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¿Alguna vez se ha preguntado qué significa ser santo?
Versículos como 1 Pedro 1:16 dicen claramente que los creyentes debemos ser santos: “Porque escrito está: ‘Sed santos, porque Yo soy santo’”.
Pero ¿qué significa ser santo? ¿Significa que somos devotos, perfectos o sin pecado, o que nos vestimos, hablamos y nos comportamos de cierta manera? ¿Acaso realizar un ritual religioso nos hace santos? ¿Significa que nos retiramos de la sociedad para irnos a vivir a un monasterio?
El Nuevo Testamento tiene mucho que decir acerca del deseo de Dios de que los creyentes sean santos. Pero en esta entrada, hablaremos de este tema de una manera sencilla centrándonos en Efesios 1:4 y las notas correspondientes en el Nuevo Testamento Versión Recobro.
Efesios 1:4 dice algo que podemos encontrar muy inesperado. Dice que Dios nos escogió incluso antes de que naciéramos para un propósito particular:
“Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor”.
Probablemente pensamos que Dios nos escogió para ser salvos del juicio. Ciertamente fuimos liberados del juicio eterno cuando creímos en Cristo como nuestro Salvador y Redentor, y agradecemos a Dios por eso.
Pero este versículo no dice nada acerca de esto. Dios nos escogió antes de la fundación del mundo, incluso antes de que el pecado entrara en escena. Entonces, ¿por qué nos escogió Dios? Este versículo nos dice que Dios nos escogió antes de la fundación del mundo “para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor”.
Fuimos escogidos por Dios para ser santos, así que es importante entender lo que eso significa.
El Nuevo Testamento versión Recobro tiene una nota muy útil sobre la palabra santos. Leamos la primera parte:
“La palabra santos no sólo denota ser santificados, apartados para Dios, sino también ser diferentes, distintos, de todo lo profano. Sólo Dios es diferente, distinto, de todas las cosas. Por lo tanto, Él es santo; la santidad es Su naturaleza. Él nos escogió para que fuésemos santos”.
Ser santos denota que somos santificados, es decir, apartados para Dios. También significa que somos diferentes y distintos de todo lo profano.
Pero sólo Dios es distinto y diferente de todas las cosas y de todos los demás. Sólo Dios es santo; la santidad es Su misma naturaleza.
Todo tiene una cualidad inherente particular, que es su naturaleza. Por ejemplo, la naturaleza de un automóvil es principalmente de metal. ¿Cuál es la naturaleza de Dios? La naturaleza de Dios, Su ser, es santa. Su naturaleza santa lo hace único, diferente y distinto de todo lo demás en este universo.
Y Dios nos escogió para ser como Él, para ser santos como Él es santo. Esto nos dice que ser santo no es algo relacionado con el comportamiento exterior, sino con la naturaleza interior.
Entender el significado de santo nos ayuda a darnos cuenta de que adoptar comportamientos externos —como vestirse, actuar o hablar de cierta manera— o aislarnos de la sociedad no nos hace santos. Podemos hacer estas cosas y aún no ser santos.
De hecho, las personas pueden comportarse de una manera exteriormente devota sin ser realmente salvas. Independientemente de cómo se comporten, ciertamente no son santos, ya que no han nacido de nuevo con la vida y la naturaleza de Dios.
Cuando nos miramos a nosotros mismos, quizás nos preguntemos cómo podríamos ser santificados y apartados para Dios de todo lo profano. ¿Cómo podríamos ser santos como Dios es santo?
Tenemos que admitir que en ciertas áreas de nuestra vida, somos mundanos de principio a fin. Y en otros asuntos, no somos para nada distintos o diferentes de lo que es profano. No estamos apartados para Dios.
Pero cuando nacimos de nuevo, recibimos la vida de Dios en nuestro espíritu. En ese momento, comenzó el proceso de la salvación completa que Dios efectúa de todo nuestro ser, que incluye a Dios haciéndonos santos.
Leamos el resto de la nota sobre santos en Efesios 1:4 para descubrir cómo Dios hace esto:
“Nos hace santos impartiéndose a Sí mismo, el Santo, en nuestro ser, a fin de que todo nuestro ser sea impregnado y saturado de Su naturaleza santa. Para que nosotros, los escogidos de Dios, seamos hechos santos tenemos que ser partícipes de la naturaleza divina de Dios (2 P. 1:4) y permitir que todo nuestro ser sea empapado de Dios mismo. Esto es diferente de solamente la perfección sin pecado o de la pureza inmaculada. Esto hace que nuestro ser sea santo en la naturaleza y el carácter de Dios, tal como lo es Dios mismo”.
Llegamos a ser santos no reformándonos a nosotros mismos, sino al Dios impartirse a Sí mismo, el Único santo, dentro de nosotros. Desde el momento en que somos salvos, Dios quiere impartirse a Sí mismo dentro de nosotros cada vez más hasta que estemos empapados y saturados con Su naturaleza santa.
Esto no es algo instantáneo; toma tiempo. Poco a poco, Dios nos está haciendo santos. Este proceso de empapamiento que nos hace santos continúa a lo largo de toda nuestra vida cristiana.
Pero estar completamente saturado con la naturaleza santa de Dios no sucede automáticamente o en contra de nuestra voluntad. Dios necesita nuestra cooperación diaria. Necesitamos permitirle que imparta más de Su naturaleza santa en nuestro ser. Al ser saturados de esta manera, seremos santos, y espontáneamente, la manera en que vivimos se verá afectada.
Entonces, ¿cómo podemos cooperar con Dios para ser santos? Aquí hablaremos de sólo tres maneras.
En 1 Corintios 1:30 se nos dice que Cristo nos ha sido hecho de parte de Dios santificación. En griego, el idioma original del Nuevo Testamento, la palabra santificar es la forma verbal de la palabra santo. Cuando creímos en Cristo, Él entró en nosotros para ser nuestra vida. Cristo trajo la naturaleza santa de Dios a nosotros para santificarnos, es decir, para hacernos santos.
Esto explica nuestra experiencia después de ser salvos. Espontáneamente nos sentimos diferentes acerca de las cosas que solíamos hacer antes de recibir al Señor. Ya no queremos participar en actividades pecaminosas, y nos sentimos incómodos si lo hacemos.
Esta sensación incómoda no proviene de ningún tipo de regulación externa. Viene del Señor Jesús que vive en nosotros. Desde nuestro interior, el Señor nos da a conocer Su sentir acerca de las cosas y actividades mundanas, pecaminosas o inmundas en nuestra vida que no corresponden con Su naturaleza santa.
Cuando tenemos ese sentir de parte del Señor, no debemos ignorarlo. Continuar en tales cosas incluso después de saber que el Señor no las aprueba nos impedirá ser santificados. Pero si nos apartamos de esas cosas o actividades, permitimos que Él nos sature más con Su naturaleza santa.
Pasemos a ver la segunda manera en que podemos cooperar con el Señor para ser hechos santos.
En Juan 17, el Señor Jesús oró al Padre. El versículo 17 dice:
“Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad”.
La Palabra de Dios es verdad. La Palabra como verdad nos alumbra y nos santifica. Por su resplandor, nos damos cuenta de lo que concuerda con la naturaleza santa de Dios y lo que no. Cuando acudimos a la Biblia con un corazón abierto, la Palabra nos ilumina y nos enseña a ser santos.
Por ejemplo, digamos que en su lectura de la Biblia llega a 1 Juan 2:15 y 16, que dicen:
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.
Mientras usted lee, estas palabras lo alumbran e iluminan con respecto al mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Bajo esta luz, percibe cómo Dios se siente acerca de su amor por un aspecto particular del mundo. La luz de la Palabra puede incluso iluminar la manera en que pasa su tiempo. Como resultado de este resplandor, puede orar algo así: “Señor, estoy de acuerdo con Tu Palabra. Apártame del mundo. Sálvame de amar al mundo. Sálvame de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida”.
Muchos de nosotros sabemos por experiencia cuál es la diferencia en nuestra vida cristiana cuando leemos la Palabra de Dios regularmente en comparación con esporádicamente.
Lo que nos santifica no es una Biblia en nuestro estante, sino las palabras registradas en la Biblia brillando en nuestros corazones mientras las leemos. Cuanto más leemos la Palabra con oración y un corazón abierto, más santificados somos.
A fin de cooperar con el Señor para ser santificados, necesitamos leer diariamente la Palabra de Dios y no resistirnos o discutir con el resplandor que recibimos de Su Palabra. En cambio, debemos estar de acuerdo con él y permitir que la Palabra nos santifique.
Ahora llegamos a la tercera manera en que podemos cooperar con el Señor para ser hechos santos.
Hemos visto que Dios quiere que seamos santos. En 2 Corintios 7:1, el apóstol Pablo dijo:
“Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.
Aquí, Pablo nos exhorta fuertemente a “perfeccionar la santidad en el temor de Dios”. Todos debemos tener un temor saludable de Dios, es decir, un temor de ofender al Dios que nos escogió y nos salvó. Este temor saludable nos anima a cooperar con el Señor para limpiarnos de la contaminación.
¿Cómo hacemos esto? Limpiarnos de toda contaminación requiere que tomemos ciertas acciones: no vamos a lugares que son inmundos a los ojos de Dios; dejamos de participar en actividades viles y pecaminosas; y nos deshacemos de cualquier cosa que poseamos que ofenda la naturaleza santa de Dios. Participar en actividades contaminadoras y poseer cosas inmundas y pecaminosas nos impiden ser hechos santos. Limpiarnos de toda contaminación es algo que Dios quiere que hagamos para que Él pueda continuar impartiéndose en nosotros, santificándonos.
Puede parecer difícil cooperar con el Señor de las maneras que hemos hablado. Podemos mirar nuestra condición o nuestra debilidad y desanimarnos.
Pero debemos recordar que el Señor vive en nosotros. Él está cerca de nosotros y disponible para ser nuestra vida y todo lo que necesitamos. Podemos hacer todas las cosas en Aquel que nos reviste de poder, incluyendo cooperar con Él para ser apartados para Dios y saturados con Él para ser hechos santos. Simplemente necesitamos volvernos a Él y contactarlo en nuestro espíritu.
Y también es alentador recordar que Efesios 1:4 termina con la frase en amor.
Leamos la nota 7 en la Versión Recobro sobre esta frase:
“El amor que se menciona aquí se refiere al amor con el cual Dios ama a Sus escogidos y con que Sus escogidos lo aman a Él. Es en este amor donde los escogidos de Dios llegan a ser santos y sin mancha delante de Él. Primero, Dios nos amó; luego, este amor divino nos inspira, como respuesta, a amarlo a Él. En tal condición y ambiente de amor, somos saturados de Dios para ser santos y sin mancha, como Él”.
Dios nos ama, y Su amor nos inspira a amarlo en retribución. Ser hechos santos por Dios tiene lugar en esta atmósfera de amor. Todos los días podemos experimentar de manera fresca su amor por nosotros, y podemos expresar nuestro amor por Él en retribución.
Cuando estamos en tal atmósfera de amor, cooperar con Su resplandor no es un deber seco para nosotros. Cuando decimos: “Señor Jesús, te amo”, cualquier resistencia a Él se desmoronará. No podemos evitar cooperar amorosamente con Él y dejar que Él se imparta más en nosotros.
En esta entrada, sólo hemos raspado la superficie de lo que es ser santo. Leer Efesios 1:4 con todas las notas que lo acompañan en el Nuevo Testamento Versión Recobro le ayudará a ver aún más sobre este tema. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Normalmente las personas consideran el año nuevo como un nuevo comienzo, un tiempo para dar vuelta de hoja. De modo que hacemos todo tipo de resoluciones de año nuevo e intentamos dejar atrás el bagaje del año pasado.
¿Por qué sentimos esa necesidad de querer ser nuevos?
Los seres humanos en su interior, anhelan tener un nuevo comienzo. Nos sentimos “viejos” y acabados, y probamos diferentes cosas con el fin de sentirnos nuevos. Buscamos nuevos pasatiempos, nos apuntamos en un programa nuevo de ejercicio, probamos una nueva dieta, un estilo de corte de pelo diferente o compramos ropa nueva, y lo más probable es que nos sintamos nuevos, sin embargo esto es algo momentáneo.
Tarde o temprano, descubriremos que en realidad nada permanece y nos hace genuinamente nuevos. Al final, todo llega a ser viejo y regresamos al mismo lugar donde comenzamos, sentimos que tanto nuestra situación como nosotros mismos somos viejos.
La única manera de realmente ser nuevos es que seamos renovados. El Nuevo Testamento habla mucho acerca de ser renovados.
La vejez no es solamente una función de tiempo o edad. Incluso la persona más joven se puede sentir vieja. La vejez no tiene que ver con nuestra edad, sino con un elemento que nos hace falta; necesitamos un nuevo elemento y solamente un nuevo elemento en todo el universo es nuevo: Dios.
Dios es eterno, pero nunca se vuelve viejo. Siempre esta fresco, nuevo y viviente. A fin de que seamos renovados, necesitamos que Dios, quien es nuevo, se añada a nosotros.
Tito 3:5 dice lo siguiente:
“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo”.
Antes de ser salvos, perteneciamos a la vieja creación, la creación creada por Dios, sin embargo, esta creación no tiene a Dios mismos en ella. Luego, un día recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. Dios, Aquel que es nuevo, ¡vino a ser vida en nuestro espíritu! Este fue el primer paso de nuestra renovación. Cuando nacimos del Espíritu en nuestro espíritu, la vida eterna de Dios se añadió a nosotros, lo cual nos hizo una persona nueva con una vida nueva, incluso una creación nueva así como el apóstol Pablo nos dice en 2 Corintios 5:17.
Por un lado, somos una creación nueva en Cristo, pero por otro lado, estamos en el proceso de ser renovados. Esto se debe a que Dios vino como el Espíritu para vivir en nuestro espíritu, logrando así que nuestro espíritu sea nuevo. Pero, ¿Qué sucede con el resto de nuestro ser?
Este pasaje de la nota 4 de Tito 3:5 en el Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a mirar la relación que existe entre ser nacidos de nuevo o ser regenerados y la renovación:
“El lavamiento de la regeneración comienza con nuestro nuevo nacimiento y continúa con la renovación del Espíritu Santo, la cual es el proceso de la nueva creación, un proceso que nos hace un nuevo hombre. Es como restaurar, hacer algo nuevo, reconstruir algo con la vida. El bautismo (Ro. 6:3-5), el despojarse del viejo hombre, el vestirse del nuevo hombre (Ef. 4:22, 24; Col.3:9-11), y la transformación por medio de la renovación de la mente (Ro.12:2; Ef. 4:23) están relacionados con este proceso maravilloso. El lavamiento de la regeneración elimina todas las cosas de la vieja naturaleza de nuestro viejo hombre, y la renovación del Espíritu Santo imparte algo nuevo — la esencia divina del nuevo hombre — a nuestro ser. En esto hay un traslado de un estado viejo a un estado totalmente nuevo, del estado de la vieja creación a la nueva. Por consiguiente, tanto el lavamiento de la regeneración como la renovación del Espíritu Santo están operando en nosotros continuamente a lo largo de nuestra vida hasta la culminación de la nueva creación”.
Nuestra regeneración fue una vez y para siempre; ¡Nuestro espíritu ya nunca más será viejo! no obstante, el resto de nuestro ser debe de pasar cada día por el proceso de ser renovados, remodelados con la vida de Dios. Esta nueva vida en nuestro espíritu necesita extenderse a nuestra alma y especialmente a nuestra mente, la parte principal de nuestra alma.
Debido a que todo envejece rápidamente y nuestras circunstancias externas nos desgastan, ¿De qué manera podemos ser renovados en una forma práctica y diaria?
La clave es nuestro espíritu. Para ser renovados, debemos volvernos a nuestro espíritu, donde el Espíritu divino mora. Mientras hacemos esto, Él imparte vida al resto de nuestro ser. Cuando ponemos nuestra mente en nuestro espíritu, prestamos atención a nuestro espíritu y ejercitamos nuestro espíritu, damos la oportunidad al Espíritu a que se extienda a nuestra mente, emoción y voluntad.
Ciertamente, volvernos a nuestro espíritu es un desafío, especialmente cuando pasamos por circunstancias difíciles. Sin embargo, podemos ejercitar nuestro espíritu por medio de dos prácticas útiles.
Uno de los dones más preciosos que el Señor nos dió es Su nombre 1 Corintios 12:3 nos dice: “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!, sino en el Espíritu Santo”. Cuando invocamos: “Señor Jesús”, o “Oh Señor Jesús”, o le decimos al Señor: “Señor Jesús, te amo”, nos volvemos y contactamos al Espíritu Santo que nos renueva en nuestro espíritu. Conforme nos renueva, le permitimos extenderse un poco más en nuestro ser. Cuando invocamos al Señor en todas las situaciones de nuestra vida diaria, recibimos más de Su vida en nuestro ser. De esta manera, el Señor nos remodela internamente con Su vida.
No solamente tenemos el nombre del Señor sino también Su Palabra. Efesios 6:17-18 dice: “Y recibid…la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición”. Cada día, especialmente en la mañana, podemos ejercitar nuestro espíritu por medio de la oración para así recibir al Espíritu en la Palabra. mientras oramos con la Palabra de Dios, somos reavivados con un fresco suministro de vida. Y no sólo eso, también somos renovados un poco más conforme la vida divina se extiende a nuestra alma. Entre más recibimos al Espíritu viviente divino en la Palabra, más se renovarán nuestras partes internas. la vejez de nuestros pensamientos naturales, nuestros sentimientos naturales y nuestras decisiones naturales son purificados y el nuevo elemento de Dios se añade a nosotros, renovando cada parte de nuestro ser hasta que llegamos a ser una nueva creación.
Que este año podamos disfrutar más del rico suministro de esta vida nueva de Dios a fin de ser reacondicionados, renovados y remodelados en nuestro ser. Mientras permanecemos en este proceso de ser renovados, nuestra mente, emoción y voluntad serán tan nuevas como nuestro espíritu, y expresaremos plenamente a Dios como ¡Aquel que es nuevo!
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Hoy en día no es raro escuchar que se describa a alguien como una “persona espiritual”. Pero si le pregunta a la gente qué significa ser espiritual, probablemente escuchará cosas diferentes.
Por ejemplo, algunos dirían que una persona espiritual reconoce la existencia de un poder superior en el universo, que puede o no definirse como Dios. Otros dicen que las personas espirituales son aquellas que cultivan sus sentimientos y pensamientos internos para amarse a sí mismos, a otras personas y al planeta. Algunos podrían decir que alguien que es espiritual rechaza los valores materialistas y participa en obras humanitarias.
A muchos les resulta difícil definir lo que quieren decir o en qué se basa su punto de vista.
Pero como aquellos que creen en Jesucristo, nuestra definición debe provenir de lo que Dios dice en Su Palabra. Si conocemos el significado bíblico de lo que es ser espiritual, no pasaremos tiempo persiguiendo algo que no está de acuerdo con Dios.
En esta entrada, veremos versículos y leeremos algunas notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ayudarnos a entender lo que significa ser espiritual según la Palabra de Dios.
La palabra espiritual es la forma adjetiva de espíritu. Eso nos dice que ser espiritual debe estar relacionado con el espíritu.
Así pues, ¿qué es el espíritu?
La Biblia revela que Dios creó a los seres humanos de una manera muy particular con tres partes: un espíritu, un alma y un cuerpo. Contactamos la esfera material con nuestro cuerpo, y percibimos cosas de la esfera psicológica con nuestra alma, que está compuesta de nuestra mente, parte emotiva y voluntad. Y lo más importante, podemos contactar, recibir e incluso contener a Dios con la parte más profunda de nuestro ser, nuestro espíritu. Es por eso que Dios nos creó de una manera tan maravillosamente completa y detallada. Él desea que lo recibamos como nuestra vida para que expresemos a Dios con todo nuestro ser, llevando a cabo Su plan eterno.
Pero después de que Dios creó al primer hombre, que representaba a toda la humanidad, el plan de Dios para el hombre fue interrumpido por Satanás, el enemigo de Dios. Satanás tentó al hombre a desobedecer a Dios, haciendo que el hombre se alejara de Dios. En lugar de recibir a Dios, el hombre tomó la naturaleza malvada del pecado de Satanás.
Entonces, el ser completo del hombre fue afectado: su espíritu quedó sumido en muerte, su alma fue contaminada y su cuerpo puro fue transformado en la carne llena de concupiscencias. Dios ama al hombre, pero Él no puede tolerar el pecado porque Él es justo y santo. Así que el hombre pecador fue condenado a morir y fue separado de Dios.
Es por esto que necesitamos ser redimidos y salvos completamente.
Antes de que fuéramos salvos, nuestro espíritu estaba sumido en muerte y vacío. Así que era imposible para nosotros ser una persona espiritual, sin importar lo que pensáramos que eso significaba o lo mucho que pudiéramos haber tratado de lograrlo.
Pero cuando escuchamos el evangelio, nos arrepentimos y recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador. En ese momento, no sólo fuimos salvos del juicio de Dios; ¡también nacimos de nuevo del Espíritu de Dios en nuestro espíritu! Dios vino a vivir en nuestro espíritu para ser nuestra vida y todo para nosotros.
Ahora Dios quiere que vivamos y hagamos todo por Su vida en nuestro espíritu.
Antes de ser salvos, vivíamos ya sea por nuestra alma natural y caída —nuestros propios pensamientos, emociones o intenciones— o por nuestra carne caída, que está llena de todo tipo de concupiscencias pecaminosas y corrupción. Pero después de ser salvos, necesitamos vivir por nuestro espíritu.
La intención de Dios para nosotros no se puede cumplir cuando vivimos según nuestra alma o nuestra carne. Él nos redimió y entró en nuestro espíritu para que viviéramos por nuestro espíritu. Esto es lo que significa ser espiritual.
En 1 Corintios capítulo 2, el apóstol Pablo habla tanto de un hombre anímico como de un hombre espiritual. El versículo 14 dice:
“Pero el hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.
Pablo escribió estas palabras a los creyentes en Corinto. Esto nos muestra que a pesar de que somos salvos y nacidos de nuevo, podemos ser un hombre anímico, no un hombre espiritual. Y un hombre anímico es incapaz de recibir las cosas de Dios porque son discernidas espiritualmente.
La nota 6 explica lo que significa espiritualmente:
“Aquí la palabra espiritualmente se refiere al espíritu del hombre, el cual es impulsado por el Espíritu de Dios para que ejerza plenamente su función y reemplace así el dominio y el control que el alma humana ejerce sobre el hombre. Sólo por medio de un espíritu así el hombre puede discernir las cosas del Espíritu de Dios. De acuerdo con el siguiente versículo, un hombre que es gobernado y controlado por su espíritu es un hombre espiritual. Puesto que Dios es Espíritu, todas las cosas del Espíritu de Dios son espirituales. Por lo tanto, el hombre debe usar el espíritu humano para discernir, conocer, las cosas del Espíritu de Dios (Jn. 4:24)”.
Un hombre anímico es gobernado y controlado por el alma. Pero un hombre espiritual permite que su espíritu gobierne sobre todo su ser.
Pablo continúa en el versículo 15:
“En cambio el hombre espiritual juzga todas las cosas”.
La primera parte de la nota 1 explica de este versículo en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica lo que es un hombre espiritual:
“Un hombre espiritual niega su alma y no vive por ella, sino que permite que todo su ser sea dominado por su espíritu, es decir, su espíritu regenerado, en el cual mora el Espíritu de Dios y al cual el Espíritu de Dios infunde energía. Además, vive por ese espíritu, obrando y actuando conforme al mismo (Ro. 8:4)”.
Así que para ser espirituales, debemos permitir que nuestro espíritu regenerado domine todo nuestro ser. Esto significa que vivimos y actuamos por nuestro espíritu en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Lo que decimos y hacemos está bajo el gobierno y control de nuestro espíritu, en el cual mora el Espíritu de Dios y al cual el Espíritu de Dios infunde energía.
Para vivir por nuestro espíritu, debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu. Cuanto más ejercitamos cualquier parte de nuestro ser, más fuerte se vuelve. Por ejemplo, cuanto más ejercitamos nuestras piernas, más fuertes se vuelven. Necesitamos ejercitar nuestro espíritu regenerado para que nuestro espíritu se fortalezca y pueda gobernar todo nuestro ser.
¿Cómo podemos ejercitar nuestro espíritu? La mejor manera de ejercitar nuestras piernas es correr o caminar. De la misma manera, la mejor manera de ejercitar nuestro espíritu es orar. Cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar, contactamos al Señor y lo disfrutamos como nuestra vida.
La oración no es una actividad formal restringida a ciertos lugares y tiempos. Podemos ejercitar nuestro espíritu al orar oraciones simples y cortas en cualquier momento y en cualquier lugar.
Podemos comenzar el día orando algo como esto:
“Señor Jesús, gracias por estar en mi espíritu. Gracias por ser mi vida. Recuérdame hoy vivir de acuerdo a mi espíritu”.
Entonces, a lo largo de nuestro día, podemos decir oraciones cortas al Señor para permanecer en contacto con Él en nuestro espíritu.
Mientras trabajamos, podemos orar: “Señor, quiero hacer esto en mi espíritu contigo”. Mientras hablamos con alguien, podemos orar interiormente: “Señor Jesús, quiero hablar con esta persona de acuerdo con mi espíritu”.
Podemos ejercitar nuestro espíritu para permanecer con el Señor simplemente al invocar Su nombre. Invocar, “Oh, Señor Jesús, Señor Jesús”, es una manera fácil de ejercitar nuestro espíritu.
A medida que ejercitamos nuestro espíritu todos los días, experimentaremos vivir y hacer las cosas según nuestro espíritu cada vez más.
La nota 2 en 1 Corintios 3:1 nos alienta y además hace que reflexionemos. Ésta arroja más luz sobre qué tipo de hombre podemos ser y por qué es importante para nosotros que seamos espirituales. Veamos el segundo párrafo:
“Este libro [1 Corintios] revela claramente que el creyente puede ser una de tres clases de personas: (1) un hombre espiritual, que vive en su espíritu bajo la unción del Espíritu Santo (Ro. 8:4; Gá. 5:25); (2) un hombre del alma, que vive en su alma bajo la dirección del alma, la vida natural (2:14); o (3) un hombre que es totalmente de la carne y carnal, el cual es de la carne y vive en ella bajo la influencia de la naturaleza de la carne”.
Seguramente en nuestra vida con el Señor todos desearíamos ser un hombre espiritual, no un hombre del alma o un hombre que es totalmente de la carne y carnal. Pero no debemos pensar que ser un hombre espiritual es sólo para algunos creyentes especiales. La nota continúa:
“El Señor desea que todos Sus creyentes tomen Su gracia para que formen parte de la primera clase de hombres, los hombres espirituales. Ésta era la meta de este libro: motivar a los creyentes corintios —que eran del alma, de la carne y carnales— a que aspirasen al crecimiento en vida a fin de llegar a ser espirituales (2:15; 3:1; 14:37)”.
La nota concluye resaltando la importancia de vivir en nuestro espíritu:
“Ya que hemos sido llamados por Dios a la comunión de Cristo (1:9), quien ahora es el Espíritu vivificante (15:45), y puesto que somos un espíritu con Él (6:17), podemos experimentarlo y disfrutarlo sólo cuando vivimos en nuestro espíritu bajo la dirección del Espíritu Santo. Cuando vivimos en el alma o en la carne, no podemos participar de Él ni disfrutarle”.
Todos nosotros podemos cooperar con el Señor al recibir Su gracia para ser un hombre espiritual. Ser espiritual es una necesidad si queremos conocer y disfrutar al Señor como nuestra vida y permitirle crecer en nosotros. A medida que Él crece en nosotros, poco a poco lo expresaremos a Él en nuestra vida diaria, y no a nosotros mismos. Esto es lo que el Señor quiere, y esto es lo que cumplirá Su plan para nosotros.
Esperamos que se tome el tiempo para absorber esta nota iluminadora, junto con los versículos que cita, e incluso para orar al respecto. Que todos tomemos la gracia para ser un hombre espiritual como el Señor desea. Para aprender más, le animamos a leer todos los versículos mencionados en esta entrada con sus notas correspondientes en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita aquí.