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Cada mañana cuando nos levantamos, tenemos la opción de elegir cómo comenzar nuestro día. Veamos dos posibles situaciones:
Situación hipotética 1: suena el despertador, se levanta de la cama, comienza a arreglarse y ya está ansioso por el día que le espera. Mientras desayuna de prisa, se pone al día con las noticias, los mensajes de texto y los correos electrónicos. Finalmente sale apresuradamente por la puerta, absorto en su lista de quehaceres.
Situación hipotética 2: usted oye el despertador e inmediatamente dice: “Señor Jesús, te amo”. Se levanta de la cama y pasa un tiempo hablando con el Señor en oración y leyendo Su Palabra. Refrescado y nutrido por Su Palabra, usted se siente fortalecido y suministrado para enfrentar los desafíos del día.
Probablemente todos preferiríamos la segunda situación. Nuestra vida espiritual se beneficiaría grandemente y quizás hasta cambiaría drásticamente si comenzáramos cada día pasando tiempo con el Señor Jesús. Pero establecer un hábito requiere algo más que una inspiración fugaz; sería de gran ayuda ver por qué vale la pena. En esta entrada, veremos tres razones por las cuales es crucial pasar tiempo con el Señor, y cúal es el mejor momento del día para hacerlo.
Podemos esperar estar físicamente saludables sólo si comemos suficiente comida todos los días. Aunque podamos obtener rápidamente algunas calorías comiendo un dulce, es mucho mejor para nuestra salud si dedicamos tiempo para comer una comida nutritiva. De la misma manera, podemos esperar estar espiritualmente saludables sólo si tomamos tiempo diariamente para alimentarnos de la Palabra de Dios en oración y comunión con Él.
En 1 Pedro 2:2 dice: “Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis”. Así como los bebés necesitan comer diariamente para crecer físicamente, nosotros necesitamos comer alimento espiritual todos los días para crecer en el Señor. Al pasar tiempo con Jesús con el fin de alimentarnos de Su Palabra cada día, somos suministrados para vivir nuestra vida cristiana y crecer en Su vida divina.
Tener una relación significativa con una persona requiere dedicarle tiempo. Enviar correos electrónicos y mensajes de texto son dos buenas maneras de mantenerse en contacto, pero no son lo mismo que hablar directamente en persona con alguien. Al pasar tiempo cara a cara con otras personas, las llegamos a conocer en un nivel más profundo.
En nuestra relación con el Señor Jesús, pasar tiempo con Él de esta manera es aún más crucial. Jesucristo es una persona maravillosa que vive en nosotros y que quiere que le conozcamos. Pero a fin de ir más allá de tener un conocimiento objetivo o superficial de Él, tenemos que darle prioridad a nuestro tiempo con Él más que a otras cosas. Así podremos llegar a conocerlo de una manera más profunda al abrir nuestros corazones a Él, hablándole en oración y permitiéndole que nos hable en Su Palabra. De esta manera desarrollamos una relación profunda y personal con Él.
El Señor Jesús quiere tener una relación íntima y personal con nosotros, no una relación formal o predecible. Nosotros podemos, y debemos, contactarlo en cualquier momento y en cualquier lugar. Él está viviendo en nuestro espíritu, y podemos invocarle durante el día o la noche.
Sin embargo, el mejor momento del día para pasar tiempo con el Señor Jesús es por la mañana. Así lo confirman la experiencia de los creyentes a lo largo de la historia y los testimonios del pueblo de Dios en la Biblia.
Éxodo 16 nos dice cómo Dios alimentó a Su pueblo mientras ellos viajaban por el desierto, haciendo llover el maná del cielo cada mañana con el rocío. Si el pueblo de Israel no se levantaba lo suficientemente temprano para recoger el maná, perdían la porción de ese día, ya que se derretía bajo el sol abrasador.
Este relato es un buen cuadro para nosotros. Hoy en día, Dios desea nutrirnos con “maná” espiritual en Su Palabra todas las mañanas. Cuando dedicamos tiempo para encontrarnos con Cristo en Su Palabra, somos refrescados y equipados para enfrentar el “calor” y las pruebas que se nos presenten.
Cuando no pasamos tiempo con el Señor en la mañana, nos quedaremos fácilmente atrapados en todo tipo de cosas una vez que el día comienza. A menudo nos quedamos sin tiempo para estar a solas con Él. Sin darnos cuenta, el día se acaba y estamos agotados. Puede ser que oremos un poco mientras nos estamos quedando dormidos pero perdimos el suministro especial de Cristo que estaba disponible para nosotros por la mañana.
Es mejor comenzar nuestro día con el Señor, antes de que nuestros planes, preocupaciones y situaciones nos roben el tiempo. Pasar esos primeros minutos del día a solas con nuestro amoroso Señor es particularmente dulce. Mientras todo está tranquilo, podemos abrir fácilmente nuestros corazones y nuestros espíritus al Señor para ser llenos de Él por medio de la oración y para ser avivados al leer Su Palabra (puede pedir un Nuevo Testamento de estudio gratuito aquí.) Su Palabra llegará a ser la alegría y el gozo de nuestros corazones a medida que pasamos tiempo en Su presencia.
Para más información sobre este tema, puede leer gratis el capítulo 1 de Elementos básicos de la vida cristiana, t. 2 aquí.
Todos los versículos son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Every morning when we wake up, we have a choice of how we begin our day. Let’s look at two possibilities:
Scenario 1: The alarm goes off. You roll out of bed and start to get ready, already anxious about the day ahead. During a hurried breakfast, you catch up on the news, texts, and emails. Eventually, you rush out the door, preoccupied with your to-do list for the day.
Scenario 2: You hear the alarm go off and immediately say, “Lord Jesus, I love You.” You get out of bed and spend time talking with the Lord in prayer and reading His Word. Refreshed and nourished by His Word, you feel strengthened and supplied for the day’s challenges.
We’d probably all prefer the second scenario. Our spiritual life would benefit greatly, and perhaps even change dramatically, if we started every day by spending time with the Lord Jesus. But building up a habit takes more than fleeting inspiration; it helps to see why it’s worthwhile. In this post, we’ll look at three reasons why it’s critical to spend time with the Lord, and the best time of day to do it.
We can expect to be physically healthy only if we eat enough food every day. While we can get some calories from a quick donut, it’s much better for our health if we take time to eat a nourishing meal. In the same way, we can expect to be spiritually healthy only if we take time daily to feed on God’s Word in prayer and fellowship with Him.
In 1 Peter 2:2, it says, “As newborn babes, long for the guileless milk of the word in order that by it you may grow.” Just as babies need to eat food daily to grow physically, we need to eat spiritual food daily to grow in the Lord. By spending time with Jesus to feed on His Word each day, we’re supplied to live our Christian life and grow in His divine life.
Having a meaningful relationship with someone requires spending quality time with that person. Emailing and texting are good ways to stay in touch, but they’re not the same as speaking directly with someone. By spending time face to face with others, we get to know them on a deeper level.
In our relationship with the Lord Jesus, spending time with Him in this way is even more critical. Jesus Christ is a wonderful person who lives in us and who wants us to know Him. But to go beyond an objective or superficial knowledge of Him, we have to prioritize our time with Him above other things. Then we can get to know Him in a deeper way by opening our hearts to Him, speaking to Him in prayer, and letting Him speak to us in His Word. This is how we develop a deep and personal relationship with Him.
[[Free Study Bible]]
The Lord Jesus wants an intimate and personal relationship with us, not one that’s formal or formulaic. We can, and should, contact Him anytime, anywhere. He’s living in our spirit, and we can call upon Him throughout the day or night.
However, the best time for us to spend with the Lord Jesus is in the morning. This is proven by the experience of believers throughout history, and by the testimonies of God’s people in the Bible.
Exodus 16 tells us how God fed His people as they journeyed in the wilderness, raining manna down from heaven every morning with the dew. If the children of Israel didn’t get up early enough to gather the manna, they would miss that day’s portion, since it would melt under the scorching sun.
This account is a good picture for us. Today, God wants to nourish us with spiritual “manna” in His Word every morning. When we spend the time to meet with Christ in His Word, we’re refreshed and equipped to face the “heat” and trials that come our way.
When we don’t have time with the Lord in the morning, we’re easily caught up in all kinds of things once the day gets going and often run out of time to be alone with Him. Before we know it, the day’s over, and we’re exhausted. We may pray a little as we’re falling asleep, but we’ve missed the special supply of Christ that was available to us in the morning.
It’s better to start our day off with the Lord, before our plans, worries, and situations rob us of our time. Spending those first minutes of the day alone with our loving Lord is particularly sweet. While things are still quiet, we can easily open our hearts and our spirits to the Lord to be filled with Him through prayer and enlivened by reading His Word (you can order a free New Testament study Bible here if you live in the US). His Word will become the gladness and joy of our hearts as we spend time in His presence.
For more on this subject, you can read chapter 1 of Basic Elements of the Christian Life, vol. 2, a book that has helped thousands of believers. You can download this book from anywhere in the world here.

En una entrada anterior vimos que según la Biblia, la verdadera transformación cristiana no es producida por una mejora en el comportamiento, o por actuar de una manera que pensamos que se asemeja más a Cristo. En cambio, es el resultado de la vida de Dios operando y creciendo dentro de nosotros.
En 2 Corintios 3:18 se nos dice que estamos siendo transformados al mirar y reflejar al Señor como un espejo. A medida que lo miramos, más de Cristo es infundido en nosotros, lo que resulta en un proceso “metabólico” espiritual: nuestro elemento viejo natural es reemplazado con más de Cristo, y espontáneamente vivimos de acuerdo a Él.
En esta entrada, echaremos un vistazo más de cerca a 2 Corintios 3 con la ayuda de notas de la Versión Recobro para ver las cosas que pueden impedirnos ser capaces de mirar al Señor y cómo podemos tratar con ellas.
Primero, leamos 2 Corinthians 3:18:
“Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”.
Aquí, el apóstol Pablo nos compara a nosotros los creyentes con un espejo. Un espejo es una superficie que tanto mira como refleja lo que tiene delante. Pero si el espejo está cubierto, o velado, no puede mirar ni reflejar nada. Tiene que ser descubierto.
De la misma manera, si nosotros los creyentes hemos de mirar la gloria del Señor —es decir, verlo y contemplar Su hermosa y gloriosa Persona— debemos tener la cara descubierta. Entonces, ¿qué significa tener una cara descubierta?
Para ver lo que significa tener una cara descubierta, primero tenemos que ver qué es un velo. Para esto, leamos 2 Corintios 3:15:
“Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”.
Aquí, el apóstol Pablo estaba hablando del pueblo judío, que veneraba los escritos de Moisés en el Antiguo Testamento. No fueron los escritos de Moisés mismos, sino lo que el pueblo judío creía saber acerca de ellos lo que se convirtió en un velo en su corazón. Por esto, no podían ver que los escritos de Moisés revelaban al Señor Jesús.
Sabemos esto por la propia palabra del Señor en Lucas 24. Este capítulo relata el encuentro y la conversación del Jesús resucitado con dos de Sus discípulos en el camino a Emaús. El versículo 27 dice:
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les explicaba claramente en todas las Escrituras lo referente a Él”.
Jesús dejó en claro que los escritos de Moisés e incluso todo el Antiguo Testamento se referían a Él mismo. Estos escritos revelaron no una religión para que la gente la siguiera, sino una Persona maravillosa, Jesucristo.
Pero el pueblo judío no podía ver esto, porque Pablo dijo que tenían un velo sobre sus corazones. Muchos versículos de la Biblia revelan que nuestro corazón está compuesto por nuestra mente, parte emotiva, voluntad y nuestra conciencia. Nuestro corazón es el órgano con el que amamos a Dios, a las personas y a las cosas. Nuestro corazón también es la puerta de nuestro ser, que determina si estamos abiertos o cerrados a personas y asuntos particulares.
Nuestro corazón es fundamental para nuestra relación con Dios, por lo que la condición de nuestro corazón es crucial. Si tenemos un velo sobre nuestro corazón, ¿cómo podemos ver a Dios? ¿Cómo puede Él infundirse a Sí mismo en nosotros? Tener un corazón velado es un asunto serio.
¿Qué tal nosotros hoy? Podemos pensar que sabemos quién es Jesús, por lo que la palabra de Pablo en 2 Corintios 3 no se aplica a nosotros.
Pero necesitamos darnos cuenta de que, en principio, un velo puede cubrir nuestro corazón en cualquier momento. Las cosas pecaminosas sin duda son un problema entre nosotros y Dios, y necesitamos ocuparnos de ellas. Pero del ejemplo que Pablo usó del pueblo judío, podemos ver que incluso las cosas relacionadas con Dios y Su Palabra pueden ser un problema para nosotros. Cualquier cosa que surja de nuestras propias nociones preconcebidas o suposiciones acerca de la Palabra es un velo que cubre nuestro corazón y nos impide mirar al Señor.
Por ejemplo, podemos tener ciertas ideas acerca de cómo debemos adorar a Dios, cómo agradar a Dios, o cómo vivir la vida cristiana. Estas ideas pueden preocuparnos y evitar que veamos al Señor.
No sólo eso, las cosas que parecen inofensivas o ajenas a nuestro caminar cristiano, tales como nuestra filosofía personal o tradiciones culturales, también pueden llegar a ser un velo que cubre nuestro corazón.
Siendo así, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos quitar los velos de nuestro corazón?
La respuesta a esta pregunta es doble e involucra tanto a nuestro corazón como a nuestro espíritu, nuestra parte más profunda.
En relación a nuestro corazón, 2 Corintios 3:16 nos dice:
“Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”.
¡Qué palabra tan alentadora! La nota 1 sobre este versículo en la Versión Recobro nos dice:
“Esto indica que cuando su corazón está lejos del Señor, el velo está puesto sobre su corazón. Cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado. En realidad, su corazón alejado del Señor es el velo. Volver su corazón al Señor es quitar el velo”.
Así que tenemos que preguntarnos, ¿está nuestro corazón alejado del Señor o se ha vuelto al Señor?.
Cada vez que sentimos que no podemos ver al Señor, debemos alejarnos de lo que sea que nos ocupa y volver nuestro corazón al Señor. No queremos aferrarnos o atesorar ninguno de nuestros propios conceptos o puntos de vista; simplemente lo queremos a Él, y queremos verlo como Él es realmente.
Para volver nuestro corazón al Señor, podemos orar algo como esto:
“Señor Jesús, te amo. No quiero aferrarme a ninguno de mis propios pensamientos o suposiciones acerca de Ti. Sólo te quiero a Ti. Quiero mirarte a Ti, Señor. Así que vuelvo mi corazón a Ti ahora mismo”.
Y la Palabra de Dios nos asegura que cada vez que volvemos nuestro corazón al Señor, el velo es quitado.
Luego, en relación a nuestro espíritu, en 2 Corintios 3:17 dice:
“Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.
A fin de que experimentemos la libertad mencionada aquí, es crucial que nos demos cuenta de quién es Cristo hoy y dónde está. Este versículo nos dice que el Señor resucitado, Cristo, es el Espíritu.
¿Y dónde está el Espíritu del Señor? En 2 Timoteo 4:22 se nos dice:
“El Señor esté con tu espíritu”.
El día que creímos en Él, el Señor como Espíritu entró en nuestro espíritu y ahora mora allí.
Puesto que el Señor está en nuestro espíritu, debemos ejercitar o usar nuestro espíritu para tener contacto con Él. Así es como podemos experimentar ser librados de todo lo que nos preocupa.
Podemos ejercitar nuestro espíritu al orarle, leer Su Palabra e invocar Su nombre.
Cuando nuestro corazón se vuelve a Él y nuestro espíritu es ejercitado, experimentamos lo que está escrito en 2 Corintios 3:18:
“Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”.
La nota 3 sobre cara descubierta en la Versión Recobro dice:
“En contraste con la mente y el corazón que se hallan cubiertos por el velo (vs. 14-15). Si nuestra cara está descubierta, significa que nuestro corazón se ha vuelto al Señor, de modo que el velo ha sido quitado, y el Señor como Espíritu nos ha librado de la esclavitud, el velo, de la ley, así que ya no hay nada que nos separe del Señor”.
¡Qué bueno es estar descubierto! Cuando no tenemos un velo sobre nuestro corazón ni nada que nos separe del Señor, podemos mirar al Señor.
Este versículo también habla de reflejar. La nota 4 explica:
“Mirar la gloria del Señor significa que nosotros mismos vemos al Señor; reflejar la gloria del Señor es hacer posible que otros lo vean a Él a través de nosotros”.
Al mirar al Señor, algo maravilloso sucede dentro de nosotros. La nota 7 sobre somos transformados en 2 Corintios 3:18 explica:
“Cuando a cara descubierta miramos y reflejamos la gloria del Señor, Él nos infunde los elementos de lo que Él es y ha hecho. De esta manera somos transformados metabólicamente hasta tener la forma de Su vida por medio del poder y la esencia de la misma, es decir, estamos siendo transfigurados a Su imagen, principalmente por la renovación de nuestra mente (Ro. 12:2). La frase somos transformados indica que estamos en el proceso de transformación”.
Al infundirnos el Señor con los elementos de lo que Él es y lo que ha hecho, un proceso metabólico espiritual tiene lugar dentro de nosotros: estamos siendo transformados en la misma imagen gloriosa del Señor. Como resultado de este proceso continuo, expresaremos a Dios, y el plan de Dios para con nosotros se cumplirá.
A medida que nos tomamos el tiempo para contemplar al Señor y mirarlo, Sus pensamientos, sentimientos e intenciones gradualmente llegan a ser nuestros, y reflejaremos a Cristo a la gente que nos rodea. Practiquemos todos volver nuestros corazones al Señor, pasar tiempo en comunión con Él y ejercitar nuestros espíritus todos los días para que podamos experimentar este maravilloso proceso a lo largo de la vida.
Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para que pueda leer todas las notas sobre los versículos mencionados en esta entrada.