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Como creyentes en Cristo, todos deseamos estar bajo Su bendición. En Mateo 5 Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. ¿Alguna vez se ha preguntado qué significa esto y cómo se aplica a usted?
En esta entrada miraremos de cerca esta frase en la Biblia. Con la ayuda de notas en el Nuevo Testamento Versión Recobro profundizaremos en el significado de ser pobre en espíritu y veremos cómo se aplica a nosotros hoy.
En el Nuevo Testamento, cada uno de los cuatro evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan— presenta la vida y obra de Jesús en la tierra desde una perspectiva diferente. El Evangelio de Mateo es el evangelio del reino y revela que Jesucristo el Salvador es el Rey.
Jesús vino a la tierra no a establecer un reino físico, material o político, sino a traer un reino espiritual, el reino de los cielos.
En Mateo capítulos 5 al 7, el Señor Jesús habló una palabra extensa a Sus discípulos, la cual ha sido nombrada tradicionalmente como Sermón del monte. Pero cuando usted lee estos capítulos, es fácil ver que lo que Jesús habló fue extraordinario; fue mucho más que un mero sermón y tiene que ver con Su reino.
El Señor comenzó con nueve bendiciones que se conocen como las bienaventuranzas. La primera de estas bendiciones está en el versículo 3:
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Para ver qué significa pobres en espíritu, miraremos detenidamente cada parte de la frase por separado: bienaventurados, pobres y espíritu.
Leamos la primera parte de la nota 1 acerca de bienaventurados en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Esta nota define bienaventurados y nos da un breve resumen de Mateo 5-7:
“La palabra griega implica dichosos. También se puede traducir benditos y dichosos. Asimismo en los versículos siguientes. Lo dicho por el nuevo Rey, lo cual es la constitución del reino de los cielos, es una revelación del vivir espiritual y de los principios celestiales del reino de los cielos. Se compone de siete secciones. La primera sección, los vs. 3-12, describe la naturaleza del pueblo del reino de los cielos, pueblo que disfruta de nueve bendiciones”.
Cuando somos pobres en espíritu somos benditos y dichosos, no debido a algún beneficio material externo, ya que vemos en esta nota que este versículo está relacionado con el reino de los cielos. El beneficio que disfrutamos es algo espiritual.
Ahora consideremos la palabra pobres. Ya que la palabra griega para bienaventurados implica dichosos, ser pobres en espíritu no significa que estamos empobrecidos espiritualmente o que ante Dios no tenemos nada de valor espiritual. ¿Cómo podríamos sentirnos dichosos si este fuera el caso? En realidad, ser pobres en espíritu es algo positivo y beneficioso para nuestras vidas cristianas.
La nota 2 acerca de pobres en la Versión Recobro dice:
“Ser pobres en espíritu no sólo significa ser humilde, sino también desprendido en el espíritu, en lo profundo del ser, sin aferrarse a las cosas viejas de la vieja dispensación, sino descargándose de todo eso para recibir las cosas nuevas, las cosas del reino de los cielos”.
La vieja dispensación mencionada en esta nota se refiere a la dispensación, o la era, del Antiguo Testamento. Ya que los primeros seguidores del Señor eran judíos, Su palabra acerca de ser pobres en espíritu era muy importante. Si ellos se hubieran aferrado a las cosas del Antiguo Testamento, no hubieran podido recibir todas las cosas del Nuevo Testamento. Los discípulos necesitaban ser pobres en espíritu.
Hoy en día nosotros los creyentes también deberíamos ser pobres en espíritu, que significa que somos humildes, vaciados y descargados en nuestro espíritu, para que podamos recibir algo nuevo de parte del Señor.
Ahora necesitamos saber a lo que se refiere espíritu en Mateo 5:3. El espíritu en este versículo es nuestro espíritu humano. Esta parte más profunda de nuestro ser, creada por Dios, puede contactar y recibir a Dios, quien es Espíritu. Nuestro espíritu humano tiene la capacidad, la habilidad, de captar las cosas espirituales.
La nota 3 acerca de espíritu explica:
“La palabra espíritu aquí no se refiere al Espíritu de Dios, sino a nuestro espíritu humano, la parte más profunda de nuestro ser, el órgano con el cual tenemos contacto con Dios y conocemos las cosas espirituales. Para comprender y poseer el reino de los cielos necesitamos ser pobres, desprendidos, descargados, en esta parte de nuestro ser. Esto implica que el reino de los cielos no es material, sino espiritual”.
Para que tengamos la bendición de aprehender y poseer el reino de los cielos, el cual es espiritual, necesitamos ser descargados en nuestro espíritu.
Quizás considerar el ejemplo negativo de los fariseos en los Evangelios nos ayude a ser impresionados con el significado y la importancia de ser pobres en espíritu.
Los escribas y los fariseos eran expertos en la ley de Dios y las cosas del Antiguo Testamento, pero ellos rechazaron a Jesucristo, el Salvador. Se opusieron a Él, Aquel de quien habían estudiado en el Antiguo Testamento, quien estaba presente con ellos en ese tiempo. ¿Cómo podría ser esto?
Los escribas y los fariseos estaban orgullosos, llenos y ocupados con las cosas del Antiguo Testamento. No eran pobres en espíritu, así que no podían recibir algo nuevo, a saber, el nuevo Rey y Salvador y Su reino.
Los escribas y los fariseos no vieron que la manera de proceder de Dios había cambiado del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, y que estaba completamente centrada en la persona maravillosa de Jesús. Al contrario, ellos odiaban a Jesús y a la postre hicieron que Él fuera crucificado.
Podemos aprender mucho de este ejemplo negativo. Ciertamente necesitamos conocer el contenido de la Biblia, pero no deberíamos enorgullecernos de ese conocimiento, sin poder recibir algo nuevo de parte del Señor.
Al contraste de los escribas y los fariseos, el apóstol Pablo fue un ejemplo positivo de alguien que era pobre en espíritu. En Filipenses 3:13-14 Pablo testificó:
“Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya asido; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta para alcanzar el premio del llamamiento a lo alto, que Dios hace en Cristo Jesús”.
La nota 2 acerca de olvidando en el versículo 13 explica:
“A fin de ganar a Cristo a lo sumo, Pablo no solamente había olvidado sus experiencias en el judaísmo sino que también se negaba a estancarse en sus antiguas experiencias de Cristo. Él olvidaba el pasado. No olvidar y quedarnos nuestras experiencias del pasado, por muy genuinas que hayan sido, estorban nuestra búsqueda de Cristo”.
Pablo no quería ser retenido o prevenido de experimentar y disfrutar más de Cristo. Él deseaba experimentar a Cristo a lo sumo, debido a que él había recibido una revelación de parte de Dios acerca de cuán rico Cristo es. En Efesios 3:8 Pablo dijo:
“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo como evangelio”.
Pablo vio que el Cristo a quien él amaba es inescrutablemente rico en relación a quien Él es y lo que Él ha logrado. Él es rico en amor, santidad, justicia, bondad, longanimidad, perseverancia, fidelidad y mucho más. Él es rico en todo lo que Él ha logrado y alcanzado en Su nacimiento, vivir humano perfecto, muerte y resurrección.
Así que, aunque Pablo había disfrutado mucho a Cristo al momento de escribir el libro de Filipenses, él no estaba satisfecho. Él sabía que todavía había mucho más de Cristo por experimentar. Él vivió su vida cristiana continuamente olvidando lo que quedaba atrás y extendiéndose a las experiencias nuevas de Cristo que estaban por delante.
Cada día que el Señor nos da está lleno de oportunidades para experimentar y disfrutar a Cristo. En lugar de intentar aferrarnos a las experiencias del día anterior o estar satisfechos con ellas, deberíamos acudir al Señor Jesús con un espíritu descargado. Entonces, cuando pasemos tiempo con Él en oración y en la Palabra, lo disfrutaremos de una manera fresca y recibiremos algo nuevo de Él.
Pero si somos orgullosos y pensamos: “Oh, ya sé qué dice ese versículo”, no podremos recibir lo que el Señor Jesús nos quiere hablar en ese momento.
En lugar de tener una actitud orgullosa, podemos ejercitar nuestro espíritu para orar: “Señor Jesús, no me dejes pensar que yo sé lo que este versículo significa. Señor, vacíame y descárgame. Hazme pobre en espíritu. No quiero perder el hablar fresco que tienes para mí”.
El Señor Jesús dijo que aquellos que son pobres en espíritu son bienaventurados —esto es, dichosos— porque de ellos es el reino de los cielos.
Jesús no dijo: “Porque de ellos será el reino de los cielos”. Él dijo: “Porque de ellos es el reino de los cielos”. Esto significa que no tenemos que esperar para disfrutar el reino de los cielos en el futuro; podemos participar de él hoy.
A medida que acudimos al Señor Jesús y a Su Palabra estando vacíos y descargados de todo lo que pensamos que sabemos, podemos aprehender y poseer el reino de los cielos todos los días. Ya que el reino de los cielos no es algo material o físico, sino espiritual, no es de extrañar que debemos ser pobres en espíritu para poseerlo y disfrutarlo.
El reino de los cielos es un asunto grande y profundo en el Nuevo Testamento, especialmente en el Evangelio de Mateo, y su importancia no se puede cubrir en una sola entrada. Para entender más del reino de los cielos, le animamos a que lea la nota 4 en Mateo 5:3 en el Nuevo Testamento Versión Recobro. Esta nota sustancial explica lo que es el reino de los cielos y está acompañada de muchos otros versículos de referencias acerca del mismo tema. Si usted vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

Saber acerca de algo de forma objetiva es muy distinto a conocer algo de forma subjetiva. Lo mismo aplica cuando deseamos conocer a Jesús. Saber acerca de Jesús de forma objetiva significa que poseemos algún tipo de conocimiento sobre Él. Sin embargo, conocer a Jesús de forma subjetiva significa que hemos tenido una experiencia directa de Él. Este es el tipo de conocimiento que Cristo desea que tengamos.
En esta entrada usaremos dos ejemplos importantes para demostrar la diferencia que hay entre saber acerca de Jesús y verdaderamente conocerlo.
Podemos usar una fotografía para demostrar la diferencia entre los dos tipos de conocimiento. Cuando vemos la fotografía de una persona, obtenemos más información acerca de la persona de forma objetiva, es decir, su altura, color de cabello, color de ojos y su apariencia en general. Nos damos cuenta de la forma en que sonríe y también nos damos cuenta de la manera en que viste. No obstante por más que observemos la fotografía minuciosamente e intentemos obtener información al verla, lo único que podemos obtener es mero conocimiento externo y objetivo. Solamente podemos decir que sabemos algo acerca de esa persona, pero no podemos decir que en realidad la conocemos.
Ahora, digamos que conocemos a la persona de la fotografía cara a cara. Sabemos su manera de hablar y su manera de actuar. Conforme pasamos tiempo con ella, comenzamos a conocerla personalmente. Empezamos a conocer sus pensamientos, sentimientos, sueños, lo que le gusta y lo que no le gusta y toda su personalidad. Esto es muy diferente de meramente saber acerca de la persona al observar su fotografía. Este tipo de conocimiento es personal, subjetivo y directo.
El Señor Jesús es la Persona más maravillosa y amorosa que hay en el universo y Él desea que lo conozcamos de forma personal y afectuosa. Sin embargo, ¿es posible que hoy podamos tener una relación personal con Jesús? Los discípulos tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús hace dos mil años, pero después de Su resurrección, ¿acaso no ascendió a los cielos dejándonos aquí en la tierra?
Ciertamente el Señor Jesús ascendió a los cielos, pero aún así, hoy podemos conocerlo personalmente y subjetivamente debido a que también Él es el Espíritu que vive en nuestro ser. En 2 Corintios 3:17 dice: “Y el Señor es el Espíritu”. Físicamente Cristo ascendió al cielo y está lejos de nosotros. Sin embargo hoy como el Espíritu, Él está presente con nosotros ahora mismo.
En un himno sobre experimentar a Cristo, Watchman Nee escribió:
“Por Tu Espíritu en mí,
¡Qué real te haces, oh Señor!
Jamás te vi o conocí,
Más yo te amo con fervor”.
Debido a que Su Espíritu mora en nosotros, podemos conocer a Cristo de forma subjetiva y personal. ¡Cuán maravilloso es que hoy el Señor, quien es el Espíritu, es real para nosotros!
Cuando recibimos a Cristo Él nos salvó del juicio de Dios, pero también vino a vivir en nosotros. Él, quien es el Espíritu, entró en nuestro espíritu, la parte más profunda de nuestro ser, regenerándola con Su vida divina. Es por eso que 2 Timoteo 4:22 dice: “El Señor esté con tu espíritu” ¡Hoy Cristo está con nosotros en nuestro espíritu!
Podemos conocer a Cristo—lo que le agrada y lo que le desagrada, Su personalidad, Sus caminos—al tener comunión con Él en nuestro espíritu. Nadie puede estar tan cerca o más disponible a nosotros como el Señor en nuestro espíritu. Podemos conversar con Él, amarlo y disfrutar Su presencia en nuestro espíritu. Al apartar un tiempo para estar con Él en oración, podemos conocerlo de forma subjetiva y podemos experimentarlo. Lo experimentaremos como nuestra vida, paz, esperanza y cualquier cosa que necesitemos. Como el Espíritu en nosotros, Él nos guía a la realidad de quién es Él y de lo que Él es para nosotros.
Podemos usar a la comida como ejemplo para demostrar la diferencia entre saber acerca de algo y conocer algo al experimentarlo. Digamos que tenemos hambre, así que vamos a un restaurante y leemos sobre un platillo en particular que hay en el menú. Puesto que creemos que es un buen platillo, comenzamos a estudiar todo lo relacionado al platillo: sus compuestos químicos, cómo se prepara, cuánto tiempo toma en cocinarse, su historia, dónde se cultivó o se crío, los beneficios que tiene para nuestra salud y así sucesivamente. No obstante, al final de todo lo que estudiamos, aún tenemos un conocimiento objetivo del platillo. ¡Y todavía tenemos hambre! Es probable que digamos: “Ya sé todo sobre esta comida”, pero ¿de qué nos sirve todo nuestro buen conocimiento si todavía tenemos hambre?
A fin de satisfacer nuestra hambre, es necesario que comamos la comida. Entonces realmente la conoceremos al experimentarla personalmente. Conoceremos su sabor, su aroma y cómo nos hace sentir. Nos fortalece y nos satisface internamente. Este tipo de conocimiento es profundo y más subjetivo.
¿Para qué sirve un menú? No existe para que lo memoricemos o estudiemos. Es una guía, un mapa para ver las diferentes comidas que pueden satisfacer nuestra hambre. Cuando comemos la comida de la cual hemos leído, nuestra hambre es satisfecha y el menú ha cumplido su propósito.
En Juan 6:35 el Señor Jesús reveló que Él es el pan de vida. El pan es comida, un suministro de vida, algo que comemos para satisfacer el hambre. Esto apunta al deseo del Señor de que le conozcamos subjetivamente de la misma manera que conocemos el pan: ¡comiendo! Este pensamiento parece ser sorprendente, pero está en la Palabra de Dios. En el versículo 57 el Señor Jesús continúa diciendo: “El que me come, él también vivirá por causa de Mí”.
¿A qué se refería Jesús cuando dijo “me come”? Por supuesto que no hablaba de comerlo físicamente. En el versículo 63 Él explica: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida”. Este versículo nos muestra que comemos al Señor Jesús, lo ingerimos, al tomar Su palabra en nosotros como espíritu y vida. Al comerlo, conocemos a Jesús como nuestra verdadera comida, nuestra satisfacción y suministro de vida.
Estudiar sobre el Señor Jesús en la Palabra tiene algo de mérito, pero meramente estudiar la Palabra se puede comparar a estudiar el platillo que esta en el menú. Probablemente obtengamos mucho conocimiento apropiado, pero todavía tenemos hambre e interiormente estamos insatisfechos. No debemos conformarnos con tener un conocimiento objetivo, pero permanecer espiritualmente hambrientos. Podemos y debemos conocer al Señor Jesús subjetivamente como el pan de vida que satisface al comerle, al ingerir Su Palabra como espíritu y vida.
Efesios 6:17-18 nos dice que recibamos “La espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios; con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu”. Estos versículos junto con los que mencionamos anteriormente de Juan 6, nos muestran que la manera de recibir la Palabra como espíritu y vida es por la oración. Si acudimos a la Palabra solamente para estudiarla, en el mejor de los casos, conoceremos algo acerca del Señor Jesús. Sin embargo, cuando ejercitamos nuestro espíritu al orar las palabras en la Biblia, tocamos y recibimos el Espíritu que da vida. Comemos al Señor Jesús, tal y como nos instruyó, al orar Su Palabra. Es por medio de comer de esta manera que conocemos a Cristo subjetivamente como la vida para nosotros. (Puede leer más acerca de cómo ingerir la Palabra con la oración en nuestras entradas pasadas: “Lo que realmente es la Biblia” parte 1 y 2).
Tenemos al Señor quien es el Espíritu morando en nuestro ser, y cada día es una oportunidad nueva para que lo conozcamos subjetivamente. Cuando pasamos tiempo con Él para tener comunión y contactarlo en nuestro espíritu cada día, conocemos más que una “fotografía” de Jesús. Conocemos a una Persona real y viviente de forma personal y subjetiva. Además, mientras nos ejercitamos para orar cada día con la Palabra de Dios, Sus palabras llegan a ser para nosotros espíritu y vida. Conforme comemos al Señor Jesús de esta manera, Él llega a ser nuestro propio suministro de vida y llegamos a conocer a Cristo de manera profunda e interna.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.

En la Biblia, la palabra griega cosmos, traducida mundo en español, tiene distintos significados dependiendo del contexto. El significado de cosmos del cual hablaremos hoy es “sistema” u “organización”, específicamente, el sistema organizado establecido por Satanás para impedir que las personas vivan para Dios.
Dios nos dio un mandamiento sólido e incondicional respecto al mundo en 1 Juan 2:15: “No améis al mundo”.
Como creyentes, es necesario saber claramente lo que es el mundo a fin de que seamos guardados de amarlo y de ser engañados y distraídos por él.
Dios, por supuesto, no creó al mundo como este sistema en contra de Dios. Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas en la tierra para que el hombre viviera para cumplir Su propósito.
Por ejemplo, Dios cuidó de Adán y Eva en todos los aspectos en el huerto de Edén. Dios les proveyó protección, provisión y hasta placer y disfrute en Su presencia. Lo que Dios creó fue ordenado por Él para que los seres humanos existieran y vivieran para Él.
Sin embargo, cuando el hombre cayó y fue corrompido por Satanás, Satanás comenzó a organizar su propio sistema usando las mismas cosas que Dios creó para la existencia del hombre. El hombre necesitaba alimento, así que Satanás sistematizó el alimento. El hombre necesitaba disfrute y placer, así que él sistematizó el entretenimiento. De esta manera, Satanás formó el mundo, un sistema que ocupa a los seres humanos, y los aparta de Dios y de vivir para Su propósito.
En Génesis 4 podemos ver el comienzo de este sistema del mundo. Caín, quien asesinó a su hermano, abandonó la presencia de Dios y se fue por su cuenta. Sin Dios y Su protección, Caín necesitaba proteger su seguridad, así que construyó una ciudad para sí mismo y su familia. En esta ciudad, los descendientes de Caín continuaron su vida sin Dios y sin Su cuidado. Así que para cuidarse a sí mismos, inventaron la cría de ganado para su provisión, la música para su diversión y la forja de metales para sus armamentos. La ciudad de Caín fue el comienzo de la cultura mundana que existió fuera de Dios.
Las necesidades de la familia de Caín no eran pecaminosas. De hecho, la necesidad del hombre por protección, provisión y placer existían antes de que el pecado entrara en escena. Sin embargo, la intención de Dios era proveer y hasta ser todas estas cosas para nosotros. Cuando Caín abandonó la presencia de Dios, él abandonó la fuente apropiada para suministrar todas sus necesidades. Por consiguiente, Satanás tuvo la oportunidad de usar las necesidades de la vida para introducirlo a un sistema mundano que reemplaza a Dios y existe fuera de Él.
El sistema del mundo ha crecido. Hoy Satanás sigue utilizando necesidades diarias legítimas tales como el alimento, la vestimenta, la vivienda y el transporte para capturar nuestro corazón y consumir nuestro tiempo. Solamente hay que mirar a nuestro alrededor todos los anuncios, productos, actividades e inventos compitiendo por nuestra atención. Necesitamos estas cosas, pero el mundo logra que queramos más de lo que realmente necesitamos.
Cualquiera de estas cosas puede llegar a ser algo que quite nuestro tiempo y energía para Dios. Por ejemplo, por todas partes encontramos un nuevo restaurante, una nueva dieta o una comida de moda. Por supuesto que es necesario comer para vivir, pero Satanás ha sistematizado la comida, haciéndola un fin en sí misma. Comemos por placer, usamos nuestra energía para encontrar y disfrutar la gastronomía más sabrosa y gastamos tiempo y dinero en restaurantes y productos alimenticios. En esta manera, Satanás usurpa nuestra necesidad justificada que tenemos por la comida, ocupando nuestro ser con esta parte de su sistema.
Satanás también ha sistematizado la vestimenta. El mundo nos hace sentir la necesidad de obtener cierto tipo de ropa. Como resultado, dedicamos bastante tiempo contemplando los diferentes estilos y gastamos nuestro dinero en comprar ropa nueva. La necesidad de estar vestidos es utilizada por el sistema mundano de Satanás con el propósito de ocupar más y más nuestras vidas.
Además, conforme gastamos más y más en lo último de la comida y la moda, tenemos que trabajar más arduamente y por más tiempo a fin de pagar por estas cosas. Al final, tenemos menos tiempo y energía para Dios y menos dinero que ofrecerle para el avance de Su reino. Estamos completamente distraídos por las cosas que nos atraen en el mundo.
Quizás la comida o la vestimenta no es nuestro problema. Quizás los juegos de video, los deportes, el arte o el teatro nos atraen. Hay que recordar que Satanás es astuto. Es posible que cierta cosa que atrae a otra persona no le afecte a usted y hasta se pregunte cómo es posible que cierta persona sea capturada por eso, pero el sistema del mundo tiene algo para todos.
Ciertamente el mundo consiste de cosas pecaminosas, pero no todo es pecaminoso. El mundo también incluye cosas tales como la religión, la cultura, la educación, la industria, el comercio y el entretenimiento. Todo esto es usado por Satanás para llenar nuestro tiempo, quitarnos la energía y ocupar nuestros pensamientos a fin de que cada vez más tengamos menos de Dios.
1 Juan 5:19 nos dice: “El mundo entero está en el maligno”.
Satanás mantiene a los seres humanos bajo su control usando el mundo. Él usa todo tipo de cosas como parte de su sistema para atraer y ocupar a las personas. A unos los controla por medio de sus carreras, a otros por medio de la música y a otros más con la educación.
Cuando cualquier cosa, por muy buena que sea, toma posesión de nuestra vida y logra que sigamos otras cosas que no sean el Señor debemos darnos cuenta que esto ha llegado a ser nuestro mundo. De modo que la pregunta que debemos hacernos no es: “¿Es esto bueno o malo?”. La pregunta es: “¿Estas cosas estorban mi relación con el Señor?”. No importa qué sea, si es algo que nos impide vivir para Dios y Su propósito, es el mundo.
¿Cómo podemos vivir una vida que no se distrae por el mundo? ¿De qué manera podemos vivir para Dios y el cumplimiento de Su propósito hoy día? ¿Acaso la respuesta tiene que ver con alejarnos o aislarnos de la civilización?
La oración del Señor en Juan 17:15-18 nos dice lo que el Señor desea:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad. Como Tú me enviaste al mundo, así Yo los he enviado al mundo”.
Estos versículos nos muestran que la intención de Dios no es quitarnos del mundo; sino que permanezcamos en el mundo, pero no seamos del mundo. Dios quiere que vivamos una vida humana normal en esta tierra, pero sin estar bajo el control del mundo, el cual es el sistema de Satanás. Dios quiere que vivamos para Él y que brillemos como testimonios para el mundo acerca de Él.
Ser controlados por el sistema del mundo maligno de Satanás es un asunto serio. En esta entrada solamente podemos profundizar en algunos puntos útiles. Todos estos puntos requieren de oración y comunión con el Señor.
1. Debemos “ser salvos de esta perversa generación” como dice Hechos 2:40.
No podemos salvarnos a nosotros mismos. Es necesario que seamos salvos. Un hombre que se esta ahogando no puede salvarse a sí mismo, sin embargo el puede ser salvo al permitir que alguien lo salve. Si lucha por salvarse a sí mismo, él en realidad será un estorbo parxa la persona que lo quiere salvar. Es necesario que nos demos cuenta que el Señor Jesús nos quiere salvar de el mundo usurpador y debemos permitirle que lo haga en nosotros.
Ninguno de nosotros somos inmunes a las atracciones del mundo. Quizás nuestra educación nos distraiga, o el deseo de tener la imagen de la familia perfecta o querer alcanzar una posición elevada en un campo en particular. Todos nos distraemos por diferentes cosas, y el mundo siempre tiene algo que cautiva el corazón de cada persona. Y lo que ahora nos es indiferente puede llegar a ser el mundo para nosotros más adelante. Debemos considerar seriamente, ¿existe algo que nos estorbe para amar al Señor y vivir para Él?
Necesitamos orar y permitirle al Señor que nos alumbre y nos muestre cualquier cosa del mundo que nos distraiga de Él. Él es fiel y nos alumbrará y hablará acerca de cosas específicas. Cuando esto suceda, podemos orar: “Señor Jesús, esto ha llegado a ser el mundo para mí. Sálvame del mundo en este asunto. Por Ti seré salvo. No permitas que Tu enemigo me usurpe en esto. Obra en mí para ser salvo de esta distracción”.
2. Podemos ser, como 2 Pedro 1:4 nos dice, “participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.
Nuestra energía y buenas intenciones no pueden liberarnos del poder del mundo. Necesitamos la energía de la vida divina que viene de nuestra participación de la naturaleza divina de Dios. Mientras más disfrutamos a Dios, más podremos escapar la corrupción del mundo.
Es crucial que pasemos tiempo con el Señor Jesús cada día para tener comunión con Él y ser alimentados por Él en Su Palabra. Cuando estamos espiritualmente débiles y malnutridos, la corriente del mundo nos arrastra fácilmente. No obstante, podemos ser llenos de la vida divina por medio de contactar al Señor en Su Palabra y en oración. Entonces estaremos vivientes y saludables durante el día, como “peces” nadando en contra de la corriente de este mundo.
3. Al amar a Dios, podemos ser guardados de amar al mundo, como se indica en 1 Juan 2:15: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”.
Nuestro corazón fue creado para amar, de modo que tiene que amar algo. Sin embargo, nuestro corazón no fue hecho para amar al mundo. Cuando amamos al mundo, no tenemos espacio en nuestro corazón para amar a Dios. No obstante, cuando amamos a Dios, nuestro corazón no tiene espacio para el mundo y somos guardados de amarlo y ser usurpados por él.
Nuestra necesidad diaria es disfrutar la comunión con el Señor en oración y bañarnos en el amor que Él tiene por nosotros. Conforme disfrutamos del amor que el Senor tiene por nosotros, espontáneamente nuestro corazón se llenará de amor por Él. Entre más le amamos, más liberados seremos del mundo y sus encantos. Conforme pasamos tiempo con el Señor Jesús, contactándolo en nuestro espíritu y disfrutándolo en Su Palabra, seremos atraídos a Cristo, quien es el más encantador en el universo. Nos llenaremos de amor hacia Él y no hacia el mundo. Podemos orar ahora mismo:
“Señor Jesús, te amo, pero también sé que amo algunas cosas mundanas. Ten misericordia de mí. Voy a permitir que me salves del mundo. Enseñame a vivir una vida apartada para Ti para que pueda manifestarte a otras personas. Señor, mi deseo es servirte y vivir para Ti. Purifica mi corazón para que ame al mundo cada vez menos y te ame a Ti cada vez más. Amén”.
Que el Señor tenga misericordia de cada uno de nosotros y nos salve del mundo para que vivamos por Él y le sirvamos libremente.
Todos los versículos y las notas son citados de la Santa Biblia Versión Recobro. Puede pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí.