somos inmunes al peligro de los deseos de nuestra carne.

Cuando fuimos salvos, nacimos del Espíritu de Dios en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser. Pero aunque nuestro espíritu fue regenerado, nuestro cuerpo sigue siendo la carne pecaminosa. Así que nunca podremos estar libres del peligro que presenta la lujuria mientras vivamos en nuestros cuerpos terrenales.

Muchos versículos en el Nuevo Testamento demuestran que no importa cuán espirituales podamos ser los creyentes, todavía poseemos la carne pecaminosa.

Por ejemplo, Gálatas 5:16 dice:

“Digo, pues: Andad por el Espíritu, y así jamás satisfaréis los deseos de la carne”.

Pablo escribió esto a creyentes en Galacia. Esto nos muestra que aún tenemos la carne caída con sus concupiscencias incluso después de ser salvos, lo que explica por qué pecamos.

Y Timoteo ya era salvo cuando Pablo le amonestó huir de las pasiones juveniles. Así que podemos ver que las pasiones aún son un problema para los creyentes, y no podemos darnos el lujo de pasar por alto o ignorar esta palabra.

El mundo y las pasiones

Las pasiones pecaminosas dentro de nosotros son incitadas por el mundo. El mundo es un sistema ideado por Satanás que tiene un solo objetivo: alejarnos de Dios y dañarnos.

Este malvado sistema mundial está definido claramente en 1 Juan 2:16:

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

En este versículo, la palabra griega que se traduce deseos es la misma palabra que se traduce pasiones en 2 Timoteo 2:22. Éste es el mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida.

El mundo es cada vez más persistente con su corriente interminable de cosas pecaminosas e inmundas que podemos ver y en las que podemos participar. Y la tecnología moderna hace que sea fácil satisfacer nuestro deseo con sólo un toque rápido en nuestro celular o un clic en nuestra computadora. Las atracciones diversas del mundo diseñadas para despertar nuestros deseos pecaminosos nos tientan todo el día. Quizás más que nunca antes en la historia humana, tenemos que reconocer el peligro del deseo de la carne y el deseo de los ojos.

Las consecuencias de entregarse a las pasiones

En 1 Tesalonicenses 4:3-5, Pablo les escribió a los nuevos creyentes en Tesalónica:

“Pues ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os abstengáis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa poseer su propio vaso en santificación y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios”.

Dios nos creó como vasos para contenerlo y expresarlo. Para esto, Él quiere que seamos santificados para vivir una vida santa. Pero Satanás quiere dañarnos —espiritualmente, mentalmente, emocionalmente, físicamente— a través de nuestra entrega a los deseos de nuestra carne.

Ahora leamos la nota 2 en el versículo 3 sobre fornicación:

“En los tiempos de Pablo, tanto en Corinto como en Tesalónica la sensualidad y la inmoralidad abundaban en las religiones paganas e incluso eran promovidas por la adoración pagana. El hombre fue creado para expresar a Dios (Gn. 1:26). En relación con este propósito, nada arruina más al hombre que la fornicación. Ésta impide que el hombre sea santo, que sea separado para Dios y contamina al hombre a lo máximo, impidiendo que cumpla el propósito santo de Dios. Por lo tanto, el apóstol exhortó enfáticamente a los gentiles recién convertidos, a ser santificados para Dios, o sea, a abstenerse de fornicación, el pecado más grave a los ojos de Dios, a fin de que evitaran ser dañados y contaminados”.

Esta nota también describe la vida en el siglo XXI: la sensualidad y la inmoralidad abundan. Pero en medio de este ambiente, Dios quiere que seamos santificados, que vivamos una vida de santidad. Por eso debemos abstenernos de la fornicación.

Sin importar cuánto amemos al Señor Jesús, cuánto tiempo hayamos sido salvos o cuántas experiencias de Cristo hayamos tenido, los deseos siguen siendo un peligro constante para nosotros. Así que, ¿cómo podemos evitar el daño y la contaminación que provienen al entregarnos a los deseos?

Huir de las pasiones juveniles

Leamos 2 Timoteo 2:22 otra vez:

“Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor”.

¡Pablo le dijo a Timoteo que huyera!

Huir significa escapar, o salir corriendo de un lugar o situación de peligro. Por ejemplo, si un incendio comienza cerca de usted, usted no se espera ahí ni se aleja lentamente. ¡Usted huye! Las pasiones juveniles son ciertamente como un fuego furioso del que debemos huir.

Note que Pablo no dijo que resistamos los deseos o que derrotemos los deseos con una fe fuerte. No, Pablo usó el verbo huir. Debemos tomar medidas decisivas. Así es como debemos encargarnos de los deseos.

En Romanos 13:14, Pablo nos da otra palabra clara y definida:

“No proveáis para la carne a fin de satisfacer sus concupiscencias”.

La nota 2 sobre proveáis en la Versión Recobro explica lo que esto significa:

“O, hagáis planes. Esta palabra tiene la misma raíz que la palabra griega que se traduce pensar de antemano en 12:17. Pensar de antemano incluye el significado de proveer. No proveer para la carne significa no pensar de antemano para la carne ni proveer a la carne de algo que la apoye y le haga fácil satisfacer sus concupiscencias”.

Las palabras no proveáis son inequívocas; no permiten que haya una zona gris. No deberíamos proveerle a nuestra carne ninguna oportunidad o entorno que le haga fácil satisfacer sus concupiscencias. Esto es muy práctico.

Por ejemplo, no deberíamos ir deliberadamente a un lugar donde sabemos que las personas participan en actividades pecaminosas e inmorales. Estar en un lugar así provee la oportunidad para que nuestra carne satisfaga sus deseos; el pecado será el resultado.

Si de alguna manera no sabíamos que actividades pecaminosas ocurrirían en un lugar en particular en el que estamos, deberíamos irnos tan pronto como nos demos cuenta. No deberíamos quedarnos allí, confiados en que no nos veremos afectados y que no sucederá nada malo. Necesitamos quitarle cualquier oportunidad a nuestra carne.

No podemos ser indiferentes o pasivos ni estar seguros de nosotros mismos; debemos ser activos al huir de los deseos de la carne.

Seguir a Cristo de forma positiva

En 2 Timoteo 2:22, Pablo no sólo nos dijo “huye de las pasiones juveniles” sin ninguna idea de a dónde ir. Continuó diciendo: “sigue la justicia, la fe, el amor, y la paz”.

Seguir significa buscar, ir en busca de algo, o perseguir; es otra palabra definitiva y activa.

Por un lado, debemos huir de algo terrible: las pasiones juveniles. Por otro lado, debemos seguir algo maravilloso: la justicia, la fe, el amor y la paz. Por supuesto, esto no se refiere a nuestra propia justicia; Pablo se refiere a los atributos de Cristo mismo. Mientras huimos, también buscamos, vamos en busca de, seguimos y perseguimos a Cristo como todas estas virtudes para nuestro vivir.

La nota 2 en 2 Timoteo 2:22 en la Versión Recobro explica estas virtudes en nuestra experiencia:

“La justicia la debemos aplicar a nosotros mismos, la fe para con Dios y el amor para con los demás; la paz es el resultado de estas tres virtudes”.

Así que cuando seguimos a Cristo, experimentamos a Cristo como nuestra justicia, fe y amor en nuestra relación con Dios y con los demás. Al experimentar a Cristo como todas estas virtudes, tenemos a Cristo como nuestra verdadera paz interior.

Huir de las pasiones y seguir a Cristo no deberían ser eventos ocasionales con nosotros; deberían ser nuestra experiencia diaria.

Cómo tener una vida que huye y sigue

¿Cómo podemos tener una vida diaria de huir de los deseos y seguir a Cristo? En la segunda mitad del versículo, Pablo dio una manera práctica de huir y seguir: “con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Es imposible huir y seguir por nosotros mismos. No somos rivales para Satanás, su sistema mundial y nuestra carne caída. Pero note que Pablo instó a Timoteo a huir y seguir con los que invocan al Señor, es decir, con otros creyentes.

¿Por qué es esto tan importante? Todos somos influenciados por el tipo de personas con las que estamos. Si elegimos estar con personas que nos alejan de Dios, cederemos fácilmente a las pasiones. En vez de eso, deberíamos elegir estar con otros creyentes que huyen de los deseos dañinos de la carne y siguen la justicia, la fe, el amor y la paz.

Así que además de desarrollar nuestra relación personal con el Señor Jesús, necesitamos encontrar algunos compañeros espirituales con los que podamos orar, leer la Biblia y tener comunión.

Pablo también incluyó las palabras, “con los que de corazón puro invocan al Señor”.

Además de pasar tiempo con compañeros, invocar el nombre del Señor también nos fortalece para huir de los deseos y seguir a Cristo.

Vasos llenos de Cristo

Es un hecho ineludible que nosotros los creyentes todavía tenemos nuestra carne caída con sus deseos, y que las tentaciones crecientes y la inmoralidad desvergonzada están en todos lados. Pero también es un hecho que tenemos a Cristo viviendo en nosotros, y tenemos otros creyentes con los que podemos huir de los deseos y seguir a Cristo. Al seguir a Cristo, nuestros vasos pueden ser santificados y llenos de Él como nuestra justicia, fe, amor y paz.

Si vive en los Estados Unidos, le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todas las notas y versículos que mencionamos en esta entrada.

La vida cristiana
¿Qué significa ser de corazón puro?

El Sermón del monte, el nombre tradicional de lo que Jesús habló en los capítulos 5-7 de Mateo, comienza con nueve bendiciones conocidas como las bienaventuranzas. Estas bendiciones están llenas de significado para nuestra vida cristiana hoy.

En una entrada anterior, hablamos del significado de la primera bendición registrada en Mateo 5:3, “Bienaventurados los pobres en espíritu”.

En esta entrada, exploraremos el significado de otra bendición. Mateo 5:8 dice:

“Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios”.

El significado de corazón puro

Primero veamos qué significa ser de corazón puro. La nota 1 sobre corazón puro en Mateo 5:8 en la Versión Recobro es muy útil. La primera parte explica:

“Tener un corazón puro es tener un solo propósito, esto es, tener como única meta hacer la voluntad de Dios para Su gloria (1 Co. 10:31). Se tiene un corazón así para el reino de los cielos”.

Cuando tenemos un solo propósito y una sola meta para la gloria de Dios, somos de corazón puro.

Ahora leamos 1 Timoteo 1:5:

“Pues el propósito de esta orden es el amor nacido de un corazón puro”.

La nota 3 sobre este versículo en la Versión Recobro dice:

“Un corazón puro es un corazón sencillo y sin mixtura, un corazón que sólo busca al Señor y toma al Señor como la única meta”.

Aquí nuevamente vemos que un corazón puro es uno que es sencillo, sin ningún tipo de mixtura.

Una sustancia es pura sólo cuando no es mezclada con ningún otro material. Por ejemplo, un anillo de oro puede describirse como oro puro si el anillo no tiene ningún otro elemento además del oro. Pero si es oro junto con algo más, no es puro; es una aleación, o una mixtura.

Ser de corazón puro significa que nuestro corazón no busca otra cosa sino sólo al Señor Jesús. Significa que lo tomamos a Él como la única meta de nuestra vida.

¿Por qué necesitamos ser de corazón puro?

La siguiente parte de la nota 1 sobre Mateo 5:8 nos dice por qué debemos ser puros en nuestro corazón:

“Nuestro espíritu es el órgano con el cual recibimos a Cristo (Jn. 1:12, 3:6), mientras que nuestro corazón es el terreno donde Cristo crece como semilla de vida (13:19). Por causa del reino de los cielos necesitamos ser pobres en espíritu, ser vaciados en nuestro espíritu, a fin de recibir a Cristo. Además, debemos tener un corazón puro y sencillo, para que Cristo pueda crecer en nosotros sin impedimento”.

Cuando creímos en Jesucristo como nuestro Salvador, lo recibimos en nuestro espíritu humano y nacimos de nuevo con la vida divina de Dios. Pero Cristo no sólo quiere ser recibido por nosotros; también quiere crecer en nosotros, en nuestro corazón.

La Biblia nos dice que nuestro corazón está compuesto por nuestra mente, parte emotiva, voluntad y conciencia. A fin de que Cristo crezca libremente en nosotros, necesitamos ser de corazón puro, es decir, sencillos en nuestro propósito y nuestra meta. Esto es para el reino de los cielos y cumple la voluntad de Dios.

Cómo ser de corazón puro

Probablemente todos admitiríamos que nuestro corazón puede ser muy complicado. Quizás ni seamos capaces de saber cuándo no somos de corazón puro. Entonces, ¿qué debemos hacer?

En lugar de tratar de diagnosticar la condición de nuestro corazón, debemos acercarnos al Señor Jesús y abrirnos a Él. Necesitamos que el Señor resplandezca sobre nosotros y nos hable sobre cualquier cosa en nuestro corazón que compita con Él por nuestro afecto.

Juan 1:4 dice:

“En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

La luz que puede mostrarnos dónde estamos proviene de la vida en nosotros, que es simplemente el Señor mismo. Por eso es tan importante pasar tiempo en la presencia del Señor en oración y en Su Palabra. Podemos pedirle al Señor que purifique nuestro corazón al orar algo como esto:

“Señor Jesús, gracias por entrar en mí como vida. Gracias, Señor, que Tú eres la luz en mí. Quiero ser de corazón puro. Muéstrame si tengo cualquier meta u objetivo que no seas Tú. Señor, quiero que mi corazón sea sencillo para Ti y Tu voluntad para que puedas crecer en mí”.

Cuando el Señor nos muestre algo que ocupa nuestro corazón, no deberíamos desanimarnos. Simplemente deberíamos responderle en oración y decirle que no queremos que esa cosa ocupe Su lugar en nuestro corazón.

A medida que respondamos a Su resplandor en comunión con Él, el Señor continuará hablándonos más. Responder al Señor es la forma en que cooperamos con Él y le damos la manera de hacer que nuestro corazón sea puro para Él. Entonces Él tendrá la oportunidad de crecer en nosotros.

Ellos verán a Dios

El Señor Jesús dijo que los de corazón puro son bienaventurados porque ellos verán a Dios.

En la Versión Recobro, la nota 2 sobre verán a Dios en Mateo 5:8 dice:

“Si somos puros de corazón al buscar a Dios, veremos a Dios. Ver a Dios es una recompensa para los de corazón puro. Esta bendición es tanto para hoy como para la era venidera”.

La recompensa de ver a Dios es un incentivo tremendo para que cooperemos con el Señor a fin de que Él pueda tener el espacio y la libertad para crecer en nosotros.

¿Cómo podemos ver a Dios?

Pero ¿que significa ver a Dios para nosotros hoy? ¿Significa que tenemos algún tipo de visión exterior y sobrenatural de Él?

Hoy podemos ver a Dios de dos maneras. Una es verlo en la faz de Jesús interiormente y la otra es verlo en la Palabra de Dios. Veamos algunos versículos que nos muestran cómo podemos ver a Dios de estas dos maneras.

En la faz de Jesucristo

Primero leamos 2 Corintios 4:6:

“Porque el mismo Dios que dijo: De las tinieblas resplandecerá la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”.

El Dios eterno se hizo hombre, nuestro Señor Jesucristo, y vivió en esta tierra entre la humanidad. Nadie jamás vivió, actuó o habló como Él. Jesús expresó a Dios en todos los sentidos, en cada situación y con todo tipo de persona. La gente vio la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Pero puesto que Jesús ya no está físicamente en la tierra, ¿cómo podemos verlo hoy? El versículo 6 dice que Dios resplandece en nuestros corazones para iluminar el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Así que, para los creyentes de hoy, ver a Dios no es algo externo, físico o sobrenatural. En cambio, es algo interno, en nuestros corazones, ya que ahora Jesús habita en nosotros. Cuando nada en nuestro corazón compite con el Señor por nuestro afecto, tenemos una sensación interior de ver y contemplar al Señor. Ver a Dios en la faz de Jesucristo es un gozo indescriptible.

En las palabras de la Biblia

Además de ver a Dios internamente en la faz de Jesús en nuestros corazones, también podemos verlo en las palabras de la Biblia.

En Juan 5:39, Jesús dijo:

“Escudriñáis las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí”.

Cuando leemos la Biblia con un corazón puro mientras ejercitamos nuestro espíritu, nuestra parte más profunda, las Escrituras nos dan testimonio acerca de la persona maravillosa de Jesús. Mientras leemos y oramos con las palabras de la Biblia, la luz de Dios resplandece y vemos a Jesús en toda Su belleza y gloria. Entonces espontáneamente, nos llenamos de amor y alabanza por Él.

Que el Señor nos ayude a abrirnos a Él diariamente para que Él pueda hacernos puros de corazón. Somos verdaderamente bendecidos y felices cuando tenemos el deleite de ver a Dios, y Cristo se alegra cuando tiene el camino libre para crecer en nuestros corazones.

Si vive en los Estados Unidos, le recomendamos que pida un Nuevo Testamento Versión Recobro gratis aquí para que pueda leer todas las notas y referencias paralelas reveladoras de los versículos mencionados en esta entrada.

Si desea aprender más sobre nuestro corazón y el papel crucial que desempeña en nuestra relación con el Señor, le recomendamos leer el capítulo 8, “Tratando con el corazón y con el espíritu”, de La economía de Dios. Este libro electrónico se puede descargar gratis en cualquier parte del mundo aquí.

La vida cristiana
¿Qué significa ser santo?

¿Alguna vez se ha preguntado qué significa ser santo?

Versículos como 1 Pedro 1:16 dicen claramente que los creyentes debemos ser santos: “Porque escrito está: ‘Sed santos, porque Yo soy santo’”.

Pero ¿qué significa ser santo? ¿Significa que somos devotos, perfectos o sin pecado, o que nos vestimos, hablamos y nos comportamos de cierta manera? ¿Acaso realizar un ritual religioso nos hace santos? ¿Significa que nos retiramos de la sociedad para irnos a vivir a un monasterio?

El Nuevo Testamento tiene mucho que decir acerca del deseo de Dios de que los creyentes sean santos. Pero en esta entrada, hablaremos de este tema de una manera sencilla centrándonos en Efesios 1:4 y las notas correspondientes en el Nuevo Testamento Versión Recobro.

¿Por qué nos escogió Dios?

Efesios 1:4 dice algo que podemos encontrar muy inesperado. Dice que Dios nos escogió incluso antes de que naciéramos para un propósito particular:

“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor”.

Probablemente pensamos que Dios nos escogió para ser salvos del juicio. Ciertamente fuimos liberados del juicio eterno cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador y Redentor, y agradecemos a Dios por eso.

Pero este versículo no dice nada acerca de esto. Dios nos escogió antes de la fundación del mundo, incluso antes de que el pecado entrara en escena. Entonces, ¿por qué nos escogió Dios? Este versículo nos dice que Dios nos escogió antes de la fundación del mundo “para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor”.

Fuimos escogidos por Dios para ser santos, así que es importante entender lo que eso significa.

Lo que significa ser santo

El Nuevo Testamento versión Recobro tiene una nota muy útil sobre la palabra santos. Leamos la primera parte:

“La palabra santos no sólo denota ser santificados, apartados para Dios, sino también ser diferentes, distintos, de todo lo profano. Sólo Dios es diferente, distinto, de todas las cosas. Por lo tanto, Él es santo; la santidad es Su naturaleza. Él nos escogió para que fuésemos santos”.

Ser santos denota que somos santificados, es decir, apartados para Dios. También significa que somos diferentes y distintos de todo lo profano.

Pero sólo Dios es distinto y diferente de todas las cosas y de todos los demás. Sólo Dios es santo; la santidad es Su misma naturaleza.

Todo tiene una cualidad inherente particular, que es su naturaleza. Por ejemplo, la naturaleza de un automóvil es principalmente de metal. ¿Cuál es la naturaleza de Dios? La naturaleza de Dios, Su ser, es santa. Su naturaleza santa lo hace único, diferente y distinto de todo lo demás en este universo.

Y Dios nos escogió para ser como Él, para ser santos como Él es santo. Esto nos dice que ser santo no es algo relacionado con el comportamiento exterior, sino con la naturaleza interior.

Entender el significado de santo nos ayuda a darnos cuenta de que adoptar comportamientos externos —como vestirse, actuar o hablar de cierta manera— o aislarnos de la sociedad no nos hace santos. Podemos hacer estas cosas y aún no ser santos.

De hecho, las personas pueden comportarse de una manera exteriormente devota sin ser realmente salvas. Independientemente de cómo se comporten, ciertamente no son santos, ya que no han nacido de nuevo con la vida y la naturaleza de Dios.

¿Cómo podemos ser santos?

Cuando nos miramos a nosotros mismos, quizás nos preguntemos cómo podríamos ser santificados y apartados para Dios de todo lo profano. ¿Cómo podríamos ser santos como Dios es santo?

Tenemos que admitir que en ciertas áreas de nuestra vida, somos mundanos de principio a fin. Y en otros asuntos, no somos para nada distintos o diferentes de lo que es profano. No estamos apartados para Dios.

Pero cuando nacimos de nuevo, recibimos la vida de Dios en nuestro espíritu. En ese momento, comenzó el proceso de la salvación completa que Dios efectúa de todo nuestro ser, que incluye a Dios haciéndonos santos.

Leamos el resto de la nota sobre santos en Efesios 1:4 para descubrir cómo Dios hace esto:

“Nos hace santos impartiéndose a Sí mismo, el Santo, en nuestro ser, a fin de que todo nuestro ser sea impregnado y saturado de Su naturaleza santa. Para que nosotros, los escogidos de Dios, seamos hechos santos tenemos que ser partícipes de la naturaleza divina de Dios (2 P. 1:4) y permitir que todo nuestro ser sea empapado de Dios mismo. Esto es diferente de solamente la perfección sin pecado o de la pureza inmaculada. Esto hace que nuestro ser sea santo en la naturaleza y el carácter de Dios, tal como lo es Dios mismo”.

Llegamos a ser santos no reformándonos a nosotros mismos, sino al Dios impartirse a Sí mismo, el Único santo, dentro de nosotros. Desde el momento en que somos salvos, Dios quiere impartirse a Sí mismo dentro de nosotros cada vez más hasta que estemos empapados y saturados con Su naturaleza santa.

Esto no es algo instantáneo; toma tiempo. Poco a poco, Dios nos está haciendo santos. Este proceso de empapamiento que nos hace santos continúa a lo largo de toda nuestra vida cristiana.

Pero estar completamente saturado con la naturaleza santa de Dios no sucede automáticamente o en contra de nuestra voluntad. Dios necesita nuestra cooperación diaria. Necesitamos permitirle que imparta más de Su naturaleza santa en nuestro ser. Al ser saturados de esta manera, seremos santos, y espontáneamente, la manera en que vivimos se verá afectada.

Entonces, ¿cómo podemos cooperar con Dios para ser santos? Aquí hablaremos de sólo tres maneras.

1. Estar de acuerdo con Cristo que vive en nosotros

En 1 Corintios 1:30 se nos dice que Cristo nos ha sido hecho de parte de Dios santificación. En griego, el idioma original del Nuevo Testamento, la palabra santificar es la forma verbal de la palabra santo. Cuando creímos en Cristo, Él entró en nosotros para ser nuestra vida. Cristo trajo la naturaleza santa de Dios a nosotros para santificarnos, es decir, para hacernos santos.

Esto explica nuestra experiencia después de ser salvos. Espontáneamente nos sentimos diferentes acerca de las cosas que solíamos hacer antes de recibir al Señor. Ya no queremos participar en actividades pecaminosas, y nos sentimos incómodos si lo hacemos.

Esta sensación incómoda no proviene de ningún tipo de regulación externa. Viene del Señor Jesús que vive en nosotros. Desde nuestro interior, el Señor nos da a conocer Su sentir acerca de las cosas y actividades mundanas, pecaminosas o inmundas en nuestra vida que no corresponden con Su naturaleza santa.

Cuando tenemos ese sentir de parte del Señor, no debemos ignorarlo. Continuar en tales cosas incluso después de saber que el Señor no las aprueba nos impedirá ser santificados. Pero si nos apartamos de esas cosas o actividades, permitimos que Él nos sature más con Su naturaleza santa.

Pasemos a ver la segunda manera en que podemos cooperar con el Señor para ser hechos santos.

2. Leer la Palabra de Dios

En Juan 17, el Señor Jesús oró al Padre. El versículo 17 dice:

“Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad”.

La Palabra de Dios es verdad. La Palabra como verdad nos alumbra y nos santifica. Por su resplandor, nos damos cuenta de lo que concuerda con la naturaleza santa de Dios y lo que no. Cuando acudimos a la Biblia con un corazón abierto, la Palabra nos ilumina y nos enseña a ser santos.

Por ejemplo, digamos que en su lectura de la Biblia llega a 1 Juan 2:15 y 16, que dicen:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

Mientras usted lee, estas palabras lo alumbran e iluminan con respecto al mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Bajo esta luz, percibe cómo Dios se siente acerca de su amor por un aspecto particular del mundo. La luz de la Palabra puede incluso iluminar la manera en que pasa su tiempo. Como resultado de este resplandor, puede orar algo así: “Señor, estoy de acuerdo con Tu Palabra. Apártame del mundo. Sálvame de amar al mundo. Sálvame de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida”.

Muchos de nosotros sabemos por experiencia cuál es la diferencia en nuestra vida cristiana cuando leemos la Palabra de Dios regularmente en comparación con esporádicamente.

Lo que nos santifica no es una Biblia en nuestro estante, sino las palabras registradas en la Biblia brillando en nuestros corazones mientras las leemos. Cuanto más leemos la Palabra con oración y un corazón abierto, más santificados somos.

A fin de cooperar con el Señor para ser santificados, necesitamos leer diariamente la Palabra de Dios y no resistirnos o discutir con el resplandor que recibimos de Su Palabra. En cambio, debemos estar de acuerdo con él y permitir que la Palabra nos santifique.

Ahora llegamos a la tercera manera en que podemos cooperar con el Señor para ser hechos santos.

3. Limpiarnos de la contaminación

Hemos visto que Dios quiere que seamos santos. En 2 Corintios 7:1, el apóstol Pablo dijo:

“Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

Aquí, Pablo nos exhorta fuertemente a “perfeccionar la santidad en el temor de Dios”. Todos debemos tener un temor saludable de Dios, es decir, un temor de ofender al Dios que nos escogió y nos salvó. Este temor saludable nos anima a cooperar con el Señor para limpiarnos de la contaminación.

¿Cómo hacemos esto? Limpiarnos de toda contaminación requiere que tomemos ciertas acciones: no vamos a lugares que son inmundos a los ojos de Dios; dejamos de participar en actividades viles y pecaminosas; y nos deshacemos de cualquier cosa que poseamos que ofenda la naturaleza santa de Dios. Participar en actividades contaminadoras y poseer cosas inmundas y pecaminosas nos impiden ser hechos santos. Limpiarnos de toda contaminación es algo que Dios quiere que hagamos para que Él pueda continuar impartiéndose en nosotros, santificándonos.

El ambiente de ser hecho santo

Puede parecer difícil cooperar con el Señor de las maneras que hemos hablado. Podemos mirar nuestra condición o nuestra debilidad y desanimarnos.

Pero debemos recordar que el Señor vive en nosotros. Él está cerca de nosotros y disponible para ser nuestra vida y todo lo que necesitamos. Podemos hacer todas las cosas en Aquel que nos reviste de poder, incluyendo cooperar con Él para ser apartados para Dios y saturados con Él para ser hechos santos. Simplemente necesitamos volvernos a Él y contactarlo en nuestro espíritu.

Y también es alentador recordar que Efesios 1:4 termina con la frase en amor.

Leamos la nota 7 en la Versión Recobro sobre esta frase:

“El amor que se menciona aquí se refiere al amor con el cual Dios ama a Sus escogidos y con que Sus escogidos lo aman a Él. Es en este amor donde los escogidos de Dios llegan a ser santos y sin mancha delante de Él. Primero, Dios nos amó; luego, este amor divino nos inspira, como respuesta, a amarlo a Él. En tal condición y ambiente de amor, somos saturados de Dios para ser santos y sin mancha, como Él”.

Dios nos ama, y Su amor nos inspira a amarlo en retribución. Ser hechos santos por Dios tiene lugar en esta atmósfera de amor. Todos los días podemos experimentar de manera fresca su amor por nosotros, y podemos expresar nuestro amor por Él en retribución.

Cuando estamos en tal atmósfera de amor, cooperar con Su resplandor no es un deber seco para nosotros. Cuando decimos: “Señor Jesús, te amo”, cualquier resistencia a Él se desmoronará. No podemos evitar cooperar amorosamente con Él y dejar que Él se imparta más en nosotros.

En esta entrada, sólo hemos raspado la superficie de lo que es ser santo. Leer Efesios 1:4 con todas las notas que lo acompañan en el Nuevo Testamento Versión Recobro le ayudará a ver aún más sobre este tema. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

El plan de Dios
¿Qué desea Dios?

Dios realmente nos ama. La Biblia nos dice que Él tomó unos pasos tremendos para salvarnos. Como hijos de Dios, experimentamos Su ayuda cuando tenemos dificultades y podemos acudir a Él con todas nuestras preocupaciones.

Pero sabiendo esto, es posible que todas nuestras oraciones giren en torno a nosotros mismos. Le pedimos a Dios las cosas que necesitamos, e incluso cuando se trata de la voluntad de Dios, nuestra oración suele ser: “Dios, ¿cuál es Tu voluntad para mí?”. De alguna manera, siempre acabamos siendo el centro.

Si nos detenemos a considerar que Dios es Aquel que creó los cielos y la tierra y toda la humanidad, tenemos que preguntarnos por qué lo hizo. ¿Podría Dios tener una meta en mente más allá de simplemente cuidar de los detalles de nuestro bienestar personal?

Puede que nunca hayamos considerado que Dios podría querer algo para Sí mismo. Después de todo, Dios es Todopoderoso; no carece de nada.

¿Alguna vez ha pensado en preguntarle a Dios: “¿Hay algo que Tú quieras para Ti mismo?”. En esta entrada, leeremos algunos versículos claves de Efesios junto con notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro para ayudarnos a encontrar la respuesta a esta pregunta.

Cómo sabemos que Dios quiere algo para Sí mismo

Primero, considerémonos a nosotros mismos. Los seres humanos buscamos la felicidad, y hacemos planes y damos pasos para conseguir lo que deseamos. Nadie tuvo que enseñarnos a sentir o pensar de esa manera. Se podría decir que nuestro deseo de obtener felicidad y satisfacción es un reflejo del deseo de Dios de obtener felicidad y satisfacción. Esto no debería sorprendernos, ya que Génesis 1:26 nos dice que Dios nos hizo conforme a Su propia imagen. Así que esto debería ser un indicador claro para nosotros de que Dios también tiene un deseo, algo que le traerá alegría.

Pero lo más importante es que la Biblia nos dice directamente que Dios sí desea algo para Sí mismo, que Él tiene un deseo en Su corazón que debe cumplirse.

Efesios 1:9 dice:

“Dándonos a conocer el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo”.

En este versículo, leemos las palabras voluntad, beneplácito y propuesto. Estas palabras nos muestran que Dios tiene algo en Su corazón que Él desea. La palabra beneplácito se refiere a un sentimiento de satisfacción y disfrute felices. Dios tiene un beneplácito, algo que lo hará feliz y satisfará Su corazón. Él se propuso este beneplácito en Sí mismo, y Su voluntad es según ese beneplácito.

Ahora leamos Efesios 1:5, otro versículo donde aparece la palabra beneplácito:

“Predestinándonos para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo, según el beneplácito de Su voluntad”.

Este versículo revela que el beneplácito de Dios tiene algo que ver con nuestra filiación. Pero ¿qué significa esto?

Leamos la primera parte de la nota 2 del Nuevo Testamento Versión Recobro:

“La acción de Dios de marcarnos de antemano tenía como fin destinarnos para filiación, para ser Sus hijos. Fuimos predestinados para ser hijos de Dios aun antes de ser creados. Así que, como criaturas de Dios necesitamos ser regenerados por Él de manera que participemos de Su vida para ser Sus hijos. La filiación implica no sólo tener la vida sino también la posición de hijo”.

Dios nos marcó y nos predestinó para filiación. Esto significa que nuestro destino es la filiación. Y nuestra filiación no es sólo para nuestro beneficio; ¡es para que Dios pueda obtener Su beneplácito y el deseo de Su corazón!

Recibimos la vida de Dios cuando nacimos de nuevo, haciéndonos Sus hijos. Ahora, al compartir Su vida divina, podemos participar y crecer en Su vida. Cuanto más crecemos en Su vida —hasta finalmente llegar a ser Sus hijos maduros— más Dios gana Su expresión en nosotros. Es por eso que Él nos redimió, nos regeneró y está obrando en nosotros día a día.

Y aún hay más: Dios no sólo quiere hijos individuales. Dios quiere que todos Sus hijos juntos sean una entidad viva, llena de Su vida, que pueda expresarlo a todo el universo. ¿Qué es esta entidad viviente?

Dios desea la iglesia

Esta entidad viviente que Dios desea es la iglesia.

El apóstol Pablo termina Efesios capítulo 1 escribiendo acerca de la iglesia en los versículos 22 y 23.

El versículo 22 dice:

“Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”.

La nota 4 acerca de la iglesia explica:

“Ésta es la primera vez en este libro que aparece la palabra iglesia, el tema principal del mismo. La palabra griega que se traduce iglesia es ekklesía, que significa la congregación llamada a salir. Esto indica que la iglesia es una congregación de aquellos que han sido llamados por Dios a salir del mundo. Como tal, la iglesia está compuesta de todos los que creen en Cristo”.

En un libro que habla del beneplácito y el propósito de Dios, el tema principal es la iglesia. Esto nos muestra que la iglesia es el deseo del corazón de Dios.

¿Qué es la iglesia? Según la Biblia, la iglesia no es un edificio físico o una organización religiosa; la iglesia es la congregación llamada a salir. Esta congregación está compuesta por todos los creyentes en Cristo que son hijos regenerados de Dios. Juntos, estos hijos de Dios son la iglesia que puede satisfacer el deseo del corazón de Dios.

La iglesia es el Cuerpo de Cristo

Así que la iglesia revelada en la Biblia es una entidad viviente compuesta de todos los creyentes que tienen la vida de Dios. La iglesia es el beneplácito de Dios.

Pablo continuó en Efesios 1:23:

“[La iglesia,] la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

Este versículo nos muestra que la iglesia no es sólo la congregación llamada salir; la iglesia es el Cuerpo de Cristo, quien es la Cabeza.

Ahora leamos la nota 1 sobre Cuerpo en el versículo 23:

“El Cuerpo de Cristo no es una organización, sino un organismo constituido de todos los creyentes regenerados para la expresión y las actividades de la Cabeza. El Cuerpo de Cristo es el fruto del Cristo encarnado, crucificado, resucitado y ascendido, quien entró en la iglesia. Por medio de la transmisión celestial del Cristo ascendido, somos hechos uno con Él, y así Su Cuerpo es producido”.

Así como nuestro cuerpo físico es un organismo, una entidad viviente, y no una organización sin vida, la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza viviente, y todo lo que Él es y tiene es transmitido a la iglesia, que es Su Cuerpo viviente.

La iglesia es la plenitud de Cristo

El versículo 23 revela además que la iglesia, el Cuerpo, es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. ¿Qué significa eso?

La nota 2 sobre plenitud explica:

“El Cuerpo de Cristo es Su plenitud. La plenitud de Cristo resulta del disfrute de las riquezas de Cristo (3:8). Al disfrutar de las riquezas de Cristo, llegamos a ser Su plenitud y lo expresamos”.

Cuanto más disfrutamos de Cristo y Sus riquezas, más nosotros como Su Cuerpo llegamos a ser Su plenitud.

Luego, el primer párrafo de la nota 3 sobre la frase todo lo llena en todo explica:

“Cristo, quien es el Dios infinito sin ninguna limitación, es tan grande que lo llena todo en todo. Un Cristo tan grandioso necesita que la iglesia sea Su plenitud a fin de ser expresado por completo”.

No es de extrañar que Dios anhele tener la iglesia. ¡Es a través de la iglesia que Él puede ser expresado por completo! Y Su plan para obtener la iglesia nos incluye a cada uno de nosotros. Dios nos creó, nos salvó y nos regeneró para esto. Hoy Él se está mezclando más con nosotros y está forjándose en nuestro ser para esto.

Hemos visto que el libro de Efesios revela que Dios tiene un deseo de Su corazón que se propuso en Sí mismo. Nuestra filiación es parte de este deseo, y finalmente, Dios desea una expresión completa de Sí mismo a través de la iglesia, el Cuerpo de Cristo.

En futuras entradas profundizaremos en el tema de la iglesia. La iglesia como se revela en la Biblia, y especialmente en el libro de Efesios, es lo que Dios desea. Por ahora, consideremos en oración ante el Señor los versículos citados en esta entrada para ver que el deseo de Dios es la iglesia. Podemos orar algo como esto:

“Señor, abre mis ojos y dame revelación para ver que la iglesia es el deseo de Tu corazón. Muéstrame lo que es la iglesia según Tu Palabra”.

Efesios capítulo 1 es increíblemente profundo; revela que el deseo del corazón de Dios es la iglesia, el Cuerpo de Cristo. Sólo pudimos tocar este asunto brevemente en esta entrada. Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todos los versículos con sus notas en este capítulo maravilloso. Además, La iglesia gloriosa es un libro excelente que brinda una descripción general del plan de Dios con relación a la iglesia. Puede descargarlo gratis aquí desde cualquier parte del mundo.

Temas especiales
El 4 de julio: agradecemos a Dios por nuestras libertades

El 4 de Julio de 1776 el congreso aprobó oficialmente la Declaración de Independencia. En respuesta a esta declaración crucial en cuanto a la separación de las colonias unidas de Gran Bretaña, John Adams escribió estas palabras profundas en una carta dirigida a su esposa respecto a este día, ahora conocido como el Día de Independencia:

“Me inclino a creer que será celebrada por las generaciones venideras como la gran fiesta de aniversario. Debe ser conmemorado como el día de la liberación, por los actos solemnes de la devoción al Dios Todopoderoso. Debe ser solemnizado con pompa y desfiles, con espectáculos, juegos, deportes, armas, campanas, fogatas e iluminaciones, desde un extremo de este continente a otro, de ahora en adelante y para siempre”.

Este fin de semana, los estadounidenses de costa a costa reúnen a su familia, amigos y vecinos para celebrar su libertad el 4 de julio con barbacoas y festividades locales. El calor de principios de verano y los ruidos de los niños llenan el aire mientras que la música patriótica jala las cuerdas de nuestro corazón. Los fuegos artificiales se pintan suspendidos en el lienzo del cielo claro de la noche. Este día favorito del verano provee la oportunidad para que las personas de cualquier tipo de trasfondo celebren las libertades preciosas y oportunidades de las cuales disfrutamos en este país.

Y mientras que es importante pasar tiempo con la familia y amigos en este día, también es bueno reflexionar cual es la razón por la cual celebramos. Nuestros antepasados salieron de Inglaterra a las costas desconocidas de América principalmente porque no eran felices bajo la tiranía de la persecución religiosa. Desde esos primeros años de nuestro país, muchos otros han emigrado a causa del mismo problema. Han dejado todo para tener derecho a adorar a Dios libremente aquí.

De entre las muchas libertades que nuestro país garantiza, nosotros como creyentes lo que realmente valoramos profundamente es el derecho de adorar a Dios y leer libremente Su Palabra: la Biblia. En muchos países en esta tierra, esta libertad aún no existe. En Bibles for America, estamos agradecidos de poder esparcir la Palabra de Dios en toda la nación. Esto es algo que no tomamos ligeramente; le damos gracias a Dios por establecer este país con tales libertades.

Este 4 de julio mientras observamos los fuegos artificiales y ondeamos banderas en celebración, que también podamos tomar un momento para reflexionar en la herencia de nuestra nación. Al finalizar las festividades y los rastros de humo se deslizan en el cielo de la noche oscura del verano, tome unos minutos para agradecer a Dios solemnemente por todo lo que nuestra libertad nos otorga.

Que Dios bendiga a todos los habitantes de Estados Unidos con Su salvación y el pleno conocimiento de la verdad en Su Palabra.

De parte de todo el personal de BfA que tenga un 4 de julio seguro, feliz e inolvidable.

La vida cristiana
Cómo ser librado de los afanes según Filipenses 4:6

En Filipenses 4:6, Pablo exhortó a los creyentes a hacer algo que parece imposible:

“Por nada estéis afanosos”.

El mundo hoy está lleno de eventos catastróficos a gran escala: guerra, pandemias, incertidumbre económica, violencia sin sentido y agitación social. Cosas que jamás pensamos que sucederían nos han sobrecogido, afectándonos a todos. Y no nos podemos escapar: recibimos actualizaciones constantes en una cinta transportadora de noticias las 24 horas del día. ¿Cómo podemos no estar afanosos? ¿Es irrazonable la palabra de Pablo en Filipenses 4:6 para nosotros hoy?

Examinemos Filipenses 4:6-7 con notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver cómo podemos ser salvos de la ansiedad.

La Palabra de Dios nunca cambia

La Palabra de Dios es inmutable, sin importar cuáles sean las circunstancias. Así que, nosotros los creyentes tenemos que tomar todo lo que está en la Biblia seriamente, incluyendo este versículo sobre no estar afanosos. Pero ¿cómo tuvo Pablo el denuedo para decir “por nada estéis afanosos”?

Simplemente no es posible que no estemos afanosos. De hecho, mientras más tratamos de ser librados del afán, más afanosos estamos y más imposible se hace este versículo para nosotros.

Pero un principio importante de estudiar la Biblia es nunca aislar un versículo e interpretarlo por sí solo. El contexto es importante. Necesitamos ver qué viene antes de esta palabra con respecto a no estar afanosos y qué la sigue.

Lo que precede a “Por nada estéis afanosos” es una de las certezas más reconfortantes de toda la Biblia:

“El Señor está cerca”.

Mientras que este hecho ciertamente se aplica a la pronta venida del Señor, también se aplica a Su presencia con nosotros hoy. Él está cerca de nosotros ahora mismo. De hecho, Él está lo más cerca posible porque Él está dentro de nosotros, viviendo en nuestro espíritu humano. Esto significa que podemos contactarlo fácilmente en cualquier momento, bajo cualquier circunstancia.

Oración y súplica, con acción de gracias

Así que antes de la exhortación de no estar afanosos, tenemos la palabra que nos dice que el Señor está cerca y listo para socorrernos. Pero ¿qué sucede con nuestra lista de preocupaciones que nos causa que estemos ansiosos?

Ahora veamos qué sigue a la palabra acerca de estar afanosos en el resto de  Filipenses 4:6. Estas palabras son cruciales para que seamos salvos de la ansiedad de manera práctica:

“Por nada estéis afanosos, sino en toda ocasión sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios por medio de oración y súplica, con acción de gracias”.

Así que en todo —en cada asunto, cada circunstancia, cada situación— podemos orar y suplicar con acción de gracias y dar a conocer nuestras peticiones delante de Dios.

Las notas 3 y 4 del Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayudan a ver cómo aplicar este versículo. La nota 3 en cuanto a oración dice:

“La oración es general y su esencia es la adoración y la comunión; la súplica es especial, y se hace por necesidades específicas”.

Y la nota 4 sobre con acción de gracias dice:

“No dice y sino con. Tanto nuestra oración como nuestra súplica deben ir acompañadas de nuestras acciones de gracias al Señor”.

El Señor está cerca de nosotros y listo para ayudar. Así que mediante la oración podemos tener comunión con Él y simplemente decirle por lo que estamos pasando. También podemos suplicarle y hacer peticiones específicas con respecto a nuestras necesidades. Pero tanto nuestra oración como nuestra petición deben ser con acción de gracias. Sin importar por lo que estemos pasando, tenemos mucho que agradecer al Señor. Podemos agradecerle por Su cuidado para con nosotros en todas nuestras circunstancias. Podemos agradecerle por estar cerca y por tantas otras cosas.

Pasar nuestras cargas al Señor

Con el Señor en nosotros, no hay necesidad de que llevemos nuestras cargas por nosotros mismos.

Watchman Nee, un maestro de la Biblia y autor, una vez usó la ilustración de tres obreros de construcción subiendo ladrillos al tercer piso. Un hombre pasa ladrillos del primer nivel al siguiente, y el segundo hombre los pasa de su nivel al tercero. Todo va bien siempre y cuando los ladrillos sigan moviéndose. Pero si el segundo hombre deja de pasar sus ladrillos y se aferra a ellos, pronto será aplastado por el peso creciente de la carga.

A menudo nos encontramos en la posición de este segundo hombre. Todo el día nos llegan preocupaciones, problemas y cargas. Y si nos aferramos a ellos, pronto nos sentimos abrumados por el peso de los afanes. ¿Qué debemos hacer? Tan pronto como recibamos las preocupaciones y nos sintamos amenazados bajo su peso, debemos pasarlas al "nivel más alto".

¿Cómo podemos hacer esto? Otra frase del versículo 6 nos dice cómo:

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.

La nota 2 sobre delante de Dios en la Versión Recobro es muy reveladora:

“La palabra griega frecuentemente se traduce con (Jn. 1:1; Mr. 9:19; 2 Co. 5:8; 1 Jn. 1:2). Denota movimiento en cierta dirección, en el sentido de una unión y comunicación viva, lo cual implica comunión. Por lo tanto, el sentido de delante de Dios aquí es en comunión con Dios”.

Esto significa que podemos acercarnos a Dios y dar a conocer nuestras peticiones delante de Él en comunión con Él. En lugar de ser aplastados por el peso de nuestras cargas, podemos soltar todo al volvernos al Señor en oración en cualquier momento del día. Podemos decirle nuestras preocupaciones y Él recibirá nuestras cargas. ¡Qué provisión maravillosa!

La promesa de paz

El siguiente versículo, el versículo 7, nos dice el resultado de nuestra oración y súplica con acción de gracias y de dar a conocer nuestras peticiones delante de Dios:

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

La nota 1 sobre paz en este versículo nos ayuda a ver cómo podemos experimentar esta paz que sobrepasa todo entendimiento:

“El resultado de practicar la comunión con Dios en oración es que disfrutamos de la paz de Dios. La paz de Dios es en realidad Dios como paz (v. 9) infundido en nosotros mediante nuestra comunión con Él por medio de la oración; esta paz contrarresta los problemas y es el antídoto para los afanes (Jn. 16:33)”.

Contrarrestar significa paliar o neutralizar el efecto de algo. Y un antídoto es un medicamento que se usa contra un veneno particular. Nuestros problemas y preocupaciones ciertamente nos afectan negativamente, y nuestras preocupaciones son como un veneno dañino para nosotros. Pero la paz de Dios —Dios mismo como nuestra paz— contrarresta todos nuestros problemas, es decir, funciona como un contrapeso, y es el antídoto para nuestros afanes.

Pero sólo podemos experimentar esta paz de Dios como contrapeso y antídoto si tenemos comunión con Dios en oración. En esta comunión con Dios sucede algo maravilloso. No es sólo que le estamos contando a Dios nuestros problemas y desahogando nuestras preocupaciones. Mientras oramos a Él, Él se infunde en nosotros como paz. Ésta es la promesa maravillosa que se nos ha dado, y así es cómo podemos ser salvos de nuestros afanes.

La paz de Dios guarda nuestros corazones

La paz de Dios no es sólo un contrapeso y un antídoto, sino que incluso actúa como guardia. El versículo 7 dice:

“Y la paz de Dios... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

La nota 2 explica qué significa guardará:

“O, montar guardia. El Dios de paz patrulla continuamente nuestros corazones y pensamientos en Cristo, preservándonos en calma y tranquilidad”.

Mientras traemos nuestras preocupaciones y cargas a Dios en oración, disfrutamos de tener comunión con Dios. El resultado de tal comunión con Él es que la paz de Dios se imparte a nosotros, calmando toda nuestra ansiedad. Su paz incluso patrulla sobre nosotros, montando guardia delante de nuestros corazones y pensamientos, guardándonos de cualquier cosa que pueda perturbar nuestra calma en Él.

La exhortación del Señor es clara: Por nada estéis afanosos. Y en Su Palabra, también está claro que el Señor está cerca, y que al dar a conocer nuestras peticiones a Dios por medio de oración y súplica con acción de gracias, la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

Todos los días, recordemos que el Señor está cerca de nosotros y que podemos tener comunión con Él en oración. En lugar de cargar con todas nuestras preocupaciones por nosotros mismos, podemos darle nuestras preocupaciones a Él e incluso pedirle lo que necesitamos. Al hacer esto, disfrutaremos de la paz que Él nos prometió y seremos salvos de nuestras preocupaciones y nuestros afanes.

Le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro y a leer todas las notas de esta sección maravillosa en Filipenses 4.

La Biblia
Cómo comer la Palabra de Dios

Imagine que no ha comido durante un tiempo; tiene hambre y está débil por la falta de comida. De repente, le llega un aroma delicioso. Le hace agua la boca, pero simplemente oler el aroma de la comida no le satisface. Todavía está tan hambriento como antes.

Simplemente leer algo en la Biblia y ser temporalmente inspirado es como oler un aroma delicioso. No es que no recibamos nada en absoluto, pero la inspiración se desvanece rápidamente. Nada sólido en realidad “se pega a nuestras costillas” o nos satisface interiormente. Para eso, necesitamos comer la Palabra de Dios.

“Comer” la Palabra de Dios nos puede sonar extraño. Pero como vimos en una entrada anterior, Dios nos dio Su Palabra para que fuera comida para nosotros. Es al comer la Palabra de Dios que podemos ser nutridos espiritualmente y fortalecidos en nuestra vida cristiana.

Pero para comer la Palabra de Dios debemos ir más profundo que simplemente leerla. Así que en esta entrada, hablaremos de cómo comer la Palabra de Dios.

Usar el órgano correcto

Desde el punto de vista físico, necesitamos usar el órgano correcto de nuestro cuerpo para realizar funciones particulares.

Por ejemplo, nuestra nariz es el órgano que usamos para oler el aroma de la comida. Pero no podemos comer con nuestra nariz. Y ciertamente no podemos comer con nuestras orejas o nuestros ojos. El órgano apropiado para comer es nuestra boca. Tenemos que usar nuestra boca para ingerir la comida.

Todo esto puede parecer muy obvio, pero necesitamos darnos cuenta de que comer la Palabra de Dios también requiere que usemos el órgano correcto. Podemos estar acostumbrados a ejercitar nuestra mente para aprender algo o nuestra parte emotiva para sentir algo cuando abrimos la Biblia. Pero ni nuestra mente ni nuestra parte emotiva son el órgano correcto para recibir la Palabra de Dios como comida.

Necesitamos ejercitar nuestro espíritu

Las palabras en la Biblia son sólo letras en blanco y negro en una página en sí mismas. Si sólo usamos nuestra mente para entenderlas, eso es todo lo que serán para nosotros. Pero la Biblia es más que eso. La esencia misma de la Palabra de Dios es Espíritu.

El Señor Jesús dijo en Juan 6:63:

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.

El Espíritu que da vida está corporificado en la Palabra. Pero para contactar al Espíritu en la Palabra y recibir vida, necesitamos usar el órgano apropiado. Ese órgano es nuestro espíritu humano.

La Biblia revela que nuestro espíritu es la parte más profunda y más recóndita de nuestro ser. Dios creó nuestro espíritu humano con la capacidad única de contactarlo e incluso recibirlo a Él. Al usar nuestro espíritu, podemos contactar al Espíritu en la Palabra.

Para que la Biblia llegue a ser la comida que sacia nuestra hambre interior y nos da vida, debemos ejercitar nuestro espíritu para contactar al Espíritu en la Palabra. Entonces, ¿cómo ejercitamos, o usamos, nuestro espíritu? Así como ejercitamos nuestros pies al caminar, podemos ejercitar nuestro espíritu al orar.

El Espíritu, la Palabra, la oración y nuestro espíritu

En Efesios 6:17-18 el apóstol Pablo pone el Espíritu, la Palabra, la oración y nuestro espíritu juntos:

“Y recibid el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios, con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”.

Este versículo deja claro que debemos recibir el Espíritu en la Palabra de Dios por medio de toda oración, orando cada vez en nuestro espíritu. Así es como comemos la Palabra de Dios. Cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar mientras leemos la Biblia, tocamos el Espíritu en la Palabra, y es el Espíritu quien da vida. Somos nutridos y suministrados para crecer en la vida de Dios y vivir una vida cristiana saludable.

Tener el enfoque adecuado

Verdaderamente necesitamos leer e incluso estudiar la Biblia para nuestra iluminación y entendimiento. Pero cuando acudimos a la Palabra para alimentarnos de ella, no necesitamos estar tan preocupados por si entendemos completamente los versículos. El entendimiento vendrá; durante estos tiempos, simplemente debemos concentrarnos en ejercitar nuestro espíritu en oración con la Palabra.

Ayuda orar en voz alta. No es que Dios no escuche nuestras oraciones silenciosas, pero orar audiblemente nos ayuda a ejercitar nuestro espíritu con más fuerza, a enfocarnos en la Palabra y a estar menos distraídos por nuestros pensamientos.

Incluso antes de abrir la Biblia, también es bueno tomarse un momento para orar. Podemos hacer una oración sencilla como esta:

“Señor Jesús, vengo a Tu Palabra. Señor, quiero ejercitar mi espíritu para recibir Tu Palabra como comida. Aliméntame, Señor Jesús, en Tu Palabra”.

Entonces simplemente abrimos la Biblia para leerla. Digamos que hemos estado leyendo el Nuevo Testamento y llegamos a Juan 1:4:

“En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Podemos hacer una pausa y orar con las palabras de este versículo. Nuestra oración puede ser algo así:

“En Él estaba la vida. La vida sólo está en Ti, Señor. Gracias, Señor, ahora que te tengo, tengo vida. Señor, haz que hoy disfrute de Ti como vida. Y alabado seas, Señor, Tú eres la luz de los hombres. Oh Señor Jesús, Tú eres ahora mi luz. Brilla sobre mí, Señor. No permitas que esté en ninguna oscuridad”.

Tal vez mientras estamos “comiendo” la palabra luz, el Señor puede comenzar a brillar sobre un pecado que cometimos del cual no estábamos conscientes.

Debemos confesar ese pecado de inmediato para ser perdonados y limpiados, y entonces podemos continuar comiendo. Cuando ejercitamos nuestro espíritu para contactar la Palabra de Dios, a menudo experimentamos que Dios brilla sobre nosotros, y podemos responder instantáneamente a Él. Todo esto es parte de nuestro comer la Palabra de Dios.

Si tenemos más tiempo, podemos seguir leyendo hasta que otro versículo nos llame la atención. Podemos detenernos y orar espontáneamente con lo que surja de nuestro corazón y nuestro espíritu.

Algunos puntos útiles

A continuación algunos puntos que pueden ayudarnos a practicar comer la Palabra de Dios:

  • Durante estos tiempos de comer, no necesitamos sentirnos obligados a terminar un capítulo o sección. Podemos tomarnos nuestro tiempo para leer y orar, orar y leer.

  • Así como comer en exceso físicamente es malo para nosotros, no deberíamos tratar de ingerir demasiado cuando comemos la Palabra. Disfrutar de unos pocos versículos a la vez suele ser suficiente.

  • Al repetir la Palabra de Dios a Él y convertirla en nuestra oración, podemos ser liberados de hacer oraciones formales y rutinarias.

  • Podemos ser salvos de pensar demasiado acerca de nosotros mismos y nuestra situación al incluir agradecer y alabar al Señor mientras oramos con Su Palabra. Esto también elevará nuestro aprecio por Él.

  • Podemos orar con el mismo versículo en diferentes momentos de nuestras vidas y experimentar algo nuevo porque el Espíritu es viviente. A medida que ejercitamos nuestro espíritu y contactamos al Espíritu en la Palabra, recibimos un fresco suministro de vida y aprecio por ese versículo.

Esperamos que comience a disfrutar de comer la Palabra de Dios todos los días. Que Sus palabras sean espíritu y vida para usted, animándole y satisfaciendo su hambre. Si vive en los Estados Unidos, puede solicitar una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

La Biblia
La Biblia es nuestro alimento espiritual

A lo largo de miles de años, Dios nos dio Su preciosa Palabra. Ahora tenemos Su revelación completa en nuestras manos: la Biblia. La historia nos dice que la Biblia ha afectado profundamente a innumerables personas a lo largo de los siglos. Ha servido de guía para vivir, e incluso se ha enseñado en las escuelas como gran literatura.

Pero la Biblia no es simplemente un libro lleno de doctrinas sobre Dios y la fe cristiana, una obra de literatura o un manual de autoayuda que nos dice cómo tener una buena vida.

En realidad, la intención de Dios al darnos Su Palabra es que fuera nuestro alimento espiritual para nutrirnos. ¿Cómo lo sabemos? La Biblia misma nos revela esto.

Versículos claves que revelan que la Biblia es nuestro alimento

Numerosos versículos a lo largo de la Biblia describen la Palabra de Dios como alimento para Su pueblo.

Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Jeremías 15:16 dice:

“Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.

Entonces, al principio del Nuevo Testamento, el Señor Jesús fue tentado por el diablo a convertir las piedras en pan después de haber ayunado durante 40 días. En Mateo 4:4, Jesús respondió:

“Escrito está: ‘No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”.

Luego, en 1 Pedro 2:2, el apóstol Pedro exhortó a los creyentes:

“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”.

Éstos y muchos otros versículos nos muestran que Dios nos dio Su Palabra para que sea nuestro alimento espiritual. Así que debemos tener esto en cuenta cuando nos acercamos a la Biblia. Dios quiere que Su preciosa Palabra sea el alimento que comemos y por el que vivimos.

Comer es crucial para que vivamos y crezcamos

Hablando en términos físicos, podemos prescindir de muchas cosas, pero ninguno de nosotros puede pasar mucho tiempo sin comida. Comer es necesario para nuestra supervivencia.

Pero ninguno de nosotros estaría satisfecho con la mera supervivencia. Queremos prosperar y crecer. El crecimiento de cualquier forma de vida depende completamente de recibir el alimento adecuado. A medida que comemos, nuestros cuerpos son constituidos con los alimentos que ingerimos. Así es como se produce el crecimiento.

De la misma manera, nada es más importante para nuestra vida cristiana que ser nutridos con la Palabra de Dios, tanto para nuestro sustento como para nuestro crecimiento espiritual. Cuando nacimos de nuevo, recibimos la vida divina de Dios en nosotros. Ahora, esa vida debe crecer en nosotros y aumentar para llenar cada parte de nuestro ser.

Cómo la Palabra de Dios puede ser alimento para nosotros

Para que algo sea alimento, debe ser compuesto de material orgánico, es decir, algo de vida. La materia inorgánica, como una roca, por ejemplo, no puede alimentarnos. Una manzana puede nutrirnos porque es orgánica, es decir, algo de vida.

Lo mismo es cierto hablando en términos espirituales. Nuestro alimento espiritual es algo de la vida divina.

En Juan 6:63, el Señor Jesús dijo:

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”.

Ya que las palabras del Señor son espíritu y vida, pueden alimentarnos.

¿Cómo podemos experimentar que las palabras del Señor son espíritu y vida para nosotros cuando leemos la Biblia? La nota 3 sobre palabras en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro dice:

“La palabra griega que aquí y en el v. 68 se traduce palabras, es réma, la cual denota la palabra hablada para el momento. Difiere de lógos (traducida Palabra en 1:1), que se refiere a la palabra constante. Aquí las palabras van después del Espíritu. El Espíritu es viviente y verdadero, no obstante es misterioso e intangible, y como tal, difícil de ser captado por la gente; pero las palabras son tangibles, concretas. Primero, el Señor indica que para poder darnos vida, Él llegaría a ser el Espíritu. Luego, Él dice que las palabras que Él habla son espíritu y vida. Esto muestra que las palabras que Él habla son la corporificación del Espíritu de vida. Él ahora es el Espíritu vivificante en resurrección, y el Espíritu se halla corporificado en Sus palabras. Cuando recibimos Sus palabras al ejercitar nuestro espíritu, obtenemos el Espíritu, quien es vida”.

En términos físicos, para recibir alimentos en nuestros cuerpos, necesitamos usar nuestra boca. Hablando en términos espirituales, para recibir las palabras del Señor, debemos ejercitar nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser. La mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es abrir nuestra boca para orar.

En Efesios 6:17-18, el apóstol Pablo nos dice esto:

“Recibid el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios, con toda oración y petición”.

Pablo animó a los creyentes a recibir la Palabra de Dios no sólo usando sus mentes, sino con toda oración. Cuando oramos, ejercitamos nuestro espíritu. Al usar nuestro espíritu cuando leemos la Palabra, contactamos al Espíritu en la Palabra.

Al leer la Palabra de Dios con oración, las palabras en blanco y negro en la página se convierten en espíritu y vida. Así es como la Biblia se convierte en alimento nutritivo para nosotros.

Todos podemos comer la Palabra de Dios

Los creyentes a lo largo de los siglos han testificado que se alimentan de la Palabra de Dios a través de esta práctica disfrutable de orar mientras leen la Biblia.

Y así como comer físicamente es algo que cualquiera puede hacer, todos podemos comer espiritualmente al orar con la Palabra de Dios. No se requiere ninguna habilidad especial. No necesitamos hacer oraciones largas y complicadas. Podemos hacer oraciones simples y cortas mientras leemos la Palabra.

A medida que experimentemos comer la Palabra de Dios como nuestro alimento, el testimonio de Jeremías se convertirá en el nuestro: “Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí; y Tu palabra me fue por alegría y por gozo de mi corazón”.

Para obtener más información sobre este tema, puede leer el capítulo 3 de Elementos básicos de la vida cristiana, tomo 3, un libro que ha ayudado a miles de creyentes. Puede descargar el juego de tres tomos gratis desde cualquier parte del mundo aquí.

La Biblia
¿De qué trata la Biblia?

En una entrada anterior fuimos calibrados en la manera en que nos acercamos a la Biblia por medio de descubrir cuál es su esencia. En otra entrada, nuestra confianza en la Palabra de Dios fue fortalecida al ver su fuente. Ahora veremos cuál es el contenido de la Biblia y su enfoque.

La Biblia consta de dos secciones, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento; 66 libros; y muchos capítulos. Debido a que hay tanto material, ¿en qué debemos enfocarnos cuando leemos la Biblia?

¿De qué trata la Biblia?

Para saber de qué trata un libro, por lo general puede ojear el índice para obtener una pista.

Pero esto no funciona con la Biblia. Cuando mira el índice ve una lista de sesenta y seis libros. Pero esa lista no le dice mucho acerca del tema de la Biblia.

Así que, habiendo leído el índice, puede hacer un recorrido rápido y hojear las páginas para obtener un sentir del contenido de la Biblia. Se encuentra con muchas historias interesantes, emocionantes y conmovedoras, incluso historias desgarradoras. Encuentra poesía alentadora en los Salmos y halla secciones desconcertantes en los libros de los profetas. Y eso es solamente en el Antiguo Testamento.

Al proseguir, puede echarle un vistazo al Nuevo Testamento y encontrar relatos de Jesucristo, historias de los primeros apóstoles, escritos a diferentes personas y, por último, el misterioso libro final, Apocalipsis.

Después de haber hecho este recorrido rápido, quizás se pregunte: ¿Cuál es el enfoque principal de la Biblia? ¿De qué trata la Biblia en realidad?

Una respuesta vaga

La pregunta “¿de qué trata la Biblia?” quizás nos resulte extraña. Después de todo, incluso las personas que nunca han leído la Biblia probablemente tengan una idea de que es un libro que trata de Dios. Y en términos muy generales, eso es cierto.

Pero si nosotros como creyentes también decimos: “la Biblia trata de Dios”, ¿qué queremos decir exactamente?

Lo que la Biblia nos dice

La Biblia misma nos dice cuál es su tema general. Veamos algunos versículos:

1. Mateo 1:1:

“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”.

Estas palabras iniciales del Nuevo Testamento inmediatamente nos indican que el tema del Nuevo Testamento no es una cosa o un evento, sino una Persona maravillosa, Jesucristo.

Jesucristo es el Dios vivo y verdadero quien se hizo un hombre real. Él vino para efectuar la redención por nosotros y para darnos Su vida eterna. Por medio del crecimiento de Su vida en nosotros llegamos a ser Su expresión a fin de cumplir Su propósito.

Así que Jesucristo es el tema del Nuevo Testamento, pero ¿qué del Antiguo Testamento? ¿De qué trata el Antiguo Testamento?

2. Lucas 24:44:

“Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

El Señor Jesús habló estas palabras a Sus discípulos después que fue crucificado y resucitado. ¿Por qué mencionó la ley de Moisés, los profetas y los salmos? La nota correspondiente a este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda mucho:

“La ley de Moisés, los profetas y el libro de los Salmos, forman las tres secciones del Antiguo Testamento, es decir, de ‘todas las Escrituras’ (v. 27). Aquí la palabra del Salvador revela que todo el Antiguo Testamento es una revelación de Él, y que Él es su centro y su contenido”.

Preste atención a las palabras de Mí en este versículo. Aunque no vemos el nombre Jesucristo en el Antiguo Testamento, el Señor nos dice que Él es, de hecho, el tema y contenido del Antiguo Testamento.

En el Antiguo Testamento, el Cristo venidero es revelado a través de muchas historias, profecías, tipos, figuras y sombras. Y en el Nuevo Testamento, Cristo viene como el cumplimiento de todo lo que fue revelado acerca de Él en el Antiguo Testamento.

Así que ambos, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, revelan a Jesucristo; Jesucristo es el centro y el contenido de todas las Escrituras.

3. Apocalipsis 22:21:

“La gracia del Señor Jesús sea con todos los santos. Amén”.

Este es el último versículo del Nuevo Testamento. Aquí una vez más vemos el nombre Jesús. Jesús es el primer nombre mencionado en el Nuevo Testamento, y también es el último. Si miramos el primer versículo y el último del Nuevo Testamento —Mateo 1:1 y Apocalipsis 22:21— podemos ver que su enfoque y su contenido principal es Jesucristo, una Persona maravillosa.

Apocalipsis 22:21 no es sólo el último versículo del Nuevo Testamento; también es la última palabra de toda la Biblia. La palabra final de la Biblia es acerca del Señor Jesús, y no de muchas otras cosas. Así que, a través de todos los sesenta y seis libros, de principio a fin, Jesucristo es el tema de la Biblia. Jesucristo es la respuesta a la pregunta: ¿De qué habla la Biblia?

Enfocarnos en el asunto principal

Como creyentes, debemos tener algo más que una idea vaga o general de que la Biblia trata de Dios. Este Dios, Aquel que es eterno, en el tiempo se hizo un hombre: Jesucristo. La Biblia abunda en detalles acerca de Jesús: Su naturaleza, Su vivir, Sus logros, y la salvación que Él efectúa. ¡El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento están llenos de revelación acerca de Él!

Si nos damos cuenta de que la Biblia en su totalidad se enfoca en Cristo como su tema y contenido principales, entonces también nos enfocaremos en Él cuando acudimos a la Palabra de Dios. En vez de ser distraídos de Cristo por todas las historias y asuntos menos importantes en la Biblia, buscaremos a Cristo activamente en la Palabra. Entonces, descubriremos riquezas distintas y específicas de Cristo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Nuestra apreciación por nuestro querido Señor Jesús aumentará a medida que descubrimos cuán maravilloso es Él en la Palabra de Dios.

Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Prev
10 / 16
siguiente

Bibles for America es una organización sin fines de lucro.
© 2025 Bibles for America. Todos los derechos reservados.

  • Quiénes somos
  • Preguntas frecuentes
  • Política de privacidad
  • Condiciones de uso
  • Configuración de cookies
  • English
Contáctenos
info-es@bfa.org
888.551.0102

PO Box 17537
Irvine, CA 92623

Suscríbete a nuestro blog

Reciba publicaciones mensuales sobre la vida cristiana y la Biblia.