
La Biblia menciona la carne tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Sin embargo, aunque muchos cristianos están claros sobre lo qué es el pecado, muchos no saben lo suficiente acerca de la carne. Desafortunadamente, Satanás ha encubierto la verdad acerca de la carne a través de los años lo cual le ha permitido dañar a muchas personas del pueblo de Dios.
¿Qué es la carne, y qué tiene de mala? ¿Aún es tan mala ahora que somos salvos?¿Acaso mejora mientras más años pasen de ser cristianos o entre más espirituales seamos?
Veamos lo que la Biblia nos dice acerca de la carne.
¿Qué es la carne y de dónde proviene?
Dios creó al hombre con un espíritu, alma y cuerpo a fin de que el hombre pudiera contener a Dios y le expresara. Cada parte del hombre era pura, incluso su cuerpo. No obstante, cuando Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, sucedió algo terrible. Tomaron la naturaleza pecaminosa del diablo. Esto amorteció su espíritu, dañó su alma y corrompió su cuerpo puro cambiándolo a la carne de pecado.
Podemos ver que el apóstol Pablo se percató acerca de la carne en Romanos 7:
“Pues yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien”. (v. 18)
Las palabras de Pablo son enfáticas: en nuestra carne, no mora el bien. ¿A qué se debe esto?
La nota 2 respecto a este versículo en la Versión Recobro nos brinda una explicación clara acerca de lo que es la carne:
“La carne aquí es el cuerpo humano caído y corrupto, junto con todas sus concupiscencias. Esta carne no fue creada por Dios, sino que es una mezcla de lo que Dios creó y el pecado, el cual es la vida de Satanás, el maligno. Dios creó el cuerpo del hombre como un vaso limpio, pero este vaso fue corrompido y convertido en la carne en el momento de la caída cuando Satanás, como pecado personificado, está en la carne del hombre, haciendo su hogar allí, y reinando como dueño ilegal, dominando al hombre y obligándole a hacer lo que no le gusta. Este pecado que reside en todos los hombres, el cual es la naturaleza maligna que no se puede cambiar, es lo que los constituye pecadores (5:19)”.
Satanás es el pecado personificado, y como dice Pablo en el versículo 20, el pecado ahora mora en nosotros.
El estado de la carne después de ser salvos
Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador, nuestros pecados son perdonados, y somos limpios y salvos. No obstante, ¿qué sucede con nuestra carne? ¿Puede ser reparada? ¿Acaso somos libres de los deseos de la carne una vez que nacemos de nuevo?
La respuesta a estas preguntas es muy importante para nuestra vida cristiana. Después de ser salvos, nuestra carne permanece exactamente igual a antes de serlo, es decir, aún es pecaminosa y llena de concupiscencias. Esto se debe a que una vez que recibimos al Señor como nuestro Salvador, nacimos de nuevo en nuestro espíritu humano con el Espíritu divino de Dios, pero nuestra carne continúa siendo carne.
“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:6).
Mientras vivamos en esta vida física, nuestra carne permanecerá igual. Nunca mejora y nunca cambia, no importa cuánto tiempo tengamos de ser salvos o cuánto hayamos crecido en el Señor. Sólo podremos deshacernos de la carne cuando el Señor Jesús regrese, resucite y transfigure nuestro cuerpo caído como Filipenses 3:20-21 nos dice:
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos con anhelo al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transfigurará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea conformado al cuerpo de la gloria Suya, según la operación de Su poder, con la cual sujeta también a Sí mismo todas las cosas”.
La salvación completa que Dios efectúa prometida en esta palabra incluye nuestro cuerpo caído. Pero por ahora, nuestra carne sigue siendo la carne pecaminosa.
Poseer un conocimiento adecuado es crucial
Es esencial que como creyentes tengamos un conocimiento apropiado de que nuestra carne pecaminosa no cambia, ya que esto nos alerta del peligro que la carne representa para nosotros. El hecho de que lo sepamos o no nos puede afectar gravemente.
Digamos que no tenemos noción de que cierta sustancia es extremadamente tóxica. Debido a que no sabemos que es tan peligrosa, puede que no nos preocupe e incluso seamos descuidados al manejarla, y como resultado nos hagamos daño. Pero una vez que conocemos lo que verdaderamente es, seremos bastante cuidadosos en su manejo a fin de protegernos a nosotros mismos.
Esto muestra el hecho de que tener el conocimiento adecuado acerca de nuestra carne puede ser beneficioso para nosotros los creyentes, y el no tenerlo puede perjudicarnos. Es real el peligro en que se encuentra nuestra vida espiritual debido a la carne. Y a diferencia de la sustancia tóxica en el ejemplo anterior, nuestra carne no está fuera de nosotros como un elemento que simplemente podemos ignorar; es parte de nosotros y está siempre presente.
La estrategia que Satanás utiliza por medio de la carne de los cristianos
Satanás le esconde a los cristianos la verdad en cuanto a la carne. Esta es su estrategia. Él desea que pensemos que nuestra carne no es un problema después de ser salvos, o que ésta ha mejorado y que por lo tanto, no representa un peligro para nosotros ya que hemos ido en pos de Cristo por un tiempo. Él sabe que si pensamos de esta manera comenzaremos a bajar la guardia, y como resultado pecaremos.
¿Qué queremos decir con “bajar la guardia”? ¿Qué significa esto en la práctica?
Supongamos que estamos seguros de que nunca cometeremos cierto pecado porque no lo hemos hecho por mucho tiempo, o estamos seguros de que nunca lo haremos porque nunca lo hemos cometido antes. ¿Qué sucede cuando pensamos que estamos a salvo? A menudo, nos permitiremos estar en ciertas situaciones en las que no nos damos cuenta que nuestra carne puede ser despertada y nos domine.
Tal vez antes de ser salvos asistíamos a bares y bebíamos con nuestros amigos. Digamos que ahora nuestros compañeros de trabajo o nuestros amigos nos invitan a un bar. Vamos, pensando: “Ahora que soy salvo, ya no tengo la tentación de beber”. No nos damos cuenta de que nuestra carne no ha mejorado y que todavía es tan fuerte como lo era antes. Nuestra carne vence nuestra fuerza de voluntad, arrastrándonos de nuevo a la misma vida que teníamos antes. Es demasiado tarde cuando nos damos cuenta de que aún estamos sujetos a las concupiscencias de la carne.
O, si usamos otro ejemplo, sabemos que la inmoralidad tal como la fornicación es pecaminosa. Sin embargo, quizás pensemos: “Ahora que soy cristiano, definitivamente nunca tendré un problema con esto. Mis altos valores morales evitarán que algo suceda”. De modo que, repetidamente, ya sea en el trabajo o en cualquier otro lugar pasamos tiempo a solas con un miembro del sexo opuesto porque pensamos que somos inmunes a las concupiscencias de la carne. Pero, al final, ya que hemos pasado tanto tiempo a solas, nos comportamos descuidadamente y, en un momento desprevenido, como resultado, podemos pecar. No nos damos cuenta de que nuestra carne es mucho más fuerte que nuestros valores morales. La carne no sólo opera en un cierto tipo de persona; opera en todos. Cada ser humano tiene la lujuria de la carne, y cada ser humano, incluyendo al creyente, es capaz de cometer cualquier tipo de pecado. Debido a la lujuria de la carne, podemos pecar con tan sólo estar en el entorno equivocado.
De esta manera Satanás daña a los creyentes, una y otra vez, adormeciéndolos a fin de que no se protejan contra la carne.
En el libro de Romanos, un libro escrito a los creyentes, Pablo claramente advierte a los creyentes a protegerse no sólo del pecado, sino del pecado que se esconde en su propia carne.
“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que obedezcáis a las concupiscencias del cuerpo”. (Ro. 6:12)
Si somos descuidados con nuestra carne, el pecado reinará incluso en el cuerpo de un creyente. ¡Qué tragedia!
Primero debemos ver el peligro
El primer paso que debemos tomar para no permitir que el pecado reine es ver el peligro que representa nuestra carne. Nuestra carne caída y pecaminosa es como un animal salvaje que nunca puede ser domado. Darle la mas mínima libertad puede causar que se escape y haga un gran daño. Aún las cosas que vemos y escuchamos pueden despertar la carne. ¡Ciertamente necesitamos pedirle al Señor que nos muestre la seriedad de nuestra carne, y cómo debemos protegernos de ella! Si cedemos a la carne aunque sea un poco porque pensamos que somos fuertes y podemos vencerla, o porque pensamos que ya no estamos sujetos a la lujuria de la carne, como consecuencia pecaremos.
En otra entrada veremos algunas maneras prácticas en las cuales podemos cooperar con el Señor para no permitir que el pecado gobierne en nosotros por medio de la carne. Por el momento, les animamos a leer nuestra entrada, “Lo que dice 2 Timoteo 2:22 sobre huir de las pasiones y de qué manera en la actualidad esto se aplica a nosotros”.
Todos los versículos citados son de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede solicitar su ejemplar gratuito del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Dar gracias parece ser un asunto tan simple. Desde que son pequeños, enseñamos a nuestros hijos a decir “Gracias” a alguien que les da algo o hace algo por ellos.
Pero en ciertos momentos de nuestras vidas, dar gracias al Señor puede ser difícil para nosotros. En esta entrada, veremos el secreto de la Biblia de dar gracias en todo, y cómo dar gracias es una parte crucial de nuestra experiencia cristiana.
Pablo nos exhorta a dar gracias
La Biblia tiene mucho que decir acerca de dar gracias. La palabra gracias aparece de alguna forma muchas veces tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.
Sólo en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo escribió acerca de dar gracias al menos 46 veces. Seguramente esto indica que dar gracias a Dios es algo importante.
Quizás la exhortación más difícil de Pablo a los creyentes está en 1 Tesalonicenses 5:18:
“Dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros”.
“En todo”, esto es lo difícil. Cuando “contamos nuestras bendiciones”, es fácil para nosotros dar gracias felizmente por las cosas que el Señor ha hecho por nosotros o nos ha dado. Pero es más difícil agradecerle cuando parece que las bendiciones se han agotado, o cuando nuestra situación no parece muy positiva. Cuando nos enfrentamos a dificultades, es posible que no nos sintamos agradecidos. En cambio, podríamos lamentar nuestra situación y quejarnos de ella a Dios y a todos los demás.
Sin embargo, Pablo dice que dar gracias en todo es la voluntad de Dios para nosotros. ¿Estaba Pablo hablando sólo en teoría, o a partir de su experiencia personal?
La experiencia de Pablo
Al leer el libro de Hechos sabemos que la vida de Pablo no estaba libre de problemas. Fue encarcelado, perseguido, golpeado y náufrago. Pero incluso mientras sufría circunstancias tan difíciles, Pablo estaba lleno de agradecimiento.
Así que cuando Pablo dijo dad gracias en todo, no estaba hablando en teoría; estaba hablando de algo que realmente practicaba, incluso en las situaciones más horribles. Él dio gracias genuinas al Señor en medio de las condiciones más difíciles.
¿Cómo lo hizo Pablo? ¿Acaso era una especie de “súper cristiano”? En realidad, de Efesios 3:8, sabemos que Pablo se consideraba a sí mismo “menos que el más pequeño de todos los santos”. Entonces, ¿cómo pudo Pablo dar gracias en todo?
Dar gracias en el nombre del Señor
El secreto de Pablo para dar gracias en cualquier situación se puede encontrar en una corta frase en Efesios 5:20:
“Dando siempre gracias por todo a nuestro Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, éste es el secreto para dar gracias a Dios no sólo en los buenos tiempos sino siempre, no sólo por las cosas buenas sino por todo.
La nota 2 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender lo que esto significa:
“La realidad del nombre del Señor es Su persona. Estar en Su nombre es estar en Su persona, en Él mismo. Esto implica que debemos ser uno con el Señor en darle gracias a Dios”.
Ahora también leamos Colosenses 3:17, un versículo hermano de Efesios 5:20:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él”.
Y la nota 1 en este versículo dice:
“El nombre denota la persona. La persona del Señor es el Espíritu (2 Co. 3:17a). Obrar en el nombre del Señor es actuar en el Espíritu. Esto es vivir a Cristo”.
Lo que significa vivir a Cristo
En Filipenses 1:21, Pablo dijo:
“Porque para mí el vivir es Cristo”.
La nota 1 en este versículo es extremadamente útil para ver lo que significa vivir a Cristo:
“La vida de Pablo consistía en vivir a Cristo. Para él, el vivir era Cristo, no la ley ni la circuncisión. No deseaba vivir la ley sino a Cristo, ni deseaba ser hallado en la ley, sino en Cristo (3:9). Cristo no era sólo su vida, sino también su vivir. Él vivía a Cristo porque Cristo vivía en él (Gá. 2:20). Él era uno con Cristo tanto en vida como en el vivir que llevaba. Él y Cristo tenían una misma vida y un mismo vivir. Vivían juntos como una sola persona. Cristo vivía dentro de Pablo como la vida de Pablo, y Pablo manifestaba a Cristo como el vivir de Cristo. La experiencia normal que tenemos de Cristo es vivirlo a Él, y vivirlo es magnificarlo siempre, sin importar cuáles sean las circunstancias en que nos encontremos”.
En nosotros mismos, no tenemos la habilidad de agradecer a Dios genuinamente por todo, incluyendo las cosas angustiosas, perturbadoras y desagradables. Pero cuando vivimos a Cristo, quien vive en nosotros, podemos agradecer a Dios por todas las cosas tal como lo hizo Pablo. Este tipo de vivir no está reservado para los “súper cristianos”; así es como Dios quiere que vivan todos los creyentes.
Podemos dar gracias en todo
Hablando prácticamente, para vivir a Cristo simplemente necesitamos contactarlo en nuestro espíritu al orar e invocar Su nombre. Cuando lo contactamos de esta manera, disfrutamos de tener una vida y un vivir con Él. Y espontáneamente, nuestras oraciones estarán llenas de alabanza y agradecimiento a Dios por todas las cosas.
Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer todos los versículos mencionados en esta entrada, junto con sus comentarios reveladores.

Usted ha tratado de evitarlo, pero de alguna manera ha agarrado ese resfriado que está circulando. Resoplando, con dolor de cabeza y congestionado, se siente terrible. Así que se obliga a ir a la tienda para obtener uno de esos medicamentos para aliviar los múltiples síntomas del resfriado, se toma la primera dosis y comienza a sentirse un poco mejor.
A nadie le gusta estar enfermo. Pero ¿alguna vez ha sentido como si tuviera un “resfriado” espiritual? Usted quiere expresar a Cristo a la gente, pero descubre que no puede hacerlo. Por ejemplo, tal vez usted se esfuerce por ser paciente con alguien, pero al final, está tan exasperado que dice algo desagradable e inmediatamente se arrepiente.
Experiencias como éstas lo hacen darse cuenta de que está “enfermo” por la escasez de paciencia y bondad, por lo que le pide al Señor que le dé más paciencia o le ayude a ser amable.
Pero esto no parece ayudar. Cuanto más le pedimos al Señor que nos dé paciencia o que nos ayude a ser mejores, peor nos volvemos. Pero hay buenas noticias: tenemos una “medicina” espiritual de múltiples síntomas para todo lo que nos aflige en nuestra vida cristiana.
En esta entrada, descubriremos esta eficaz medicina espiritual que Dios nos ha dado al leer algunos extractos del libro La economía de Dios por Witness Lee. Este libro abre la Palabra de Dios de una manera que provee una tremenda ayuda para establecer la dirección de toda nuestra vida cristiana.
La economía de Dios
Primero abordemos el significado de economía en el título del libro. En griego, el idioma original del Nuevo Testamento, la palabra oikonomía se traduce al español como economía. Esta palabra griega aparece en varios lugares del Nuevo Testamento, como Efesios 1:10:
“Para la economía de la plenitud de los tiempos, de hacer que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra, en Él”.
Witness Lee también escribió las notas de estudio en el Nuevo Testamento Versión Recobro. En la nota 1 de este versículo, él explica el significado de economía:
“O, plan. La palabra griega oikonomía significa ley doméstica, administración familiar y por derivación significa distribución, plan o economía administrativa (véase la nota 43 de 1 Ti. 1). La economía que Dios, según Su deseo, planeó y se propuso en Sí mismo, es que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas en la plenitud de los tiempos. Esto se lleva a cabo por medio de la impartición del abundante suministro de vida del Dios Triuno, como factor vital, en todos los miembros de la iglesia, para que sean levantados de la situación de muerte y unidos al Cuerpo”.
La economía de Dios, o el plan de Dios, es impartir el abundante suministro de vida del Dios Trino en los seres humanos.
En el libro La economía de Dios, Lee expone en detalle la economía de Dios, que resulta en que Dios obtenga una expresión de Sí mismo en el universo a través de su pueblo escogido.
Nuestra dosis espiritual todo-inclusiva
El capítulo 2 de este libro, titulado “El Espíritu todo-suficiente”, revela las riquezas que se hallan en el Espíritu. Lee escribe en la página 17 que el Espíritu, que recibimos cuando nacimos de nuevo, “está en nosotros como la misma transmisión de Dios, transmitiendo constantemente todo lo que Dios es y tiene en Cristo”.
Lee entonces continúa en la página 18:
“¿Nos hemos dado cuenta alguna vez de que, en todo el mundo, el Espíritu Santo es la mejor ‘dosis’? Una sola dosis es suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades. Todo lo que el Padre y el Hijo son y todo lo que Ellos tienen está en este Espíritu maravilloso. Considere cuántos elementos están en esta dosis: la divina naturaleza de Dios, Su naturaleza humana, Su vivir humano con los sufrimientos terrenales, la maravillosa eficacia de Su muerte, Su resurreccción, Su ascensión y Su entronización. ¡Oh no podemos imaginarnos qué clase de dosis es ésta! Sin embargo, alabado sea el Señor, cada día podemos disfrutarla”.
Una sola píldora de ese medicamento para el resfriado con síntomas múltiples funciona porque contiene una variedad de ingredientes que se enfocan en diferentes problemas. Es todo-inclusiva. Es una buena ilustración del Espíritu como una dosis todo-inclusiva que satisface todas nuestras necesidades. En el Espíritu todo-suficiente hay muchos aspectos ricos del Padre y del Hijo que podemos disfrutar diariamente.
La solución a nuestros problemas no es pedirle a Dios que nos dé más paciencia o bondad, sino simplemente tomar la dosis. Cuando nos damos cuenta de nuestra carencia, simplemente necesitamos tomar la dosis todo-inclusiva del Espíritu. Según la economía de Dios, Dios quiere que recibamos y disfrutemos del abundante suministro de vida que hay en Él.
Aprender más enseñanzas no ayuda
Lee muestra la diferencia entre disfrutar de la dosis eficaz del Espíritu y simplemente aprender doctrinas y conocer enseñanzas sobre cómo debemos vivir como cristianos. Él comparte su experiencia de ser enseñado de acuerdo con Romanos 6 que hemos sido crucificados juntamente con Cristo y debemos reconocernos como muertos. Comenzando en la página 18, Lee escribe:
“Pero cuanto más lo hacía, [reconocerme como muerto], más vivo estaba. Esto no funcionó debido a que la fórmula fue incorrecta. Un día, después de muchos años, el Señor abrió mis ojos para que viera que la realidad de Su muerte no está en mi reconocimiento, sino en mi disfrute del Espíritu Santo. Esto está revelado en Romanos 8. Romanos 6 solamente nos da la definición, pero Romanos 8 nos da la realidad de la muerte de Cristo, debido a que la eficacia de la muerte de Cristo está en el Espíritu Santo. Mientras más comunión tengamos con Cristo en el Espíritu Santo, más seremos inmolados”.
El punto que Lee hace aquí es que la aplicación real en nuestra experiencia de Romanos 6 se encuentra en Romanos 8, un capítulo lleno de la experiencia y el disfrute del Espíritu que mora en los creyentes.
Luego, en la página 19, Lee da más detalles de su experiencia:
“Anteriormente cuando yo odiaba a un hermano, me decían que ‘el yo odiador’ estaba crucificado, y que en vez de odiarlo yo debía amarlo. Así que yo trataba de considerarme muerto, pero esto no me daba resultado. Cuando más me contaba muerto, más odio sentía hacía él. Luego, un día mientras tenía comunión con el Señor fui lleno de Su Santo Espíritu. ¡Oh cómo fluyeron de mí las lágrimas! Me di cuenta de que el poder aniquilador estaba dentro de mí, matando mi odio y mi orgullo. Automáticamente el amor, mezclado con lágrimas, brotó de mi corazón para con este hermano. ¿Qué fue esto? Eso fue el elemento mortífero, en la maravillosa dosis, la eficacia de la muerte de Cristo en el Espíritu”.
Muchos de nosotros hemos descubierto que tratar de aplicar mentalmente una enseñanza que hemos aprendido —como por ejemplo, fuimos crucificados con Cristo, no deberíamos odiar a nadie y deberíamos amar a nuestros hermanos cristianos— no funciona. Pero también hemos experimentado que cuando tomamos la dosis del Espíritu al contactar al Espíritu, el “ingrediente” de la muerte de Cristo que está en el Espíritu opera espontáneamente en nosotros; nuestro odio es puesto a fin, y Su amor nos llena.
El contenido de la dosis
Averigüemos más sobre el contenido de la dosis del Espíritu todo-inclusivo. Primero, veamos Filipenses 1:19:
“Porque sé que por vuestra petición y la abundante suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi salvación”.
Ahora leamos este párrafo en las páginas 19-20 de La economía de Dios:
“Dentro de este Espíritu de Jesús hay una suministración todo-suficiente. En Filipenses 1:19, la Palabra ‘suministración’ es una palabra griega especial que implica ‘la suministración abundante o todo-inclusiva’. El Espíritu de Jesús es una suministración todo-inclusiva, en la cual todas nuestras necesidades son satisfechas. ¿Qué necesitamos? ¿Necesitamos consuelo? Nadie puede verdaderamente consolarnos, ni aún nuestros propios hijos ni nuestros padres ni nuestras queridas esposas. El verdadero consuelo procede del Espíritu de Jesús que mora en nosotros. Cuando tenemos comunión con Jesús en este Espíritu y cuando vivimos en este Espíritu maravilloso, automáticamente tenemos consuelo interior. No importa cuál sea el ambiente exterior, hay reposo y consuelo en nuestro interior”.
Podemos sustituir consuelo en este párrafo por cualquier cosa que necesitemos en cualquier momento: paciencia, bondad, amor, longanimidad, paz, incluso autocontrol. Todo esto está ahora disponible para nosotros en el Espíritu.
Necesitamos recordar que la economía de Dios, el plan de Dios, es impartirse a Sí mismo como el suministro de vida abundante en nuestro ser. Así que Dios no nos da algo como amor o paciencia, ni simplemente quiere ayudarnos a ser amorosos. En cambio, debemos darnos cuenta de que Él es el Espíritu en nosotros, y en Él está todo lo que necesitamos en cualquier situación. Lo que Dios quiere es que simplemente disfrutemos del Espíritu. Cuando lo hacemos, disfrutamos de Él como la dosis todo-inclusiva que satisface todas nuestras necesidades.
Cómo podemos tomar esta dosis
A diferencia de la medicina para el resfriado, si queremos disfrutar de este Espíritu maravilloso, no necesitamos ir a ningún sitio para obtenerlo. ¡Ya tenemos esta dosis! El Espíritu no está lejos de nosotros. De hecho, nadie puede estar más cerca de nosotros que Él porque Él está en nosotros.
Antes de que fuéramos salvos, el Señor estaba fuera de nosotros y separado de nosotros. Pero cuando fuimos salvos, eso cambió. En el momento en que nos arrepentimos y creímos en Jesús como nuestro Salvador, nacimos de nuevo, y el Espíritu entró a vivir en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser.
Y 1 Corintios 6:17 declara:
“El que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”.
¡La Palabra de Dios nos dice que el Señor no sólo está en nosotros, sino que en realidad somos un espíritu con Él! Él se impartió a Sí mismo en nuestro espíritu para vivir en nosotros y ser un espíritu con nosotros. Así que para disfrutarlo como el Espíritu todo-suficiente, simplemente necesitamos contactarlo en nuestro espíritu. En lugar de permanecer en nuestros pensamientos o sentimientos, necesitamos aprender a contactar al Espíritu en nuestro espíritu.
Centrarnos en la economía de Dios
Ahora, leamos este párrafo del libro en la página 20:
“En el cristianismo, demasiadas doctrinas están distrayendo del Señor mismo al pueblo del Señor, haciendo que ellos yerren el blanco de la economía de Dios. ¿Cuál es este blanco? Es simplemente el Espíritu Santo todo-inclusivo morando en nuestro espíritu humano”.
Las doctrinas o enseñanzas en realidad pueden distraernos y hacernos perder la meta, el blanco, de la economía de Dios. En cambio, debemos enfocarnos en el maravilloso Espíritu todo-inclusivo que mora en nuestro espíritu.
El párrafo continúa:
“Durante todo el día aprenda a tener contacto con el Espíritu Santo y a seguirlo. Aprenda a tener comunión y tratar con Él. El cristianismo nos enseña a tratar con formas, reglamentos y doctrinas. Aun las Escrituras se leen de una manera equivocada, ya que al leerlas se tiene poco o ningún contacto con el Espíritu Santo. Solamente aprendemos doctrinas de lo que está impreso. Necesitamos leer las Escrituras por medio de ejercitar nuestro espíritu para tener contacto con el Espíritu Santo, y no por medio de usar nuestros ojos para ver las palabras y ejercitar nuestra mente solamente para entender las enseñanzas. Desde la mañana hasta la noche, debemos tener trato con Aquél que mora en nosotros, porque Él es el suministro abundante del Señor Jesús”.
Este párrafo menciona varias cosas que nos ayudan a centrarnos en y disfrutar del Espíritu todo-suficiente:
Contactarlo: podemos contactarlo al orar, no sólo durante el tiempo que reservamos para la oración, sino constantemente a lo largo del día. Podemos hacer esto al hacer oraciones cortas, al invocar Su nombre e incluso al cantar a Él.
Seguirlo: cuando el Señor nos habla desde nuestro interior, debemos estar de acuerdo con Él y obedecerle.
Tener comunión y tratar con el Espíritu: podemos tener comunión con Él al hablar con Él sobre cualquier cosa en oración.
Leer las Escrituras: al ejercitar nuestro espíritu para contactar al Espíritu Santo, al orar con la Palabra de Dios.
Como Espíritu en nuestro espíritu, Cristo mismo es todo lo que se requiere para que vivamos nuestra vida cristiana. Nuestra necesidad única es contactar y disfrutar del Espíritu diariamente, e incluso constantemente.
Le animamos a leer el capítulo 2 de La economía de Dios en su totalidad y aprender más acerca del tremendo asunto de la economía de Dios. Puede descargar el libro gratis aquí desde cualquier parte del mundo.
Si vive en los Estados Unidos, también puede pedir un Nuevo Testamento Versión Recobro gratis y leer la nota mencionada en esta entrada con todas sus referencias sobre la economía de Dios.

Si alguna vez ha tenido esta pregunta, usted no ha sido el único. Muchos de nosotros no sabíamos qué ocurría después de recibir al Señor Jesucristo como nuestro Salvador.
Ciertamente apreciamos los pasos extraordinarios que Dios tomó para redimirnos e impartir Su vida eterna en nosotros a fin de que pudiéramos nacer de nuevo. Sin embargo, creer en el Señor Jesús es sólo el principio de nuestra vida cristiana. ¡Hay mucho más por venir! Veamos algunas de las cosas que suceden después de haber creído en el Señor.
Ser bautizado
Que hayamos creído en Cristo Jesús es el aspecto interno de ser salvos, y ser bautizado es la confirmación exterior de haberlo sido. De modo que, después de haber creído, lo que sigue es el paso del bautismo. Estos dos van de la mano.
Marcos 16:16 dice: “El que crea y sea bautizado será salvo”. El Nuevo Testamento Versión Recobro tiene una nota muy valiosa para este versículo la cual nos puede ayudar a entender porqué es necesario tanto creer como ser bautizado:
“…Creer y ser bautizado así son dos partes de un paso completo que se da para recibir la plena salvación de Dios. Ser bautizado sin creer es simplemente un rito vacío; creer sin bautizarse es sólo ser salvo interiormente sin dar una afirmación exterior de la salvación interior. Estos dos deben ir a la par. Además, el bautismo en agua debe ir acompañado del bautismo en el Espíritu, tal como los hijos de Israel fueron bautizados en el mar (el agua) y en la nube (el Espíritu), 1 Co. 10:2; 12:13”.
¡Ganamos mucho al creer y ser bautizados!
Consagrarse al Señor
Otro paso que debemos tomar después de ser salvos es consagrarnos al Señor. Consagrarse al Señor significa entregarnos a Él. En Romanos 12:1 Pablo dice:
“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.
Al consagrarnos al Señor, llegamos a ser un sacrificio vivo, abandonándonos por completo en las manos de Dios. Anteriormente, nuestra vida nos pertenecía; ahora le pertenece a Él.
Consagrarnos a Dios nos permite andar en la senda de Dios, crecer en la vida de Dios y disfrutar la salvación de Dios. También le permite a Dios obrar en nosotros.
Ser transformados: un proceso de toda la vida
Después de creer y ser bautizados, Cristo comienza a extenderse desde nuestro espíritu regenerado en donde Él mora, hasta alcanzar todo nuestro ser, llenándonos de Él mismo. Este proceso es de toda la vida. La Biblia llama a este proceso transformación.
Efesios 3:17 dice: “para que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones por medio de la fe”. Cuando creímos en Él, Cristo vino a vivir en nuestro espíritu. Sin embargo, aquí vemos un paso adicional: Cristo desea extenderse desde nuestro espíritu hasta nuestro corazón para hacer Su hogar en nosotros. Él desea “establecerse”, hacer Su hogar en nuestro corazón, no como un invitado sino como un residente.
Al hacer Cristo Su hogar en nuestros corazones, experimentamos un cambio, somos transformados en nuestras partes internas: nuestra mente, emoción y voluntad. Por supuesto, esto no sucede de la noche a la mañana, sino poco a poco mientras transcurre el tiempo.
En Romanos 12:2 el apóstol Pablo nos exhorta a “ser transformados”. La nota 3 de este versículo en la Versión Recobro nos ayuda a ver qué es la transformación y cómo se lleva a cabo:
“La transformación es el proceso interior y metabólico según el cual Dios opera para extender Su vida y naturaleza divina a todas las partes de nuestro ser, particularmente a nuestra alma, introduciendo en nuestro ser a Cristo y Sus riquezas como nuestro elemento nuevo y haciendo que sea desechado gradualmente nuestro elemento viejo y natural. Como resultado, seremos transformados en Su imagen (2 Co. 3:18), es decir, conformados a la imagen del Hijo primogénito de Dios como Sus muchos hermanos (8:29). Así seremos aptos para la edificación de Su Cuerpo”.
En un pedazo precioso de madera petrificada vemos un excelente ejemplo de la transformación. La madera petrificada es el resultado de un proceso que toma muchos años. Primero, la rama de un árbol cae al suelo y queda sepultada bajo tierra recibiendo agua constantemente. Al fluir el agua alrededor de la rama y en la rama, los minerales en el agua reemplazan poco a poco la madera. Al pasar el tiempo, la madera cambia, y se transforma en un objeto que tiene el color, la textura y el peso de una piedra.
¡También somos transformados al permitir que la vida de Dios como el agua viva nos sature y se extienda en nuestro ser! No obstante, esta transformación maravillosa con todos los elementos de Cristo toma lugar en nuestra alma!
Cooperar con Dios para ser transformado
Puesto que Dios nunca nos obliga sino que nos deja ejercitar el libre albedrío, somos transformados sólo cuando damos nuestra cooperación. ¿De qué manera cooperamos con Dios para ser transformados? He aquí algunas maneras:
Orar: hablar con el Señor en oración, abrir nuestro corazón a Él y mantener nuestro corazón en una buena condición para con Él.
Pasar tiempo con el Señor: dedicar un tiempo en la oración y la Palabra a diario es fundamental en nuestra relación con Él.
Invocar el nombre del Señor: ya sea en voz alta o baja, podemos invocar al Señor para contactarlo y disfrutarlo durante todo el día.
Leer la Biblia: el hábito saludable de leer la palabra de Dios todos los días es una de las mejores maneras de recibir el nuevo elemento de Cristo. Uno de los beneficios principales de leer la Biblia es que somos nutridos con el alimento espiritual. 1 Pedro 2:2 dice: “desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”. De la misma manera en que un bebé necesita leche para crecer, nosotros necesitamos la Palabra de Dios como nuestro alimento espiritual para poder crecer para salvación.
Obedecer el sentir de nuestro espíritu el cual proviene del Señor: tenemos un sentir acerca de las situaciones en nuestro diario vivir el cual proviene del morar del Señor en nosotros. Por ejemplo, quizá desea comprar un artículo de ropa en particular, pero, tiene una sensación incómoda o un sentir incómodo de parte del Señor en su espíritu acerca de ello. Esa es una oportunidad para obedecerle. Obedecer al no comprar el artículo le permite al Señor extenderse un poco más en nuestra alma.
Reunirse con otros cristianos
La intención de Dios no consiste en que los cristianos permanezcan solos. Después de ser salvos es necesario que nos unamos a otros creyentes en Cristo para reunirnos, tener comunión e ir adelante con ellos. Podemos orar: “Señor, guíame a otros que te aman y van en pos de Ti”. Reunirnos con otros creyentes en Cristo para tener comunión fortalece nuestra fe y nos anima a experimentar más de Cristo.
Además, cuando nos reunimos con otros creyentes para tener comunión y alabar al Señor, Dios puede expresarse por medio de un grupo de personas para así cumplir Su plan.
¡Hay tantas cosas que nos esperan después de que creemos en Cristo! Ahora hemos emprendido un viaje de toda la vida en el cual disfrutamos la presencia rica de Cristo y experimentamos una salvación plena y rica que continuará toda nuestra vida.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

En una entrada anterior hablamos de una de las preguntas más importantes que podríamos tener como cristianos: ¿Podemos perder nuestra salvación? Vimos que la Biblia nos da la certeza clara y definitiva de que una vez que creemos en Cristo y lo recibimos como nuestro Salvador, somos eternamente salvos. No podemos perder nuestra salvación.
Pero podemos hacernos otra pregunta: ¿Es importante saber que no vamos a perder nuestra salvación?
La respuesta es sí, y en esta entrada hablaremos de por qué es importante.
Las peligrosas consecuencias de pensar que usted puede perder su salvación
Es muy difícil, si no imposible, progresar en la vida cristiana si piensa que puede perder su salvación en cualquier momento. De hecho, este pensamiento puede socavar toda su vida cristiana.
Veamos cómo esto podría suceder.
Cuando pecamos, naturalmente nos sentimos avergonzados y arrepentidos. Ésta es una reacción saludable. Pero si no sabemos que podemos confesar nuestros pecados al Señor para ser perdonados y lavados, no sabremos qué hacer con nuestros pecados. Nuestra conciencia estará sobrecargada. Y cuando cometamos más pecados, como inevitablemente haremos, quizás comencemos a pensar que la acumulación de todos nuestros pecados anula nuestra salvación.
Una pregunta comienza a carcomernos: “¿Todavía soy salvo?”.
Debido a que esta pregunta nos molesta constantemente, nos desanimamos en nuestra vida cristiana. En vez de regocijarnos en nuestra salvación, amar al Señor e ir en pos de Cristo con un corazón libre de cargas, nos sentimos indignos. Se nos hace difícil orarle a Él o leer la Biblia. Nos enfocamos en nosotros mismos, en nuestro comportamiento y en nuestros fracasos, y gradualmente dejamos de mirar a Cristo y todo lo que Él ha hecho por nosotros.
Y a pesar de nuestros mejores esfuerzos, pecamos otra vez. Esto da por resultado que nuestros pecados no confesados siguen acumulándose, cargando aún más nuestra conciencia y haciéndonos perder la esperanza.
Lamentablemente, en ese momento, algunos dejan de seguir al Señor puesto que están convencidos de que su vida cristiana ha sufrido daños irreparables. Sintiendo que ya están perdidos, ellos piensan: “¿De qué me sirve? Ya he perdido mi salvación. ¿Para qué volver a intentarlo?”.
Así que ellos se dan por vencidos, regresan a su vida pasada y viven como lo hacían antes de que fueran salvos.
No se dan cuenta de que la sangre que Jesús derramó en la cruz los redimió y los salvó eternamente. Y no saben que la misma sangre preciosa de Jesús también los puede lavar de cada pecado que cometan y confiesen a Él después de ser salvos.
El efecto positivo de saber que no podemos perder nuestra salvación
Dios nos perdonó y nos lavó de nuestros pecados cuando primero creímos en Jesucristo y lo aceptamos como nuestro Salvador. En ese momento, también nacimos de nuevo en nuestro espíritu con la vida divina y Cristo vino a vivir en nosotros.
Ahora que Cristo vive en nosotros, Él quiere que avancemos de ser salvos a conocerlo personalmente y experimentarlo subjetivamente. Él quiere que lo disfrutemos y crezcamos en Él. Él quiere ser nuestra vida a fin de que lo expresemos en nuestro vivir.
Si sabemos que somos salvos eternamente, podemos seguir adelante con un corazón libre de cargas y edificar sobre esa base firme, libres del pensamiento erróneo y dañino de que podemos perder nuestra salvación. Si no conociéramos esta verdad importante, nos podríamos perder todo lo que está delante de nosotros en nuestra vida cristiana.
Por supuesto, el Señor no quiere que pequemos, y lo contristamos cuando lo hacemos. Incluso nosotros mismos no deseamos pecar, y nos sentimos culpables cuando lo hacemos. Pero cuando nuestra conciencia nos advierte que hemos ofendido al Señor, no nos quedamos desamparados y sin esperanza. Podemos y debemos sencillamente confesar nuestro pecado al Señor para que pueda perdonarnos y limpiarnos de ese pecado.
Hemos sido rescatados de la desesperación y disfrutamos la salvación que Dios efectúa
Saber que nunca podremos perder nuestra salvación nos rescata de la desesperación y de darnos por vencidos cuando fracasamos. En vez de eso, podemos salir de la esfera de la duda y la desesperación al permanecer firmes en la Palabra fiel de Dios respecto a Su salvación eterna. ¡Entonces podremos seguir adelante y entrar en la esfera de la experiencia y del disfrute de la salvación rica, maravillosa y plena que Dios efectúa y que ha provisto para nosotros en Cristo!
Para conocer más acerca de este tema, puede leer gratis el capítulo 2 de La economía de Dios aquí.

Todos alguna vez hemos escuchado a alguien decir: “Dios me ha bendecido” y usualmente lo relacionamos con el éxito, la salud, las riquezas o un trabajo. Hasta los atletas lo dicen después de haber ganado un gran partido. Todos deseamos estar bajo la bendición de Dios.
El entendimiento más común de lo que significa ser bendecidos por Dios es que recibimos cosas buenas de Él. En este sentido, podemos decir que la bendición de Dios es para todos, tanto como para creyentes como para los que no lo son. Mateo 5:45 dice que el Padre que está en los cielos hace salir Su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.
Pero ¿acaso la bendición de Dios está solamente limitada a las cosas materiales? Aunque están están incluidas, considerar que la bendición de Dios pertenece primordialmente a las cosas materiales, tiende a limitar de forma severa nuestro entendimiento de lo que Dios tiene en Su corazón para nosotros los creyentes. Así que, ¿cuál es significado más amplio de ser bendecidos por Dios?
La bendición de Abraham
Comencemos con la bendición que Dios otorgó a Abraham en Génesis 12:3: “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. quizás pensemos que ser bendecidos aquí significa algo externo, como tener una buena vida. Sin embargo, en Gálatas 3:13 y 14, el apóstol Pablo explica lo que significa benditas en Génesis 12:3:
“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero”), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por medio de la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.
Estos versículos explican tanto como podemos ser bendecidos y que significa la bendición de Dios.
¿Cómo podemos ser bendecidos?
Como pecadores caídos, merecemos ser juzgados y maldecidos y ciertamente no ser bendecidos. Y nuestras buenas obras nunca nos pueden hacer “bendecidos”. No obstante, Cristo se hizo maldición en nuestro lugar. En la cruz, Él llevó la maldición que estaba sobre la humanidad y murió en nuestro lugar. Simplemente por la obra redentora de Cristo efectuada en la cruz por nosotros, nosotros los pecadores maldecidos recibimos la bendición de Dios por medio de la fe en Cristo.
¿Cuál es la bendición de Dios?
Gálatas 3:14 deja claro que la bendición en Cristo Jesús que Dios desea que recibamos no son las cosas materiales, sino algo mucho más grande: la promesa del Espíritu.
La nota de pie de página 2 de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender lo que la bendición significa:
“En el evangelio no sólo hemos recibido la bendición de ser perdonados, lavados y limpiados; aún más, hemos recibido la mayor bendición, la cual es el Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu— como el Espíritu procesado, todo-inclusivo y vivificante que mora en nosotros de una manera muy subjetiva para nuestro disfrute. ¡Oh, qué bendición poder disfrutar como nuestra porción diaria a Aquel que es todo-inclusivo!”.
Pero ¿qué o quién es “el Espíritu” que recibimos en este versículo? La siguiente nota de pie de página de Gálatas 3:14 dice esto:
“Este versículo indica que el Espíritu es la bendición que Dios prometió a Abraham para todas las naciones y que ha sido recibido por los creyentes por medio de la fe en Cristo. El Espíritu es el Espíritu compuesto, como se menciona en la nota 52, y en realidad es Dios mismo procesado en Su Trinidad a través de la encarnación, la crucifixión, la resurrección, la ascensión y el descenso, para que lo recibamos como nuestra vida y nuestro todo. Este es el enfoque del evangelio de Dios.
El aspecto material de la bendición que Dios prometió a Abraham era la buena tierra (Gn. 12:7; 13:15; 17:8;26:3-4), la cual tipificaba al Cristo todo-inclusivo (véase Col. 1:12 y la nota 2). Puesto que Cristo finalmente es hecho real para nosotros como el Espíritu todo-inclusivo y vivificante (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17), la bendición del Espíritu prometido corresponde a la bendición de la tierra que fue prometida a Abraham. En realidad, el Espíritu, quien es Cristo hecho real en nuestra experiencia, es la buena tierra, la fuente del abundante suministro de Dios para que le disfrutemos”.
Experimentar la bendición de Dios
Debido a que Cristo mora en nosotros como el Espíritu todo-inclusivo, podemos experimentarle de manera subjetiva al contactarlo en nuestro espíritu. Podemos orar, invocar Su nombre y leer Su Palabra. Con tan solo volvernos a Cristo y conversar con Él durante el día, podemos disfrutarlo como nuestra rica porción.
Supongamos que usted comienza a orar por obtener un mejor trabajo y una posición que le provea un salario más alto. Alegremente, usted le agradece a Dios por ello, pero ¿qué sucede cuando este nuevo trabajo trae consigo algunos inconvenientes? Si usted se da cuenta que Dios no solamente lo ha bendecido con un nuevo trabajo pero aún más, lo ha bendecido con el Cristo todo-inclusivo quien vive dentro de usted, usted contactará al Señor como el Espíritu vivificante que mora en su espíritu. De modo que, en vez de orar para que Dios quite los problemas o le provea otro trabajo, usted abrirá su corazón a Él y le pedirá que sea su sabiduría y fortaleza, todo lo que usted necesite para enfrentar los problemas en su trabajo. usted comenzará a experimentar a Cristo como el abundante suministro en esa situación tan difícil y lo disfrutará como la bendición más alta.
Ir en pos de Cristo, la verdadera bendición
Si consideramos las bendiciones de Dios partiendo principalmente de la esfera material, iremos en pos de estas cosas y pasaremos nuestro tiempo pidiéndole a Dios por ellas, y cuando no las obtenemos nos preguntamos si es que somos bendecidos por Dios. Entretanto, dejaremos pasar la bendición de Dios más amplia, plena y real: Cristo para que lo experimentemos y disfrutemos. Cuando nos enfocamos en Cristo y vamos en pos de Él, ¡podemos disfrutar al Espíritu todo-inclusivo como la bendición más alta que podemos recibir de Dios!
Ciertamente, debemos estar agradecidos por las cosas materiales que Dios nos da. No obstante, somos bendecidos verdaderamente cuando experimentamos a Cristo como nuestro amor, paz, paciencia, satisfacción, gozo y muchos otros aspectos que Dios tiene.
¡Ahora tenemos a esta Persona maravillosa en nosotros , la bendición más grande en el universo!
Le animamos a leer todas las notas en Gálatas 3:14 con sus referencias en el Nuevo Testamento Versión Recobro para obtener un entendimiento más profundo de la bendición de Dios. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí.

Cada mañana cuando nos levantamos, tenemos la opción de elegir cómo comenzar nuestro día. Veamos dos posibles situaciones:
Situación hipotética 1: suena el despertador, se levanta de la cama, comienza a arreglarse y ya está ansioso por el día que le espera. Mientras desayuna de prisa, se pone al día con las noticias, los mensajes de texto y los correos electrónicos. Finalmente sale apresuradamente por la puerta, absorto en su lista de quehaceres.
Situación hipotética 2: usted oye el despertador e inmediatamente dice: “Señor Jesús, te amo”. Se levanta de la cama y pasa un tiempo hablando con el Señor en oración y leyendo Su Palabra. Refrescado y nutrido por Su Palabra, usted se siente fortalecido y suministrado para enfrentar los desafíos del día.
Probablemente todos preferiríamos la segunda situación. Nuestra vida espiritual se beneficiaría grandemente y quizás hasta cambiaría drásticamente si comenzáramos cada día pasando tiempo con el Señor Jesús. Pero establecer un hábito requiere algo más que una inspiración fugaz; sería de gran ayuda ver por qué vale la pena. En esta entrada, veremos tres razones por las cuales es crucial pasar tiempo con el Señor, y cúal es el mejor momento del día para hacerlo.
1. Nuestra salud espiritual depende de ello
Podemos esperar estar físicamente saludables sólo si comemos suficiente comida todos los días. Aunque podamos obtener rápidamente algunas calorías comiendo un dulce, es mucho mejor para nuestra salud si dedicamos tiempo para comer una comida nutritiva. De la misma manera, podemos esperar estar espiritualmente saludables sólo si tomamos tiempo diariamente para alimentarnos de la Palabra de Dios en oración y comunión con Él.
2. Nuestro crecimiento espiritual depende de ello
En 1 Pedro 2:2 dice: “Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis”. Así como los bebés necesitan comer diariamente para crecer físicamente, nosotros necesitamos comer alimento espiritual todos los días para crecer en el Señor. Al pasar tiempo con Jesús con el fin de alimentarnos de Su Palabra cada día, somos suministrados para vivir nuestra vida cristiana y crecer en Su vida divina.
3. Nuestra relación con Cristo depende de ello
Tener una relación significativa con una persona requiere dedicarle tiempo. Enviar correos electrónicos y mensajes de texto son dos buenas maneras de mantenerse en contacto, pero no son lo mismo que hablar directamente en persona con alguien. Al pasar tiempo cara a cara con otras personas, las llegamos a conocer en un nivel más profundo.
En nuestra relación con el Señor Jesús, pasar tiempo con Él de esta manera es aún más crucial. Jesucristo es una persona maravillosa que vive en nosotros y que quiere que le conozcamos. Pero a fin de ir más allá de tener un conocimiento objetivo o superficial de Él, tenemos que darle prioridad a nuestro tiempo con Él más que a otras cosas. Así podremos llegar a conocerlo de una manera más profunda al abrir nuestros corazones a Él, hablándole en oración y permitiéndole que nos hable en Su Palabra. De esta manera desarrollamos una relación profunda y personal con Él.
El mejor momento del día para pasar tiempo con Jesús
El Señor Jesús quiere tener una relación íntima y personal con nosotros, no una relación formal o predecible. Nosotros podemos, y debemos, contactarlo en cualquier momento y en cualquier lugar. Él está viviendo en nuestro espíritu, y podemos invocarle durante el día o la noche.
Sin embargo, el mejor momento del día para pasar tiempo con el Señor Jesús es por la mañana. Así lo confirman la experiencia de los creyentes a lo largo de la historia y los testimonios del pueblo de Dios en la Biblia.
Un cuadro en el Antiguo Testamento
Éxodo 16 nos dice cómo Dios alimentó a Su pueblo mientras ellos viajaban por el desierto, haciendo llover el maná del cielo cada mañana con el rocío. Si el pueblo de Israel no se levantaba lo suficientemente temprano para recoger el maná, perdían la porción de ese día, ya que se derretía bajo el sol abrasador.
Este relato es un buen cuadro para nosotros. Hoy en día, Dios desea nutrirnos con “maná” espiritual en Su Palabra todas las mañanas. Cuando dedicamos tiempo para encontrarnos con Cristo en Su Palabra, somos refrescados y equipados para enfrentar el “calor” y las pruebas que se nos presenten.
Cuando no pasamos tiempo con el Señor en la mañana, nos quedaremos fácilmente atrapados en todo tipo de cosas una vez que el día comienza. A menudo nos quedamos sin tiempo para estar a solas con Él. Sin darnos cuenta, el día se acaba y estamos agotados. Puede ser que oremos un poco mientras nos estamos quedando dormidos pero perdimos el suministro especial de Cristo que estaba disponible para nosotros por la mañana.
Es mejor comenzar nuestro día con el Señor, antes de que nuestros planes, preocupaciones y situaciones nos roben el tiempo. Pasar esos primeros minutos del día a solas con nuestro amoroso Señor es particularmente dulce. Mientras todo está tranquilo, podemos abrir fácilmente nuestros corazones y nuestros espíritus al Señor para ser llenos de Él por medio de la oración y para ser avivados al leer Su Palabra (puede pedir un Nuevo Testamento de estudio gratuito aquí.) Su Palabra llegará a ser la alegría y el gozo de nuestros corazones a medida que pasamos tiempo en Su presencia.
Para más información sobre este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, t. 2 aquí.
Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Every morning when we wake up, we have a choice of how we begin our day. Let’s look at two possibilities:
Scenario 1: The alarm goes off. You roll out of bed and start to get ready, already anxious about the day ahead. During a hurried breakfast, you catch up on the news, texts, and emails. Eventually, you rush out the door, preoccupied with your to-do list for the day.
Scenario 2: You hear the alarm go off and immediately say, “Lord Jesus, I love You.” You get out of bed and spend time talking with the Lord in prayer and reading His Word. Refreshed and nourished by His Word, you feel strengthened and supplied for the day’s challenges.
We’d probably all prefer the second scenario. Our spiritual life would benefit greatly, and perhaps even change dramatically, if we started every day by spending time with the Lord Jesus. But building up a habit takes more than fleeting inspiration; it helps to see why it’s worthwhile. In this post, we’ll look at three reasons why it’s critical to spend time with the Lord, and the best time of day to do it.
1. Our spiritual health depends on it
We can expect to be physically healthy only if we eat enough food every day. While we can get some calories from a quick donut, it’s much better for our health if we take time to eat a nourishing meal. In the same way, we can expect to be spiritually healthy only if we take time daily to feed on God’s Word in prayer and fellowship with Him.
2. Our spiritual growth depends on it
In 1 Peter 2:2, it says, “As newborn babes, long for the guileless milk of the word in order that by it you may grow.” Just as babies need to eat food daily to grow physically, we need to eat spiritual food daily to grow in the Lord. By spending time with Jesus to feed on His Word each day, we’re supplied to live our Christian life and grow in His divine life.
3. Our relationship with Christ depends on it
Having a meaningful relationship with someone requires spending quality time with that person. Emailing and texting are good ways to stay in touch, but they’re not the same as speaking directly with someone. By spending time face to face with others, we get to know them on a deeper level.
In our relationship with the Lord Jesus, spending time with Him in this way is even more critical. Jesus Christ is a wonderful person who lives in us and who wants us to know Him. But to go beyond an objective or superficial knowledge of Him, we have to prioritize our time with Him above other things. Then we can get to know Him in a deeper way by opening our hearts to Him, speaking to Him in prayer, and letting Him speak to us in His Word. This is how we develop a deep and personal relationship with Him.
[[Free Study Bible]]
The best time of the day to spend with Jesus
The Lord Jesus wants an intimate and personal relationship with us, not one that’s formal or formulaic. We can, and should, contact Him anytime, anywhere. He’s living in our spirit, and we can call upon Him throughout the day or night.
However, the best time for us to spend with the Lord Jesus is in the morning. This is proven by the experience of believers throughout history, and by the testimonies of God’s people in the Bible.
A picture in the Old Testament
Exodus 16 tells us how God fed His people as they journeyed in the wilderness, raining manna down from heaven every morning with the dew. If the children of Israel didn’t get up early enough to gather the manna, they would miss that day’s portion, since it would melt under the scorching sun.
This account is a good picture for us. Today, God wants to nourish us with spiritual “manna” in His Word every morning. When we spend the time to meet with Christ in His Word, we’re refreshed and equipped to face the “heat” and trials that come our way.
When we don’t have time with the Lord in the morning, we’re easily caught up in all kinds of things once the day gets going and often run out of time to be alone with Him. Before we know it, the day’s over, and we’re exhausted. We may pray a little as we’re falling asleep, but we’ve missed the special supply of Christ that was available to us in the morning.
It’s better to start our day off with the Lord, before our plans, worries, and situations rob us of our time. Spending those first minutes of the day alone with our loving Lord is particularly sweet. While things are still quiet, we can easily open our hearts and our spirits to the Lord to be filled with Him through prayer and enlivened by reading His Word (you can order a free New Testament study Bible here if you live in the US). His Word will become the gladness and joy of our hearts as we spend time in His presence.
For more on this subject, you can read chapter 1 of Basic Elements of the Christian Life, vol. 2, a book that has helped thousands of believers. You can download this book from anywhere in the world here.

Mientras el Día de Conmemoración se acerca, nosotros en BfA deseamos tomar este tiempo para rendir homenaje a los miembros del servicio militar de este país.
Porque los recordamos
En las horas más deprimentes de La Revolución estadounidense, enfrentando un invierno cruel y con un ejército donde el entusiasmo cada vez más disminuía, el General George Washington leyó las palabras patrioticas escritas por Thomas Paine en el panfleto, La crisis americana:
Éstos son los tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres. El soldado de verano y el patriota de tiempos tranquilos se abstendrán en esta crisis de prestar servicios a su país; pero el que puede resistir ahora merece el amor y agradecimiento de hombres y mujeres.
El General Washington pudo reanimar a sus hombres al utilizar estas palabras y llegar hasta sus almas abatidas y prender una brasa de esperanza, cuya esperanza permaneció encendida mientras los soldados valientes atravesaron el río Delaware cubierto de hielo con una voluntad renovada de vivir, perseverar y luchar para obtener la victoria.
Han transcurrido más de doscientos años desde que fueron escritas estas simples palabras. No obstante, en el corazón de cada miembro del ejército siguen latiendo la misma valentía y determinación de proteger a esta nación. Y todavía se debe la misma deuda de gratitud, amor y respecto a los protectores de nuestras fronteras. Muchas guerras se han librado. Hombres y mujeres han muerto y reconocemos que nuestra seguridad constante incluye un precio muy alto.
En la actualidad, los Estados Unidos de América es reconocido como la tierra de los libres y en este gran país una de las libertades más preciadas que nos hemos permitido es el derecho a adorar a Dios y leer Su palabra. Quizas lo tomemos a la ligera, pero hay personas que alrededor del mundo sufren persecución al leer la Biblia o seguir al Señor Jesucristo.
Este Día de Conmemoración recordamos a los hombres y mujeres que murieron al cumplir con la seguridad y libertad de sus familiares, amigos y un sinnúmero de desconocidos. Nosotros en BfA estamos profundamente agradecidos con aquellos que sacrificaron todo por proteger nuestra libertad. Mientras nuestro país alza su bandera al rendir un homenaje de silencio a estos miembros valientes del ejército, les honramos y recordamos.
A todos los que han servido
Una vez George Washington dijo esto:
La buena voluntad con que nuestros jóvenes puedan servir en cualquier guerra, no importa cuán justificada sea, será directamente proporcional a cómo ellos perciban que los veteranos de guerras anteriores fueron tratadoseciados.
Coincidimos con el mismo sentimiento y deseamos tomar este tiempo para expresar nuestro agradecimiento por todos aquellos que han servido y por los que siguen sirviendo. Mientras desde nuestra cómodo hogar estamos sentados escuchando los informes de las noticias a cerca de nuestras tropas, hagamos un intento por no olvidarnos de orar por cada uno. Estos hombres y mujeres se enfrentan a desafíos diariamente y nosotros somos quienes recibimos el beneficio de su servicio.
El personal de Bibles for America desea pagar un tributo a los hombres y mujeres que pelean por nuestros derechos de adorar a Dios y esparcir la Biblia con un paquete militar especialmente diseñado y una oferta de la Biblia. Los miembros del servicio y sus familias pueden visitar y solicitar el paquete gratuito en www.biblesforamerica.org/military.
De parte de todos nosotros en BfA: gracias por su servicio.
